El país donde crece el uso del transporte público
Mientras los viajes en automóvil particular aumentan en varios países, una nación europea incrementó en un 33% los traslados mediante modos sostenibles. Cómo lo logró.
“Tengo un abono mensual zona A, pago 21,80 euros por mes. La tarjeta la tramité online y me llegó a mi casa. Cargar la tarjeta toma un segundo en la máquina al lado del molinete”. Mercedes Pereyra Boue es argentina, ingeniera química, y vive en Madrid desde julio de 2024 junto a su familia. En conversación con Cenital, cuenta su experiencia con el transporte público de la capital española. “Todos los días usamos el metro y a veces el bus, que es con la misma tarjeta. Los buses tienen espacio para cochecito, son bajos de altura, están limpios. El transporte público es sólido. Y si bien la frecuencia los fines de semana es más espaciada, en este año no tuve ningún retraso.”
En enero de este año, España anunció que los abonos y otros incentivos ofrecidos por el Estado lograron aumentar un 33% el número de pasajeros de transporte público comparado con 2022.
De acuerdo con el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, el año pasado se registraron 405 millones de viajes por mes en autobús, metro y trenes de corta, media y larga distancia, lo que representa no solo un aumento del 32,8% en dos años, sino también un 12% más que en 2019, antes del comienzo de la pandemia. El incremento fue particularmente destacable en los trenes de media distancia (64% más que en el período pre-pandémico).
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Como sugiere el testimonio de Mercedes, el secreto está en los abonos y pases que el Gobierno nacional viene financiando desde septiembre de 2022. El programa, muy bien valorado entre los pasajeros, incluye descuentos en viajes múltiples y pases libres para trenes de cercanía y media distancia operados por Renfe y autobuses locales operados por el Estado.
Transporte público subsidiado
“En estos casi tres años de abonos gratuitos y bonificados la progresión de emisión de títulos multiviaje ha sido ascendente”, indicó esta semana Renfe tras detallar que en 2024 se expidieron 7,6 millones de abonos. “Estas cifras demuestran que las políticas de bonificación iniciadas en 2022 han contribuido a aumentar el uso del transporte público.”
La política de descuentos también incluye a los trenes AVANT, servicios de media distancia de alta velocidad operados por Renfe que suelen conectar ciudades cercanas (por ejemplo, Valladolid-Segovia o Madrid-Toledo). Estos abonos cuentan con una rebaja del 50% financiada por el Gobierno nacional.
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El costo de estos subsidios en los primeros 28 meses del programa ascendió a los 3.400 millones de euros por lo que, cumplido este objetivo inicial, el Gobierno anunció que a partir del 30 de junio estas ayudas serán reformuladas.
Actualización inevitable
Así, los pases gratuitos en trenes de corta y media distancia para ciertos segmentos de la población se convertirán en abonos de 20 euros (unos 25.500 pesos argentinos) para el uso ilimitado de trenes de cercanías y distancias medias. De todas formas, seguirá siendo muy barato (10 euros al mes) para jóvenes de entre 15 y 26 años, y gratuito para niños y jóvenes menores de 15.
Los gobiernos locales también se preparan para actualizar los valores de sus pases super-baratos. El Consorcio Regional de Transportes de Madrid, por ejemplo, subirá a partir de julio sus abonos para la zona A –la que utiliza Mercedes y la más utilizada en general– de 21,80 a 32,70 euros. De todas formas seguirá siendo bastante menos que la tarifa oficial (54,60 euros antes de la entrada en vigor de las ayudas).
En este nuevo esquema, el gobierno de Pedro Sánchez continuará financiando la gratuidad del transporte público colectivo terrestre en las islas Baleares y Canarias y continuará con un programa que busca reducir el costo de los servicios de alquiler público de bicicletas que ofrecen los gobiernos locales.
La administración socialista de España no fue la única que buscó alentar la movilidad sostenible en los años que siguieron al covid y en el marco de la crisis energética por la guerra en Ucrania. El gobierno alemán implementó un pase libre de transporte a 9 euros por mes, que luego evolucionó a un programa de 49 euros mensuales (que incluye trenes regionales). Austria lanzó su propio abono anual, llamado KlimaTicket, para incentivar el cambio modal hacia el transporte sostenible. Ciudades de Italia, Francia y Países Bajos también hicieron lo propio.
El objetivo final
Pero, ¿por qué es tan importante sostener las cifras de ridership de transporte público en este momento? La respuesta corta tiene que ver con los cambios que trajo la pandemia en muchas ciudades, cuando con la crisis sanitaria se desplomó el número de pasajeros en colectivos, subtes y trenes. Esto llevó a recortes de servicios que alejaron aún más a los pasajeros y derivó en lo que se conoce como doom loop, un círculo vicioso que amenaza con desfinanciar el sistema de transporte público.
En Estados Unidos, el uso de sistemas públicos de transporte aún está un 15% por debajo de los niveles de 2019, según las últimas cifras de la Asociación Norteamericana de Transporte Público (APTA, por sus siglas en inglés). La situación es peor en ciudades como Massachusetts (31% por debajo de los niveles pre-pandemia) y Chicago (24% por debajo) y ligeramente mejor en otras como Nueva York, donde el cargo por congestión implementado en enero de este año contribuyó a una mejora en los medios de transporte compartidos y en sus niveles de uso.
Qué pasa en la región
En América Latina, el transporte público fue el “gran perdedor” de la pandemia “pues se han registrado menos viajes y han surgido nuevos desafíos para su gestión y financiamiento, sin que esto haya implicado mejoras sustanciales en la calidad de los viajes”, según un estudio de la CEPAL que analizó los patrones de movilidad en Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México, San Pablo y Santiago.

Como contraparte, en la post-pandemia en la región comienza a consolidarse el transporte individual, que en términos de movilidad tiene un solo aspecto positivo (el mayor uso de la bicicleta) y muchos negativos, como el mayor número de motos (un modo peligroso que representa el 44% de las víctimas fatales en siniestros viales) y de automóviles privados. “De esta forma”, dice la CEPAL, “esta atomización de los modos presenta múltiples consecuencias y desafíos, como la mayor congestión vehicular en zonas urbanas”.
El problema es que si menos personas utilizan el transporte público, más cara va a ser la tarifa técnica (el costo real por pasajero de operar el sistema), lo que a su vez lleva a los gobiernos a querer cobrar cada pasaje y alienta un círculo vicioso de menos demanda, que es lo que estamos viendo en los trenes, subtes y colectivos argentinos. Hoy el subte porteño cuesta $919, un aumento del 630% con respecto a noviembre de 2023, lo que explica la fuerte caída del número de pasajeros en tramos “de laburantes” como la línea C que conecta Retiro con Constitución.
No todo es precio, también es calidad
Pero el éxito relativo de Madrid en su impulso al transporte público no tiene únicamente que ver con los subsidios y el costo final del pasaje –que sin dudas importa– sino también con la experiencia general del usuario, la simplicidad de uso y la existencia o no de una tarifa integrada.
A partir del segundo trimestre de 2025, la nueva Tarjeta Transporte Público de Madrid no cobrará el viaje por adelantado sino una vez finalizado el trayecto, lo que permitirá aplicar descuentos automáticos por acumulación de viajes. Esto (que ya funciona en los trenes del área metropolitana de Buenos Aires, donde uno tiene que “cerrar” los viajes) le permitirá avanzar al Gobierno madrileño en un billete único para autobuses, metro, metros ligeros y trenes de cercanías (algo que aún no existe en las ciudades argentinas).
“Para los pasajeros, el principal beneficio es la comodidad: no hay que comprar billetes ni entender estructuras tarifarias complejas. El sistema reconoce los desplazamientos y cobra la cantidad justa de forma automática”, explicó esta semana el diario El Economista. “Para los operadores, supone una reducción de costos operativos y la posibilidad de analizar patrones de movilidad en tiempo real, lo que facilita una planificación más eficiente.”
He aquí un horizonte de trabajo inmediato para los gobiernos de diferentes niveles en Argentina: simplificar el uso del sistema público de transporte para el usuario de a pie. En ese sentido, la coordinación metropolitana en temas de transporte es la condición de posibilidad para poder ofrecer un boleto integrado, abonos mensuales compatibles con todos los modos de transporte y descuentos para las poblaciones más necesitadas, como jóvenes y jubilados.