La Libertad avanza
El espacio que lidera Javier Milei es, hoy, la única fuerza política a nivel nacional. La provincialización de los espacios políticos, ¿un centrão criollo? Esquirlas de Ficha Limpia.
Cuando miramos al Brasil de Lula da Silva y un observador quiere hacer un pronóstico sobre el resultado de una votación en el Congreso, posiblemente sea irrelevante mirar la composición ideológica del cuerpo. Tampoco es definitivo, aunque dé algunas pistas, saber si el partido que integra un diputado apoyó al propio Lula o a Jair Bolsonaro en la última elección. Los equilibrios de la formación de mayorías los contiene un espacio paraideológico y suprapartidario, convertido en la columna vertebral de los apoyos a cada uno de todos los gobiernos desde el restablecimiento pleno de la democracia. El llamado Centrão es una coalición lábil de partidos ajenos a las grandes definiciones de fondo y sin una sólida cohesión interna, pero siempre dispuestos a colaborar con la gobernabilidad a cambio de intereses particulares, distritales o estaduales, ya sea como grupo o en negociaciones individuales. No tiene proyección nacional, sus integrantes –como regla– no sueñan con la presidencia, pero su peso territorial los hace indispensables a la hora de juntar votos en el Congreso.
La realidad argentina de la última semana nos lleva a la pregunta de si podemos estar asistiendo a la formación de un centrão argentino, que funcione como dador de gobernabilidad para espacios o coaliciones diversas, a partir de sus propias negociaciones con el oficialismo de turno. La presencia de dos partidos o coaliciones nacionalmente fuertes –una peronista y otra antiperonista, que con sus particularidades se reproducen a nivel provincial– operaba como factor obturador o, al menos, como atenuante de este fenómeno en la Argentina. La victoria de Javier Milei en las últimas presidenciales –apalancada en su popularidad en el interior del país y acompañada por la resiliencia de los oficialismos provinciales– muestra un cambio de dinámica que parece haberse expresado también en las elecciones del domingo: proyectos locales fortalecidos y La Libertad Avanza como un emergente con (apenas) mayor potencia competitiva que quienes se referencian en los liderazgos de Cristina Fernández de Kirchner y, especialmente, de Mauricio Macri.
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Estas mismas dinámicas hacen casi imposible cualquier lectura nacionalizada de los resultados de las elecciones del domingo. Uno podría ir más allá: no existen más fuerzas nacionales por fuera de LLA. No hace falta ir demasiado lejos para darse cuenta. Si sumamos las elecciones constituyentes de Santa Fe, la UCR se impuso en tres de cinco provincias argentinas. Un récord que, sin embargo, dice muy poco sobre la salud del partido a nivel nacional, donde sufre la falta de acuerdos respecto de su posicionamiento ante el gobierno y de un perfil desdibujado ante sus votantes. También la comparación entre Leandro Zdero, Carlos Sadir y Maximiliano Pullaro evidencia las diferencias de aproximación: Zdero se convirtió en el primer gobernador en sellar una alianza abierta con La Libertad Avanza; Sadir, de perfil más bajo, con una postura de mucha cercanía que sin embargo choca con la de quien fuera su jefe político, Gerardo Morales; y Pullaro más alejado, a pesar de la cooperación en seguridad con el ministerio que dirige Patricia Bullrich. Si sumamos la victoria abrumadora de Claudio Poggi en San Luis, podríamos decir que cuatro de cinco ganadores llegaron con la boleta de Juntos. Sin embargo, no hubo presencia alguna –y no podría haberla habido– de ninguno de los que eran los referentes nacionales de ese espacio en 2023. Cada gobernador con su espacio y su lógica propia.
En la vereda de enfrente, el peronismo también prescindió de festejos claros y de grandes resultados. Gustavo Sáenz se jactó, tras su victoria, de que en Salta no habrá representación del kirchnerismo a nivel legislativo surgida de estas elecciones, en lo que parece un vuelto discursivo por la intervención del Partido Justicialista a nivel provincial. Un discurso al que se sumó también quien fuera secretaria de Energía y Minería en el anterior gobierno, Flavia Royón. Es cierto que el PJ intervenido obtuvo porcentajes mínimos de la votación popular salteña. Tan cierto como que esos resultados copiaron los del PJ, sin intervención, en 2021. Querer obtener una proyección nacional de ese resultado parece forzado. Encuestas confiables otorgan a CFK entre 40 y 45 por ciento de apoyo a nivel provincial y el peronismo, con protagonismo kirchnerista, estará en buenas condiciones de pelear un lugar en el Senado en octubre, con una lista que, sin embargo, deberá afrontar las dificultades que supone traducir el apoyo que aún conserva la expresidenta en votos. El encargado de zurcir esa complicación podría ser Juan Manuel Urtubey, que parte en la pole position para encabezar la boleta peronista.
Salta fue un lugar de euforia moderada para el Gobierno nacional. La victoria de LLA en Salta capital no tuvo consecuencias significativas en términos de representación legislativa –donde el gobernador arrasó tanto en Diputados como en el Senado–, pero sí lo fue en términos de impacto. La expectativa generada por el oficialismo salteño –que anticipaba un triunfo en el lugar de mayor relevancia de la provincia por más de 10 puntos– le permitió a la oposición –que se condensó en la propuesta de Milei– celebrar una victoria sin siquiera haber jugado a su principal activo electoral –la diputada María Emilia Orozco que probablemente encabezará la boleta de senadores nacionales– y recordar que el presidente es el dirigente más popular de la provincia, donde su imagen positiva ronda los 55 puntos. Nadie se anima a descartar que el armado que encabeza Orozco, en alianza con Alfredo Olmedo, estaría en condiciones de aspirar a los dos senadores por la mayoría en la elección nacional.
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SumateSalta fue la perla de una jornada positiva para los representantes oficialistas, en la que rindieron frutos razonables tanto la táctica de Santiago Caputo –de buscar acuerdos allí donde LLA no tenga capilaridad suficiente– y de Karina Milei, de concurrir con candidatos propios en todos los territorios para consolidar el partido a nivel nacional. En Salta, con un armado sólido, no había confrontación. Ambos ocultan dificultades. El festejo en Chaco, donde LLA fue aliada a la UCR, acompañó una victoria contundente pero que no aportó a Zdero ningún crecimiento respecto de la primera vuelta de 2023. Corresponde el matiz de comparar elecciones ejecutivas y legislativas y, en todo caso, debería incorporar al análisis el posible resultado de una boleta violeta en cancha que hubiera fragmentado el voto no peronista. En Jujuy, el muy decoroso segundo lugar, con una propuesta propia, en principio opositora al gobernador Sadir, se benefició de la crisis del peronismo provincial, que terminó peleando voto a voto con la izquierda. Hay poco para decir de San Luis, donde ni Santiago, ni Karina, ni Milei reconocieron a ningún candidato como propio y el gobernador Poggi arrasó a la candidatura de Rodríguez Saá. El gobierno puede mostrarse optimista de cara a las nacionales, con gobernadores que desdoblaron y se aseguraron sus territorios y que parecen convivir cómodos con el gobierno nacional de Milei, sin necesidad de reaccionar a las necesidades de los espacios nacionales que, con mayor o menor intensidad integraban en 2023.
La consolidación y fortaleza de los oficialismos provinciales está detrás del otro gran acontecimiento de la semana, que fue la caída del proyecto de Ficha Limpia en el Senado, con el voto sorpresivo de los misioneros. Un poroteo algo particular que sólo cuenta los cambios de votación en un sentido los convirtió en exclusivos responsables de un resultado que tuvo otras sorpresas, como los senadores por la mayoría en Santa Cruz, que a último momento apoyaron la iniciativa. La decisión que correspondió a Carlos Rovira, el más consolidado de los líderes provinciales, supuso un juego a dos bandas respecto del gobierno nacional y las necesidades de Cristina Kirchner. Para el líder provincial misionero –que por principios y su propia identidad constitutiva está en contra de las medidas que limitan el derecho a ser elegido–, el sugestivo cambio de voto contribuirá al blindaje del territorio provincial. Las versiones de una conversación con Milei, reproducidas en medios afines al expresidente Macri a partir de un off del propio Rovira son, de acuerdo a todas las fuentes consultadas, falsas: el llamado con el presidente no existió y tampoco era necesario.
Tanto Milei como Caputo (S) dejaron trascender de forma inequívoca su oposición de principio a la agenda de Ficha Limpia en diversas ocasiones como también lo hizo su vocero más eficiente en redes sociales, Daniel Parisini –aka El Gordo Dan. Además, para el Gobierno es cómodo enfrentar políticamente al kirchnerismo y a su principal dirigente y, en cambio, no tiene demasiado para ganar empoderando a una Justicia penal federal politizada, en la que no tiene tampoco el peso del macrismo. Ficha Limpia no es para el oficialismo un tema propio sino que le fue impuesto en la disputa por ocupar el espacio que hoy habita con mayor comodidad el artista antes conocido como PRO. La fecha de votación elegida intentó abonar a las posibilidades electorales de Silvia Lospennato. El cálculo de Rovira apareció en la página oficial de su partido, a partir de una nota del periodista Jorge Castro en el canal oficial de Misiones, que recogió Pablo Ibañez y que luego fue compartida incluso por funcionarios misioneros. “Si Ficha Limpia se aprobaba, no sólo se entronizaba a Lospennato, también se sellaba una escena política con los rostros de siempre. En cambio, al caer, se desinfla la candidata de Macri, pierde protagonismo el propio expresidente (…) se habilita (…) la posibilidad de que Cristina Fernandez de Kirchner vuelva a escena…con grandes chances de perder. Así, Milei gana”, dice el artículo “y en ese movimiento aparece Rovira, el único dirigente que entendió la simultaneidad de todos esos escenarios. Hizo que Milei se asociara al triunfo sin necesidad de intervenir”.
El mensajeo político desde las usinas del oficialismo provincial tiene un destinatario interno y otro externo. El Frente Renovador de la Concordia tiene en su blend de diseño político y electoral a dirigentes y votantes libertarios. Fuera del pago chico, el otro receptor es el Gobierno, con quien la relación se resintió en los márgenes, pero el misionerismo se cuida de contener. Los cálculos de las narrativas, por lo demás, son ciertas. Las elecciones del domingo próximo en la Ciudad darán una idea de la correlación de fuerzas entre el PRO y LLA, donde no sólo pesará el orden de los candidatos, sino la distancia. Por cuánto aventaje Manuel Adorni –segundo en las encuestas detrás de Leandro Santoro– a Lospennato importa casi lo mismo que su ubicación. De allí la estridencia macrista (de Mauricio) en esta última semana y su gag en el que persistentemente acompañaba a su candidata a los estudios de televisión con el único fin aparente de incomodarla.
Las especulaciones sobre efectos electorales no deberían servir de excusa para omitir el análisis de las legislaciones por sus métodos. En el país de la “doctrina Irurzun”, donde se hizo uso y abuso de la prisión preventiva como herramienta en los procesos contra dirigentes políticos del peronismo –sin que se verifique simetría con investigados de otros espacios– donde los abusos llegan hasta las Cámaras de Apelaciones, las garantías de imparcialidad son inexistentes. El antecedente de Brasil, con la proscripción de Lula a partir de una causa con pruebas que aún se esperan, debería servir de advertencia precautoria para copiar un modelo que fracasó empíricamente y cuya consecuencia más obvia es privar a los ciudadanos de consagrar, pero incluso más a menudo, de repudiar a un candidato en las urnas. Incluso en la mejor de las hipótesis, los problemas que se buscan remediar judicialmente, corren el riesgo de agravarse. En Rumania, la proscripción judicial reciente de un candidato de ultraderecha que había obtenido el 23% en la elección presidencial, derivó en su reemplazo por otro que obtuvo el 40% tras la reciente repetición de la elección. Los intentos de reemplazar la voluntad popular por la de un sistema opaco, dependiente de poderes no electivos, es una receta segura para alimentar la arbitrariedad y el mal contemporáneo que es el descontento de los ciudadanos con la política. En un sistema donde los jueces ya ocupan un protagonismo desproporcionado en discusiones que deberían dirimir las urnas y en un país donde los votantes impusieron límites claros al ejercicio del poder, quitarle herramientas a estos para dárselas a aquellos es, con toda evidencia, una mala idea.
Los sueños y pesadillas del oficialismo, sin embargo, transcurren como siempre por otra parte. La batalla contra la inflación y el valor del dólar. La apuesta a sostener el atraso cambiario y el riesgo de incumplir la meta de reservas rindieron sus frutos de corto plazo este mes, cuando el Gobierno muestre una inflación contenida, muy inferior a las estimaciones del más optimista de los analistas económicos a la hora de proyectar la salida del cepo. El número de abril en la Ciudad de Buenos Aires fue del 2,3%, casi un punto por debajo de la de marzo. La tendencia debería replicarse en Nación, donde se ubicará por debajo del 3%. La contrapartida es una situación comprometida en materia de reservas, que obligaría al Gobierno a emitir deuda para hacerse de dólares o a solicitar waivers por parte del FMI en cuanto hace al cumplimiento de las metas del acuerdo. Los economistas oficiales confían en que, transitado este año –y con una victoria electoral en octubre–, Argentina podría refinanciarse el año próximo en el mercado y le quitará presión al Banco Central. Una apuesta osada, cuando los niveles de tipo de cambio real ponen en riesgo la competitividad, incluso de los sectores más dinámicos, y en un contexto en que las turbulencias no son sólo nacionales sino globales.
Sin embargo, el Gobierno tuvo ayer una buena noticia con la conclusión de una primera negociación entre China y los Estados Unidos, que acordaron una reducción recíproca de los brutales aranceles anunciados por Donald Trump y los establecidos por China simétricamente como represalia. Los estadounidenses se reducen así del 145 al 30 por ciento y los de China, del 125 al 10 por ciento. El descenso incluye, además, un cese de las medidas de restricción de exportaciones de materiales críticos impuesta por China en su paquete de respuestas y abre un período de noventa días de negociaciones. Los aranceles, además de suspenderse, se limitan. Si se reinstauran, por un fracaso negociador, sólo crecerían 24 puntos adicionales y no los 110 que se redujeron, pero incluso este desenlace parece hoy improbable. Trump aparenta estar conforme con consolidar un punto de partida arancelario algo más alto, pero que no fuerce una recesión global y una guerra comercial, y China aparece también interesada en evitar los costos de un aumento de la fricción. El resultado, sin ser óptimo, aleja los mayores fantasmas para la economía global, que venían cobrándose la cotización de las commodities que exporta nuestro país. El contexto, de todos modos, aparece desafiante.
Como señaló Lula desde Beijing, en una charla con The New Yorker: “Vengo de una generación que aprendió en los ochenta, con Reagan y Margaret Thatcher, que lo mejor para el mundo es la globalización y el libre comercio. Los productos deberían circular libremente por todo el mundo (…) Los chinos simplemente adoptaron esa teoría y empezaron a producir todo lo que se producía en EE. UU. y Europa (…) Ahora que los chinos se volvieron competitivos, se convirtieron en enemigos”. Como observa el presidente brasileño, los movimientos estructurales son más fuertes que la voluntad de los actores. Y, en el actual contexto, casi un seguro de un regreso de la incertidumbre del que deberían tomar nota quienes en Wall Street festejaron ayer el acuerdo como una señal de normalización económica y una advertencia para el gobierno argentino que, con el dólar, parece empecinado en ser capaz de volver a inventar la rueda.