Condena histórica a Bolsonaro: ¿puede hacer algo Trump por su aliado?

El expresidente brasileño fue condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado. Retraimiento y desánimo en la base bolsonarista. Las amenazas de EE. UU.

La condena a Jair Messias Bolsonaro es un hecho histórico para Brasil, país signado por las asonadas militares y las amnistías: el Capitán es el primer expresidente que irá a prisión por un intento de golpe de Estado. “En estos 40 años, nuestras instituciones democráticas maduraron. Brasil puede felicitarse», le dijo el profesor de derecho penal Thiago Bottino a la agencia DW tras conocerse el fallo de la primera sala del Supremo Tribunal Federal, la Corte Suprema brasileña. 

“La conclusión del proceso penal contra el golpe es histórica y debe celebrarse, pero aún falta mucho para que concluya la maratón en defensa de la democracia”, matizó por su parte en la revista Piauí el abogado Rafael Mafei, profesor de la Universidad de San Pablo. 

Los delitos por los cuales se condenó a Bolsonaro y a los otro siete coacusados fueron organización criminal armada (en el caso del ex presidente, como líder); intento de abolir violentamente el Estado democrático de derecho; intento de golpe de Estado; daños calificados por violencia y amenaza grave; y deterioro del patrimonio protegido. Mientras la publicación Veja eligió una tapa con la palabra “Condenado”, el diario O Povo (Ceará) reformuló un fraseo bolsonarista –-Brasil encima de todo, Dios encima de todos– para titular “Democracia encima de todo”. 

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Tapa del diario “O Povo” de Ceará tras la condena a Bolsonaro.

Entretelones de la votación

“Brasil casi vuelve a una dictadura que duró veinte años. Una organización criminal constituida por un grupo político, liderado por Jair Bolsonaro, que no sabe perder elecciones. Es un principio democratico y republicano la alternancia de poder. El que pierde se vuelve oposición. El que gana asume”, dijo el relator del caso, Alexandre de Moraes, la bestia negra del bolsonarismo, recientemente sancionado por Estados Unidos con la Ley Magnitsky. 

Flavio Dino, en tanto, analizó la conducta previa del máximo organismo de justicia de Brasil para buscar disipar la idea de persecución política. «El Tribunal Supremo ya juzgó a políticos de todas las tendencias partidarias e ideológicas. Juzgó al Mensalao y fue algo ordinario. Este tribunal negó un Habeas Corpus al actual presidente Lula da Silva. Cuando un árbitro de fútbol le cobra un penal a mi equipo, es el mejor del mundo; si se lo cobra al otro equipo, es el peor. Pero el árbitro es el mismo y las reglas son las mismas. Esto demuestra que no se está juzgando a la oposición política A o B», enfatizó quien fuera gobernador de Maranhão entre 2015 y 2022. 

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El fallo no fue unánime solo por el voto absolutorio de Luis Fux, que en una maratónica sesión de más de doce horas dijo que “no hay golpe de Estado sin que el gobierno electo sea derrocado”, alegando luego una supuesta incompetencia del tribunal en este caso en particular. Tras su voto, el desenlace estuvo a cargo de una mujer: la jueza Cármen Lúcia, que rápidamente se convirtió en la cara de memes con la consigna Absolute Justice, en reformulación de la plantilla Absolute Cinema

“La presente acción penal es casi un encuentro de Brasil con su pasado, su presente y su futuro”, dijo Lúcia argumentando su posición favorable a la condena a los imputados. Incluso protagonizó un momento viral cuando, durante su propio voto, Flavio Dino le pidió el uso de la palabra. La jueza se lo otorgó, pero antes dijo «Mientras sea rápido… porque las mujeres hemos estado calladas durante dos mil años. Queremos tener el derecho a hablar. Pero lo concedo, como siempre”, cerró, severa y a la vez correcta. 

La derecha brasileña, sus banderas y obsesiones

«El nuevo símbolo de la derecha brasileña: la bandera norteamericana», resumió The New York Times tras la movilización de simpatizantes bolsonaristas en la Avenida Paulista de San Pablo. La paradoja reside en que la bandera de Estados Unidos fue desplegada el 7S, es decir, el día de la independencia de la República Federativa del Brasil. 

The New York Times y su nota sobre la presencia de la bandera estadounidense en las marchas bolsonaristas.

Como si eso fuera poco, Eduardo Bolsonaro –hijo de Jair Messias que hoy vive en EE. UU., licenciado de su cargo como diputado– fue todavía más allá. «Brasil podría perfectamente, en el futuro, necesitar la llegada de cazas F-35 y de buques de guerra, porque eso demuestra la disposición del gobierno de Donald Trump a defender la agenda de la libertad», afirmó en una entrevista con el portal Metrópoles, en momentos en que la administración republicana despliega buques destructores en el Mar Caribe, frente a Venezuela. “¿Usted aceptaría ser esclavo para evitar una guerra? Yo prefiero la guerra», dijo el también articulador de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) ante una consulta sobre una posible invasión a Brasil del país en el que hoy reside. A confesión de parte, relevo de pruebas. 

¿Qué hará ahora la cúpula bolsonarista? Además de elegir al candidato a presidente del espacio, apuntar a la elección parlamentaria del año próximo. “El Senado, que se renovará por dos tercios en 2026, es la cámara donde comienzan y terminan los procedimientos de destitución contra los jueces del Tribunal Supremo, lo que probablemente se convertirá en una obsesión bolsonarista tan arraigada como lo es hoy la amnistía. Ya sea para la presidencia o para el Senado, acabar con la dictadura de la toga será el eslogan de campaña más extendido en todo Brasil”, resume Maffei en Piauí. 

Retraimiento y desánimo en la base bolsonarista

El diario Estadao, ligado históricamente a la elite paulista, analizó la conversación digital tras la histórica decisión, haciendo foco en la base bolsonarista. “La condena de Jair Bolsonaro ha transformado el panorama digital. Los activistas, que antes reaccionaban con esperanza y entusiasmo, muestran claros signos de retraimiento y desánimo. Tanto es así que la última semana del juicio concluyó con un 69% de menciones negativas al expresidente, lo que demuestra una respuesta mucho más efusiva de quienes celebraron la decisión del Supremo Tribunal Federal que de los partidarios de Bolsonaro”, escribe Sergio Denicoli en el periódico. 

Siguiendo datos de AP Exata – Inteligencia Digital, el articulista destaca que “la base de seguidores de Bolsonaro reaccionó menos y con menor intensidad. La confianza se manifestó solo en el 8% de los comentarios que mencionaban a Bolsonaro. Esto representa ocho puntos porcentuales menos que el nivel registrado antes del anuncio de la sentencia”. Además, Denicoli da cuenta que los hashtags #BolsonaroCondenado y #GranDía representaron el 48.3% del tráfico total de la conversación digital. Y menciona que, además, hubo muchas publicaciones de usuarios que citaban a familiares fallecidos durante la pandemia –a la que Bolsonaro calificó de gripezinha–. 

Joao Pedro Stedile, la burguesía y los nuevos líderes de la derecha

En un sentido similar, pero sobre la movilización callejera, opinó el dirigente del Movimiento Sin Tierra, Joao Pedro Stedile, uno de los más importantes teóricos de la izquierda brasileña. “Él (Bolsonaro) puede tener alguna influencia todavía, pero con el 10% de malucos. No es una influencia social. Porque en el fondo, en Brasil, no hubo un movimiento de masas fascista. Ni siquiera cuando Bolsonaro convocó a las vigilias en los cuarteles”, dijo en un podcast del medio Brasil do Fato. De ahí que Stedile sea contundente a futuro: “No existe un movimiento de masas que Bolsonaro vaya a liderar”, afirma. 

Para el economista, la fuerza que el Capitán tenía era porque la burguesía había apostado en él. Y apunta a que las movilizaciones del bolsonarismo pasaron de 200 mil a 40 o 50 mil personas porque algunos pastores evangélicos dejaron de convocar a su base –donde había pobres y negros– luego de que la burguesía les denegara la movilidad para ir a la Avenida Paulista. Por ello, resume Stedile, ahora a las concentraciones por la Amnistía van personas encima de los 50 años, clase media conservadora, y en su mayoría hombres blancos. “Esa es la base de Bolsonaro y va a continuar, pero no va a ser el líder de la derecha brasileña. La derecha brasileña es más inteligente. Van a construir otros líderes”, dijo, mencionando al actual gobernador del estado de San Pablo, Tarcisio de Freitas. 

Estados Unidos y la interpretación del fallo

Trump “no tiene miedo de usar medios económicos o militares” para proteger la libertad de expresión, dijo la Casa Blanca días antes de la condena a Bolsonaro. Fueron declaraciones de la vocera Karoline Leavitt, que antes había destacado los mismos medios militares sobre Venezuela. “El gobierno brasileño condena el uso de sanciones económicas o amenazas de uso de fuerza contra nuestra democracia (…) El primer paso para proteger la libertad de expresión es defender la democracia y respetar la voluntad del pueblo”, respondió en ese momento la cancillería brasileña, Itamaraty. 

Tras el fallo el pulso siguió. “Estados Unidos va a responder como corresponde a esta cacería de brujas”, tuiteó el siempre efusivo secretario de Estado, Marco Rubio. El Ministerio de las Relaciones Exteriores (Itamaraty), cauteloso, no dudó en contestar al instante. “Amenazas como la lanzada hoy por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en una declaración que ataca a las autoridades brasileñas e ignora los hechos y las pruebas contundentes del caso, no intimidarán nuestra democracia”, respondió la cartera a cargo de Mauro Vieira. 

¿Cuánto más puede hacer la administración Trump por su aliado? Ya promovió aranceles e incluso sanciones a particulares que no lograron el objetivo final: que Bolsonaro no sea condenado. “La rebeldía ha definido la respuesta de Brasil a Trump desde que comenzó a intentar intimidar al país” resume Jack Nicas en The New York Times.

Y propone una lectura futura interesante en relación a los propios electores. “Si los aranceles se mantienen, o incluso aumentan, podría resultar difícil explicar a los votantes estadounidenses por qué deberían pagar más por la carne, el café y el azúcar para intervenir en el caso de Bolsonaro”, analiza. Para Nicas el problema de Trump es aún mayor: no sólo no detuvo la condena a Bolsonaro, sino que su errático accionar dañó la imagen de EE. UU. en Brasil, mejoró la aceptación del gobierno de Lula y acercó a su mayor aliado en el hemisferio a China.

Otras lecturas:

Se dedica al periodismo político internacional desde hace más de una década. Es politólogo y magíster en Estudios Sociales Latinoamericanos (UBA). Escribió el libro "Lula, de la cárcel a la presidencia". Es hincha y socio de San Lorenzo.