A días de Navidad: ¿por qué el comercio está tan caro?
No se la puede llamar una actividad productiva pero es un sector que más emplea en Argentina y tiene sus propias reglas: a veces es más barato el mismo regalo afuera que acá.
No podemos llamarla productiva, porque no agrega valor, pero la actividad comercial resulta necesaria por los consumos diarios y masivos. Se trata, además, de un sector que está en todas partes y adopta distintas formas.
El comercio en su conjunto es el sector de empleo que más trabajadores registrados tiene en el país –unos 1.2 millones en el segundo trimestre de 2024–, por encima de la industria manufacturera por unos 20 mil puestos de trabajo. Sin embargo, las toneladas de trabajadores registrados sólo representan una fracción del empleo comercial. Más precisamente, en 2021 se encontraban en torno al 33%, según las fichas sectoriales del CEPXXI, mientras que el 47% eran no asalariados –o, lo que es lo mismo, no tenían una relación de dependencia–. Hoy, manteniendo las proporciones constantes, el sector comercial se compondría por 3.6 millones de puestos de trabajo.
Para que te des una idea de la relevancia de la parte no asalariada, para el total de la economía esa parte representa el 27% aproximadamente de los puestos de trabajo. Junto con la construcción es una de las actividades con mayor tasa de no asalariados.
Por eso, es difícil tener una idea clara de la situación del sector porque se combinan muchas realidades: se compone de trabajadores en supermercados y grandes tiendas, donde la mayor parte se encuentra registrados; por comercios de cercanía que en algunos casos están registrados y en otros no –aunque haya una relación asalariada–; hasta el kiosco de barrio y el vendedor ambulante, que suelen ser “sus propios jefes” (no asalariados).
Ahora bien, más allá del comercio tradicional físico, en los últimos años el comercio electrónico creció considerablemente. Con la pandemia, plataformas como MercadoLibre se volvieron centrales tanto para consumidores como para comerciantes, así como también proliferaron las páginas web propias y la compra-venta a través de redes sociales, como Instagram o Marketplace de Facebook. Este fenómeno tiene una importancia relativa para el comercio, como señala este informe del Ministerio de Trabajo.
Cenital no es gratis: lo banca su audiencia. Y ahora te toca a vos. En Cenital entendemos al periodismo como un servicio público. Por eso nuestras notas siempre estarán accesibles para todos. Pero investigar es caro y la parte más ardua del trabajo periodístico no se ve. Por eso le pedimos a quienes puedan que se sumen a nuestro círculo de Mejores amigos y nos permitan seguir creciendo. Si te gusta lo que hacemos, sumate vos también.
SumateSi bien inicialmente el crecimiento del comercio electrónico generaba ciertas rispideces con los dueños de los locales comerciales, ya que se entendía como un reemplazo directo de la actividad, en la actualidad se combinan las estrategias digitales y físicas de las empresas, que en algunos casos han podido crecer mucho gracias a la “democratización” del comercio vía web.
Eso no significa que la relación entre los comerciantes y el marketplace más importante de América Latina (MercadoLibre) esté libre de conflictos, pero eso lo vamos a charlar el año que viene.
Mi nueva zapatilla cuesta un Dom Pérignon
No sé si lo notaste, pero cuando asume un gobierno más liberal que el anterior, circulan muchas noticias acerca de la lluvia de inversiones que se viene en términos de acceso a comercios internacionales. De hecho, hace poco un lector de este news me decía que para él la verdadera lluvia de inversiones era esa, algo que se pudiera ver en la calle de forma palpable y no lo que ocurre puertas adentro de una inversión productiva.
Pero, antes de hablar de estas empresas, veamos un poco qué sucede en nuestra región. Si observamos la relevancia de las importaciones de bienes de consumo –aquellos dirigidos, casi en su totalidad, a los hogares de forma directa– nos encontramos con que Argentina, junto a Brasil y México se encuentran en el fondo de la lista de la región. Esto quiere decir que del total de importaciones que realizan estos países, los bienes de consumo representan una parte relativamente menor frente al resto de sus vecinos.
Pero, hay que tener cuidado con México porque tiene un funcionamiento particular en el que importa muchos bienes intermedios para luego ensamblarlos y reexportarlos a Estados Unidos. Para que te des una idea, solo sus exportaciones automotrices alcanzaron los 120 mil millones de dólares –más que todo lo que exporta Argentina–, y para construirlos tuvieron que importar gran parte de los materiales. Pero me desvío, sigamos.
Al escenario de poca relevancia de los bienes de consumo se suma otra característica de Argentina. De esos siete países somos el menos abierto comercialmente al mundo. ¿Qué quiere decir esto? Que la suma de las importaciones y las exportaciones sobre nuestro PBI da un número más bajo que el del resto de los países de la región. Encima nuestro se encuentra Brasil, con un índice de apertura comercial de 39%, mientras que el nuestro es de 32%. En otras palabras, “vivimos con lo nuestro”.
En este contexto, se plantea la discusión de hoy: ¿por qué no hay más marcas internacionales en Argentina? Quienes hayan viajado más al exterior sabrán que en Europa, Estados Unidos, Chile o México hay muchas más, algunas de lujo, como Dolce & Gabbana, pero también otras más accesibles, como Victoria’s Secret, GAP o H&M, por mencionar ropa. También hay marcas de otros tipos de productos, como IKEA para el hogar. En Argentina, estas marcas no están, y generalmente son las primeras en anunciarse con gran publicidad cuando ocurren estos cambios de gobierno que mencionaba.
Te preguntarás por qué no están acá. En algunos casos, se trata de marcas que requieren la importación de productos fabricados con mano de obra barata, en su mayoría proveniente de países asiáticos, o con producciones a gran escala, lo que reduce el costo unitario. Argentina, como cualquier otro país, tiene normativas que son el resultado de la trama social construida a lo largo de las décadas. En otras palabras, la industria nacional y sus actores fueron moldeados por las reglas de juego actuales y pasadas, por lo que las marcas internacionales deberían insertarse en un país donde no es tan fácil aprovechar los bajos precios de producción. Básicamente, para algunos productos tenemos aranceles a la importación altos para evitar una competencia desmedida.
En otros casos, ese no es el problema. Te imaginarás que para las marcas de lujo, el valor de la mano de obra no representa una parte tan importante del precio. Sin embargo, Argentina también cuenta con un historial no tan beneficioso cuando hablamos de importar bienes finales. La sola posibilidad de que se corte el ingreso de stocks por una medida de resguardo de dólares, como hemos visto años pasados, hacen de nuestro país un terreno poco atractivo para las marcas que sólo utilizarían el mercado argentino para el retail.
Igual, hoy no venimos a hablar de apertura comercial, para eso fue la entrega de hace dos semanas. En términos generales, el ingreso de nuevas marcas comerciales implica la generación de nuevos puestos de trabajo formales, ya que suelen ser empresas que tienen una condición de contratación mejor que el promedio del sector comercial, pero no deberíamos esperar un cambio drástico. No somos un mercado tan grande, de hecho hasta somos chicos si consideramos el nivel de ingresos de la media de la población, como para que lleguen cientos de marcas con muchos locales. Por lo tanto, los cambios pueden ser en el margen y más orientados a cierta población, que en muchos casos termina resolviendo ese tipo de compras en el exterior porque va a seguir siendo más barato, excepto que haya una fuerte quita de aranceles.
Me compré una cajita feliz
Saliendo un poco del retail, pero el otro gran rubro que ante los cambios de gobierno promete inversiones es el gastronómico. Al dejar de lado la excelente oferta gastronómica que hay a lo largo y ancho del país, en los cambios de gestión aparecen noticias referidas a las cadenas de comida rápida que no se encuentran en Argentina. Por ejemplo, Pizza Hut, Domino ‘s Pizza, Cheesecake Factory u otras tantas que podés encontrar googleando un poco noticias sobre el tema. Sin embargo, ese ingreso –al menos en 2016 y por ahora– no sucedió.
Un empresario gastronómico, con años en asociaciones del sector, me comentó que la llegada de este tipo de cadenas no es sencilla y que no suele estar tan condicionada a las reglas de juego económica, que pese a no ayudar no resultan determinantes. El desembarco de las empresas suele significar un volumen de inversiones considerable, no solo por la apertura de locales, también por la logística que implica mantenerlos y lograr los estándares de calidad del negocio. Eso quiere decir que la apertura de una sucursal no suele ser rentable, sino que tiene que tener cierta masividad, ya que ingresan a un mercado que ya cuenta con oferta de otros tipos de comida rápida y de ofertas gastronómicas variadas.
Además, el ingreso a un nuevo mercado no asegura el éxito, cadenas como Wendy’s, Dunkin Donuts y Pizza Hut, que en otros países tuvieron su éxito, en Argentina no encontraron lugar. Esta última abrió y cerró dos veces en menos de 30 años.
Sin embargo, me señala el otro empresario del sector, no todas las historias son así. El mercado de pollo frito, con su nave insignia KFC, tuvo bastante éxito, sigue abriendo sucursales y de hecho generó sus clones en el mercado local. Algo similar ocurrió con Starbucks, que logró insertarse muy bien en Argentina e incluso sorteó momentos de “crisis”, cuando por la falta de insumos por problemas de importación, supo conseguir un proveedor local de vasitos que luego se convirtió en proveedor de sucursales de otros países.