Charo López encontró en la novela gráfica el mundo que quería leer
A la humorista y actriz le costaba la narrativa, hasta que descubrió los cómics. Abre su biblioteca para mostrar su colección.
Es pasado el mediodía en Colegiales, y Charo López nos recibe tomando unos mates. Llegamos a la casa que comparte con su hija Elvira para hablar especialmente de libros, sabiendo de antemano que la suya no es una biblioteca clásica, porque nada de lo que hace ella lo es. Esta humorista y actriz argentina, que puede pasar de la improvisación trasnochada al streaming en Gelatina, y del stand-up a series como División Palermo, no lee demasiada narrativa, ni tampoco ensayos: lo suyo es la novela gráfica.
Sus libros están dispuestos en estantes irregulares en un ambiente que también funciona como living, comedor y cocina, bien al alcance de la mano, y se nota que son de consulta permanente porque están marcados, intervenidos. Además, en los estantes hay adornos y objetos variados sobre los que después nos contará en particular. “Casi toda mi biblioteca es de novela gráfica. Es chiquita y tiene mucho tránsito. Saco mucho de los estantes, voy purgando, y me quedo con los preferidos, con los que más quiero. Pero incluso algunos de mis preferidos también los presto o los doy. A veces cuando leo algo pienso: ‘Esto le va a encantar a tal’, y lo termino y lo regalo. Me gusta que sea así”, dice Charo ni bien prendemos el grabador.
–¿Pasó por muchas casas y por muchas mudanzas esta biblioteca?
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Sí, bastantes. En algún punto siento que la biblioteca es el espacio donde estoy. Yo vivo en ella. Todo lo demás puede ir cambiando, pero la biblioteca y estos objetos son los que pasan siempre de una casa a otra. Cuando armo la biblioteca, ya siento que llegué, que me instalé. Muchos libros se me arruinaron con hongos en una casa en la que viví en Paternal. Fue terrible descubrir eso, casi me muero, pero igual acá están. Y para ordenarlos hago algo medio loco: pienso a quién le gustaría estar al lado de quién. Los junto por amistad: si me imagino que se pueden llevar bien sus autores o autoras, ahí los pongo cerca.
–¿Empezaste a leer de chica? ¿Cómo fue tu recorrido como lectora?
Empieza en la biblioteca familiar. Mi mamá estudiaba biología, entonces había muchos libros sobre eso en casa. Los primeros recuerdos que tengo de estar en los libros es con la colección de la enciclopedia Lo sé todo. Me fascinaban. Me parece que en los ochenta a los niños nos gustaba más la ciencia, ¿no? En la casa de mis primos estaba la revista Muy interesante y todos la leíamos también. La biblioteca de mi abuelo estaba llena de novelones gigantes, y me encantaba revisarla. Me acuerdo que él estaba suscripto a la revista Reader’s digest. Pero el primer libro que me pegó fue Mujercitas, cuando tenía 8 o 9 años, primero lo leyó mi hermana y después yo. Me apenó mucho que terminara. Y me gustaron los personajes, todo. Fue el primer libro fuerte con el que me identifiqué. Esa misma noche, cuando cerré Mujercitas, agarré El principito. ¡Qué bronca que me dio! No me gusta nada El principito ni su humor, debe ser por ese contraste tan fuerte. Todo el merch del principito y esa sensibilidad me da rechazo. No conecto. Pero me sirvió para sentir que se formaba algo del gusto, y que no me daba lo mismo leer cualquier cosa.
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–¿Y cómo llegaste a interesarte por la novela gráfica?
Leí una Condorito, y también Mafalda, y ahí entendí que me gustaba esa lectura, porque rara vez podía seguir adelante con una novela. Fue una gran revelación descubrir los cómics. Y con el tiempo también descubrí que existía otro tipo de novela gráfica, y me estalló la cabeza y me metí a fondo. El cómic no es ligero como mucha gente cree. Puede ser tremendo, muy oscuro y profundo. En una época salí con un chico que leía eso y me regaló las primeras ediciones que tuve, y ahí empecé a conocer a los autores que más me gustan. Hace quince años eran casi todos varones los que hacían novela gráfica: todas historias de chabones. Hasta que descubrí la novela gráfica de mujeres, y ahí entré a darle a lo loco, hasta que esa ola se volvió una historieta tipo diario íntimo aburguesado que me torró también. Ahora ya estoy más fina y sé qué buscar. Y PowerPaola me fue recomendando mucho.
–PowerPaola es justamente una de las primeras autoras e ilustradoras en empezar a hablar de sí misma en las novelas gráficas de un modo muy descarnado y cero naif. La buena novela gráfica tiene que condensar un gran estilo de escritura y un imaginario visual propio. ¿En qué autoras encontrás eso que te atrae tanto?
Exactamente. Pero no todas las autobiografías son así: no hay tanta gente interesante en el mundo. Gracias a ella llegué a una autora que me encanta, Julie Ducet. Y ahora me gusta mucho Liv Strömquist.

–¿Quién es ella? No la conozco.
¿No la conocés? ¡Qué suerte! Te envidio. ¡Es mi favorita, lejos! Le robo mucho a Liv. Es sueca. Y es una persona muy inteligente, que estudió mucho, entonces leerla es también como tomar una clase de filosofía for dummies. Cita a filósofos a los que yo no puedo acceder, y me los traduce de alguna manera. Siento que aprendo. Empecé con este que se llama No siento nada, porque lo recomendaron en el podcast Deforme Semanal, de Lucía Lijtmaer e Isabel Calderón. Arranca con la historia de Leonardo Di Caprio, que aunque cambie de novia tiene siempre la misma novia… Es un estudio sobre el amor, las relaciones, lo que el amor era antes y lo que es ahora.

–¡Qué buenos dibujos! Son expresivos sin ser demasiado rebuscados.
Y hay collages también, va cambiando de técnica. El segundo libro que leí de ella es este: El fruto prohibido, que trata sobre las representaciones de la concha a través de la historia: toda la relación de la humanidad con la vulva. ¡Y es graciosísimo, buenísimo y hermoso! Y seguí por este otro: La voz del oráculo, que habla de la entrega social al consejo y a la adivinación. Se mete con esta era de influencers, y con toda esa gente que te dice cómo tomar un mate, cómo levantarte… y cómo eso nos atraviesa desde el oráculo de Delfos a hoy. ¡Y este último está buenísimo! Es La sala de los espejos, y habla de la relación con el cuerpo, la vejez, la imagen y el yo virtual. Cómo una alimenta una cáscara que después odia. Con ella lo que me pasa es que si sé que sacó un libro, ya lo quiero. Es mi último metejón profundo. Trabajo mucho con ella. Me inspira, me abre preguntas, me resuelve cosas. Tiene una mirada que me resuena un montón. Me fascina mucho sentir que hay alguien muy inteligente del otro lado. Por eso me cuesta entrar en las fantasías de los demás, en la ciencia ficción y todo eso.

Entre lo oscuro y lo absurdo
Después de conversar un rato en la mesa y desplegar uno a uno los libros de Strömquist, nos acercamos a los estantes. A simple vista se ven libros como Maus, Nuestra parte de noche, Desierto sonoro, una historieta de Marjane Satrapi –la autora de Persépolis–, Del caminar sobre hielo de Herzog y un montón de libros álbum.
–¿Y estos libros de Roberta Marrero? Acá no la conoce mucha gente, me parece. Pero fue una gran artista, escritora, poeta, cantante, actriz trans española.
Me pasa con Roberta algo parecido que con Liv Strömquist. La visión de la vida de ellas me apasiona. Y la simpleza. Me gusta este que se llama We can be heroes, que no siento que sea un diario íntimo sino más bien un cuaderno. Ver su letra, sus tachaduras, me emociona mucho. Algunas páginas están recontra elaboradas y otras son más viscerales… Este otro libro lo leí embarazada y me sirvió mucho. No es un libro de crianza ni de maternidad ni nada, pero me hizo bien pensar la crianza en torno a El bebé verde. Me conmovió.

–¡Qué hermosas estas ediciones! Y con Virginie Despentes y Paul Preciado haciendo los prólogos. ¿La conociste personalmente a Marrero? Me dio mucha pena su suicidio el año pasado… Fue terrible.
¡La vi un día en la calle y casi me muero! ¡Para mí fue como ver a Xuxa! No lo podía creer. Solo me pasó por al lado y le dije “Robertaaaaa, te quiero muchooooo!”. Re groupie… Pero bueno, cada uno con sus ídolas. Me dolió muchísimo su muerte, su suicidio. Es algo que tengo en la cabeza habitualmente. Me da miedo que el mundo en el que vivimos sea tan cruel y que como coletazos pasen estas cosas. La tengo muy presente a Marrero.
–A ver, contame un poco cuáles son tus preferidos entre los títulos que hay en estos estantes.
Bueno, acá están los de Julie Ducet. Es muy punk, muy interesante. Tiene mucha obra, es canadiense. Dijo hace un tiempo que no iba a hacer nunca más nada, pero sacó este libro que se llama El río y no me gustó tanto, me pareció muy tortuoso. Juanjo Sáenz me gustó bastante en su momento. Es de los primeros en hacer una historieta autobiográfica. Creo que tengo todos sus libros. Este por ejemplo es Hit emocional, que salió muchos años como viñeta en la revista Rockdelux. Él me gusta mucho también: Miguel Noguera. Es un comediante que en sus libros plantea escenas rarísimas, una tras otra. Son ocurrencias colgadas y después hace un dibujo. Por ejemplo esta se llama “La niña alcohólica”. Son chistes absurdísimos, nada tiene que ver con nada. Es para leer de vez en cuando, no es que lo leo entero, sino que sus libros los voy pellizcando de a poco. Fui a sus shows, lo vi dos o tres veces en vivo y es como un viaje, imposible de reproducir. Tengo también esta edición gigante de Chris Ware que a Elvira le encanta. Se cuelga mirando los detalles. Es para ver de vez en cuando. Este es muy sensible, cuenta la historia de un chico que es adicto al sexo de un modo amoroso y muy crudo: My brain is hanging upside down, de David Heatley. Este también me lo recomendó Paola: Hechizo total de Simon Hanselmann. Es medio memero. Son historias de unos personajes muy trash, ella es la bruja Megg, y está su gato y sus amigos, que cada uno es un animal distinto. Son historias de la noche, de drogas, pero hechas con animales.

Y este libro me encanta: Weak Messages Create Bad Situations. A Manifesto, de David Shrigley. A él también lo sigo en redes, es muy activo, comparte muchos dibujos. Es un triste… Lo re quiero. Tiene algo muy punk, de mandar a la mierda cosas en la mayoría de los dibujos, y me gusta eso. Re oscuro. Para mí lo que tienen este tipo de libros es que los venís a visitar de vez en cuando. No son para leer de corrido porque no se agotan en una sola lectura.

–¿Qué tipo de lectora sos?
No sé bien cuáles serían las categorías posibles… Pero cuando me gusta un libro lo quiero terminar. Y si no me gusta, lo dejo automáticamente. Me pasa poco, pero me encanta cuando me encuentro con un libro y quiero caminar con el libro en la cara. Siempre estoy buscando que me vuelva a pasar eso. Las primas de Aurora Venturini es uno de esos libros. Después se lo regalé a una amiga y me quedé con Las amigas, también de ella. A Virginie Despentes sí la pude leer. Los tomos de sus novelas Vernon Subutex te van llevando. Necesito algo que sea así de adictivo. La otra vez me compré el ensayo Calibán y la bruja y no pude leer ni una página, no me da la cabeza. Necesito cosas más masticadas. Me gustaría poder, pero no puedo.
–¿Y leés poesía?
Tengo pocos, pero mi favorito es uno de John Cage: Indeterminación. Me parece divertido.

Meter el libro en la conversación colectiva
–En el programa Qué olor de Gelatina tienen una sección con Noelia Custodio que se llama “Club de Lectura” en la que comentan libros y algunas biografías bizarras de famosos. No hay tantos espacios para los libros en el streaming, así que me da curiosidad saber cómo la arman, cómo llegan a esos títulos.
Es un tipo de material que no se encuentra fácilmente. Lo loco es que a esos libros en general nos los regalan. La gente los encuentra y piensa en nosotras. Es lindo tener un club de lectura en esta época, ese contacto con los libros. El año pasado leímos el libro de Mundo Marino, que no sé de dónde salió. Noelia compra, yo compro, la gente nos lleva cosas a los shows. Pero acá en casa no quiero tener nada de eso porque ocupan mucho espacio. El que sí me quedé es este de La Mona Jiménez dedicado. “Para la turquita”, me puso.

–En la obra Un barco llamado Loperman, que hacen con Adrián Lakerman, se nota que leyeron, revisaron teoría sobre el humor, historia. ¿Cómo se mezclan los libros con tu trabajo creativo de escritura?
Uso muchos libros para escribir, por más que lo que termine haciendo no tenga nada que ver. A mí me sirve anclar temas con los libros. Todo el relato de la vulva y Zeus que hay en la obra lo saqué de El fruto prohibido. En Qué olor estoy haciendo una historia de Sissí que también es de uno de estos libros de Strömquist. Y ahora estamos armando Loperman 2, y estoy usando un relato de Noguera que saqué de acá también. Me gusta todo lo que es data. Y después los chistes salen, pero me gusta que el origen del chiste sea algo curioso. De estos libros de John Waters también usé cosas que después transformé. Sobre todo de este que se llama Carsick, que tiene la estructura de un viaje a dedo que me parece genial. Después de leerlo quise hacer un formato de show de improvisación que sea así, con gente que se encuentra fortuitamente por hacer dedo. Lo probamos un par de veces pero no funcionó mucho. Waters es tan cercano en la escritura que me siento bien leyéndolo. Es alguien que me hace feliz. Personas como él te muestran que vale la pena hacer arte.
–¿Y dónde conseguís los libros que te interesan?
A esta altura ya sé en qué librerías están los libros que me gustan. Algunos son de la librería Punc, uno de los últimos bastiones que quedan. Y cuando viajo me pongo a buscar también. Voy ilusionada queriendo conseguir este tipo de libros que acá son más difíciles de encontrar por ejemplo en La Central, en España.

–¿Podemos hablar un momento de todos los perritos que tenés acá arriba de la biblioteca?
Es mi colección de perritos. Los tengo hace mucho y me acompañan. La mayoría son de porcelana y hace poco empecé a dejar entrar los plásticos. De hecho hay también un gatito por acá dando vueltas, el gato trolo. Este es el último, que vino de Chile. La mayoría me los compro yo en viajes, a veces me los regalan. Hay algunos más elegantes, otros más ordinarios.
–Veo que los libros infantiles tienen bastante espacio también en la biblioteca.
Sí, hace poco traje los libros de Elvita, que tiene 8 años, para acá, porque antes estaban en su cuarto. Empecé a necesitar que estuvieran más presentes, que conviviera también la literatura de las dos personas que habitan esta casa.
–¿Ella es lectora?
Ella es más lectora que yo. No sé cómo se volvió tan fanática, pero le gusta mucho. Ahora en los recreos me cuenta que va a la biblioteca, se lleva muy bien con el bibliotecario de la escuela. Devoró por ejemplo las historietas de Lucy de Pitucardi. Hay tanta pantalla que ahora los chicos agarran los libros para tener un poco de paz, para pasar un rato ahí adentro. Y nos pasa mucho que leemos de repente este, que parece un libro inofensivo de gatitos, y al final es tristísimo, muy fuerte: El gato que vivió un montón de vidas. Estos los compartimos.

Todas las noches leemos antes de dormir. A veces me cuesta tan tarde a la noche sacar energía para leerle, es sacrificado, pero siento que vale la pena, y que son esos momentos que después le van a quedar. Según qué libro sea nos vamos turnando. Ahora estamos leyendo Chaucha y Palito de María Elena Walsh, porque nos regalaron un montón de ella. Arrancamos con Dailan Kifki, leyendo un capítulo cada una. Me doy cuenta de algunas maniobras que hace para narrar y la siento muy inteligente. Le veo la bajada socialista, anticlasista, feminista, re lesbiana. Hermosa. Me doy cuenta de eso y me alegra que se la siga leyendo.
–¿Qué libro le recomendarías a alguien que no lee mucho para que empiece a interesarse por la novela gráfica?
Yo no conectaba mucho con la literatura, o sentía que no podía, y en la novela gráfica encontré un mundo al que pertenezco. Creo que arrancaría por María lloró sobre los pies de Jesús, de Chester Brown. Es un libro sobre la presencia de prostitutas en la Biblia donde no se dice que son prostitutas. ¡Es buenísimo! ¡Me encanta! Es bastante accesible porque la Biblia es un mundo que en algún punto todos conocemos. Se puede aprender un montón. Creo que a cualquiera le puede interesar este libro.

–Bueno, antes de despedirme quiero darte estos dos libros que te traje de regalo. Uno se llama Ficciones gauchopunks, de Michel Nieva. Son en realidad dos novelas breves muy sacadas en las que el autor mezcla el imaginario de la literatura argentina del siglo XIX (el Martín Fierro, el Facundo) con el cyberpunk. Y este otro acaba de salir: Un destino común, el libro que reúne por primera vez las intervenciones públicas de Lucrecia Martel. Me pareció que te podían interesar. Y si no, los podés hacer circular, claro.
¡Muchas gracias!

Gracias, Charo, por recibirnos.
Fotos: Cristina Sille