La movilidad social impulsada por la universidad: mito o realidad
El presidente Milei dijo que es sólo para hijos de ricos y que nadie audita a la casas de estudio. ¿Qué hay de cierto en esto? Análisis con datos.
El sábado, el presidente Javier Milei dio un discurso en el acto oficial de cambio de nombre del Centro Cultural Kirchner a Centro Cultural Palacio Libertad Domingo Faustino Sarmiento, que estuvo centrado en criticar nuevamente a las universidades. Cito un extracto –con algunos recortes para no hacerlo tan extenso– que refleja el corazón de la crítica (el discurso completo lo pueden ver acá o leer acá):
“En función de las pruebas Aprender del 2023, hoy sabemos que, de los chicos de primaria, cerca del 40% tiene un mal desempeño en lengua y cerca del 50% un mal desempeño en matemática. En lo que tiene que ver con el secundario, de los que transitan el nivel, 8 de 10 tienen problemas de lectocomprensión; no entienden lo que leen, y de los que terminan, solo 4 no logran entender un texto.
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(…) Durante toda la campaña, me han escuchado decir que preferimos una verdad incómoda a una mentira inconfortable. La verdad incómoda en la Argentina es que la universidad pública nacional no le sirve a nadie más que a los hijos de la clase alta y a los hijos de la clase media alta, en un país donde la gran mayoría de los niños son pobres.
La universidad ha dejado de ser una herramienta de movilidad social para convertirse en un obstáculo para la misma. Si los que defienden las universidades realmente creyeran en la movilidad social, tomarían el ejemplo de Sarmiento. En vez de defender una universidad para ricos, defenderían una educación inicial para todos. Además, podrían permitir que se audite, porque aquí no está en juego la cuestión de la universidad pública y gratuita; no está en discusión, no es parte de la discusión. La parte de la discusión es que los recursos son escasos y, bajo cualquier consigna, siempre robar está mal”.
Arranquemos por ver qué dicen los datos. Lo primero que es completamente falso es que la universidad pública solo sea para los hijos de los de clase alta o media alta de Argentina. El gráfico de la izquierda muestra el porcentaje de los jóvenes (0-26 años) de cada quintil* de los ingresos que accedió a la universidad pública en el primer trimestre del 2024 (donde cada quintil representa un 20% de la población). De allí se desprende que el 14% de los jóvenes del quintil (es decir, del 20% de menores ingresos) accede a la universidad, porcentaje que asciende al 23 si tomamos al quintil 3 (que representaría la clase media baja). Además, como pueden ver, la diferencia con los quintiles 4 y 5 (que representarían la clase media alta y la alta) no es tan significativa.
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SumateEl gráfico de la derecha lo que muestra es la composición –por quintiles- de los jóvenes que accedieron a la universidad pública durante el primer trimestre del 2024. Como se puede apreciar, el 53% del total –la suma de los 3 primeros quintiles- provienen de hogares de ingresos bajos y medios. Conclusión: A la universidad no van solo los hijos de los ricos.
Porcentaje de jóvenes según decil que accede a la universidad (izquierda) y composición por decil del acceso a la universidad (derecha)

Veamos ahora la cuestión de la movilidad. ¿Será cierto que la universidad no solo dejó de funcionar como un ascensor social, sino que, para peor, pasó a ser un obstáculo? Al igual que antes, los datos dicen lo contrario. En primer lugar, analicemos la movilidad educativa intergeneracional (entendida como la capacidad de una persona para alcanzar un nivel de educación superior al de sus padres o generación anterior). El gráfico a continuación muestra el porcentaje del total de los ingresantes de cada universidad que son primera generación de estudiantes (es decir, estudiantes cuyos padres no tienen título universitario). Aun tomando los casos más bajos, como la Universidad de Córdoba, San Martín o la UBA, dicho porcentaje se ubica en torno al 60%. El promedio es del 68% y tenemos casos como la Universidad de José C. Paz, Arturo Jauretche, la del Oeste, Hurlingham, Moreno o Guillermo Brown, donde supera el 80%. ¿Cuál es el denominador común de estas últimas? Son las “universidades del conurbano”, creadas durante el kirchnerismo.
Primera generación de estudiantes (como % del total de ingresantes de cada universidad)

En cuanto a la movilidad de ingresos, lo que se observa es que existe una estrecha correlación entre el máximo nivel educativo alcanzado y el salario promedio, tal como refleja el gráfico a continuación, donde, además, se observa que esa relación es más estrecha para el título universitario. Dicho de otra manera, el hecho de recibirse lleva –en promedio- a ingresos más altos. La universidad es un ascensor social.
Ingresos laborales por hora por edad según máximo nivel educativo alcanzado (a precios constantes de del III.21)

Sin embargo, donde efectivamente se observa un problema es en la terminalidad, en particular en la de las últimas generaciones. Como muestra el gráfico a continuación, Argentina es –por amplia distancia– el país de la región con mayor tasa de graduación en la educación superior para las personas de 45 a 64 años (quienes ingresaron al sistema educativo en las décadas del 60, 70 y 80). Sin embargo, ese liderazgo se erosionó drásticamente con el correr de los años, llevando a que la generación más joven sea superada por Chile, Perú, México y Brasil. Esto hizo que Argentina tenga la tasa de graduación entre los jóvenes (25-34 años) más baja de la región. Solo el 47% del total de ingresantes logra graduarse, lo cual, de todos modos, no es poco; pero sí muestra que la educación se vino deteriorando en los últimos años (el dato es de 2019, por lo tanto es muy probable que en la actualidad sea menor).
Porcentaje de la población con estudio superiores completos, por generación (como % del total)

Uno de los motivos principales que se desprende del trabajo de Sartorio, en línea con lo dicho por Milei, es el bajo nivel en la calidad educativa, sobre todo en el primario y en el secundario. Argentina tuvo magros desempeños en las 3 pruebas estandarizadas PISA (matemática, lectura, ciencia) del 2022. Asimismo, el desempeño fue especialmente flojo en los estudiantes de menores ingresos. Los otros motivos mencionados por el autor para explicar la baja tasa de graduados universitarios son el abandono por tener que trabajar, carreras muy largas y la falta de alternativas técnicas/terciarias. Siguiendo con la analogía, podríamos decir que el ascensor funciona, pero que no lleva a todas las personas que debería.
Ahora bien, lo anterior de ninguna manera es un (buen) argumento para recortar el gasto en la educación universitaria. Estaríamos nivelando para abajo. El argumento de las universidades no quieren ser auditadas es todavía más flojo. En primer lugar, porque el organismo externo encargado de auditarlas, la Auditoría General de la Nación (AGN), depende del Congreso (dicho sea de paso, falta designar a los auditores propuestos por la Cámara de Diputados, algo que todavía no se hizo en buena medida por la (falta de) decisión del Gobierno). En segundo lugar, porque el Poder Ejecutivo podría auditar directamente a las universidades a través de la Sindicatura General de la Nación (SIGEN). En ese sentido, según Chequeado, en 2024 la SIGEN firmó convenios con la Universidad de Tres de Febrero y con la Universidad de San Martín para realizar tareas de control interno. Asimismo, la mayoría de las universidades cuenta con procesos de auditoría interna. Por último, según el Consejo Interuniversitario Nacional, los gastos de las universidades son un 90% destinados a salarios y el 10% restante al funcionamiento (limpieza, seguridad, mantenimiento, entre otros). El hecho de que casi la totalidad sean salarios (registrados) ya de por sí es una forma de auditoría, dado que el propio Gobierno (a través de la AFIP) tiene pleno conocimiento de cuánto gana cada persona que trabaja en las universidades.
Para terminar, volvamos al tema de la baja tasa de graduados en las universidades y al mal desempeño que se observa sobre todo en los niveles primario y secundario. Esto le daría a Milei la razón en que hay que invertir más en esos niveles (lo que, de nuevo, no significa que haya que recortar en lo otro). El tema, tal como destaca el especialista en educación Alejandro Morduchowicz, es que el Gobierno recortó un 50% el presupuesto de la educación básica en el Presupuesto del 2025 (comparado con el gasto devengado en 2023). Para peor, el recorte fue mayor que en el gasto universitario.
A pesar de que Milei diga lo contrario, lo que está haciendo es desfinanciar a la educación. Y sin educación, no hay futuro.
Bonus track
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- Sobre el tema de este news, te recomiendo una de las últimas entregas de #FallaDeMercado, el programa de Jairo Straccia en C+, donde se analizó la crisis del financiamiento universitario con los invitados Itai Hagman, Ana Arias, Camilo Pérez Manrique y Pilar López Barcala. Y ya que estamos te invito a que te suscribas a #LluviaDeInversiones, el news de Nico Sidicaro, que mañana va a retomar este tema desde el lado productivo. ¿Cuánto aporta el sistema universitario a la economía?
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- ¿Qué lugar tenía en realidad la educación para los liberales que reivindica Milei (Roca, Sarmiento, Alberdi)? Lo cuenta acá Camila Perochena.
- En este podcast elaborado por la Asociación Argentina de Investigadores en Historia (ASAIH), entrevistan a dos especialistas, Patricio Fontana y Javier Trímboli, sobre la vida, obra y el legado de Sarmiento.
*Aclaración: este texto fue modificado luego de su publicación para subsanar un error, donde decía decil debió decir quintil.