Gólgota, muerte, ¿vida nueva?
En la Argentina de Milei, los escándalos en serie se minimizan con otros anteriores, como si por tratarse de males endémicos fueran menos estridentes.
Cinco de abril de 2026, domingo de Pascua de la Resurrección del Señor. Las noticias de hoy sobre Argentina muestran los huesos: lucidez, esfuerzo, ingenio, revancha, canibalismo; bello país, tan malquerido, tan desamparado. A oscuras, no se ve nada de nada, nadie da la cara por nadie, las señales son contradictorias, caballos y jinetes cambian los roles, y tallada en la piedra permanece la frase: “Al final, todos perdemos la misma partida”. Vértigo, espejos, polvo y vacío.
Malhumor inocultable; préstamos bancarios con entidades voladoras no identificadas, precios ficticios jurados y perjurados, jueces y fiscales desinteresados por determinar si las operaciones son legítimas o blanqueo de dinero ilegal, diálogos decapitados abruptamente. Médicos jóvenes con cartucheras de propofol y fentanilo acumuladas en arsenales privados para uso recreativo, fiestas cuyas entradas cuestan tres mil dólares, drogas hospitalarias dentro de bombas de infusión volumétrica, dolor por las pérdidas y sospechas por lo oculto. Un empresario millonario, usurero y narco siente asco por el Estado y hace gestos que imitan un mono, mientras su hija evalúa si vuelve a Buenos Aires para cumplir con sus compromisos televisivos y brindar entrevistas. Winston Churchill llamaba a su angustia personal “mi perro negro”; se agravó desde joven por momentos difíciles, como el fracaso de la campaña de Galípoli durante la Primera Guerra Mundial.
En lo más alto del poder se detecta riesgo bilateral de canibalismo fraternal, y lobotomía conjuntamente sellada (LoCoS). Se multiplican créditos oficiales desparramados por pasillos ministeriales, y también servidores del poder infalible del Gobierno y de la causa sagrada de la libertad. Crecen los escándalos fractales como el broccoli romano y las reyertas hormonales como copiosas espirales; llega el plantel victorioso en el mundo privado y exprime las cajas del inválido Estado; y hay un aguacero de tuits que están para Freud, de entrevistas de ministros que arañan los magazines vespertinos y los recitados impresos, y de ausencias sin preaviso. Se advierten colegas en el reñidero, planes en el atolladero, informes en el resumidero, y ambiciosos en el hormiguero, mientras que los escándalos en serie se minimizan con otros anteriores, como si por tratarse de males endémicos fueran menos estridentes. Enrique Santos Discépolo compuso: “Dentro de mí mismo me he perdido, ciego de llorar una ilusión; soy una pregunta empecinada, que grita su dolor y tu traición”.
Radio Radicale es una emisora histórica italiana fundada en 1975-1976, durante la época de las “radios libres”. Se caracteriza por ser la primera dedicada exclusivamente a la información política e institucional, sin publicidad comercial. Transmite en directo las sesiones del Parlamento italiano (Cámara de Diputados y Senado), cuenta con uno de los archivos de audio y video más completos de la vida política italiana y su lema es “conocer para deliberar”. Para un domingo de Pascua como hoy, entre perros negros y silencios de dolor, es casi un respiro; ¿por qué no?
Domingo cinco de abril. Por Radio Radicale reproducen el reportaje que Emilio Targia le hizo a Marino Bartoletti el 16 de diciembre de 2025, a propósito del libro de su autoría Querido Lucio te escribo (Caro Lucio ti scrivo, Gallucci, 2023), dedicado a Lucio Dalla, quien murió en 2012. “Si el libro nació -dijo Bartoletti- es porque lo tenía en la panza; había que parirlo con amor”.
Se conocieron en Bolonia (1963), cuando Dalla tenía 20 años y Bartoletti 18. Dalla ya comenzaba a destacarse como músico y Bartoletti era un apasionado de la música y el periodismo. Se encontraron en la Trattoria Da Vito, un restaurante emiliano clásico, de ambiente familiar y sin pretensiones, especializado en platos típicos boloñeses (tagliatelle al ragú, tortellini, tortelloni), un lugar de inspiración y ritual cotidiano. El periodista le pidió al cantautor una nota para su revista de básquet (Pressing), deporte que Dalla adoraba, a pesar de medir un metro con sesenta y cinco; alguna vez dijo de sí que era un gran armador: “Tal vez el más grande, sólo me arruinó la altura”. Aceptó escribir, a condición de que no le cambiara ni el título, ni una palabra, ni una coma de sus artículos. Desde entonces Dalla comenzó a llamar “Bartolino” a su amigo, quien dijo que el primer contacto fue la primera chispa.
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SumateEn 1971 Lucio Dalla presentó en el Festival de San Remo una bella canción, 4/3/1943. El poema era de Paola Pallottino y narraba la historia de una joven de 16 años que queda embarazada de un soldado aliado (que viene “del mar”, habla otra lengua y muere en la guerra). Ella cría sola al hijo, al que llama cariñosamente “Gesù Bambino”. El relato habla de amor, de ausencia, de la dureza de la vida y la ternura materna en tiempos de guerra. El título inicial fue Gesù Bambino (Niño Jesús), y Bartoletti la escuchó primero, en vivo y en privado. La organización del Festival de San Remo obligó a cambiar el título porque consideraron que Gesù Bambino podía resultar irreverente en una gala tan tradicional y católica. Dalla dijo que el tema trataba de prostitutas y de blasfemias, tal como había sido su propia vida, por lo que la rebautizó con su fecha de nacimiento: 4/3/1943. Salió tercera en la competencia. La ganadora fue Mi corazón es un gitano (Il Cuore ЀUno Zingaro), interpretada por Nicola Di Bari.
Bartoletti dice por radio que Dalla era un hombre imposible de encasillar: poeta, músico, visionario, provocador, melancólico, alegre, napolitano y boloñés al mismo tiempo. Sabía ver el futuro antes que los demás y tenía el raro don de convertir lo cotidiano en arte; no componía canciones, creaba mundos. Había dicho de sí: «La música no es mía. Yo solo la acompaño un rato». Y Bartoletti de Dalla: «Dondequiera que estés ahora, querido Lucio, sigue tocando. Porque mientras suene tu música, seguirás estando vivo». No es llamativo, entonces, ir un poco random.
Pasar —por ejemplo — por la amistad de Dalla con Luigi Tenco, que participaba en el Festival de San Remo (1967) con la canción Ciao amore (Ciao amore, ciao), interpretada en dúo con Dalida (su pareja en ese momento). Tras ser eliminados en la semifinal, regresó a su habitación del Hotel Savoy, donde fue encontrado muerto de un disparo en la sien. Lucio Dalla se alojaba en la habitación contigua, pero nunca escuchó el balazo. Y seguir con “los dos Lucio” de la canción italiana, Dalla y Battisti, Il Poeta e Il Maestro, quien había nacido 24 horas más tarde, el 5 de marzo de 1943, en Poggio Bustone, lugar donde Dalla tuvo una casa de campo en la que compuso Caruso (1986), su canción más famosa a nivel mundial.
Escuchar cómo se habla de las motos, de Tazio Nuvolari, de Francesco de Gregori y de Gianni Morandi. Dalla tenía una Ducati Scrambler 250, a la que le dedicó una canción con ráfagas de libertad, A dos dedos del cielo (Due dita sotto il cielo). Nuvola (Nube, apodo que llevaba Tazio Nuvolari), uno de los pilotos más legendarios de la historia del automovilismo, inspiró un retrato de Dalla: el genio individual frente a la máquina, el riesgo llevado hasta las últimas consecuencias. Con Francesco De Gregori compusieron a dúo, grabaron uno de los discos más importantes de la historia del pop-rock italiano (Banana Republic, 1979), y se reencontraron (Work in Progress, 2010). Gianni Morandi tenía un marcado carisma pop, una voz potente y la imagen de ídolo popular; juntos, grabaron el disco Dalla / Morandi (también conocido como In Europa en su versión de gira). Marino Bartoletti y Emilio Targia creen en todo lo que se puede creer, y hacen creer; despliegan yemas delicadas que así acarician. Raíces, cristales, verdor y plenitud.
Dalla no sabía leer partituras; a pesar de eso, en algunas oportunidades aceptó dirigir orquestas sinfónicas para interpretar sus propias canciones. Cuando los músicos o el director titular le preguntaban con preocupación cómo iba a hacerlo, Dalla respondía con tranquilidad y una sonrisa: «No te preocupes, yo me encargo» (Non ti preoccupare, ci penso io). Luego vinieron los funerales y las despedidas. Su muerte causó un gran impacto en Italia. Miles de personas asistieron al funeral en Bolonia (su ciudad natal), y el país entero lo despidió como uno de los mayores cantautores. Al final, todos perdemos la misma partida; el, se despidió con una canción, para escuchar un domingo de Pascua: «Buonasera anima mia, spengo la notte e così sia…«, que en español se traduce como: «Muy buenas noches alma mía, apago la noche y que así sea».