El subte, un caos de nombres: homenajes, confusión y poca plata puesta en las estaciones

En un contexto de falta de inversión en el transporte público, gobernantes y legisladores se aferran a los tributos en la señalética. La importancia de la legibilidad.

La escena era bastante peculiar. Obispos, capellanes y funcionarios, entre los cuales estaba la directora general de Cultos, se pararon frente a un kiosco cerrado en el andén de la estación Independencia de la línea E del subte, donde la frecuencia entre servicios orilla los 6 minutos. Frente a asesores, periodistas e influencers, encabezaron el “renombramiento” (sic) de la estación “Independencia – Santa Mama Antula” en homenaje a la primera santa argentina.

Contrario a las tendencias mundiales, la red de subte sigue cambiando los nombres de sus estaciones. A “Malabia – Osvaldo Pugliese” se le sumaron otras como “Entre Ríos – Rodolfo Walsh” o “Once [de septiembre] – 30 de diciembre” en reemplazo de un nombre (Once) que designa una referencia urbana concreta y conocida. Ahora, y tras la muerte de Jorge Bergoglio, el jefe de Gobierno porteño envió un proyecto para renombrar “Papa Francisco” a la estación Catedral de la Línea D.

“Las estaciones de subte con doble nombre son bien sintomáticas: un país con más energía para homenajear que para construir estaciones nuevas”. El tuit del historiador Alejandro Galiano conserva la misma potencia que en 2017, momento en el que por primera vez en cincuenta años se frenaron las obras de expansión de la red.

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“A diferencia de lo implementado en las principales capitales del mundo, donde los especialistas en movilidad, transporte e incluso turismo sugieren llamar las estaciones por los nombres de los hitos urbanos en superficie o por los nombres de calles o avenidas cercanas, Buenos Aires parece haberse enfrascado en la tarea de convertir a la red en un conjunto de lugares para la memoria”, sostienen los editores del portal especializado enelSubte

“La doble denominación de estaciones, impuesta como una solución de compromiso, ha resultado poco práctica para su aplicación gráfica y de nula o escasísima utilidad para los pasajeros”, dicen los autores. Si lo que se busca es el homenaje, agregan, lo recomendable es usar los murales, esculturas y la ornamentación.

Episodios como estos ponen de relieve la importancia de la legibilidad en el transporte público, cuya red –ante todo– tiene que ser fácil de entender y de usar.

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‘Un diseño visual conciso’

Alejandro Rascovan es profesor de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y doctor en socioeconomía del desarrollo por la EHESS-París. En 2015 estudió la imagen de la ciudad que se construye a través de la cartografía oficial de Subterráneos de Buenos Aires.

“El mapa que se usa ahora sigue el modelo del de la ciudad de Londres y durante muchos años tuvo como particularidad el porteñocentrismo al mango: el centro era Plaza de Mayo y todas las líneas ‘desembocaban’ ahí, sin respetar los puntos cardinales, con el norte ‘acostado’ y el oeste hacia arriba”, me dice Rascovan en un audio.

La red de subte en la década del setenta. Fuente: AAT

“Cuando en 1994 ingresa Metrovías (N.B.: hoy conocida como Emova, operadora privada del sistema) esto cambia al formato que conocemos ahora, pero curiosamente desaparece el Premetro. Es un gesto de sustracción, ya que el Premetro ocuparía una parte muy grande de ese mapa y dejaría en evidencia que la red de subterráneos cubre muy poco del territorio de la ciudad”, explica.

Los operadores privados construyen «una visión desintegrada del territorio porteño al sustraer los límites políticos y modificar la escala en la traza del Premetro», dice Rascovan. Fuente: Emova

Este nuevo mapa fue el resultado de un rediseño que acometió entre 1995 y 2008 Diseño Shakespear. El estudio, a cargo del reconocido especialista en proyectos de branding y señalización Ronald Shakespear, buscó desarrollar un lenguaje visual fuerte y conciso utilizando la paleta histórica de colores y una familia tipográfica –Frutiger– que garantizara una máxima legibilidad.

Como parte de estas modificaciones, en los andenes se reemplazó la “epidemia de cartelitos” por una cenefa maestra que recorre los 220 metros de la estación. “Así se obtuvo una suerte de cinturón perpetuo que ata la red, como las migas de pan de Hansel y Gretel”, cuenta Shakespear. Otro cambio importante fue la instalación, en cada una de las bocas de acceso, de un mapa de la red de subte, para procurar una relación entre el arriba y el abajo.

Contaminación visual en el subte

Pero los esfuerzos por simplificar la experiencia de los pasajeros están siendo boicoteados por una creciente contaminación visual. Además de las “estaciones homenaje”, el usuario hoy enfrenta otro tipo de distracción: el bombardeo publicitario.

En diciembre, el Gobierno porteño anunció un nuevo sistema de acceso para pagos con tarjetas y celulares con tecnología NFC. A diferencia de otras ciudades, donde todas las entradas aceptan cualquier medio de pago, en Buenos Aires se dispusieron molinetes específicos que aceptan tarjetas y pagos con NFC (pero no con la tarjeta SUBE) y que conviven con los molinetes tradicionales, donde solo funciona la SUBE. La única diferencia entre unos y otros es un color levemente distinto en las pantallas lectoras (azul en lugar de celeste). En muchos casos todos los molinetes están ploteados con la marca de una tarjeta de crédito, acepten crédito o no, lo que suma a la confusión generalizada.

En algunas estaciones de subte, tanto los molinetes para tarjetas de crédito como aquellos para SUBE están ploteados con un color no relacionado (en Bulnes, por ejemplo, con la publicidad naranja de una marca de zapatillas). Esto generó un desconcierto tal que la empresa concesionaria tuvo que poner a una empleada que le aclara uno por uno a los usuarios dónde va cada tarjeta.

En la estación Bulnes de la línea D hay dos molinetes ploteados iguales, pero uno acepta tarjetas y el otro SUBE, lo que genera confusión entre los usuarios. Foto: Federico Poore

El colmo se vio meses atrás, cuando SBASE permitió la instalación de una publicidad de una conocida marca de gaseosas en andenes y escaleras de la combinación de la Línea D (verde) y la línea H (amarilla). Ese camino verde resultaba ser una “experiencia inmersiva” de la marca y no el camino a la combinación con la línea D. En casos como estos, la invasión publicitaria atenta directamente contra la usabilidad.

Et tu quoque?

La situación en superficie no es mejor. Los trenes argentinos, que durante la gestión de Florencio Randazzo habían comenzado a ofrecer un mapa visual mucho más claro y coherente, también sucumbieron ante el despliegue de publicidades.

En 2018 la empresa estatal ferroviaria comenzó a comercializar espacios publicitarios sobre los coches. “Las marcas pueden elegir entre tres posibilidades: el exterior de un solo vagón, las ventanas y puertas de una formación completa o todos los coches en su totalidad, apenas dejando libres las zonas indispensables, como las cabinas de conducción”, explicó en su momento el diario Perfil.

Esos ploteos de vinilo microperforado le dificultan al usuario saber en qué estación se encuentran e impiden disfrutar del paisaje, como pude comprobar hace unos meses cuando viajé a Mar del Plata en uno de los trenes de larga distancia que quedaron, desde 2023, con una mega-publicidad de la gestión anterior.

Algo similar ocurre con los colectivos. De lleno en su agenda municipalista, el gobierno de Jorge Macri ordenó a las líneas de colectivos bajo control de la Ciudad a que incorporen en la pollera (como se la conoce en la jerga) de las unidades el plotter azul de la actual gestión y una serie de calcomanías alusivas. El resultado es un adefesio visual que no aporta información útil al usuario y que no hace más que subrayar la balcanización del transporte público de pasajeros en el área metropolitana.

Mientras tanto, el grupo DOTA –que opera más del 40% de las líneas de colectivo del AMBA– decidió sumarle a varias de sus unidades un falso efecto digital en el espacio donde va el número de línea, que de noche es prácticamente ilegible.

Peor aún son los carteles LED tipo farmacia 24 horas que alternan el número del frente de la unidad con diversas animaciones. Con gran poder de síntesis, el usuario de X @elfriocobre resumió por qué esto es un incordio: “Hay una línea que anda por Flores y Caballito que te pasa el gol de Diego a los ingleses en el tablero que está al frente donde debería aparecer el número de línea. Estás como Burruchaga mirando como un boludo hasta que hace el gol y podés saber cuál es”.

Otras lecturas:

Es magíster en Economía Urbana por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) con especialización en Ciencia de Datos. Cree que es posible hacer un periodismo de temas urbanos que vaya más allá de las gacetillas o las miradas vecinalistas. Sus dos pasiones son el cine y las ciudades.