Diario de campaña Nº14 | Así ganan Trump y Kamala

¿Qué explicaría una victoria de la demócrata o el republicano? La estrategia, los votantes clave y el clima electoral en un país polarizado.

Siento que con todo lo que venimos charlando desde hace meses la base está. Así que hoy propongo imaginar cuál sería la explicación ante cada escenario de victoria. Dicho de otra manera: cómo y por qué ganarían Trump o Kamala. Creo que puede ser útil para entender a qué cosas hay que prestarle atención.

Empecemos.

Así gana Kamala

Entonces es martes a la noche, o el día que estén disponibles todos los resultados, y Fox News anuncia que está en condiciones de afirmar que Kamala Harris será la próxima presidenta de Estados Unidos. La primera.

Es justamente un récord de participación de mujeres lo que explica este resultado, de manera similar a cómo sucedió en las elecciones intermedias de 2022. Preocupadas por los ataques a los derechos sexuales y reproductivos, y bien conscientes de la amenaza que significa Trump, mujeres de todas las edades y distintos rincones del país salen a votar en masa. Eso incluye a las Karen de este mundo: señoras de los suburbios a las que no les encantan ni Harris ni los demócratas, y que en elecciones locales van a seguir votando al Partido Republicano. Pero no en este caso, donde hay tanto en juego.

Por algo la prestigiosa encuestadora Ann Selzer publicó en los días previos que Harris estaba arriba en Iowa, donde Trump había ganado por 10 en la última elección: es que había un voto silencioso de mujeres que nosotros, preocupados en los cripto bros fanáticos de Elon Musk que pululan en redes sociales, no estábamos viendo. Y ya varias voces venían diciendo que el voto silencioso de esta vuelta iba a favorecer a los demócratas. Que la mayoría de los encuestadores estaban tan preocupados en no volver a subestimar el voto a Trump que terminaron inflándolo.

Harris gana también porque logra frenar la fuga de votantes latinos y afroamericanos por la que todos estaban (ejem) tan escandalizados. Es cierto: le fue un poco peor con esos grupos que en 2020. Pero al final no fue tan grave y además fue compensado por el voto de mujeres que no solían elegir al Partido Demócrata. El último tramo de la campaña, asistido por figuras como Jennifer López y Barack Obama y enfocado en estos grupos, se ha revelado como efectivo. Los comentarios acerca de Puerto Rico en el rally de Trump en Nueva York terminan costando caro, y muchos votantes en estados competitivos como Pensilvania se desmovilizan.

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La maquinaria electoral del Partido Demócrata, al final de cuentas, es la mejor. Y funciona: saca gente a votar en todo el país pero sobre todo en las ciudades con alta población afroamericana como Detroit, en Michigan, o Filadelfia en Pensilvania. Trump, en cambio, comete el error de haber apostado a que figuras sin experiencia política, como Musk y Charlie Kirk, se ocupen de la movilización. Muchos de los jóvenes varones que iban a torcer el resultado de la elección se quedan en su casa, como sucedió siempre.

Al final había que fiarnos de lo que charlamos cuando fui a la Convención Demócrata, en Chicago: el ingreso de Harris como candidata fue un boost de energía y entusiasmo, y la ex fiscal se reveló como una buena apuesta. Recuperó a los votantes progresistas que no querían nada a Joe Biden, y encontró un mensaje moderado (“post-woke”, con fuertes inclinaciones patrióticas) para apelar a los republicanos anti-trumpistas, como Liz Cheney. Pudo convencer, por lo menos a una parte, de que una victoria de ella iba a pasar la página de la década anterior. Ejecutó una campaña prolija, sin sobresaltos. Hasta se animó a dar entrevistas…¡y salieron bien! En el debate pasó por encima a su oponente. Y Trump, que ante todo es un político con alta imagen de rechazo, hizo el resto. No logró contener sus instintos más radicales, y eso asustó a varios.

El mapa: Harris logra conservar la “muralla azul” en el Medio Oeste (Pensilvania, Wisconsin y Michigan) y captura un pedazo del Corredor del Sol (Arizona, Nevada, Carolina del Norte y Georgia). Consigue 270 votos electorales y a llorar a la llorería.

Así gana Trump

Entonces es martes a la noche, o el día que estén disponibles todos los resultados, y el presentador de CNN tiene esa cara que ya todos identificamos con Alberto Fernández, la del meme que dice: qué pasó ahora, la puta madre. Pasó que ganó Trump.

Hay una ola antioficialismo en todo Occidente, el gobierno –que integra Kamala– está mal evaluado y el candidato opositor ofrece una propuesta diferente: ¿por qué Estados Unidos sería una excepción?

La consultora Gallup hizo una pregunta sencilla hace un par de semanas: ¿estás mejor que hace cuatro años? La mayoría respondió que no. Y solo un cuarto de los estadounidenses, según la misma consultora, está satisfecho con el rumbo del país. Y Trump no solo ofrece un cambio de rumbo, sino el regreso a un pasado reciente en el que los precios de las rentas y la gasolina estaban más bajos. Tu plata valía más.

Trump gana entonces capitalizando el descontento con el rumbo del país y de la economía. Incluso gente que no lo quiere y le tiene rechazo lo vota, porque cree que va a estar mejor con la presidencia a su cargo. Además, desde hace tiempo hay un secreto a voces, y es que ya todos están medio hartos del progresismo que promueve el Partido Demócrata, creen que se les fue la mano. Las heridas de la pandemia no cicatrizan, y persiste un sentimiento antiestablishment del que Trump, que de esto sabe, se apodera. Sabe a qué grupos hablarle: va al podcast de Joe Rogan, no pierde el tiempo en grupos a los que sabe que no va a convencer.

Delegar la estrategia de movilización de votantes en Musk e influencers es una apuesta arriesgada, sí, pero finalmente paga: jóvenes varones de distintos orígenes dejan el celu por un rato y salen a votar. Las mujeres jóvenes van en masa por Harris, pero ellos mandan su mensaje. Dicen: existimos. Toda una parte del país vuelve a decir otra vez: existimos.

Vuelve a pasar lo que informó la última encuesta del New York Times, que es que los votantes de Trump atienden menos el teléfono. Si desconfían de todas las instituciones, ¿por qué gastarían su tiempo en responder sondeos? Esto vale para todo: no creen en las cosas que dicen los medios, mirá si les va a importar que los Avengers se hayan juntado a anunciar que apoyan a Kamala. Si igual son millonarios de Hollywood que no saben nada de lo que es vivir con inflación. Tampoco creen en que la justicia sea imparcial: Trump tiene razón cuando dice que es un perseguido. Y en cualquier caso tampoco les importa tanto.

El escenario entonces es casi el mismo que en elecciones anteriores: a Trump lo odia una mitad del país y la otra mitad se divide entre los que lo adoran y los que tienen sus dudas pero al final de cuentas odian más a los del otro partido. Así funciona la polarización, amigos, y lo mismo pasó en Brasil en 2022. La centroderecha no existe: los votantes de Nikki Haley, que le peleó a Trump en las primarias, finalmente se quedan en sus casas y no se animan a cruzar el charco. El resto vota con la nariz tapada, pero por su partido. Los únicos que se acuerdan del 6 de enero y el intento de golpe de Estado son los que ya iban a votar en su contra.

Por lo demás, estos cuatro años terminan ayudando a Trump, y no solo por la economía. Un grupo de personas a las que no les interesa la política, el tipo de votante que pudo haber elegido a Bernie Sanders en 2016 y que ahora mostraba simpatías con Robert Kennedy Jr., por ejemplo, gente que no se define ni de izquierda ni de derecha y que desconfía de las instituciones y el sistema (sobre todo después de la pandemia), se pasa esta vuelta al bando de Trump. Suficiente para ganar.

El mapa: Trump atraviesa la “muralla azul” en el Medio Oeste, sacándole por lo menos un estado, y confirma su ventaja en el resto, sobre todo en Georgia y Arizona, que igual siempre fueron republicanas. Consigue 270 votos electorales y ahora agarrate.

***

El ejercicio de imaginar cómo reaccionaría Trump y su gente ante un escenario de derrota ya entraría directamente en el terreno de la ficción distópica, y la verdad es que por ahora prefiero no meterme. Así que con esto estamos, gente. Mañana voy a escribir una guía para que puedas seguir las elecciones como se debe, pero ya tenés un montón de recursos a disposición:

  • Podés leer la cobertura de Último Round desde julio, donde todas las aristas que mencionamos hoy están desplegadas y explicadas.
  • Y, si todavía no lo hiciste, podés escuchar el podcast que hicimos con Lucía Cholakian Herrera, en el que también hay contenido de sobra.

Otras lecturas:

Cree mucho en el periodismo y su belleza. Escribe sobre política internacional y otras cosas que le interesan, que suelen ser muchas. Es politólogo (UBA) y trabajó en tele y radio. Ahora cuenta América Latina desde Ciudad de México.