Chicken-game peronista: cuánto escalará la rispidez Cristina-Axel
En medio de la caída de Milei, que igual juntó los votos para sostener su veto, el kirchnerismo muestra una crisis inesperada. El acto del 17 de octubre, las visitas de Quintela al conurbano y la arqueología camporista que enumera las rebeldías de Kicillof. Encuesta: ¿qué pasará con el peronismo en los próximos 10 años?
Cristina Kirchner espera un llamado de Axel Kicillof. En la atmósfera del Instituto Patria, con cada minuto que se demora el mensaje, la furia aumenta. En estos días, varios intermediaron para que el gobernador haga el ritual de alinearse detrás de la candidatura de CFK a la jefatura formal del PJ. La expresidenta cree que el gesto lo debe hacer Kicillof. El espadeo sordo se convirtió en el nuevo chicken-game del peronismo.
“Depende de Axel. Espero que recapacite y no se deje llevar por el mismo entorno que puso a Alberto contra Cristina”, le dijo a Cenital un operador del ecosistema K consultado sobre cómo ordenar la tirantez entre CFK y Kicillof. “Nada para decir: estamos todo el puto día laburando para que esta provincia no explote”, gambeteó un axelista que el lunes tuvo un rato para ir a una reunión en Berisso para organizar el acto del 17 de octubre.
El chispazo entre Cristina y Axel es, para muchos, una sorpresa. Pero un ejercicio arqueológico de los modos del gobernador en los últimos años se invoca, aquí y ahora, para explicar el malestar presente del Patria. Gente de rencores sólidos, en La Cámpora detallan que cuando Cristina “mandó” a Axel a recorrer la provincia en 2016, este lo interpretó como que lo sacaban de su territorio de competencia natural: CABA.
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Aquellas micro rebeldías
Recuerdan, además, que se resistió en 2023 a ser candidato presidencial, una propuesta que voceaba Máximo Kirchner pero –dicen en el camporismo– era patrocinada por la entonces vice. “Era una idea de Máximo, Cristina nunca se lo pidió”, se explicó cerca del gobernador. Hay otras actitudes que, en la lógica K, son micro rebeldías. La paradoja es que los peronistas que impulsan a Axel toman esos datos como una buena señal.
Mencionan, por caso, que Kicillof resistió la “trampa” de mandarlo a perder en la nacional, frenó la intentona para poner a Martín Insaurralde como vice en lugar de Verónica Magario y sigue –al menos hasta el cierre de esta edición– sin sumarse al coro, más flaco de lo esperado, que salió a celebrar la postulación de Cristina para presidir el PJ nacional. “Son gestos”, dicen en una intendencia axelista.
El acto del 17-O en Berisso, donde hasta acá Kicillof figura como único orador, puede servir para allanar esa crisis interkirchnerista o para visibilizarla. Cerca de CFK y en La Cámpora no descartan que ese día Cristina tenga alguna actividad: si no es un acto podría ser una recorrida o alguna visita, como la que hizo hace una semana, a alguna barriada del conurbano. O puede ser una postal de unidad con CFK, Kicillof y –como proponen los axelistas– Ricardo Quintela, el riojano desafiante, sobre el escenario.
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SumateSin contacto con CFK, el gobernador de La Rioja sigue de campaña peronista. El martes estuvo en Florencio Varela y este miércoles compartió un acto en Avellaneda con Jorge Ferraresi, uno de los “entornistas” que La Cámpora acusa de llevar por mal camino a Kicillof. El clamor por Cristina, escalonado, muestra todavía muchos vacíos: no solo Kicillof, sino una cantidad nada desdeñable de intendentes y dirigentes bonaerenses.

La república del Obelisco
El poroteo para una hipotética interna Cristina-Quintela tuvo, en estos días, la dimensión partidaria: cada postulante debe contar con el respaldo de al menos cinco filiales provinciales del PJ para competir. Quintela dijo que tiene el apoyo de San Luis, Salta, Neuquén, Misiones y La Rioja, mientras esperaban el OK de Mendoza. CFK anotó el apoyo de Rio Negro, PBA, Chaco, Chubut, Catamarca y Santa Cruz. Las neutralidades pueden, en estos casos, tener impacto. ¿Qué pasa con el PJ de Tucumán, cuyo vice es Juan Manzur?
¿Qué pasa con los peronismos de, por ejemplo, La Pampa o incluso de Formosa? Hasta este miércoles, más allá de las charlas privadas, ninguno de los cinco gobernadores del peronismo se expresaron. “Nos quieren poner a discutir sobre una interna bonaerense”, se quejó un legislador del norte. “¿Otra vez vamos a una pelea del AMBA? Como Milei, algunos compañeros creen que viven en la república del Obelisco”, apuntó un jefe territorial peronista.
Un estudio, de más de 6000 casos a nivel nacional, de la consultora Explanans, hace zoom sobre el futuro del peronismo y ofrece datos interesantes. Ante la pregunta sobre el futuro del peronismo en los próximos 10 años, el 37,1% de los encuestados cree que volverá a gobernar el país; un 13,3% opina que seguirá siendo una “fuerza política fuerte y activa”; el 29,5% considera que irá perdiendo relevancia progresivamente, mientras que un 20,1% afirma que eventualmente “dejará de existir”.
Es notable, como se muestra en la placa, la diferencia sobre el futuro del peronismo que se registra entre el AMBA –CABA y provincia de Buenos Aires– y la mirada que tienen en el interior del país, en particular en la banda que recorre Santa Fe, Córdoba y Mendoza. Esta encuesta no trabaja sobre el factor identidad, pero dentro del PJ aparecen dos ismos que, en más de un caso, son antagónicos: peronismo y kirchnerismo.
Escenarios, la consultora de Pablo Touzon y Federico Zapata, acostumbra interrogar sobre la identidad política de los argentinos y midió que un 30% se identifica con el peronismo, aunque se desdobla, en partes casi iguales –con variaciones mes a mes–, entre peronismo no K y kirchnerismo. En esa lógica, el punto fuerte del kirchnerismo es el Gran Buenos Aires, donde Kicillof, figura identificada con ese espacio, sacó 45 puntos en octubre pasado.
Número más, número menos, hay coincidencia entre los consultores de que no hay motivos para pensar que ese caudal de voto se haya deteriorado en estos meses. Shila Vilker de TresPuntoZero, Facundo Nejamkis de Opina Argentina y Federico Aurelio de Aresco coinciden, con matices, en que el peronismo es muy competitivo en la provincia de Buenos Aires de cara a las elecciones de medio término. Cuando mide “peronismo de Cristina y Axel”, Nejamkis detecta una intención de voto del orden del 45%.
La Boleta Única de Papel (BUP) supone, en la lógica de los jefes territoriales, una herramienta contra las imposiciones desde arriba. “Ahora, la boleta de arriba es menos importante: si sos jefe del distrito y te amenazan con poner a un candidato de Cristina, antes te daba miedo, pero ahora con la boleta única, sin arrastre, ese poder se limita”, explican en el conurbano sur donde se nuclean los rebeldes contra Máximo.
El desgaste de Milei en los últimos meses, junto con el potencial electoral del peronismo, hace que controlar ese espacio en la provincia de Buenos Aires sea cada vez más atractivo. La prioridad de la Casa Rosada es fracturar el peronismo bonaerense mediante la aparición de una alternativa no kirchnerista. Por lo pronto, la disputa entre Máximo y Axel enrareció la convivencia en el kirchnerismo, algo que se agravó con el clima denso entre Kicillof y Cristina.
Por lo pronto, Karina Milei encabezará un acto en La Plata, en el cual no se espera la presencia de José Luis Espert. La próxima semana, el “Profe” —potencial candidato a diputado— se unirá a una actividad de La Libertad Avanza (LLA) en Mar del Plata, donde compartirá escenario con los karinistas Martín Menem, Sebastián Pareja y Alejandro Carrancio, jefe libertario local.
En LLA ven el movimiento de Cristina como un repliegue y creen que, al final, una eventual candidatura suya sería funcional a la intención de Milei de polarizar entre lo viejo y lo nuevo. El presidente, que a pesar de la caída en las encuestas logró juntar 84 diputados para blindar su veto al aumento universitario, se mueve en una zona sutil: apunta al kirchnerismo, como con el virus Ku-K12, pero evita una confrontación directa con el peronismo.