Mundial de Clubes 2025: un torneo de Play hecho realidad

¿Es otro paso hacia una superliga global y elitista? ¿Europa juega con ventaja por la reconcentración de talento? Fútbol en Estados Unidos, el país del soccer y de la criminalización de la inmigración.

Sebastián Kohan Esquenazi toma mate en su casa de Ciudad de México. Nacido en 1979 en Buenos Aires, hijo de padre argentino y de madre chilena exiliados durante la dictadura, vivió hasta los 12 años en México. Luego en Chile, con el retorno de la democracia. Y más tarde en Argentina, en España, de vuelta en Argentina, y ahora en México. Es un Mundial de Clubes en persona (a Pumas de la UNAM, club mexicano del que era hincha, lo perdió en el camino).

Sociólogo y director de los documentales Buscando a Panzeri y Villa Olímpica, crítico y ácido como el periodista deportivo argentino Dante Panzeri, en charla con Kohan Esquenazi le pregunto acerca del Mundial de Clubes que comenzó anoche en Estados Unidos. “En principio, mi mirada era negativa, sobre todo por la imagen de los Mundiales anteriores, donde clubes tristones jugaban pocos partidos sin seriedad. Era una competencia para la televisión y poco futbolera, incomparable con la Copa Intercontinental, que era hermosa, en una época más llamativa en cuanto a la identidad del fútbol. Colo Colo–Estrella Roja en 1991; Boca–Real Madrid en 2000. Un universo romántico y futbolero en serio, entre potencias de Sudamérica y Europa –me responde Kohan Esquenazi, quien participa en Mundial 2026. Guía cultural–. Cuando se integra el resto del mundo, necesario en cuanto a diversidad, se volvió una joda. Jamás en vida se me ocurrió ver Pachucha contra Al–Jazira. Venía con ese prejuicio, pero me dieron ganas de ver algo, asumiendo que voy a consumir el peor capitalismo del mundo, dejando la épica de lado y, claro, aceptando las contradicciones”.

El primer Mundial de Clubes con 32 equipos –serán, en total, 63 partidos durante 30 días en 11 ciudades sedes de Estados Unidos– es un torneo de PlayStation hecho realidad. La concreción del que jugaron generaciones en un videojuego: un Mundial tradicional, con un formato exitoso –32 participantes, como el de selecciones desde Francia 1998 a Catar 2022– y con clubes. Pero el fútbol no es ni siquiera realidad virtual: es, todavía, un juego humano y complejo.

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Mil millones

En términos de poder, este Mundial de Clubes es un mazazo de la FIFA en la pelea por el calendario del fútbol. Si el año pasado se jugaron en simultáneo la Copa América (Conmebol) y la Euro (UEFA), el año que viene se jugará el Mundial de selecciones (FIFA). Ahora toca este reestreno del Mundial de Clubes que repartirá un premio récord de 1.000 millones de dólares (el ganador embolsará 125 millones). En octubre de 2024, LaLiga de España, la European Leagues y FIFPro, sindicato internacional de futbolistas, denunciaron ante la Comisión Europea a la FIFA por “abuso de poder” y “posición dominante”. “Hipocresía, interés comercial”, le rebatió la FIFA. “Parece que el dinero habla más alto que los jugadores”, expresó el belga Kevin De Bruyne, quien dejó el Manchester City tras una década y llegó al Napoli, campeón de la Serie A de Italia. El City juega el Mundial de Clubes. Napoli, no.

Resistido en un comienzo en bloque por las ligas europeas, que sintieron amenazadas sus porciones en la torta del calendario, en las últimas semanas clubes de la Premier League, de la Serie A y de LaLiga presionaron a la FIFA para que el Mundial de Clubes 2029 –de momento, como el de selecciones, será cada cuatro años– sea ampliado a 48 clubes y para que aumente el límite de dos clubes de un país más allá de los campeones continentales de las copas grandes. Barcelona (España), Milan (Italia), Liverpool, Manchester United y Arsenal (Inglaterra) ven este Mundial de Clubes por TV.

El juego del Mundial de Clubes

Hablemos del fútbol–juego. En las 19 ediciones desde que la FIFA lo reinstaló en 2005, los sudamericanos sólo ganaron tres veces el Mundial de Clubes: los brasileños São Paulo (2005), Inter (2006) y Corinthians (2012). El resto, europeos. En la última final, en 2023, el Manchester City goleó 4–0 al Fluminense de Brasil. “Es evidente que los europeos jugamos con ventaja. Tenemos lo mejor de Europa, de América, de África y de Asia”, dijo Luis Enrique, DT campeón de la Champions con el París Saint–Germain, club–Estado de Catar, que en 14 años contrató a ocho entrenadores, gastó 2.350 millones de euros en fichajes –una burbuja financiera– y reestructuró el fútbol mundial con la reconcentración de talento.

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En otras palabras: Brasil y Argentina, los países con más futbolistas (142 y 104) entre los que compiten en este Mundial de Clubes, alumbran el talento. Europa, lo disciplina. La venta de jóvenes es cada vez más prematura. Ahí se va Franco Mastantuono, de River al Real Madrid, antes de que cumpla los 18 años. Europa compra potrero y ginga y los adapta a su juego más automatizado y frío. La partida precipitada de argentinos y brasileños conlleva el riesgo de que interrumpan el desarrollo. No todos serán nivel top.

¿Cómo les irá a Boca y a River en el Mundial de Clubes? Como suele verbalizarse, ¿“competirán”? Lo analizó Lionel Scaloni, DT de la selección argentina: “El torneo me parece espectacular. Por ser el primero está la incógnita. Pero terminará siendo increíble. Están los mejores equipos y jugadores del mundo. ¿Los equipos argentinos? Como hacen los nuestros cuando salen a la cancha, no te dan una por perdida. Ojalá les pongan las cosas difíciles a todos, y espero que les vaya bien. No sé si estarán todos tranquilos de enfrentarlos, porque saben muy bien cómo afrontan los partidos, y tendrán el apoyo de su gente”. Scaloni, de igual modo, marcó como aspectos “negativos” a la fecha y a la falta de descanso para los futbolistas.

Boca debuta este lunes a las 19 ante Benfica de Portugal. Y River, este martes a las 16, frente a Urawa Red Diamonds de Japón. Acá, el fixture. La Copa Intercontinental entre Sudamérica y Europa se disputó 43 veces, entre 1960 y 2004. Sudamérica superó 22–21 a Europa en títulos. Argentina, con nueve, fue el país con más Intercontinental. Era otro mundo. Menos global, más equitativo. En los Mundiales de Clubes, Boca, Estudiantes de La Plata, San Lorenzo y River, más o menos decorosos, perdieron en las finales.

Los de allá andan mal

Los Angeles Galaxy, campeón de la Major League Soccer (MLS) de Estados Unidos en 2024, no jugará el Mundial de Clubes. Sí lo hará el mejor equipo de la temporada regular, el Inter Miami de Lionel Messi, que anoche inauguró el torneo ante el Al–Ahly de Egipto en el Hard Rock Stadium, después de que la FIFA redujera un 84% el precio de la entradas, de 349 dólares a 55. Messi debía jugar como fuera el Mundial de Clubes en el país en el que el fútbol es el soccer.

“El soccer tiene poco de fútbol, no hay cultura futbolística”, me dijo Darío Fernández, exfutbolista argentino, que entrena a chicas y a chicos en las inferiores de Estados Unidos, más allá del show (la selección estadounidense, dirigida por el argentino Mauricio Pochettino, perdió el martes 4–0 frente a Suiza en un amistoso).

El domingo pasado, durante el partido de Los Angeles Football Club (LAFC) por la MLS, hubo banderas en el BMO Stadium por las redadas y la represión contra los migrantes latinos ejecutadas por las tropas federales del gobierno de Donald Trump. “Los inmigrantes son el corazón de Los Ángeles”. “Los inmigrantes hacen EE.UU.”. “Cuando la injusticia se convierte en ley, la resistencia se convierte en deber”. El grupo de hinchas “The 3252” desplegó una pancarta: “Abolish ICE”. El ICE es el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, brazo armado de Trump en la criminalización de la inmigración. “The 3252” permaneció en silencio como protesta durante el partido ante Sporting Kansas City.

LAFC debutará este lunes en el Mundial de Clubes ante Chelsea en Atlanta, Georgia. Y hoy, desde las 16, PSG–Atlético Madrid se presentarán en el Estadio Rose Bowl, en Pasadena, Los Ángeles, California. Los Ángeles, a su vez, será la sede de los Juegos Olímpicos 2028. En las últimas noches hubo toques de queda en la ciudad. Y más arrestos masivos indiscriminados y deportaciones. “Invasión extranjera”, escupió Trump. El fútbol, en Estados Unidos, es sobre todo de la comunidad latina. Hay temor entre los hinchas extranjeros que arriban para el Mundial por el despliegue policial. La alerta fue el caos en la final de la Copa América 2024. Y preocupa qué sucederá el año que viene, ya durante el Mundial de selecciones.

“LAFC cree que la verdadera fuerza de nuestra comunidad reside en la gente y las culturas que forman parte de esta hermosa ciudad. Hombro a hombro”, emitió el club en un comunicado. “Somos una comunidad, nos apoyamos mutuamente. Es importante que en estos momentos difíciles lo reafirmemos y no nos quedemos en nuestros rincones ni nos asustemos. La solidaridad es la única salida”, dijo Jeremy Ebobisse, delantero de LAFC. Ebobisse nació en París. Llegó a Estados Unidos a los dos años. Es hijo de padre de Camerún y de madre de Madagascar. Según Trump, un “invasor”.

La desigualdad financiera

En un artículo en The Guardian que destaca al Platense campeón del Apertura –500 mil dólares de premio, primer título en sus 120 años de historia–, el periodista inglés Jonathan Wilson apunta: “El Mundial de Clubes es otro paso en el camino hacia una superliga global. Los enormes premios en metálico de la FIFA corren el riesgo de hacer que un puñado de clubes sean casi infinitamente más ricos que sus rivales nacionales. La estratificación financiera del fútbol ya es un problema grave”. El Mundial de Clubes está financiado en su mayor medida por Catar y Arabia Saudita, sede del Mundial 2034 elegida sin votación (el fondo de inversión saudí invirtió en DAZN, cadena dueña de los derechos de transmisión del torneo a cambio de 1.000 millones de dólares a la FIFA). El fútbol de Gianni Infantino, en efecto, galopa a caballo entre Trump y el dinero árabe. Engullido: cómo Arabia Saudita compró el deporte y el mundo se titula el libro del periodista James Montague, publicado en 2025.
Pero el Mundial de Clubes, aunque parezca ahora de plástico, no es un torneo de Play entre amigos. La perspectiva nos ayudará a dimensionar qué fue y qué será. ¿Acaso los pioneros del Mundial 1930 de selecciones pensaron que, 100 años después –como ocurrirá en 2030– no sólo seguiría en pie, sino que se transformaría en un mojón en la línea de tiempo de millones de personas? En Blade Runner (1982), el replicante Roy Batty (interpretado por Rutger Hauer) le dice a Rick Deckard (Harrison Ford), mientras llueve torrencialmente: “He visto cosas que ustedes nunca hubieran podido imaginar. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, igual que lágrimas en la lluvia. Llegó la hora de morir”. Ellos viven en una distópica Los Ángeles, en 2019. No hay vestigios del fútbol.

Otras lecturas:

Es periodista especializado en deportes -si eso existiese- desde 2008. Lo supo antes de frustrarse como futbolista. Trabajó en diarios, revistas y webs, colaboró en libros y participó en documentales y series. Debutó en la redacción de El Gráfico y aún aprende como docente de periodismo. Pero, ante todo, escribe. No hay día en la vida en que no diga -aunque sea para adentro- la palabra “fútbol”.