La mala hora de Milei: 13 días radioactivos para el plan reelección

La remontada de Lula y la paliza a Trump. Incertidumbre económica e interna desatada. El desafío de Bullrich y la coincidencia con CFK. El voto joven en Estados Unidos. La sugerencia que le hacen a Kicillof: “No hables con…”

— Ojo que, si seguís así, por ahí no renovás.

Planta baja de la Cámara de Diputados. La advertencia del dirigente libertario la escuchan varios, pero es un misil teledirigido al bullrichista Damián Arabia. Unas horas antes, el diputado tuiteó una foto en la que Patricia Bullrich posa rodeada de doce legisladores nacionales. Es un mensaje incómodo para Javier Milei. Una fase más explícita del desafío de Bullrich a los hermanos.

—Si yo no reelijo, no reelige ninguno —responde Arabia. Sonríe como si actuase el guión de una comedia de enredos. Pero no. Bullrich llevó la tensión con la Casa Rosada a otro nivel y la respuesta del karinismo fue inmediata y en ráfaga: los operadores de La Libertad Avanza (LLA) avisaron que los protagonistas de la postal bullrichista llevan, desde ese momento, un estigma.

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El golpe a golpe entre los Milei y Bullrich pudo ser una anécdota, otro round de una paritaria a cielo abierto, si no se produjese en medio de la sepsis política y económica que enfrenta el Gobierno, que se inició con la remontada de Lula da Silva en Brasil y se agravó con la paliza que sufrió Donald Trump, hasta llevar el riesgo país a 939 puntos. El timing agrava el daño de la rebeldía de Bullrich.

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Fueron trece días radioactivos para el plan de reelección de Milei. Entre el domingo de la victoria del PT y el viernes con el riesgo país cerca de los cuatro dígitos, la galaxia Milei entró en una crisis sistémica: el escándalo por la fuga de Flávio Bolsonaro, otra gira insólita de Milei por Madrid, fracturas expuestas con el proyecto para gravar las operaciones con CEDEARs y el temblor en curso por lo que puede significar un Trump debilitado.

La visita de León XIV, que en estas horas dijo que visitar Argentina era cumplir con un sueño que tuvo Francisco, pondrá en escena movilizaciones y debates que no controlará la Casa Rosada: la sola mención a aspectos de sensibilidad social —de manera genérica, por parte del papa, sin ninguna referencia directa— generará una conversación incómoda para Milei.

La matemática del veto

En un despacho oficial se magnificó el riesgo del movimiento de la senadora. El bloque de LLA tiene 95 diputados. Bullrich se mostró con 12. Si condiciona el apoyo de esos legisladores, no solo deja sin número al Gobierno para proyectos como Soberanía Nacional o la reforma política, sino que, además, dejaría a la bancada libertaria con 83, al borde del número para sostener los vetos presidenciales.

Empezó, por eso, el recuento de lealtades. Silvana Giudici, que aparece en la foto, whatsappeó a Martín Menem y le anticipó que esta vez el encuentro bullrichista —uno de los habituales— vendría con foto. Antes de participar de la reunión, Sabrina Ajmechet estuvo con el riojano. En un ejercicio lombrosiano, el karinismo interpretó rostros para ver quiénes estaban a gusto y quiénes no en la postal de la juntada patricista.

Con la tensión en una etapa más abierta, aparece una carta clásica de la política: que una conversación entre Milei y Bullrich —que se vieron durante más de dos horas el 9 de octubre, mano a mano, en Olivos— sirva para ordenar la relación. La senadora distingue que el vínculo es con el presidente. En el Gobierno teorizan que es una mala apuesta de Bullrich negociar mediante lo que consideran una “extorsión”.

Sobrevuela una reacción impulsiva de Milei. Cerca de Bullrich lo dudan. “¿Qué van a hacer? ¿Enojarse? Si la necesitan”, apuntan a Cenital y hasta se permiten un sobregiro al decir que quizá para Bullrich, en su proceso de diferenciación y construcción propia, le serviría dejar de presidir la bancada de LLA en el Senado. Paradójicamente, hubo un intento y Karina lo frenó.

Método versus extorsión

“Patricia debería ver cómo le fue a Macri cuando quiso extorsionar a Javier”, dice un libertario. En el ecosistema bullrichista hablan de hartazgo y de que los Milei deben cambiar el método de conducción. La referencia a Macri tiene otra lectura: las sucesivas bilaterales entre el presidente y el expresidente nunca resolvieron nada y solo le sirvieron a Milei para ganar tiempo.

La visita de León XIV, que dominará la agenda en las próximas 100 horas, podría aportar una instantánea entre el presidente y la senadora, que está invitada por la Casa Rosada. Sin embargo, un tema personal podría alterar ese plan. Así como Bullrich no viaja a las provincias para no estar lejos de su familia, un hecho ocurrido el viernes puso en duda su asistencia a los actos oficiales.

Hasta el sábado, según reconstruyó Cenital, no hubo contacto entre Milei y Bullrich. Podría haber una reunión posterior a la visita papal. El caso Bullrich es un problema más en el tablero en rojo de Milei. Las disidencias de la senadora generan ruido en el Círculo Rojo. En la Casa Rosada apuntan que Bullrich es la espada del holding Techint y del grupo Clarín para dañar a Milei. Las quejas parecen un eco de las que sonaban en el primer piso de Balcarce 50, hace cuatro años y más de una década atrás.

Axel, CFK y el riesgo Bullrich

Pero el reproche, justificado por la historia y por el presente, saca del cuadro un componente determinante: Bullrich puede convertirse en un problema electoral serio para Milei. En su cuadrante electoral de 2027, Shila Vilker ubica a la senadora en un bloque junto a Axel Kicillof y Cristina Kirchner como las figuras que encabezan las preferencias, en un rango de +/- del 40%.

Bullrich roza los 42 puntos, mientras Milei está apenas encima del 37% y con una leve tendencia negativa. El presidente comparte el pelotón del +/- 36% junto a Sergio Massa y Myriam Bregman. Si bien la historia argentina suele dar sorpresas, Vilker, que dirige TresPuntoZero, proyecta que la disputa electoral de 2027 se concentrará en esas seis figuras.

“Estamos en una etapa cambista, la gente quiere un cambio. Por eso, Milei pierde el balotaje, con más o menos margen, con los tres candidatos peronistas”, afirma la consultora. La tesis de una Bullrich más competitiva que Milei es música celestial para la senadora. En el Gobierno descreen de la potencia electoral de la exministra, a quien ven sin margen para crecer por fuera del dispositivo libertario, además de otras apreciaciones sobre su desempeño.

El juego de los cuartos

¿Qué mensaje dejó Arabia cuando dijo que si no renueva él no renueva nadie? Se puede interpretar como una advertencia: si él, un bullrichista de la primera hora y protegido de Patricia, queda afuera de la lista de LLA de 2027, será porque la ruptura con los Milei es total. En condiciones normales, sin los ruidos propios de una paritaria, Patricia debería estar en condiciones de «pagarles» a sus leales.

Por momentos, Bullrich espía un potencial escenario de fractura con los Milei y termina en un diagnóstico similar al que hace Cristina Kirchner: una presidencial con cuatro cuartos en competencia, con dos ofertas de centroderecha —Milei y Bullrich— y dos del peronismo —Kicillof y CFK o un candidato de CFK—. En ese esquema, la fragmentación permitiría a cada sector competir por un lugar en el balotaje sin necesidad de resolver antes sus disputas internas. Hay un multiverso, que ahora es este y acá, donde Bullrich y Cristina piensan lo mismo.

La posibilidad de un juego de cuartos crece si se eliminan las PASO. La única coincidencia que parece atravesar a las distintas tribus del oficialismo y sus aliados es que a todas les serviría eliminarlas porque, tanto para Bullrich como para el PRO, la existencia de esa herramienta no da ninguna garantía de no quedar sometidos al dedazo de Karina Milei y sus escuderos. Al contrario: hasta podría ser mejor negociar sin PASO, donde cada uno aporta su partido y conserva la posibilidad de competir por separado si fracasa el acuerdo. The old school.

Los sobreentendidos de Caputo

«Acá, todos los días son domingos», dice Aldo Kastón, dirigente de la Unión Industrial del Chaco. Podría ser un giro de García Márquez —lo entenderán los que recibieron #Sistema2 por mail— pero no lo es: es una descripción brutal sobre la caída del consumo en esa provincia del norte: comercios vacíos por falta de ventas, un fenómeno que se repite en buena parte del noreste y se extiende, además, al noroeste.

Los titulares de las diez UIA provinciales del norte argentino le transmitieron a fines del año pasado a Martín Rapallini, titular de la UIA nacional, que reclame a Toto Caputo una medida para frenar los embargos. El ministro lo anunció el martes pasado y fue visto como el primer paso de una serie de medidas para asistir a sectores en crisis. Lo que no dice Caputo es que esas medidas implican asumir lo obvio: que están en crisis.

En LLA lo muestran como un primer paso hacia medidas de reactivación pero, como repite Caputo, «sin plan platita». El anuncio coincidió con la foto de Bullrich y con otro episodio complejo: la presentación y el rechazo de un proyecto escrito por Federico Sturzenegger que, entre otras medidas, proponía gravar con el Impuesto a las Ganancias los resultados de la venta de CEDEARs adquiridos desde el 31 de octubre.

Lo que Milei firma (y retira)

El mundo tuitero, donde Milei ya encuentra hostilidad incluso entre los propios, reaccionó y el sector de Santiago Caputo se subió con el argumento de que ese proyecto implicaba bajar la bandera de «no subir impuestos». En medio, Milei quedó en offside: firmó un proyecto que pasó por todos los filtros internos, desde Caputo hasta Karina Milei, Diego Santilli y María Ibarzábal, y a las horas lo retiró.

Hubo una caza de brujas que dejó dos datos. Por un lado, la mala praxis interna y la inutilidad de la mesa política porque ahí se discutió el tema —dicen que advirtió los riesgos Caputo (S)— pero el texto siguió sin correcciones y fue enviado al Congreso. El sector de Santilli, que solo por esta vez llamaremos «colismo», le apuntó a Ignacio Devitt, enlace parlamentario de Casa Rosada.

Devitt es un protegido de Karina Milei y estaba en Washington DC junto a «Lule» Menem y un contingente de legisladores, invitados por AmCham, para asistir a las elecciones. Para no pagar el costo, empezaron las imputaciones cruzadas y quedó, al final, según la reconstrucción que hacen en la Casa Rosada, como lo que fue: una aventura de Sturzenegger, que podía servir para recaudar y para quitarle incentivos a la dolarización, que pasó porque nadie decide y terminó en un papelón que pasó desapercibido porque hubo otros papelones mayores al mismo tiempo.

Cómo leer la derrota de Trump en modo libertario

No es oficial, pero si no hay un cambio sobre la hora —que en este contexto podría ocurrir— en unos días llegaría a Buenos Aires James D. Vance, el vice de Trump, dirigente de MAGA, uno de los candidatos a la sucesión y quizá el principal rival de Marco Rubio, encargado de la política exterior, muy involucrado en América al punto que se le imputó (él lo desmintió) financiar la fuga de Bolsonaro.

Vance representa una de las vertientes más duras del movimiento MAGA y, en una traslación lineal, se podría ubicar a Milei en ese mismo continente, aunque parece más proclive a Rubio, quizá sabedor de que su suerte hasta 2027 depende en buena medida del secretario de Estado. Rubio es, además, una figura central en la definición de la política de Washington hacia América Latina, incluido el vínculo con la Argentina. «Si Marco puede elegir prefiere un (Daniel) Hadad o una Bullrich, antes que a Milei», teoriza un lobbista con relaciones en el Partido Republicano.

Mirar a Rubio y a Vance permite leer, además, cómo interpretaron las tribus libertarias la derrota de Trump: por un lado —digamos el karinismo—, leyeron la elección como una advertencia de que la batalla cultural es intensa pero no permite ganar elecciones, mientras que otros —las Fuerzas del Cielo— interpretaron que el problema de Trump fue que no hizo lo que dijo que iba a hacer: es decir, que fue menos radical de lo que prometió.

Los delegados libertarios en Washington avisaron en Casa Rosada que lo que vendrá es un Trump más duro y radicalizado, que eso incluirá sostener y hasta redoblar el apoyo político y la asistencia financiera para Milei. Más allá de Trump, la reelección de Lula pudo haber vuelto más importante para Estados Unidos garantizar la continuidad de un aliado obediente en la Argentina. A ese santo le rezan en LLA.

El riesgo Trump

El riesgo país del viernes, de 939 puntos, implica una suba de 134% desde el piso de 402 puntos que tocó en julio pasado. Solo a modo de comparación, el 6 de noviembre de 2018, un año antes de perder la elección, Mauricio Macri tenía un riesgo país de 600. Una mirada optimista es que el mercado ya incorporó, en ese riesgo país de casi mil puntos, la posibilidad de que Trump no pueda financiar a Milei.

Emanuel Álvarez Agis tiene una mirada dual: por un lado, dice que Trump tomó decisiones inéditas respecto de la Argentina en 2025, lo que sugiere que una asistencia podría repetirse. Pero, por el otro, advierte que las condiciones del republicano y de su administración ahora son diferentes a las de un año atrás, después de la paliza electoral. Avisa, entonces, que si el mercado interpreta que ese apoyo no va a estar, el resultado será duro: «No va a ser una piña, va a ser una masacre».

Las dudas sobre cómo reacciona Trump y sobre si habrá movimientos en el gabinete profundizan la incertidumbre. La pregunta que queda en el aire es si los 939 puntos son un nuevo piso y si, de ahora en adelante, habrá una meseta en torno a esos valores, o si puede sobrevenir una nueva escalada. ¿Hay margen para una baja? Quizá un mensaje de Scott Bessent podría servir, pero en octubre ya lo hizo y no generó ningún efecto.

La madrugada del jueves, el embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, Peter Lamelas, un hombre de Trump, publicó un tuit donde renovó el apoyo del republicano a Milei aunque deslizó otra señal. «Esta relación trasciende los partidos políticos porque responde a intereses fundamentales de ambas naciones», dice su post. ¿Debe leerse como predictivo sobre un cambio partidario en Estados Unidos o en Argentina?

Voto joven contra Trump

De Estados Unidos llegó otra señal. Así como en Brasil, gran parte de la remontada de Lula se debió a que 1,4 millones de mayores de 70 años que no votaron en la primera vuelta asistieron al balotaje, en las midterms que ganaron los demócratas fue notable el giro en dos segmentos del voto: los jóvenes y los latinos. Este último punto se reflejó en derrotas republicanas en estados como Texas.

El caso de los jóvenes es relevante para mirar el escenario de Milei. Si bien Trump en 2024 no fue mayoritario entre los jóvenes, captó gran parte de los votantes de entre 18 y 29 años. Según una encuesta publicada por The Washington Post, en 2024 Trump obtuvo el 43% de los votos en ese segmento contra el 54% de Kamala Harris.

El martes pasado, según un análisis de CIRCLE de la Universidad de Tufts, los demócratas obtuvieron el 66% contra el 31% de los republicanos. Además, en 2024 Trump había obtenido el 56% entre los hombres jóvenes y, en 2026, el 59% de ese segmento votó demócrata. En 2024, Trump ganó entre los jóvenes blancos con el 54% y, en 2026, los demócratas obtuvieron el 61%. CIRCLE detectó, además, que votó el 27% de los jóvenes habilitados, una participación que igualó la de 2022 y fue la segunda más alta en una elección de medio término en las últimas tres décadas, solo superada por 2018.

#Peronismos

Todavía ebrios por la remontada de Lula, y entregados a la fascinación por un grupo de WhatsApp como si fuese parte revelación y parte milagro, los dirigentes del peronismo hicieron movimientos de cierta distensión, siquiera superficial. Por un lado, el colectivo Futuros Mejores presentó un plan económico alternativo que armaron, tras más de dos años de debate, economistas de 40 espacios del “campo nacional, popular y progresista”.

“No podemos empezar el debate limitándonos a discutir el déficit fiscal, ni regalar el discurso del orden y la estabilidad a sectores pasatistas”, indican, casi como un mandamiento, y enumeran una serie de puntos que, a priori, recogen las opiniones y propuestas de distintos sectores del universo opositor, especialmente el panperonismo. Salen, al menos, del loop electoralista que mueve al mundo político cuando falta un año para la elección.

El martes, en La Plata, se vieron Axel Kicillof y Máximo Kirchner, escoltados por Mariano Cascallares y Federico Otermín, para acordar una cumbre mansa del Consejo del PJ bonaerense y convocar al Congreso que presidirá Máximo. Fue una señal de que pueden, al menos, aunque sea sin profundidad, pactar algunos términos de convivencia. Lo de fondo está todavía pendiente. Horas después, un dirigente del entorno kicillofista le sugirió al gobernador que no hablara con Máximo, que delegara las conversaciones operativas en otra persona y que su único interlocución, si alguna vez se produjese la conversación, debe ser con Cristina Kirchner.

Ya casi no se imprimen diarios pero se percibe como un periodista gráfico. Escribió en Ámbito Financiero, Clarín y elDiarioAr pero todavía tipea mal. A veces aparece en la tele. Nunca vivió en CABA. Padre de tres.