Informática en Argentina: cuidemos a la gallina de los huevos de oro

14.000 millones de dólares que se facturan en la industria están en peligro ante el desfinanciamiento de la universidad pública.

La industria del software es uno de los sectores más dinámicos de nuestra economía, con una facturación anual superior a los 22.000 millones de dólares. Sin embargo, la crisis universitaria causada por el desfinanciamiento del gobierno nacional puede convertirse en un impacto bajo la línea de flotación para las empresas del sector. ¿Cuánto aporta la universidad pública a la denominada “economía del conocimiento”?

A esta altura es bien conocida la triste historia de la ley de financiamiento universitario: fue aprobada por ambas cámaras, luego insistida con mayorías de dos tercios ante el veto presidencial, y finalmente sostenida por el congreso cuando se la intentó derogar en la ley de presupuesto. Pocas veces una ley tuvo tal nivel de consenso. Aún así, el gobierno se niega a cumplirla, incluso desobedeciendo fallos judiciales. Lo que no es tan conocido es el impacto directo que este incumplimiento puede tener en la economía.

El oro

Según los datos más recientes de la Cámara Argentina de Software (Reporte del Sector del Software y Servicios Informáticos, octubre 2025), en 2024 las ventas totales de software en la Argentina alcanzaron los USD 22.221 millones mientras que las exportaciones se ubicaron en USD 2.570 millones. ¿Cómo se genera esa facturación?

En el caso de una fábrica tradicional, una mirada ingenua podría hacernos pensar que es principalmente la materia prima lo necesario para que la empresa pueda vender sus productos y tener ganancia. No es así: sin panaderos y panaderas la harina no se transforma sola en pan. Esto es aún más claro todavía en el caso del software donde se trata exclusivamente de personas poniendo su conocimiento e ingenio para generar los productos y servicios informáticos que las empresas comercializan. Esta visión es compartida desde el propio sector: hace unos pocos años, cuando la industria presentaba su proyección hacia el 2031 señalaba que “el promedio de facturación de cada recurso nuevo en el sector es de U$ 35.000, y asumiendo que los precios tienden a aumentar por la escasez de recursos, podemos proyectar una facturación de U$ 50.000 por recurso nuevo por año”.

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Hoy en día la industria del software argentina emplea de manera registrada a 159.257 personas. Analicemos dónde se forman estas personas. Hay un discurso circulante que afirma que “los pibes se forman solos con un tutorial o un curso breve”. Esta visión se materializó en políticas públicas que fracasaron estrepitosamente. Cuando se analizan los datos, emerge otra realidad que pone a la universidad en el centro.

Si bien la Cámara de Software no reporta de manera pública la formación de su personal, existe una encuesta de sueldos muy popular en el sector que sí consigna estos datos, completada por miles de participantes desde hace más de 10 años. Los resultados de formación se mantienen relativamente estables a lo largo del tiempo así que podemos basarnos en su edición 2025: el 79% de las y los trabajadores de la industria del software tienen formación universitaria completa, incompleta o en curso. Deseamos que todas y todos se gradúen, pero cada día de formación en nuestras aulas aporta valor y nutre la formación de los individuos. A su vez, sabemos por un reciente informe de investigadores de la Universidad de Hurlingham basado en datos oficiales que el 80,2% de la matrícula universitaria en argentina corresponde a la universidad pública.

Combinando de forma conservadora ambas fuentes se puede estimar que al menos un 63,35% del plantel de las empresas de software de la Argentina fue o está siendo formado por la universidad pública. 

En consecuencia, la formación que brinda la universidad pública permite que se generen más de 14.000 millones de dólares al año de facturación y más de 1.600 millones de dólares de exportación en la industria de software del país. Desfinanciar las universidades públicas es también poner en jaque a una de las industrias más dinámicas del país.

La gallina

Si la universidad pública desapareciera, si dejara de formar recursos humanos altamente capacitados más de 14.000 millones de dólares al año se perderían y con ellos probablemente muchísimas empresas. Analicemos entonces la salud del sistema formador. El pronóstico no es bueno.

Desde la asunción del gobierno de Javier Milei en diciembre de 2023 la situación se vuelve cada día más grave: No sólo no hay fondos para investigación, además estamos perdiendo docentes todos los días y eso se debe a que los salarios están en la mayoría de los casos por debajo de la línea de la pobreza. Como ejemplo, con datos actualizados a marzo de 2026, para que un profesor gane lo mismo que en diciembre de 2023 ajustado por inflación, el sueldo actual debería incrementarse en un 50,4%.

Fuente: https://github.com/rquiroga7/salarios_CONICET en base a datos oficiales.
Fuente: Laboratorio del Salario de la Docencia Universitaria

Las universidades tenemos también la misión de hacer investigación, y en ese flanco la situación también es muy grave. Un reciente análisis del investigador Jorge Aliaga ubica la caída de inversión real en un 95% comparando el periodo 2023 con la proyección 2026. 

Los becarios doctorales (que son muchas veces las y los jefes de trabajos prácticos en las cátedras), jóvenes talentosos con deseos de investigar y enseñar, pasan por el triste periplo de volver a casa de sus padres primero, mudarse a un alquiler compartido o más modesto, para luego finalmente renunciar a su puesto académico por la imposibilidad de sostenerlo.

En las carreras de informática tenemos cada vez más alumnos, pero no tenemos docentes para formarlos. Aquellos que hemos capacitado durante años dejan de transmitir búsquedas laborales a sus estudiantes para postularse ellos mismos, algunos migran a universidades privadas (donde formarán mucha menos gente por el alto costo de esas carreras), o engrosan otra triste edición de la fuga de cerebros que tantas veces golpeó a nuestro país.

Una apuesta por el futuro

Inteligencia Artificial parece ser el concepto de moda y el sector hacia donde se dirigen millones de dólares de inversión en todo el mundo. No hay industria que no se esté preguntando cómo adoptarla o qué efectos producirá en ella. Más allá de las críticas que le caben a la forma en la que esta transformación se está desplegando, se trata de un fenómeno que en lo económico demanda que la Argentina busque formas de insertarse en esa cadena de valor. Es importante resaltar que la dichosa IA no es otra cosa que un producto de software y debe ser tratado como tal. Su desarrollo e integración en el entramado productivo es tarea de profesionales del software.

Como explicamos, en Argentina estos profesionales se forman mayoritariamente en la universidad pública. Repitamos la cifra porque es importante, porque es un ejemplo virtuoso de simbiosis con el sistema productivo: la universidad pública permite que se generen más de 14.000 millones de dólares al año de facturación y más de 1.600 millones de dólares de exportación en la industria de software del país.

Sin universidad pública no hay economía del conocimiento, ni polo de inteligencia artificial, ni industria del software. Y no hay universidad con salarios de hambre.

Profesor del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Exdirector de la Fundación Sadosky.