Ramón Maddoni: enseñanzas de un formador de futbolistas
La técnica y los fundamentos, el ritmo y la agresividad. “Nosotros –decía el detector de talentos como Leandro Paredes– tenemos que volver a lo de antes”.
Con apenas verlo caminar o trotar, Ramón Maddoni identifica si el chico juega bien al fútbol. También, enseguida, sólo con percibir cómo para la pelota o cómo la lleva, detecta resinas de talento. “El que corre como sobrando, ese juega bien. Es como si hubiese nacido para esto”, dirá. Descubrir el potencial y moldearlo para que el chico se dedique al fútbol, para él, es “un don”. El ojo clínico de Maddoni –lector de Crónica y Popular, recitador de poemas como “Varón”, de Héctor Gagliardi– atesora conocimientos y riqueza conceptual.
“Ni sabía qué era sacar jugadores. Yo no sabía que sabía: yo laburaba. Los conos, la horca para saltar a cabecear, recibir la pelota de espalda a la raya porque te pega en el pecho y te queda todo el panorama de frente, pegarle con las dos piernas, manejar los dos perfiles. ¿Quién me dijo todo eso? Hay muchos secretos en el fútbol que se perfeccionan cada día más, y nosotros tenemos que volver a lo de antes”. Son las enseñanzas de un formador de futbolistas.
Maddoni, fallecido el 15 de agosto pasado a los 83 años, no había sido futbolista (de joven, en Floresta, había jugado de N° 5 en Mordisquito, un equipo de barrio). Entró, a principios de los 80, al baby fútbol del Club Social y Deportivo Parque, invitado por José Batista, padre de Sergio “Checho” Batista, campeón del mundo en México 1986. Tenía 37 años, dos carnicerías, una depresión post divorcio y un vuelco peligroso hacia el póker y las carreras de caballos. El club de Villa del Parque se transformó en su casa. Y en la cuna –o el club de paso– de cracks argentinos mundialistas.
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Parque se conectó primero con las infantiles de Argentinos Juniors. Luego, con las de Boca. Mauricio Macri, quien había ganado las elecciones en diciembre de 1995, fue en persona a buscarlo al club, junto a Jorge Griffa, histórico formador de inferiores que se había sumado a Boca. “¿Estos jugadores son para Boca?”, lo pinchó Macri.
De la técnica innegociable a la visión con Paredes
Coinciden quienes lo tuvieron como maestro–formador y fueron futbolistas de élite, desde Fernando Redondo y Juan Pablo Sorín hasta Esteban “Cuchu” Cambiasso y Carlos Tevez, pasando por Alexis Mac Allister y Leandro Paredes: Maddoni enseñaba a jugar al fútbol de verdad y delineaba el ABC (primero la técnica, que “no se negocia”, y los fundamentos, el ritmo y la agresividad, que “no es pegar”, sino “ganar la posición, poner la mano para dejar atrás al contrario”). Como era un padrazo exigente, se había percatado de que no podía entrenar, pero sí formar. Ponderaba al fútbol como un juego colectivo: “El semillero no se agota nunca, pero aún el más dotado tiene que aprender. El jugador nace, pero se perfecciona día a día. Hoy hay pocos formadores”. Dicen que Maddoni sabía todo, antes que todos. Y que, más que un “cazatalentos”, se sentía un “delegado antiguo de club” al que prefería que lo llamen “amigo”.
“Estoy en la posición que vos querías, eh”, le dijo Paredes, a quien había detectado a los ocho años, mientras jugaba en el club Brisas del Sud, de Mataderos. Maddoni le machacaba, mientras jugaba como enganche en las inferiores de Boca, que iba a ser N° 5: “Dejá de jugar de espaldas al arco, jugá con la cancha de frente”. Y a los que lo escuchaban: “Leo necesita la exigencia para sacar su mejor versión”. Paredes se reconvirtió en mediocampista central. Y en un futbolista que es un sistema en sí mismo, en un jugador con peso específico. El 27 de diciembre de 2022, nueve días después de que se consagrara campeón mundial en Catar, Paredes almorzó con Maddoni en el restaurante del club Gimnasia, de Villa del Parque.
“Cuando empezabas a jugar en Primera, Ramón te pedía una camiseta para dárselas a los chicos que iba preparando. Paredes me contó que dormía con mi camiseta. Te la prestaba una semana, como incentivo. Ahí entra la magia. Fue un pionero”, cuenta Andrés Grande, exjugador de Argentinos y actual DT de la Octava en el club. Paredes le dedicó a Maddoni el primer gol tras su vuelta a Boca, en el 3–0 ante Independiente Rivadavia en Mendoza: “Fue muy importante en mi carrera, mi vida. Ojalá esté contento arriba”.
Luis Lúquez: “Un formador tiene que hacer docencia”
Luis “El Topo” Lúquez –exfutbolista, 64 años, coordinador de las infantiles de San Lorenzo y del baby fútbol del 77 Fútbol Club, de Morón– se codeó durante 16 años con Maddoni, después de que llegara a las infantiles de Boca en 2004 desde Deportivo Morón. Ese año lo tuvo a Paredes (tenía nueve años). Lo volvió a dirigir en Novena y Sexta, categoría desde la que saltó al plantel de Primera.
–¿Qué es ser un formador? –le pregunto ahora a Lúquez.
–Más que todas las cosas, un formador tiene que hacer docencia con el chico. Enseñarle a respetar los valores. Después está el juego: chicos que ves que aprenden y otros que se estancan. Ahí está la muñeca del docente para hacerlo caminar en otra posición o para no frustrarlo. Me gusta descubrir al jugador, la esencia, verlo crecer, que aprenda los primeros pasos y después verlo hecho un jugador. Los que estamos en el fútbol infantil es lo que más valoramos.
–¿Qué tenían Maddoni y los viejos formadores?
–Maddoni, el ojo de detectar al jugador. Y aparte, al que consideraba gente buena, se brindaba, le daba las herramientas. Aprendí y me ayudó mucho. En Boca, yo tuve a Ernesto Grillo, un maestro. Al Nano Gandulla. En 9 de Julio, mi pueblo, a Oscar Carranza. El hombre tenía muy claro los conocimientos del fútbol para esas edades y para ese tiempo. Ya nos entrenaba con una pelota por pibe, una Pulpo. De todos aprendí, y fui mejorando la calidad humana. Porque lo otro lo tenés, pero hay que mejorar el lenguaje, la forma; es clave en edades chiquitas, cuando los pibes tienen muchos errores y uno no puede estar marcándole siempre el mismo error. A un nene le tenés que dar un palo y un caramelo. Cuando hace las cosas bien, elogiarlo, pero con medida, no sobreelogiarlo, y cuando se manda alguna, remarcársela para que comprenda y después pueda llevarla a cabo sin equivocarse.
–¿Hoy hay menos formadores?
–Hoy casi todos se abocan al resultado, porque los clubes piden resultados. No tanto en infantiles, pero sí en juveniles. Nosotros en infantiles tratamos de ganar, pero no a cualquier precio. La idea es que el pibe pueda ganar pero jugando bien, mejor que el contrario, no haciendo trampa. Y que cuando termine el partido, se salude con el rival y comparta un tercer tiempo.
Confesión de parte: Lúquez me fichó en 2003, antes de que cumpliese los 14, para jugar en la Novena de Deportivo Morón. Con la categoría 1989 salimos campeones del Apertura y subcampeones del Clausura. Volví a charlar con él después de 22 años. En 2024 había recuperado una grabación en un VHS del partido del título. “Estoy muy contento por la evolución de cada uno de los chicos –dice ahí Lúquez–. Me siento contento cuando una categoría como esta no tuvo ningún expulsado durante el año y donde uno los sigue formando como personas, que es lo más interesante de todo esto”.

Economía argentina: sin el alfajor y el jugo en el baby fútbol
Después de la pandemia, los clubes que juegan en la Liga Argentina –como el 77 Fútbol Club– y en otras de baby fútbol –como FAFI y FEFI– abandonaron una tradición: el alfajor y el jugo para todos los chicos después de los siete partidos de las categorías en la jornada.
“Por los costos –me apunta Lúquez–. Para una jornada necesitás dos cajas de alfajores, pagar las cuotas de la liga… No va a volver. Algunos clubes, cuando van y están muchas horas en otro club, les traen algo de comer. Pero el alfajor y el jugo eran la esencia. No todos los clubes ni todos los padres pueden darles de comer a los nenes. El otro día vino un club al 77. Veo a cinco chicos solos. ‘¿Con quién andan?’. ‘Con tal’, me dicen. ‘¿Y dónde está?’. ‘No sé, nos trajo y se fue’. ‘¿Comieron algo?’, les pregunto. ‘No’. Fui y les compré. Fue una cosa del momento, que hice porque uno se va curtiendo. Quizás en otro momento no lo hacía porque no me daba cuenta. La sociedad y los padres cambiaron mucho”. Durante la crisis de 2001, recuerda Lúquez, el 77 asistía con comida a una veintena de chicos.
Un estudio de la consultora “Táctica–laboratorio del deporte argentino” revela que, desde el arribo de Javier Milei al gobierno, en diciembre de 2023, el 95% de las instituciones deportivas sufrió aumentos en energía eléctrica, agua, gas, servicio médico, telefonía e internet. En el mapeo hay clubes de barrio con hasta 500 participantes activos y clubes grandes que superan la cifra. Ante el nulo apoyo del Estado nacional, el 75% de los clubes chicos y medianos aumentó la cuota social por debajo de la inflación. Y el 40% del total afirmó que está “peor” económicamente que en 2023.
La ilusión de jugar
Hasta el final de su vida –después de que César La Paglia, otro (ex) futbolista que supo detectar, gestionara la reapertura de Parque en 2017 tras siete años cerrado–, Maddoni ayudó a los nuevos chicos en la formación como personas que desean dedicarse en el futuro a jugar al fútbol como profesionales.
“Se gana, se pierde. Son chiquitos, vamos a ir aprendiendo cada vez más”, les dice Maddoni a unos niños de Parque en un video compartido en el Instagram del club. “Si cuando perdemos lloramos, los contrarios nos van a cargar. No somos invencibles. Podemos perder. ¿No quieren llorar? Bueno, hay que ganar. Y si se pierde, mala suerte. No se puede ganar siempre. Esto es un juego. Los contrarios también hacen para ganar. Y si salimos segundos, terceros, el año que viene vamos a ir mejorando. No hay que dejar de trabajar porque se pierde. Al contrario”.
–Si tuviera que darles un consejo a un niño que empieza a jugar y al padre, ¿cuál sería? –le preguntó a Maddoni, en 2017, el periodista Diego Della Sala en “Somos Futboleros” (DeporTV).
–Que nunca pierda la ilusión de jugar, porque esto es muy largo. No se sabe quién va a llegar y quién no. Uno ve que un chico tiene más condiciones que otro, pero eso no cabe. Porque hay chicos que tienen mucho sacrificio y se esmeran. Y le digo al padre que lo acompañe, pero que no lo presione, que lo deje. Que si no juega al fútbol, que sea hombre de bien.