Historias y geografías en la montaña mágica del fútbol
El Mundial 2026 (la altura de Bolivia) y la Champions (el mártir de Chipre) regeneran los puentes narrativos de la pelota. Banderas, mapas, palabras en otros idiomas y más de una “segunda escuela”.
En las Eliminatorias sudamericanas para el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026, Bolivia jugó nueve partidos como local: tres en el Estadio Hernando Siles de La Paz, a 3.650 metros sobre el nivel del mar (un triunfo y dos derrotas) y seis en el Estadio Municipal de El Alto, a 4.150 metros de altura (cuatro triunfos y dos empates). La última victoria (1–0, el martes ante Brasil, gol de penal vía VAR de Miguel Terceros) la metió en el torneo clasificatorio que entregará las últimas dos plazas para el Mundial (lo jugará Nueva Caledonia, selección desde la Confederación de Fútbol de Oceanía).
La selección de Bolivia que dirige el boliviano Óscar Villegas, en cuyo cuerpo técnico se desempeñan los preparadores físicos argentinos Maximiliano Alonso y Pablo Sciacia, doblegó en el cierre de las Eliminatorias a la Brasil de Carlo Ancelotti, nacido en Reggiolo, región de Emilia–Romaña, norte de Italia. Ancelotti, primer y único DT campeón en las cinco ligas top de Europa, vio cómo, para cuidar el 1–0, le escondieron pelotas y le tiraron otras en pleno ataque brasileño, incluso una pinchada. El fútbol, a veces, es igualador. Bolivia se valió de su geografía en el camino a lo que podría ser su regreso a una Copa Mundial tras Estados Unidos 1994.
De Il Pendolino Cafú al poeta mártir del Pafos de Chipre
El fútbol –porque nos interesa– enseñó más Historia y Geografía que muchos planes de estudios y reformas educativas. En el Mundial 2026, primero con 48 selecciones en la historia, habrá debutantes (entre las ya clasificadas, Jordania y Uzbekistán, desde la Confederación Asiática). Conocimos, así, banderas e himnos; mapas con divisiones políticas (que Croacia jugó su primer Mundial en Francia 1998 porque antes era parte de Yugoslavia); capitales y palabras en otros idiomas (en PSN, el relator Ricardo Ortiz llamaba a Cafú, gran lateral brasileño de la Roma, Il Pendolino, tren de alta velocidad en Italia); etimologías de los apellidos; y más pequeñas historias a través del fútbol real, el de las figuritas y, más acá en el tiempo, el de los videojuegos, del PC Fútbol y el Football Manager al World Cup 98, primero de la saga FIFA de la Copa del Mundo.
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Entre los 36 clubes que jugarán la fase de liga de la Champions 2025/26 –el martes empieza la primera fecha–, hay tres debutantes que aportan aspectos geográficos: el Bodø/Glimt de Noruega será el club más septentrional en la historia de la Champions, primero dentro del Círculo Polar Ártico; el Kairat Almaty de Kazajistán, el más oriental en la historia, casi en la frontera con China; y el Pafos FC, de la isla de Chipre. Aquí, el mapa. El cuarto y último debutante es el Union Saint–Gilloise, campeón de Bélgica, en el que juega el argentino Kevin Mac Allister, hermano de Alexis. El dueño del Union Saint–Gilloise es el jugador de póker Tony Bloom, quien, a la vez, es el propietario del Brighton de la Premier. Síntomas de época.
El Pafos FC, que enfrentará en la Champions a Bayern Munich en Chipre y visitará a Juventus y a Chelsea, inmortaliza en su escudo al poeta grecochipriota Evagoras Pallikarides, quien, dos semanas después de cumplir 19 años en 1957, fue ahorcado por militares británicos. Había sido detenido por portar un arma –que no funcionaba– durante la Emergencia de Chipre, proceso que derivó en la independencia de Gran Bretaña. Pallikarides nació en la aldea de Tsada, en Pafos, donde se fundó el club en 2014. El fútbol: la montaña mágica para “aprobar” las materias Historia y Geografía.
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Sumate¿LaLiga en Estados Unidos y la Serie A en Australia?
El fútbol itinerante, entre la expansión y la desterritorialización, expulsa a quienes mueven la máquina: los hinchas no “clientes”, confinados a verlo por TV. El juego, igual, hace lo suyo: suscita pasión y emoción. El jueves, la UEFA frenó –momentáneamente– la disputa del Villarreal–Barcelona por LaLiga 2025/26 en Miami y la del Milan–Como por la Serie A 2025/26 en Perth. Partidos de las ligas de España y de Italia, sí, en Estados Unidos y en Australia. Como si Boca, en lugar de recibir a Central Córdoba de Santiago del Estero en La Bombonera por la liga argentina, lo hiciese en Pekín.
“Sin grandes aspavientos de ninguno de sus actores, nuestro fútbol ha ido vendiendo, en los últimos años y al mejor postor, su calendario, sus horarios, alguna competición oficial como la Supercopa y una gran parte de su dignidad y sentido común: ¿por qué no vender, también, la geografía liguera? Desde ese punto de vista puramente comercial que todo lo inunda, vamos hacia un Black Friday permanente”, escribe Rafa Cabeleira en El País, de España.
Y suma: “El maltrato al aficionado se ha ido perfeccionando. Una entrada cuesta un ojo de la cara, por no repetirse con los horarios o la fragmentación de las fechas, diseñadas para alimentar al monstruo de las televisiones. Lógica empresarial y fútbol como fenómeno global. La aberración de trasladar un partido de liga donde lo aconseje el capital ya no parece tal aberración, sino una oportunidad. Da igual que los equipos tengan sus ciudades de origen a miles de kilómetros del estadio donde se celebre el partido. El fútbol moderno se tomó las molestias para que la experiencia resulte igual de distante para todos”.
Copiar–pegar fórmulas en detrimento de culturas futbolísticas
El fútbol tiende puentes narrativos sin parar. El juego –los partidos– es apenas la superficie. Muchas filosofías futbolísticas se incuban a partir de un paradigma cultural de una región en particular, como la escalera al cielo de Bolivia para el Mundial 2026. El fútbol, como arte, expresa. El respeto por las culturas, las geografías y las tradiciones futbolísticas, en reiteradas ocasiones, se cambia de cuajo por fórmulas preelaboradas –y sintetizadas para su venta y exportación– en los centros de concentración de talentos.
“El problema inherente es que muchas veces los entrenadores quieren copiar–pegar sin que haya condiciones para el copiar–pegar. Intentan copiar–pegar cosas que vieron, pero en contextos completamente diferentes”, analizó el portugués José Mourinho, único DT en ganar Champions League (Porto e Inter), Europa (Manchester United) y Conference (Roma). “Si querés construir desde atrás con el arquero que tiene una pata de palo –agregó–, será complicado. Querer copiar–pegar las ideas de un entrenador que puede comprar, comprar y comprar según sus necesidades es complicado. Estamos ante una generación de entrenadores que intenta hacer cosas que no funcionan y mueren, pero dicen: ‘Morí con mi idea’. Si morís con tu idea, eres estúpido”.
El fútbol, una segunda escuela
A pesar de ubicarse en Sudamérica, las selecciones de Guyana y de Surinam no juegan las clasificaciones mundialistas de la Conmebol, sino las de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf). Nunca se consideraron parte de Sudamérica. Guayana Francesa, asociada a la Concacaf, ni siquiera está afiliada a la FIFA. Departamento de ultramar francés, allí nació Mike Maignan, actual arquero del Milan y de la selección francesa.
En 2025, la selección de Islas Marshall jugó su primer partido en la historia, como local. Es el último territorio reconocido por la ONU en jugar al fútbol. Fue en la Outrigger Cup (“outrigger”, la canoa de los nativos, transporte principal para viajar entre islas y atolones). Bajo dominio de Estados Unidos, las oceánicas Islas Marshall fueron un laboratorio nuclear en la Guerra Fría. Entre 1946 y 1958, según Los Angeles Times, Estados Unidos detonó 67 bombas atómicas. Borró del mapa islas enteras. Provocó cráteres en lagunas. Forzó el exilio de los isleños.
Hilda Heine, presidenta de Islas Marshall, afirmó en 2024 ante la ONU que la exposición radioactiva fue el “equivalente a 1,6 bombas de Hiroshima cada día durante 12 años”. Que se haya jugado al fútbol equivale a que haya vida. El fútbol se regenera y forma –porque engancha– generación tras generación (a los fans de los mapas, los de Riccardo D’Agnese).
El periodista argentino Germán Esmerado arriesga una teoría: dice que los estadounidenses no saben casi nada de geografía porque no les gusta el fútbol, y entonces no ven los mundiales, desconocen la existencia de otros países, y ellos son world champions de, por ejemplo, la Serie Mundial de la Major League Baseball (MLB). “Parte de lo que sé sobre historia y geografía se lo debo a la curiosidad por conocer sobre los clubes y sus lazos sociales –aceptó Roberto “El Negro” Fontanarrosa, hincha de Rosario Central–. Hasta sé algo de economía por desastres hechos en mi club. ¿El fútbol hace mal a la cabeza? No, el fútbol puede ser una segunda escuela”.