Desde Rusia, sin amor: nueva señal de alarma en el tablero internacional para Milei
El inesperado conflicto por un control de alcoholemia en la Ciudad de Buenos Aires a dos diplomáticos rusos suma tensiones a una política exterior ya en jaque por los traspiés de Mondino.
El Gobierno de Javier Milei, que difícilmente sea recordado por sus buenas prácticas de diplomacia internacional tras los tropiezos de Diana Mondino, sumó en las últimas horas el insólito conflicto con Rusia que le regaló para Navidad la Ciudad de Buenos Aires. En las últimas horas, la Cancillería que conduce Gerardo Werthein recibió una queja diplomática de parte de la embajada rusa en la Argentina por lo que fue definido por la administración de Vladimir Putin como “una grave violación al derecho internacional” de parte de los agentes de tránsito porteños contra dos diplomáticos al servicio de la sede de su país de origen.
La Casa Rosada eligió en las primeras horas la cautela después del inusual episodio que originó el Gobierno de la Ciudad. Casi 24 horas después de los hechos, escueta, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, aclaró que no hubo violaciones del tratado internacional que rige para las representaciones diplomáticas. Mientras que el vocero presidencial, Manuel Adorni, destacó que para el Gobierno “no es un escenario posible” que el tema escale hasta convertirse en un conflicto internacional. La administración de Jorge Macri, en cambio, puso a su artillería comunicacional oficial y extraoficial a defender la actuación de sus agentes de tránsito, que terminaron labrándoles actas de infracción a Sergei Baldin y Timur Salomatin Cardmath por negarse a realizarse el control de alcoholemia.
Para el presidente Javier Milei no es el primer caso de tensión con la Rusia de Putin. Ese vínculo, que a primera vista se nota antinatural para la visión de la política y el mundo del presidente argentino, arrancó tempranamente tenso. Apenas asumido el nuevo gobierno, una de sus primeras medidas de gestión fue enviar una carta oficial a Putin anunciando que retiraba a la Argentina del foro multilateral BRICS. La misma misiva recibieron China, Brasil, India y Sudáfrica.
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Pero, además, hace cuatro meses Milei recibió del estadounidense Joe Biden una denuncia contra Putin. En aquel momento, Estados Unidos responsabilizó a Rusia de intentar desestabilizar a Milei a través de noticias difundidas en el canal de noticias ruso RT. La acusación fue parte de la ofensiva que la administración estadounidense mantiene sobre esa cadena noticiosa, a la que acusa de diseminar propaganda y desinformación y desplegar actividades de influencia encubierta. “El Gobierno ruso está involucrado en operaciones destinadas a desestabilizar al Gobierno de la Argentina y aumentar las tensiones entre la Argentina y sus vecinos. Esperamos que el Gobierno ruso aproveche a RT, sus afiliados y su manual de estrategias encubiertas en general para llevar adelante estos esfuerzos malignos”, denunció en aquella oportunidad el Departamento de Estado norteamericano. Por el tema, hubo sanciones en Washington contra RT y su director.
Ahora, la queja diplomática rusa llegó horas después de que Sergei Baldin y Timur Salomatin Cardmath se encerraran en sus autos con apenas momentos de diferencia para negarse a sendos controles de alcoholemia por Navidad. Antes de revistar en la sede diplomática en Buenos Aires, Baldin cumplió funciones en 2023 como representante comercial de Rusia en Cuba y estuvo vinculado a actividades culturales en su país. Salomatin Cardmath, en tanto, es hoy codirector de la Casa de Rusia en la Argentina. Sobre los episodios que involucraron a ambos, la embajada refirió “una grave violación del derecho internacional” porque “los vehículos diplomáticos no pueden ser objeto de ninguna parada ni registro”, según la Convención de Viena, documento suscripto por ambas naciones que establece el marco para la creación, interpretación y aplicación de los tratados entre Estados.
Justamente la interpretación es lo que quedó en discusión durante el día de Navidad en la Argentina. Mientras la Embajada rusa defendía una parte del acuerdo que rige las relaciones entre ambos países –aquella que habla de la inviolabilidad de los vehículos diplomáticos–, las autoridades porteñas resaltaban otros aspectos. Principalmente, que los funcionarios que representan a otros países deben cumplir las leyes y normas vigentes en el país en que residen. En el medio por supuesto hay grises, regidos por el principio de la razonabilidad, como analizó Marcelo Falak. Según ese parámetro de cooperación mutua, los diplomáticos deben colaborar con las policías locales, que a su vez pueden evitar tensar la situación ante un funcionario extranjero que no está en flagrante delito o contravención.
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SumateLa tensión con Rusia, aunque vinculada a decisiones de la gestión porteña, viene a sumarse a un listado de atropellos, pasos en falso y decisiones problemáticas que la administración de Javier Milei acumula en el plano internacional. Uno de los últimos de ellos tiene hoy en peligro a un argentino, Nahuel Gallo, detenido en Venezuela acusado de espionaje sin que el gobierno argentino tenga en Caracas ni siquiera una representación diplomática de forma que pueda interceder ni por los destinos del gendarme ni por los destinos de los refugiados políticos que la Argentina aceptó en su sede diplomática y que luego dejó residiendo en la embajada solos y a cargo de la diplomacia brasileña, pues retiró a todo su personal –diplomático y administrativo– de allí.
En un mundo complejo, con la devaluación del real brasileño acechando de cerca, en el que la Argentina ya ha necesitado (y puede volver a necesitar) ayudas extraordinarias de algunos de los países con los que la administración Milei ha tensado el vínculo, no parece recomendable enfriar aún más la relación con una potencia mundial. El desafío no es menor para el canciller de un presidente hiperideologizado que, a un mes de ser designado, aún no ha logrado ni siquiera completar su equipo por las piedras que le va poniendo en el camino el propio gobierno que integra.