Crece la incertidumbre por el dólar y el Gobierno reconoce un Banco Central debilitado

Con el acuerdo con el FMI en negociaciones, el mercado sigue atento a señales de modificaciones en el esquema cambiario. ¿Cómo afectan los rumores financieros a la estabilidad económica?

Era martes por la noche, luego de horas y horas en la bicameral del Senado, donde el equipo económico presentaba el decreto del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). José Luis Daza, viceministro de Economía, que parecía estar hablando algo a corazón abierto con los últimos senadores que quedaban en la sala dijo: “Agarramos un país que estaba al borde de una crisis muy grande. Fuimos poco a poco desarmando cada una de esas fuentes de crisis: la deuda comercial, pasivos remunerados, déficit fiscal, elevada inflación, pero todavía nos queda una vulnerabilidad por resolver y que hace frágil a la economía argentina y que nos hace mantener un cepo cambiario: un Banco Central que está quebrado. Argentina es una excepción en el mundo, en términos de colapso económico e inflación. ¿Y saben dónde está la fragilidad? En el Banco Central”.

Traigo esta declaración porque debe ser de las pocas veces que desde dentro del equipo económico se reconoce que algo no está funcionando bien. Y es lógico, pero lo que no lo es tanto es plantear, entonces, que este tipo de cambio es el de equilibrio dada esta fragilidad tan clara. Para hacer un paralelismo con nuestro país vecino, el Banco Central de Brasil sufrió, en el cierre del año, un salto cambiario que llevó el valor del dólar sobre el real de 5,7 a 6,3. Una suba del 10% en poco más de un mes en una economía que tiene una inflación del 5% anual. O sea, un salto muy fuerte. Para bajarlo, además de medidas fiscales (ajuste) y suba de tasas de interés (hasta 14,25%), la entidad brasilera vendió más de USD 32.000 millones en el mercado para reducir la volatilidad cambiaria. Pero a diferencia de Argentina, según los últimos registros de la entidad, cuenta con USD 334.000 millones en sus reservas –prácticamente la mitad del PBI argentino–. Mientras que nuestro Banco Central tiene reservas netas negativas por USD 5.500 millones.

Escribo lo anterior para poner en contexto lo que fue una semana con muchos rumores, y ruidos financieros que ocurrieron desde el viernes pasado. Porque no podríamos pensar que el mercado solamente se mueve con rumores o incertidumbre, pero sí que la economía es más vulnerable a estos cuando hay algo que abiertamente no funciona bien.

El viernes pasado ocurrió algo que en cualquier otro momento de nuestra economía no habría generado demasiado sobresalto por la costumbre que hay a la volatilidad cambiaria, pero sí en un gobierno que está intentando no tener ningún sobresalto en ese sentido: las pantallas del mercado comenzaron a reflejar un salto en la cotización de los futuros de dólar (hasta 6%). ¿Anticipaban una devaluación? Lo mismo sucedió en la semana con los bonos dollar linked –que ajustan por la evolución del tipo de cambio oficial–. Después de meses de no tener demanda, empezaron a aumentar de precio. Por último, el contado con liquidación subió a $1.300 y la brecha cambiaria alcanzó el 21%. Ese movimiento coincidió con los dichos de un ex ministro de Economía que dejó entrever que el FMI podría exigir un salto cambiario del 10% y el uso de bandas cambiarias a partir de entonces, herramienta que se usó en el año 2019.

Luego, a mediados de esta semana, en una entrevista del ministro de Economía, Luis Caputo, se le preguntó: “¿Argentina va a continuar con el esquema de crawling peg [la devaluación mensual controlada por el BCRA]?”. A lo que respondió: “No puedo decirlo porque es parte de la negociación con el FMI, pero puedo asegurar que lo que hagamos no va a afectar a la gente”. Y agregó que más adelante Argentina puede flotar, una vez que tenga las condiciones apropiadas para hacerlo. Esto generó mayor incertidumbre, dado que dejó entrever que algún cambio en el esquema cambiario habrá, pero del que no se puede saber nada aún. 

En el mismo lugar donde comenzó la nota habló el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, quien aseguró que ya conoce la tasa de interés del acuerdo con el FMI, pero confesó que no se sabe el monto, dado que eso queda definido por el directorio en su reuniones de Board en Washington. Se votó entonces sobre un DNU del que hay muy pocas precisiones, aunque sí aclaró que la tasa que se paga será menor a la actual, de cerca de 0,8 puntos.

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En esta línea, sobre el cierre de la semana, el presidente de la Nación, Javier Milei, dijo que el acuerdo técnico con el staff del FMI estará listo recién a mediados de abril. A partir de allí, deberán pasar algunos días para que el organismo apruebe el préstamo.

El consenso del mercado sigue sin esperar una suba del tipo de cambio oficial antes de las elecciones, pero eso no implica que un movimiento al alza –por más que sea leve– o un cambio en el esquema pueda hacer perder las ganancias en pesos que vienen haciéndose en estos meses, y es preferible cerrar las posiciones que estaban abiertas. Ante la incertidumbre, es un buen momento para dolarizarse. Si hasta hace unos días lo rentable era vender dólares en el mercado oficial y hacer tasa de interés en pesos, ahora lo rentable es lo contrario: vender títulos en pesos y comprar dólares oficiales.

Desde los fundamentos del programa económico, nada ha cambiado demasiado. Lo fiscal luce inquebrantable y la pauta monetaria se sostiene, pero elefante en la sala es que el valor del tipo de cambio real se parece más al que dejó el gobierno anterior que al que tuvo este gobierno cuando empezó con un Banco Central con una posición muy frágil aún, tal como dijo Daza. En este sentido, desde el viernes en cuestión hasta el del cierre de esta semana, el BCRA lleva vendidos USD 1.204 millones y el INDEC reportó que saldo positivo de la balanza comercial del primer bimestre del año fue de tan solo USD 389 millones, lejos de los  USD 2.139 millones del año previo. Esto, sumado a una cuenta turística que crece y el pago de intereses que sacan dólares del sistema, hace que ahora el programa dependa de los dólares de la cuenta financiera. Por eso, la demora en las definiciones se condice con un mercado más alterado.

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Licenciado en economía por la Universidad de Buenos Aires, Magíster en Finanzas Corporativas y en Desarrollo Económico, socio de la consultora Invecq y economista jefe del grupo IDEA.