Economía

“El éxito no es un acuerdo que hipoteque el futuro de la Argentina y nos deje rehenes de un problema”

Una conversación con Martín Guzmán, ministro de Economía de la Nación.

-No son pocas las voces que sugieren que no arreglar podría ser visto como un capricho, ya que la diferencia entre la oferta argentina y la de los acreedores privados es muy pequeña. ¿Esto es así?

La realidad es que no es así. Argentina hasta el momento recibió una contrapropuesta que implica una diferencia abismal, en 10 años equivalen a 42 mil millones de dólares de pago. ¿Sabés lo que son 42 mil millones de dólares de diferencia? ¿Sabemos lo que eso implica para la vida de la gente, para construir hospitales y escuelas, para las política productivas, para desarrollar la energía para poder crecer, para invertir en la ciencia? Eso implica mucho sufrimiento. Tenemos una sola contraoferta que está muy lejos de lo que la Argentina puede pagar. Al mismo tiempo, se está dando un diálogo que está yendo por el camino que nosotros consideramos deseable con nuestros acreedores. Estamos abiertos a escuchar ideas, pero ideas que tengan un sentido y que sea el sentido del éxito del que hablábamos antes: cuidar a Argentina.. Todo esto que decís, que sale en los medios, la realidad es que hubo una sola contraoferta que está muy lejos de la de Argentina. Estamos esperando a que nos lleguen otras. 

La nota concluye y minutos después le informan a Martín Guzmán que llegaron tres nuevas ofertas de canje de deuda. Una de ellas, de Blackrock, a la que el ministro había dicho que los separaba una distancia “abismal”. Consultados ante esta noticia, en el Palacio de Hacienda le dijeron a Cenital que “no hay nada que agregar hasta estudiar las tres nuevas propuestas”. Al día siguiente, la pre candidata a Presidente de los Estados Unidos, Elizabeth Warren, publicó un tuit apoyando a la Argentina en su negociación con los bonistas.

Previo a esta palmaria demostración del chicken game en el que está metido nuestro país, la conversación giró -además de la deuda- en torno al escenario global, la situación de las provincias, el mundo post pandemia, la consistencia -o no- entre la política monetaria, fiscal y el tipo de cambio y los límites de las medidas anticrisis en un contexto mundial con tensiones crecientes.

Las dos principales potencias tuvieron respuestas diferentes a la crisis. Mientras China mantuvo cierta cautela en gastos y emisión, Estados Unidos está financiando cerca del 10% de su PBI emitiendo deuda a tasa cero con la FED que es prácticamente lo mismo que emitir dinero. ¿Dice algo esto a la hora de intentar entender el escenario global?

Realmente estamos viviendo una situación que no tiene precedentes en la historia del capitalismo tal y como lo conocemos, y genera desafíos que tampoco los tiene. La economía mundial está muy interconectada y preparada para funcionar con esa interconexión; el flujo de personas, de bienes y artículos, eso hoy está severamente afectado. Por lo tanto, la caída que se ve a nivel global llega en un momento en el cual, en buena parte del mundo, sobre todo en Occidente, han pasado décadas en las cuales no se ha ido reforzando a los Estados para poder lidiar con shocks de esta magnitud. De pronto los efectos son tan fuertes y difíciles de lidiar con ellos. Por supuesto hay países avanzados que están mucho más preparados, que tienen un sistema de salud mucho más fuerte y capacidades más desarrolladas. Esos son los que más herramientas tienen para lidiar con esta crisis y dentro de esos países hay algunos que tienen una capacidad de financiamiento muy sólida y otros que no. Nosotros somos uno de los países que estaba en una situación de debilidad. Argentina ya estaba viviendo una profunda crisis macroeconómica y a eso le vino el coronavirus. Nos tocó enfrentar el coronavirus con restricciones mucho más fuertes desde lo que son las capacidades del Estado para reaccionar a lo que se presenta. Pero así y todo hemos dado todos los pasos para afrontar este fenómeno.

Cuando uno ve las respuestas de los Estados o las demandas de sectores de la oposición, no sólo en la Argentina sino a nivel global, parecen respuestas corrientes a situaciones extraordinarias. 

La realidad es que esta situación requiere de respuestas extraordinarias, pero así ha ocurrido en buena parte del mundo y aquí también ocurrió. Lo que hicimos fue definir un conjunto de principios para cómo atacar el coronavirus. El primer principio fue que lo primero es la salud. Tenemos que hacer lo que toque para proteger la salud de las argentinas y los argentinos y por eso hubo que adoptar medidas bien duras de reducción de la circulación. Como la cuarentena iba a tener un fuerte impacto en la actividad económica, el segundo principio fue la protección de la gente que queda en una situación de vulnerabilidad y por eso adoptamos medidas como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), la extensión de la AUH y de la Asignación Universal por Embarazo. Y lo tercero fue cuidar al trabajo privado y a las empresas que tienen valor y cuando se termine esta crisis vamos a necesitar que todavía estén ahí, que sean capaces de seguir produciendo y hacer que Argentina esté en condiciones de poder despegar. Entonces lo que hicimos fue definir el esquema de asistencia al trabajo y la producción y extender el seguro de desempleo. Queremos cuidar el trabajo formal en una situación que es muy complicada, donde obviamente el Estado tiene pocas herramientas porque cuando llegamos al gobierno Argentina ya no tenía crédito.

El fin de esta crisis es un deadline que no sabemos cuándo puede ser.

Esto es en todo el mundo igual, todo el mundo está tratando de ver cuánto tiempo dura esto y todos estamos aprendiendo sobre algo que no había ocurrido nunca. La vacuna en algún momento estará, cuánto vaya a tardar eso nadie lo sabe,  pero va a estar, en algún momento esto se va a resolver.

¿Cuál es el límite de las medidas anticrisis para países como Argentina? Lo pregunto en virtud que por más medidas que tome el Estado, la pobreza, el desempleo y la indigencia van a subir.

Aunque nosotros hemos atacado el problema de la pobreza y la indigencia con las medidas que tomamos, entre ellas el IFE, ciertamente Argentina no tiene la capacidad que tienen países como Estados Unidos, Alemania y otros para afrontar esta crisis. Tenemos restricciones mucho más fuertes, como por ejemplo no poder acceder a las condiciones de financiamiento. Está claro que aquí hay una crisis muy fuerte, por un lado hemos estado trabajando en desarrollar la capacidad de financiarnos internamente para solventar las políticas públicas pero también hay un elemento de solidaridad que es importante y que forma parte del esquema de políticas que se vienen implementado desde diciembre cuando asumimos el gobierno. Es la idea de empezar por los de abajo para llegar a todos. Ahora con la situación del coronavirus, con más razón aún este elemento de solidaridad tienen que estar sobre la mesa; todos como país tenemos que estar juntos para sobrellevar este momento. 

Recién lo decía como una aproximación, pero se generó una discusión al comienzo del coronavirus si era un shock de oferta o de demanda. ¿Cómo lo ven en el Gobierno?

Los dos. Es un shock a la oferta, a la posibilidad de producir y es un shock a la demanda, a la posibilidad de comprar lo que se produce porque la gente no puede ir a trabajar. Ahora esto ha ido cambiando y hemos ido adaptando la cuarentena, pero los primeros 45 días una buena parte de los trabajadores y las trabajadoras directamente no podían trasladarse. Por eso estamos hablando de un shock que no tiene precedentes en la economía mundial y en el capitalismo tal como lo conocemos. Esta situación de un shock tan fuerte que afecta a la oferta y a la demanda al mismo tiempo no ha estado presente. 

Seamos optimistas y pensemos que va a haber un tratamiento relativamente satisfactorio reduzca la letalidad en el mes de octubre, por situarlo arbitrariamente. ¿Por qué pensar que en países como el nuestro ese tiempo es demasiado lejos como para evitar una crisis que rompa el tejido social?

Lo primero aquí es cuidar la salud de la gente. Eso es lo más importante.  Después vamos tomando medidas para proteger a los distintos sectores de nuestra población y la economía. Se van adaptando las medidas y evolucionan a medida que esto avanza. Eso es lo que hemos venido haciendo, vamos dando pasos que son cortos, pasito a pasito, justamente por el hecho de que aquí hay muchas cosas que están ocurriendo que son nuevas. Por eso en parte lo que está ocurriendo en el mundo y en Argentina es que estamos empezando a acostumbrándonos a convivir con el virus y a producir con él siguiendo protocolos de prevención muy estrictos que permitan a la actividad económica funcionar al mismo tiempo que se protege la salud de la gente. 

Argentina tiene históricamente una escasez de dólares crónica. Si en un escenario normal el camino es la exportación, ¿cómo puede exportar más nuestro país en un mundo que parece estar cada vez más cerrado?

Ahora estamos viviendo una situación extraordinaria, y este año va a haber una caída de la demanda a nivel mundial. Se va a reducir el comercio internacional, también porque es mucho más difícil transportar los bienes. Argentina tiene que ir sentando condiciones para la recuperación post pandemia y lo que sigue después. Las exportaciones son una variable, es un asunto en el cual hay que poner mucha atención. No es que Argentina va a tener la posibilidad de crecer liderada por las exportaciones, no es así, el punto es que Argentina va a necesitar aumentar sus niveles de exportaciones para poder sostener niveles de crecimiento que son sanos y deseables, para la economía argentina.

¿Cuál sería el principal dinamizador de ese crecimiento?

La historia argentina es una historia de auges y caídas, el famoso stop and go, donde de pronto el país crece y empieza a crecer la demanda por todo, por aquello que se importa y si las exportaciones no crecen, lo que termina pasando es que empezamos a perder nuestras reservas. En algún momento se devalúa el tipo de cambio, salta el precio del dólar y eso empieza a generar inflación, caída del poder adquisitivo y eso genera menor actividad y se afectan las condiciones de empleo, se generan peores condiciones sociales, más pobreza, más desigualdad y después se vuelve a arrancar. Eso es lo que Argentina ha vivido por décadas y eso es lo que nosotros tenemos que cambiar. Para eso hay mucho por hacer. Primero necesitamos estabilizar la economía, que es en lo que veníamos trabajando desde diciembre. Ahora en el contexto del coronavirus es una tarea más ardua con más restricciones, pero en la que estamos poniendo muchísimo énfasis. Después Argentina va a necesitar tener un crecimiento de las exportaciones que acompañe al crecimiento y que no lo estrangule. Ahí es donde se plantea la necesidad de condiciones distintas a las que Argentina ha tenido durante buena parte de su historia. La estabilidad macro es una condición muy importante; después el país necesita ir generando también capacidad de ahorro en nuestra propia moneda, no depender de los dólares que vienen de otro lado del mundo porque eso es lo que después nos deja dados vuelta.

¿Se puede eso en un país con la tradición que tiene la Argentina?

Sí, se puede. Hoy estamos trabajando en eso. También está el rol que juega el Estado para las políticas productivas. Los países medianos y grandes que crecen son todos países que logran generar conocimiento, una valoración de la ciencia y del desarrollo tecnológico que logran autoabastecerse o desarrollar el sector energético. La energía es otro de los factores que puede estrangular el crecimiento y que tiene condiciones de infraestructura y de logística adecuadas que le permiten al sector privado tener niveles de productividad tales que puedan competir a nivel internacional. Argentina necesita trabajar en esos dos frentes: necesita alcanzar la estabilidad macroeconómica y desarrollar condiciones para que haya más inversión. Porque si bien terminado el coronavirus vamos a poder crecer sin necesidad de más inversión -ya que va a haber mucha capacidad ociosa- para plazos más medianos y largos Argentina va a necesitar tener niveles de inversión mayores. Va a necesitar un Estado fuerte, saneado, que pueda tener un rol muy importante en las políticas productivas como conocimiento, energía, infraestructura y logística, y que entonces tengamos un ambiente que nos permita producir más de todo: de lo que se produce para el consumo doméstico y de lo que se produce para venderle al resto del mundo. 

Respecto a esta estabilidad y consistencia macroeconómica, ¿no advierten dificultades entre una política monetaria y fiscal expansiva y el nivel del tipo de cambio oficial?

Ciertamente la política fiscal y la política monetaria tienen que ser consistentes, y la cambiaria junto a ello. Nosotros a lo que apuntamos es a una política en la cual el tipo de cambio real ayude a la competitividad y Argentina va a necesitar eso. Veníamos con un esquema, vino el coronavirus y este esquema se va a adaptando, pero lo que está en el centro es mantener condiciones cambiarias que no dañen a la competitividad de Argentina. 

Con respecto a la política fiscal y a la política monetaria, cuando llegamos al gobierno en diciembre, el primer diagnóstico era el de una economía en caída libre: el producto había caído en tres de los últimos cuatro años, todos los indicadores económicos y sociales se venían deteriorando, la pobreza en aumento, la pobreza infantil en aumento y había que atacar el problema de la recesión; estabilizar la macroeconomía al mismo tiempo que se protegía a quienes estaban en la peor situación. Hicimos toda una batería de medidas con ese propósito, desde el Plan Hambre a todas las medidas macroeconómicas que se incluyeron en la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva de diciembre. Recordemos que Argentina desde lo fiscal venía experimentando una contracción. El gasto público se redujo 5,4 puntos del producto en los últimos cuatro años y eso nos fue debilitando. Mientras el sector privado se contraía, el sector público también: no hubo un shock de confianza positivo. Lo que pasó fue que la actividad económica continuó cayendo y desde el lado monetario se venía trabajando con un esquema en el cual se consideraba que la contracción monetaria iba a generar una estabilización de los precios y tampoco pasó. 

La inflación terminó disparándose por las corridas cambiarias.

Había elementos de cómo se forman los precios en Argentina que hicieron que hubiese persistencia de la inflación. La inflación terminó creciendo por las corridas cambiarias y en lugar de ayudar a estabilizar los precios ese esquema generó tasas de interés muy altas. Entonces imaginémonos a una PyME que le está cayendo la demanda, le compran menos de sus productos y al mismo tiempo tiene que financiarse a tasas de interés de arriba de 80%. Así es imposible producir y eso es lo que terminó pasando. Hubo destrucción de empresas en Argentina, fue masiva la destrucción de PyMEs. Ese era el problema que nosotros teníamos que atacar así que implementamos un plan en el cual buscamos cambiar ese rumbo tanto desde lo fiscal como desde lo monetario. Desde lo fiscal necesitábamos parar esa contracción del gasto, pero tampoco queríamos aumentar el déficit. Entonces con la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva se generaron más ingresos fiscales para poder frenar esa contracción del gasto sin aumentar el déficit, porque queremos tener un camino hacia la consolidación de las cuentas. Y desde lo monetario, el Banco Central vino bajando las tasas de interés. Después en el medio nos vino el coronavirus e impone unas enormes necesidades fiscales en un contexto en el cual hay poco financiamiento y ese es el contexto con el que hemos tenido que lidiar. La economía argentina ya estaba enferma y de pronto le vino un coronavirus.

Si a alguien enfermo le agarra el coronavirus tiene muchas chances de morirse. Y Argentina está en edad de riesgo: tiene 209 años.

Aquí no es el caso. Además es mucho más joven que muchas otras y tiene mucho camino por recorrer. Y la economía también tiene mucho por madurar y mucho potencial. Este país puede estar muchísimo mejor y va a estar muchísimo mejor. Pero nos tocó lidiar con esta situación y eso obviamente afectó a los planes económicos.

Casi todas las provincias tomaron deuda en dólares recomendado por la Casa Rosada durante la gestión de Mauricio Macri. ¿Están siguiendo esa curva de deuda?

Sí, absolutamente. La posición de este gobierno es exactamente la contraria: las provincias nunca deberían endeudarse en dólares porque eso trae grandes problemas. Hoy hay provincias que están en una situación de estrés financiero que tiene consecuencias para su capacidad de políticas públicas y para la vida. Eso es algo que debe cambiar y es algo en lo que venimos trabajando. Lo bueno es que hay, y lo noto en la mayoría de las provincias, un convencimiento de que esto tiene que cambiar, que deben tener financiamiento en su propia moneda y tiene que haber una estrategia coordinada con la Nación al respecto y eso es lo que estamos trabajando. De hecho, en el ministerio de Economía hemos creado una unidad específica de asistencia a las provincias para la gestión de restaurar la sostenibilidad de sus deudas y buscamos converger a una situación en la cual dejen de endeudarse en dólares como parte de un esquema más integral en el cual el país debe generar capacidad de financiamiento y de ahorro en la propia moneda. No es algo que se logre de un día para el otro, no es algo sencillo, muchas veces se ha dicho y no se ha logrado, pero no queda otra. Argentina necesita buscar eso porque en la medida que no lo logre no va a poder tener condiciones de estabilidad. Y en condiciones de inestabilidad mucha gente sufre, hay ansiedad, estrés, inseguridad económica, inseguridad física. Entonces Argentina necesita transitar ese camino.

¿Cómo se enmarca la Argentina en el escenario global en un mundo con más tensiones, más cerrado, menos multilateral?

Ciertamente a todo el mundo le conviene un mundo de paz. Lo ideal sería que haya una arquitectura económica y social global que logre abordar los grandes problemas que enfrenta la humanidad hoy en día, las grandísimas desigualdades. Es algo que además de ser éticamente cuestionable tiene consecuencias para la economía, para las organizaciones de los sistemas políticos, para cómo viven millones y millones personas en el mundo. Argentina apunta a una integración inteligente, en la cual pueda tener la posibilidad de desarrollo de líneas comerciales, y sana, donde Argentina pueda tener soberanía económica que es uno de los pilares de un proceso de desarrollo. Siempre hablo de cinco pilares de un proceso de desarrollo: el primero es que Argentina necesita tener una estructura productiva que sea inclusiva, que genere trabajo; lo segundo es que sea dinámica, que genere crecimiento de la productividad porque no alcanza repartiendo mejor lo que tenemos para que esté todo el mundo bien sino que tenemos que lograr crecer más; la tercera es que alcancemos la estabilidad y no pasar de crisis en crisis, la cuarta es respetar nuestro federalismo, que haya equidad en el crecimiento a través del territorio; y la quinta es tener soberanía y la soberanía económica es parte de ello.

En la gira que comenzó con las jornadas en el Vaticano pasaron por Francia y ahí Bruno Le Maire, el ministro de Finanzas, hizo una suerte de discurso cruzado contra las grandes compañías no reguladas de internet y el apoyo tácito a la Argentina en la renegociación de la deuda. Esto me dispara querer saber si hay a nivel global -y Argentina es de alguna manera el showroom de lo que está pasando con la deuda- una disputa entre los Estados Nación y distintos elementos de orden individual que ponen en jaque este orden global imperfecto, con dificultades, pero orden al fin. ¿Está esa discusión dado vuelta o es más simple y estamos hablando sólo de plata?

Efectivamente hay una tensión que es global, los problemas que hoy tiene que resolver nuestro país se generaron en la relación entre Argentina y sus acreedores, pero cuya resolución se enmarca en un contexto global bien complejo. Ha habido décadas, estamos hablando de la época de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, en el cual cambió la forma en que el mundo se organizó, cambió la globalización y los resultados han sido muy dispares. Ha habido problemas en cuanto a compartir lo que se distribuye, en cuanto a asegurar la estabilidad social y económica, muchísimas crisis e inestabilidad en muchos países del mundo, la forma en que producimos y lo que eso genera sobre el cambio climático y cómo eso afecta el futuro de la humanidad. Esa es la situación en la cual llega el coronavirus y de pronto hay muchos países que sufren sus consecuencias: les cae muy fuerte su actividad económica y tienen deudas a las que no pueden hacer frente. Es en ese contexto que Argentina tiene que resolver su crisis de deuda, entonces aquí se da esta situación en la cual lo que pase con Argentina va a tener consecuencias sobre cómo siga el resto. Por eso estamos buscando una forma bien colaborativa con nuestros acreedores para llegar a una solución positiva. Hay múltiples variables al mismo tiempo que están jugando, hoy (NdeR: el reportaje fue el viernes a última hora de la tarde) di una charla en el Consejo de Relaciones Internacionales de Estados Unidos por videoconferencia y estaba buena parte de la comunidad política y de negocios de los Estados Unidos.

No son muy heterodoxos.

(Se ríe) Hay de todo, hay distintas visiones sobre el mundo seguramente. Contaba algo que me decía un inversor muy sofisticado de los Estados Unidos sobre cómo él veía el caso argentino desde el otro lado. No es un acreedor sino alguien que ha estado en ese mundo y decía que esto es como un concepto de la Teoría del juego que se llama la paradoja del bazar. Imaginate que tenés un gran negocio y te ponen un negocio al lado y el primer negocio al lado no te quita ventas, no te hace nada; pero después te ponen otro negocio chiquito al lado y después otro y después otro y después otro. Entonces ahí ya te empezó a afectar a las ventas. Así que mientras el primer negocio chiquito de al lado no te haga nada igual te conviene hacer algo, si es que solo te importan tus ventas, para que no florezca porque si dejás eso empieza a complicarse todo el resto porque empiezan a florecer los demás. Él decía que esto es algo parecido, porque lo que Argentina está haciendo es muy razonable, es lo que está bien. Además es el Fondo Monetario Internacional el que dice que esto es lo que hay que hacer, esto es lo que es sostenible, esto es lo que le permitiría a la Argentina ponerse de pie y al mismo tiempo cumplir con sus acreedores. Pero si ellos te aceptan esto entonces van a estar generando un precedente para todo el resto y tal vez van a no tener el control. Lo que también me decía es que si hacen eso es irresponsable porque si van por esa lógica van a estar afectando a toda una clase de activos que son los activos de los soberanos emergentes y van a estar afectando la vida de cientos de millones de personas en un contexto muy delicado, crítico en la historia y de eso quizás no se vuelva. Nosotros somos optimistas y sabemos que estamos trabajando, buscando apelar a la colaboración entre todas las partes para que haya un acuerdo que sea sostenible. 

Se me ocurre que esas consecuencias en la vida de millones de personas no les debe importar demasiado -ni tampoco tendría, en virtud de su negocio y matriz de pensamiento- a los acreedores. Vemos Líbano con problemas, Ecuador con problemas, si Argentina efectivamente es el showroom de las reestructuraciones o los problemas de deuda, si sale bien en Argentina, ¿eso no podría generar un problema sistémico para estos fondos?

¿Sabés cuál es el problema de eso? Que el no salir bien, el no resolver el problema también es muy costoso porque al fin y al cabo lo que determina el retorno de los inversores, con quienes nosotros queremos tener una relación constructiva, duradera y sana, es la capacidad de pago. Si Argentina no tiene condiciones para poder crecer, no va a poder restaurar su capacidad de pago y lo mismo va a pasar en los otros países. Aquí lo que se está necesitando es que en un momento tan delicado de la historia se eleven los liderazgos y estén a la altura de la ocasión, que haya un nivel de responsabilidad a la altura de las circunstancias que estamos viviendo. Hay gente muy positiva en el mundo y por eso nosotros pensamos que puede haber una agenda de trabajo que termine en algo que funcione, entendiendo que también puede llevar más tiempo. Hoy estamos en una situación en la que todavía no es claro lo que va a pasar. Hubo un conjunto de acreedores que aceptó la propuesta que hicimos y otros que no aceptaron, con quienes seguimos trabajando.

¿Esa propuesta estaba acordada previamente? ¿El número de acreedores que aceptaron fue más bajo del que esperaban? 

La oferta que hicimos tiene un reconocimiento fuertísimo a nivel internacional, estaba dentro de los parámetros de lo que el Fondo Monetario Internacional consideraba que Argentina podía pagar, tuvo el reconocimiento de los distintos países del mundo, hemos recibido el apoyo de muchos países del G20. Tuvo el reconocimiento de las personalidades más distinguidas en el mundo en lo que es el estudio de estos temas, más de 150 economistas de primer nivel mundial firmaron una carta de apoyo a lo que Argentina estaba haciendo, incluyendo cuatro Premios Nobel de distintas ideologías. Un apoyo muy variado. Es un juego de múltiples partes en donde se requiere de colaboración y en eso seguimos trabajando. Lo importante es qué es el éxito y para nosotros es cuidar a la Argentina, el éxito es llegar a obtener condiciones que le permitan a la economía argentina ponerse de pie, que le permitan a las familias en Argentina poder vivir en un ambiente que no sea de ansiedad, estrés, inseguridad económica. Cuando se dice que es mejor un acuerdo que otra cosa, eso no es el éxito. Si es un acuerdo que hipoteque el futuro de la Argentina, que nos deje rehenes de un problema y que vaya generando más ansiedad en las chicas y los chicos que crecen en este país, y que sigamos con los mismos problemas de siempre, eso no es el éxito.

Este tipos de gobiernos como es el de ustedes -o como fue en su momento, con diferencias, el de Néstor Kirchner o los gobiernos de Lula en Brasil o el de Evo Morales en Bolivia que ha tenido mucho reconocimiento desde el punto de vista de los éxitos económicos, fiscales- vienen a resolver problemas en temas de deuda que en general no generan y la sociedad muchas veces no lo valora. ¿Por qué, entonces, no tomar el atajo de hacer un acuerdo más caro y tener acceso al crédito o a otras facilidades que generan menos dolores de cabeza? 

La mejor respuesta a ese interrogante la dio el presidente Alberto Fernández, que dijo que no estamos trabajando para nosotros sino para Argentina. No es que hay que pensar en nuestro gobierno, hay que pensar en la Argentina. De hecho, la deuda tiene que ser política de Estado. Porque, ¿qué es la deuda? La deuda lo que hace es le genera al Estado una debilidad para hacer las políticas educativas que necesitamos llevar a cabo para que nuestros chicas y chicos crezcan con buena educación, las políticas de salud, todas las políticas de desarrollo productivo, la energía, la ciencia y la tecnología, la infraestructura. La deuda insostenible nos debilita, socava el futuro de Argentina, afecta el día a día de la gente, aún si no se ve porque parece algo abstracto la deuda afecta cómo crece la Argentina. Entonces de poco serviría enfocarnos en hacer un alivio por dos o tres años y ya está y después pagamos las tasas de intereses que venía pagando Argentina bajo el gobierno anterior.

A lo mejor lo hace un gobierno próximo si es que no reelige Alberto Fernández.

Por eso la deuda tiene que ser una política de Estado. 

¿A través del Congreso?

Por eso nosotros fuimos al Congreso y por casi unanimidad aprobó la Ley de Restauración de la Sostenibilidad de la Deuda Pública emitida bajo la ley extranjera. También hemos tenido el apoyo de los gobernadores de todo el país a lo que estamos haciendo y es muy importante por el hecho de que muestra que no es solo un gobierno, es toda una sociedad, es un Estado el que está detrás de esta política para sentar los cimientos que le permitan a la Argentina ponerse de pie y poder sostenerse.

¿No hay conversaciones informales?

Voy a ir personalmente al Congreso a explicar todo este proceso así como fui en su debido momento cuando este proceso se inició. Todo esto va a ser explicado, hay que manejarse con responsabilidad. La responsabilidad es muy importante porque lo que pase aquí va a afectar a la vida de mucha gente, entonces necesitamos poder tener un acuerdo que funcione, que sirva para Argentina y que no hipoteque el futuro del país y de la gente que elige vivir en nuestro país.

Esto que se plantea que Argentina cuando recibe Alberto Fernández el gobierno estaba en un default virtual, ¿cuál es la diferencia con un default "real" y qué implicancias tendría eso para la economía? ¿Qué diferencia tendría un default con un mal acuerdo?

Un mal acuerdo hipotecaría el futuro de Argentina, el país seguiría bajo un manto de incertidumbre con un Estado debilitado, sin capacidad de desarrollar las políticas públicas para el bien de la gente y eso no es algo que nosotros vayamos a permitir. La situación de virtual default a la que refirió el Presidente significa que Argentina tiene condiciones de financiamiento que son hoy en día prohibitivas, es imposible para Argentina acceder al mercado del crédito internacional. Entonces ya estaba en condiciones que equivalían a lo que pasa en los países que viven estas crisis. Eso afecta al sector público y al privado porque es importante poder restaurar esto que llamamos sostenibilidad, que es darle a Argentina condiciones para poder pagar porque Argentina quiere pagar pero tiene que poder pagar. Un acuerdo sostenible es un acuerdo que le permita al país poder volver a crecer y poder sostener ese crecimiento, al Estado tener las condiciones para hacer lo que necesita hacer, al sector privado tener las condiciones para poder desarrollarse sobre el sendero deseable. 

Se habla mucho, lo dijo el Presidente, lo dijo el jefe de bloque del oficialismo, lo dijo  el presidente de la Cámara de Diputados, de pensar el mundo post pandemia. ¿Cómo será?

Argentina post pandemia va a tener una situación en la cual va a tener que establecer una recuperación de la economía, con una sociedad que va a haber pasado un tiempo duro pero que está muy comprometida, portándose bien, cumpliendo con esta idea de salir lo mínimo posible de la casa al trabajo y del trabajo a la casa respetando los protocolos de prevención. Nos va a encontrar con la posibilidad de poder volver a crecer, pero al mismo tiempo vamos a tener que ir sentando, que ya lo estamos haciendo ahora, las condiciones para poder crecer después. Por eso va a ser muy importante que ahora y en el post pandemia Argentina vaya generándole las condiciones al sector privado y al Estado para abandonar ese sentido del pasado, de auges y caídas, de crecimientos y crisis, y que ahora se pueda establecer en un sendero de crecimiento que se sostenga en el tiempo, que sea inclusivo, dinámico y estable. Y que sea nuestro, que sea respetuoso de nuestra soberanía. Hacia ahí es donde buscamos que vaya la Argentina del futuro.

Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.
@ischargro
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