El “bull market” político de Milei y la venganza de Karina contra Tapia
El Gobierno saca provecho de la deriva peronista. El plan B de Karina con Villaverde. Ideas y vueltas detrás de la avanzada contra Tapia. La pelea con Villarruel que catapultó a Presti. Biopsia de la guerra por la deuda de Kicillof.
– ¿Es una decisión suya? ¿O de quién es la orden?
– Del presidente Milei.
El clima político dentro de la oficina del jefe del Regimiento 29 de Formosa sobrepasó los 36° de temperatura que, a las 6 de la tarde, hacía a la intemperie a principios de octubre. En voz alta, Victoria Villarruel le ordenó al uniformado que detallara la autoría de la orden para impedirle hacer su discurso en el acto por el 50° aniversario del copamiento de Montoneros al batallón del Ejército, hecho que Gildo Insfrán declaró “Día del Héroe Formoseño”, en reconocimiento a los conscriptos muertos.
“Yo voy a hablar igual, aunque sea a los gritos. Vengo a este homenaje hace muchos años”, había dicho antes Villarruel. Insfrán y los demás presentes asistían en silencio a un espadeo inusual: la discusión abierta, que una fuente calificó como “violenta”, entre la vicepresidenta de la Nación y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el Teniente General Carlos Presti, que 50 días después sería nombrado por Javier Milei como ministro de Defensa.
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Aquella tarde, Presti –que la semana que pasó participó en la reunión de gabinete como ministro anunciado, la de los abrazos y pogos de Milei– trasmitió que era una orden del presidente, pero -como suele ocurrir en los asuntos no económicos- se tradujo como una imposición de Karina Milei. “Usted es un subordinado mío, no me quiera dar órdenes. Retírese”, cerró el intercambio Villarruel, que desafió la intimación de Presti y habló.
Aunque no logró hacer cumplir el mandato, Presti demostró lealtad a los Milei y ganó millas como sucesor de Luis Petri. Para Villarruel fue el anticipo de lo que vendría si, como ocurrió, el Gobierno salía fortalecido de la elección del 26-O. Lo verificó en la cumbre en la que Patricia Bullrich le pidió una rendición incondicional: que ceda la caja del Senado y despeje la presidencia provisional. Como en Formosa, Villarruel dijo no.
Un Congreso violáceo
La vice ganó tiempo pero el calendario –con la foto actual– parece jugar en su contra. En febrero, Bullrich volverá a pedir el lugar que ocupa Bartolomé Abdala, otra “viuda” libertaria, con el argumento de que en ese escalón de la línea de sucesión presidencial debe estar sentado un leal a la Casa Rosada. Para entonces, habrá dos mapas mejor definidos: el reparto legislativo y el clima político y económico.
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SumateMilei factura el envión del 26-O, un bull market de las acciones políticas de La Libertad Avanza. En Diputados, sumó radicales “peluca”, incorporó otra tanda de diputados del PRO y metió una cuña en el peronismo con el exilio de Unión por la Patria (UxP) de diputados que reportan a Raúl Jalil, el gobernador de Catamarca. Jalil se llevará legisladores a un interbloque provincial, pero falta definir la cantidad. El pedido de UxP al catamarqueño fue que solo se vayan dos de los suyos, para que el peronismo no pierda la condición de primera minoría.

Martín Menem sumó, como anticipó Cenital, a los exmacristas santafesinos Verónica Razzini y Alejandro Bongiovani, de la Fundación Libertad, y con la renuncia de Silvia Lospenatto -y su reemplazo por la bullrichista Lorena Petrovich- lleva su bloque a 95. José Nuñez, de Santa Fe, sería el pasajero 96 que dejará en tablas a LLA y UxP si se cuenta, todavía, a los catamarqueños en esa bancada. Jalil se reunirá este lunes con Lucía Corpacci, exgobernadora, actual senadora y dirigente históricamente ligada a Cristina Kirchner.
La matemática legislativa excede a la electoral. Según el detalle del politólogo Pablo Salinas, Milei sacó 40,7% de los votos pero se quedó con el 50% de las bancas en juego -12 de 24– para el Senado. En Diputados, se quedó con el 42% de las bancas en disputa: 53 de 127. Sin embargo, la expansión del bloque fue mucho mayor: pasó de 37 a 95 bancas, lo que supone un aumento del 156%. Un bull market absoluto.
La novedad más relevante es que la rebeldía de Jalil (no es nueva, de hecho hace meses lo sacaron del grupo de WhatsApp de los goberandores del peronismo) es aceptada, quizá sea mejor decir comprendida, por Corpacci. Los argumentos son dos. Uno: la necesidad del gobernador de tener mejor diálogo y recursos –esto a partir de tomar el control mayoritario de la empresa YMAD, dedicada a la explotación de oro y plata (entre otros metales) para gobernar la provincia, algo que Corpacci hizo en el cuatrienio Macri. En esa línea, asoman las chances del PJ de retener la provincia en el 2027 cuando Jalil no puede reelegir. La fractura del PJ sería, mirado desde fines de 2025, un ticket seguro a la derrota.
El segundo es un misil silencioso al corazón del peronismo que preside Cristina Kirchner. Con el PJ a la deriva, cruzado por internas, no hay incentivo para alinearse con un ecosistema que -asegura Jalil pero también susurran otros gobernadores y repiten legisladores- carece de plan y de norte. Se reitera la queja de que todo sigue igual, con las jefaturas y los mismos métodos, como si el peronismo no hubiese perdido las elecciones nacionales en 2021, 2023 y 2025. En ese deterioro progresivo, el poder de fuego del PJ se fue licuando hasta ser, desde el 10 de diciembre, una oposición con peso legislativo entre bajo y moderado.
Un plan B para la narco-senadora
En el Senado es donde el PJ retiene más influencia. Fue determinante, por caso, para bloquear hasta acá la asunción de Lorena Villaverde, senadora de LLA por Río Negro. La denuncia por ingresar más de 400 gramos de cocaína a Estados Unidos, causa que derivó en un acuerdo con la Justicia a cambio de información, explica parte del problema: la cuestión jurídica no es la objeción porque no hay causas de Villaverde en Argentina.
Se aplica lo de “idoneidad moral”, es decir, si los demás senadores consideran que su comportamiento la hace moralmente apta para integrar el cuerpo. El riesgo implícito es que una mayoría eventual haga uso de ese criterio para impedir que asuman senadores opositores. El dato puntual: Villaverde no solo tuvo las causas en EE.UU. sino que mantuvo, según detalla su coterráneo Martín Soria, relación con personas que orbitan el mundo turbio del narco, como es el caso de Claudio Cicarelli, familiar de “Fred” Machado, a quien se vincula sentimentalmente con la senadora electa.
“Hay que ver quiénes son los 37 que ponen el dedito para dejar entrar al narco al Senado”, apuntó una senadora del PJ. Desde los bloques provinciales y desde la UCR expresaron su recelo a votar a Villaverde. Surgió una pregunta obvia: ¿quiere el Gobierno que Vilalverde asuma o prefiere que la rechacen porque es el camino más simple para evitar que la oposición le recuerde sistemáticamente su prontuario?
El viernes juraron 23 de los 24 senadores electos. Villaverde no. Ezequiel Atauche, el jujeño que todavía es jefe del bloque de LLA en el Senado, avisó en la reunión de Labor Parlamentaria que no tenían los votos para aprobar el pliego de la rionegrina y que preferían esperar. Por eso apareció un plan B: que Karina Milei, entre la dificultad de juntar manos y el costo político a futuro, le pida a Villaverde que renuncie a la senaduría y siga como diputada nacional, cargo del que todavía le quedan dos años.
Como un modesto gesto de autoridad, y de no sumisión, Villarruel le hizo pasar un mal rato a Karina en el Senado cuando la hermanísima concurrió a la jura de los senadores libertarios, entre ellos su nueva aliada, Patricia Bullrich, y no pudo usar, como pretendía, el palco presidencial. Protocolo tuvo que hacer, al final, algunos movimientos y desplazar a los familiares de Alejandro Fitzgerald, que juró como secretario Administrativo.
Las dos T de Milei
Milei, por lo pronto, está en una encrucijada: la FIFA es explícita respecto de que no acepta la intromisión política de un Gobierno en las asociaciones de fútbol de los países, bajo la amenaza de que puede disponer la prohibición de los torneos internacionales. ¿Puede cualquier presidente, no solo Milei, correr el riesgo de tomar una decisión que podría derivar en que la selección de futbol de Argentina, la campeona, no pueda participar del Mundial 2026, que será seguramente el último de Leo Messi?
El Ejecutivo celebra -y alimenta- la lluvia ácida contra Claudio «Chiqui» Tapia. Pero, por ahora, no parece dispuesto a ir más allá de las gestualidades, como posar con la camiseta de Estudiantes. Una casaca del equipo platense, cuyo presidente es Juan Sebastián Verón, le regaló hace meses (en pleno fervor por las SAD) el empresario Foster Gillet cuando lo visitó en Casa Rosada junto a su representante en Argentina, Guillermo Tofoni.
El jefe de Gabinete y portavoz Manuel Adorni anunció que el presidente no viajará a EE.UU. para participar del sorteo del Mundial, ceremonia que será el 5 de diciembre. Había sido invitado por Donald Trump y, según contaron en Casa Rosada, sería el único mandatario –además de Trump, naturalmente– que estaría en el palco presidencial. ¿Por qué no viaja? “No va para no convalidar a Chiqui”, apunta una fuente y usa un “apodo” tuitero con el apellido de Tapia.

Pasó algo más: las diez asociaciones del fútbol de Sudamérica que conforman la CONMEBOL eligieron a Tapia como su representante ante la FIFA, lugar que durante décadas ocupó Brasil. Como si fuese una coreografía planificada, Gianni Infantino envió una carta de reconocimiento por eso. La nota puede ser leída como un mensaje de la cúpula de la FIFA al Gobierno argentino. Un dato más: tampoco habría dado resultado la gestión para lograr una foto entre Milei y Lionel Scaloni.
Tapia se ufana de haber sobrevivido a dos presidentes, Mauricio Macri y Alberto Fernández, que intentaron desplazarlo de la jefatura de la AFA. En el entorno de Tapia se burlan del argumento de la convalidación porque, detallan, la administración de Milei solo participó de una reunión organizativa del mundial 2030, unos meses atrás, en Paraguay, con la presencia de Karina Milei y Adorni.
La deuda de Kicillof
Donde abundan las reuniones pero no hubo, todavía, una solución de fondo es con el pedido de endeudamiento que Axel Kicillof envió a la Legislatura bonaerense y que tuvo otro naufragio el viernes cuando, en Diputados, no se alcanzó el quórum. La queja es por el faltazo opositor pero en la gobernación miran de reojo cierta (sobre)actuación de legisladores de La Cámpora y el Frente Renovador, con la intervención remota de Sergio Massa.
La imputación sottovoce es que sectores de la oposición son una herramienta, indirecta, para la negociación interperonista. La sesión del miércoles es, antes del recambio, una fecha clave y hablan de una movilización de sectores alineados con Kicillof –intendentes, gremios, agrupaciones- para presionar por la aprobación del permiso de endeudamiento, por algo más de U$S 3.000 milllones, para la provincia. Hasta acá, 15 provincias y CABA tomaron deuda. A su vez, todos los gobernadores bonaerenses pudieron hacerlo, según un detalle que el diputado Gustavo Pulti publicó en redes.
Subyace la presunción de que el pedido de endeudamiento de Kicillof supone, proyectado, que le alcanza para terminar su gestión hasta diciembre de 2027 y que, si es así, una vez logrado el endeudamiento no tendría necesidad de volver a negociar ni con la oposición ni, tampoco, con sus aliados del peronismo. De ahí que algunos dirigentes K lo quieran entender como el anticipo de una futura ruptura entre Kicillof y CFK.