Cornejo ganó las PASO en Mendoza, pero no la tiene tan fácil

Las elecciones generales en la provincia serán el 24 de septiembre. Cómo llega Cambiemos y el peronismo después de las primarias. Dos lecturas sobre los resultados del 11 de junio.

Hola, ¿cómo estás? 

Esta va a ser la primera de las entregas sobre los procesos electorales de este 2023 que se escribe post resultado. Con todo contado, con todo distribuido. Bueno, casi. Con las candidaturas confirmadas, digamos. Hoy te estoy escribiendo sobre la madre patria, la mía: Mendoza. Y siempre me da satisfacción porque me gusta recordar la historia política de donde nací. El domingo pasado hubo elecciones primarias para definir las candidaturas provinciales y públicamente hubo una lectura al respecto. Yo tengo otra. No opuesta, complementaria.

Vos decime qué te parece.

Gansos, radicales y peronistas

Mendoza tuvo su primavera democrática con el impulso de la Ley Sáenz Peña (como la totalidad del país) pero trenzándose con Hipólito Yrigoyen en el camino (como una parte de él). La primera elección bajo el voto secreto, obligatorio y (no) universal dejó victorioso a Francisco Álvarez en 1913, el candidato de La Liga Cívica. No fue poco lo que hizo porque le ganó nada más y nada menos que a Emilio Civit, la cara del PAN conservador local y poderoso referente político mendocino que ya había sido gobernador dos veces, además de diputado y senador nacional. Mirá lo que fue el tipo que Pancho batió a la que hoy es la principal avenida que desemboca en la entrada al Parque General San Martín, ubicado en la capital provincial, que lleva su nombre. Tranca.

Esa fue la nota principal de esas selecciones, pero también hubo otra. El que salió tercero fue José Néstor Lencinas, el carismático referente de la UCR local. Era tal la envergadura de este hombre que llegó al punto de armar lo que se conoció como la UCR-Lencinista, un partido político que se separó del radicalismo nacional, se enfrentó a Yrigoyen y le marcó fuerte la cancha. Así era su eslogan/cantito. Cuasitrosko. Bastante para la época, de hecho. “El Gaucho” salió tercero, pero tuvo revancha en 1918 cuando llegó a lo que hoy es un centro cívico bastante grande. Triplicó sus votos totales, duplicó su porcentaje y le ganó a un Civit que venía de capa caída. Este tremendo crecimiento no tuvo sus momentos de paz porque a don Hipólito medio que no le gustaba la autonomía de los suyos y mandó a intervenir la provincia, al año de que los correligionarios mendocinos ganaron las elecciones. Hecho que, por cierto, no impidió que la UCR-L repitiera con el propio Lencinas cuando normalizaron la provincia ese mismo 1919. Los disidentes repitieron en 1921 y 1926, hasta que llegó la época de la Década Infame.

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Momento que da pie al nacimiento de otro actor político relevante en el distrito hasta el día de hoy: el Partido Demócrata. También conocidos como “Los gansos”, apodo que recibieron de parte de los lencinistas en la década del ’20. La alusión venía por el estilo “de cuello alto” que caracterizaba a los dirigentes conservadores de la época, propio de su vestimenta, estilo de vida e idiosincrasia. La cuestión es que los liberales y conservadores mendocinos que habían estado ordenados dentro del PAN a fines del siglo XIX y comienzos del XX empezaron a pelearse cuando apareció la UCR. Con fórmulas divididas y pocos acuerdos de caballeros, quedaron lejos de la política provincial. Todo empezó a acomodarse a comienzos de 1920 cuando se formó el Partido Liberal, que en 1931 pasó a llamarse Partido Demócrata (PD), como una parte local del Partido Demócrata Nacional, la cáscara de los gobernantes de la Década Infame. Durante todos esos años fueron quienes pusieron inquilinos en el Centro Cívico. 

La aparición del peronismo a mediados de la década del ’40 no los tumbó. Si bien en las elecciones de 1946, 1948 y 1951 no lograron superar ni a la UCR ni al PJ, sobrevivieron con porcentajes de voto que rondaron los 7 y 16 puntos, más un puñado de diputados provinciales y algún senador perdido. Pocos, pero molestos. El golpe de Estado de 1955 no los dejó fuera de juego, sino que los confirmó como los gestores del período de proscripción en la provincia. Salvo en las elecciones de 1958, cuando ganó la UCRI con Ernesto Ueltschi, el resto de las elecciones fueron para los gansos. Particularmente, en la ancha cara de Francisco Gabrielli, un apellido que va a volver más adelante. El PD, incluso, llegó a aportar cuadros y responsables gubernamentales en los períodos dictatoriales de la década del ’60 y ’70. Algo que, como te conté en otras entregas, fue común en provincias donde la herencia del PAN y la Década Infame se extendió hasta mediados (y más) del siglo XX.

Así las cosas, entramos en el retorno a la democracia de 1983 con una nueva victoria de la UCR, esta vez sin las tensiones que caracterizaron al partido en la época del lencinismo. Santiago Llaver, parte fundadora del MRC de Raúl Alfonsín, fue el primer gobernador sin botas ni proscripciones, ganándole a un PJ liderado por José Carlos Motta, que se quedó a 70.000 votos y unos 11 puntos. ¿Tercero? Gabrielli, del PD, con esa base de alrededor de 10% que siempre sacaron los plumíferos. 

Pero antes de estas elecciones comenzó en la provincia un proceso que tuvo muchas ramificaciones, nombres y siglas relevantes para el proceso nacional que se conoció como la Renovación Peronista de los ‘80. Esto lo cuenta muy bien y muy lindo Virginia Mellado en este libro. Dentro del caos y desorden que ella cuenta, aparecieron dos líneas internas del peronismo. Una era la Verde, liderada por Motta. Se llevaban bien con el Movimiento Unidad, Solidaridad y Organización (MUSO) de los legendarios Antonio Cafiero y Deolindo Bittel. La otra fue una que se extiende hasta nuestros días en términos identitarios, y que se identificó como la Azul. Sus principales caras provinciales fueron nombres que trascendieron a la historia (y no hace mucho tiempo): José Luis Manzano, Juan Carlos Mazzón, Alberto Flamarique y Cristina Zuccardi de Flamarique. Todos ellos habían integrado el Frente Estudiantil Nacional (FEN) en su época y formaron lo que se conoció como Guardia de Hierro. Verdes y Azules ganaron el control del partido en esos primeros años, lo que fomentó que se acercaran otros nombres que tendrían peso en la política mendocina. Hablo del Frente de Unidad Justicialista (FUJ) que tenía entre sus cuadros a José Octavio “Pilo” Bordón y que a nivel nacional se referenciaban con Carlos Grosso. ¿Te suenan?

La cosa es que, tal como cuenta Virginia, el PJ se recuperó de la derrota de 1983 en un caos algo ordenado. Como suele suceder en el peronismo. Luego de algunas compulsas internas, los Verde-Azules (Manzano-Mazzón) acordaron con los Naranja (Bordón) y la Rojo Punzó (de otro peso pesado como Eduardo Bauzá) para ir por la Gobernación en 1987. Manzano repitió para diputado nacional, mientras que Bordón fue el intento para recuperar una Gobernación que el movimiento no alcanzaba desde 1973. Y lo lograron. El Pilo sacó casi 100.000 votos más que cuatro años antes, subió 10% y dejó atrás al radical Raúl Baglini, el del teorema.  ¿Los gansos? Terceros, con sus poco más de 10 puntos.

Con Bordón comenzó un período de hegemonía peronista que se extendió hasta 1995 inclusive. En 1991 repitió con Rodolfo Gabrielli, sobrino del gobernador del PD en períodos poco democráticos. En 1995 fue el turno de Arturo Lafalla. Y vos te estarás preguntando porque nunca se repiten los apellidos si se repiten los colores y las siglas. Bueno, por la sencilla razón de que Mendoza, a diferencia de otras provincias, nunca incorporó la reelección en su Constitución. Es, junto a Santa Fe, la única del país que exige que sus gobernadores dejen pasar un período intermedio si quieren volver a presentarse. No está prohibida, sólo no se permite inmediatamente.

Y es recién en 1999 que la UCR vuelve a ganar la provincia. Al menos, por algunos años. Acá también aparecieron apellidos que tendrán trascendencia nacional. Cuando Fernando De La Rúa llegó a la Casa Rosada, Roberto Iglesias lo hizo al Centro Cívico. En esas elecciones de fines de los ’90 fueron las únicas en las cuales los gansos rompieron un poco el cascarón. Salieron segundos con Carlos Balter, sacaron más de un cuarto de millón de votos y se quedaron a sólo 5 puntos de ganar la Gobernación. Casi, en democracia. El PJ, tercero cómodo y sin que el acuerdo a nivel provincial con Acción por la República (de Domingo Cavallo) y una parte del FREPASO/PAIS (de Bordón) les diera una mano al pobre de Francisco García.

En las elecciones de 2003 los radicales mendocinos repitieron con un nombre que jamás se olvidarán por el resto de sus vidas: Julio César Cleto Cobos. Quien había seguido a Iglesias desde la Intendencia de Mendoza como secretario de Obras Públicas (1997-1999) hasta el Ministerio provincial del mismo nombre (1999-2003), no tuvo mejor idea, una vez que se sentó en el sillón, que escuchar el llamado de la Concertación Plural de Néstor Kirchner a fines del 2006 y saltar al juego grande de la política nacional en la vereda de enfrente. O, mejor dicho, en la calle que las dividía. Esa misma decisión fue la que le costó procesar a Iglesias, que en ese entonces era el presidente del Comité Nacional de la UCR y decidió dar un paso al costado mientras el partido se disponía a discutir la política de alianzas para 2007. Antes, llamó a un cuarto intermedio para la deliberación. En el medio, también se fue el grupo de Margarita Stolbizer para armar el GEN en la provincia de Buenos Aires. Caos total.

Digamos que la movida a Cobos le salió bien a medias . Terminó como vicepresidente de la Nación, sí. Pero su candidato a la Gobernación en 2007 y quien había sido su vicegobernador, César Biffi, perdió con el sello de la Concertación Plural local. El PJ recuperó la provincia después de dos mandatos con Celso Jaque, que jugó con el Frente para la Victoria. Como si fuera un presagio. ¿Y los gansos? Terceros, con 11%. El candidato fue Omar De Marchi, del que te voy a hablar más adelante. Y no nos olvidemos de Iglesias, que quiso jugar con lo que le dejaron del “radicalismo no concertacionista” y quedó cuarto con 9,89%. El PJ repitió en 2011 con Francisco Pérez, quien le ganó al tercer intento del ex presidente de la UCR Nacional y marcó el fin de una carrera política que le dejó más tragos amargos que dulces.

Las últimas dos elecciones provinciales sí marcaron un período de cierto dominio radical, con el armado del Cambiemos de Mendoza: Cambia Mendoza. Alfredo Cornejo, quien en este 2023 quiere volver al Centro Cívico respetando la regla constitucional, recuperó el distrito en 2015 con una amplia coalición que incluyó desde las expresiones locales del PRO y la CC-ARI, como a nivel nacional. Pero también a Libres del Sur, al Partido Socialista, al Frente Renovador de Sergio Massa y el Partido Fe. ¿Los gansos? No se lo iban a perder, adentro también. Esta más que amplia construcción política le sentó las bases a su sucesor, Rodolfo Suárez, que venía de ser intendente de Mendoza, electo después de completar el mandato del fallecido Víctor Fayad en 2014.

Pero para este 2023 algo cambió. Un poco.

Las reglas y los cargos

No así las reglas, que vienen bastante parejitas desde el retorno a la democracia. Salvo por algunos detalles, como el de la implementación de la Boleta Única Papel (BUP). En marzo del año pasado se aprobó la adopción del nuevo instrumento de votación, no sin alguna resistencia interna y opositora. La primera puesta en práctica se hizo en las elecciones PASO municipales de aquellas siete localidades que decidieron desacoplarse del calendario provincial y que votaron el 30 de abril pasado. Pero hubo una alerta: el alto voto nulo en algunos distritos, como San Rafael y Maipú. Eso hizo que cambiaran este diseño (con la caja para marcar el voto abajo a la derecha) por este diseño (con la caja para marcar el voto arriba a la derecha).

En cuanto al calendario del distrito, recién te dije que los municipios pueden elegir plegarse a las elecciones provinciales o no. Si eligen desengancharse, entonces tienen fecha de primarias y locales propias. Los mismos siete que tuvieron PASO en abril tendrán las que reparten cargos el 3 de septiembre. Y los 11 restantes lo harán el 24 de septiembre con la gobernación, la vicegobernación, 19 senadores provinciales y 24 diputados provinciales. Acá es donde viene la joda mendocina.

Desde los primeros tiempos democráticos que la provincia tiene un Poder Legislativo bicameral. Actualmente lo componen 38 integrantes de la Cámara de Senadores de la provincia y 48 miembros de la Cámara de Diputados de la provincia. La cosa es que, a diferencia de otras provincias como Salta, ambos grupos de legisladores representan a los mismos distritos: las secciones electorales, como ocurre en la provincia de Buenos Aires. La diferencia con ésta radica en que no hay alternancia en qué cargo elige cada delimitación territorial, sino que eligen ambos al mismo tiempo. Y éstos representan a las mismas secciones que agrupan a los mismos municipios. Congruencia absoluta, le dice la ciencia política. Yo me pregunto el sentido de tener dos Cámaras casi iguales en términos de magnitud, con legisladores que (en teoría) provienen de exactamente los mismos distritos al mismo tiempo.

Igual, para darle algún sentido, la renovación es parcial cada dos años. Los cargos se reparten por sistema proporcional D’Hondt con piso del 3% del padrón seccional. Dado que es parcial, la mitad sale a la cancha solo y, la otra mitad, con el (candidato a) gobernador. Como ocurre este año. El máximo cargo ejecutivo se elige por mayoría simple de votos y, como te conté, no se puede reelegir inmediatamente. Algo que existe desde la Constitución de 1965. Lo que tampoco puede hacer quien deja el sillón vendimio es ser electo senador nacional hasta un año después de haber dejado el puesto, algo que se sumó en el año 1985. Una república posta, con todas las letras.

Cornejo no la tiene tan fácil

Y así llegamos a lo que pasó el domingo pasado. La lectura que quiero hacer es sobre dos puntos. El primero es sobre el dato de participación, voto blanco y voto nulo. Con el equipo del Centro de Investigación para la Calidad Democrática (CICaD) estamos armando una base única que reúne todos los datos agregados a nivel nacional y desagregados a nivel provincial de la participación electoral desde el retorno a la democracia. Un proyectazo que presentaremos pronto. Al repasar los datos que juntamos, puedo agregar que hubo una caída destacada (pero no tan traumática) de la participación electoral: bajó unos 9 puntos desde la última elección legislativa nacional en 2021 y se ubicó en 65,96%. Es similar al valor de las PASO 2021 (73,80%) y a las provinciales de 2003 (73,27%). 

Habría que esperar aún para sacar conclusiones sobre apatía ciudadana generalizada. Por ahora, de las 12 elecciones provinciales que se celebraron (10 generales, 1 legislativa -Corrientes- y 1 PASO -Mendoza-) el promedio de participación es del 71,62%. Con máximos de 86,40% (La Pampa) y 83,73% (Tucumán), y mínimos como el ya mencionado y 56,84% (Corrientes). Yo esperaría para asegurar que todo se está por prender fuego.

Tampoco me sorprendió tanto el voto en blanco, que se ubicó en 6,32%. Cerca del valor de las legislativas de 2021 (7,16%), de las provinciales de 2015 (6,91%) y de las provinciales de 2011 (8,64%). Acá no hay regularidad alguna entre procesos. Lo que sí quiero destacar es el nivel de voto nulo, que subió hasta el 6,28%, el triple que hace dos años. Un valor sólo comparable al del voto bronca de 2001 (11,92%). Esto, sin embargo, lo atribuyo al cambio del instrumento de votación que incorporó la BUP, algo que también vimos que ocurrió en Córdoba en su primera implementación. No necesariamente es desafección política, bronca y dolor. Puede que sea necesaria más paciencia cívica. Y periodística.

El otro punto es sobre cómo leer el resultado de las primarias para Alfredo Cornejo, Omar De Marchi y el Frente de Todos mendocino. En cuanto al hombre fuerte del radicalismo cuyano, hubo una lectura generalizada de que la victoria lo consolidó. Sí, salió bien de la primaria de Cambia Mendoza. Eso es cierto. Le ganó a Luis Petri, actual diputado nacional por el distrito y quién jugó con la estructura que le quedó a Cobos en la provincia. Pero también es cierto que, antes de ir a votar, yo al menos, esperaba una ventaja superior en las urnas. Tanto en la disputa interna como en el resultado agregado general del espacio.

Esta diferencia de lecturas se resuelve como todo en la vida: con datos. Acá van.

Fuente: elaboración propia en base a Andy Tow y a escrutinio provisorio.

Arriba podés ver las elecciones PASO y generales desde que se armó Cambia Mendoza. Cuando la barra es de un solo color en las primarias es porque hubo candidatura de unidad. Cuando tienen dos o tres colores es porque hubo competencia. De Marchi dio la disputa adentro en el 2019 contra Rodolfo Suárez, el gobernador actual saliente, y contra Fernando Armagnague, un radical disidente suelto. En este 2023 el que se plantó internamente fue Petri. La diferencia entre esas dos PASO con competencia es que ahora la barra roja es más baja que en anteriores ediciones, lo cual indica que el cornejismo no convenció tanto esta vez. En paralelo, la línea punteada que indica la proporción de votos conseguidos por todos los competidores de Cambia Mendoza juntos también bajó de manera importante. Hoy está más cerca del 40% que del 50% que alcanzó en el período 2015-2019, generales inclusive. Para mí, es una alerta. También para Julio Aguirre, politólogo mendocino amigo del doctorado. “No creo que acá esté el germen de una nueva fractura, pero sí de algunos replanteos en las fuerzas internas del radicalismo. Creo que ese desgaste sí caló en el electorado y si Cambia Mendoza quiere mantener todos los votos de Petri deberá reorientar la campaña», me cuenta a la distancia.

Y acá mismo es donde entra Omar De Marchi. Es el mismo fulano que fue candidato demócrata en 2007, las que le salieron mal a Cobos. Se formó políticamente en el PD mendocino, siendo intendente de Luján de Cuyo tres veces: las dos primeras con los gansos (1999-2005), después con el PRO (2015-2019). Desde las elecciones legislativas provinciales intermedias del año 2009 ambos partidos venían coordinando agenda en el distrito, al punto de que Omar dejó el azul por el amarillo formalmente en el 2013. Ahora quiso volver a jugar solo. El PD/PRO venía dentro de Cambia Mendoza desde que se formó en 2015, pero este año el ganso rebelde empezó a jugar a que rompía allá por el lejano verano. Incluso, hizo toda la movida siendo uno de los armadores de Horacio Rodríguez Larreta a nivel nacional. Todo tenía olor a interna. Ninguna de las mil mesas que se armaron bajaron sus intenciones y salió a la cancha con La Unión Mendocina. Sumó como candidato a vicegobernador a Daniel Orozco, intendente de Las Heras, “el más peronista de todos los radicales”.

Vos te preguntarás qué tiene de interesante todo esto. Yo te digo que mucho. Mirá un ratito el gráfico que sigue. Ahí vas a encontrar los votos totales y el porcentaje de votos que sacó el PD desde el retorno a la democracia y, a partir de 2009, con la alianza devenida en simbiosis que generaron con el PRO local. Las dos elecciones con asterisco son PASO provinciales. Como te conté, en 2019 De Marchi también fue candidato, pero jugó adentro. Ahora en 2023 armó la suya.

Fuente: elaboración propia en base a datos del CICaD. Los años con + indican elecciones legislativas intermedias. Las elecciones indicadas con * son PASO provinciales.

Esto indica que hay un electorado para este partido, para estas ideas y, en particular, para la cara de De Marchi. Pero alguien está comprando. Como te conté más arriba, “los gansos” del Partido Demócrata siempre anduvieron en torno al 10%, salvo en contadas ocasiones donde la barra y la línea se disparan. Mientras Cambia Mendoza se mantuvo unido pudo capitalizar esos votos para quedarse en la Gobernación. Sin embargo, ahora el nuevo proceso ascendente del voto “ganso amarillo” se da con uno de sus jugadores con los pies fuera del plato.

Cierro con la lectura sobre el Frente de Todos mendocino. Hay un clima tenso, sin dudas. Una versión que corre es que el PJ más duro que está esperando un recambio de conducción provincial le prestó los fierros a De Marchi para molestar un poco al cornejismo. “Creo que varios intendentes jugaron a dos puntas. Pero el objetivo principal fue resguardar su territorio”, me aclara Julio. Esto es una posibilidad, dados los vasos comunicantes que han tenido peronistas y gansos a lo largo de la historia cuando se llevaron bien. En un juego que ha sido a tres bandas a lo largo de la historia, suele haber dos que en un momento coinciden y se llevan bien. El gráfico anterior permite pensar esta posibilidad: De Marchi subió poco más del 50% de votos en cuatro años saliendo fuera de Cambia Mendoza.

Esto abre meses intensos. Recién se votan los cargos generales en septiembre. Y el problema para Cornejo, si quiere volver a la Vendimia, es doble. Tiene que mantener a los votantes de Petri adentro, pero también tiene que tratar de capitalizar la masa de voluntades que amasó De Marchi. Que sonrió mucho el domingo pasado. Y con razón. Le dio vida a un espacio que casi siempre estuvo tercero cómodo. Ahora quedaron segundos. 

Y saborean un nuevo 1999.

Algunas random

Te dejo un ping pong cortito de pasadas y próximas para que sigas en clima electoral: 

  • El domingo pasado también votaron en Tucumán, algo sobre lo que charlamos acá. El resultado confirmó no sólo que el PJ es potente en la provincia, sino que también es un ariete en tono el Norte Grande. Por fuera del resultado para la gobernación, prestaría atención a lo que va a suceder en San Miguel de Tucumán. El peronismo puede recuperar un bastión que era de Juntos por el Cambio. Que, en caso de suceder, tendría duras implicancias para la oposición. Hubo problemas con el escrutinio provisorio, por lo que todo se define en el definitivo. Va a ser palo a palo.
  • En San Luis pasó algo que podía pasar pero que cambia parcialmente el panorama. Claudio Poggi (Avanzar) le ganó a Jorge Omar “Gato” Fernández (PJ) y confirma algo: que para que un gobierno de turno provincial pierda, se tiene que romper la coalición oficialista. Pasó en Neuquén, pasó en Rodríguez Saá land. El hermano más grande siempre sonríe.
  • El domingo que viene hay elecciones PASO en Chaco. Acá tenés una síntesis de los principales datos para la elección, que se va a celebrar en un clima muy complejo por esto.
  • Una elección que voy a seguir muy de cerca es la de España, que tiene fecha para el 23 de julio. Juano escribió una muy linda pieza sobre el contexto actual. Si sos ciudadano español, no te borres. Uno de los temas de campaña más importantes es la Ley de Nietos. El PSOE local está haciendo una movida enorme para cuidarla. Acá podés enterarte más sobre el tema.

Hasta acá por hoy. Ayer fue la fecha límite para la presentación de alianzas, lo cual empieza a ordenar bastante el panorama. La próxima vez que te escriba ya va a haber pasado el cierre de listas, una fecha clave para todos los fans medio locos de estos temas como yo. Por eso me gustaría conocer cómo pensás pasar ese sábado 24 de junio. Para mí es muy simbólico y, cada dos años, siempre lo sigo con mi compañera. Vino(s), picada, noticieros, Twitter. Para los dos es un sábado bomba. Para vos, por ahí estamos locos. Este año yo me voy a perder estar juntos en nuestro sillón, pero de alguna manera voy a tratar de respetar nuestra tradición de pareja. Jamás me perdería de disfrutarlo con ella.

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Un abrazo electoral y te escribo cuando pase el temblor,

Facu

Politólogo, consultor e investigador independiente. Hoy me encuentran dando clases en UBA y UTDT. Me encantan las elecciones y me sacan menos canas verdes que Racing. Un hobby que tengo es aprenderme la historia de los partidos políticos. Creo que la política marida muy bien con un tinto.