Que la ciencia te acompañe

London Calling

La vacuna rusa, la inglesa y la Filosofía de la Ciencia.

Holis, ¿cómo andás? Será porque todavía no arranqué el segundo cuatrimestre, será que tanto amor acaso está prohibido, será que me inspiró el news de Juan Manuel, pero hoy me gustaría compartir con vos contarte otra faceta de mi ejercicio de la comunicación pública de la ciencia: la docente.

Esto es un poco un desastre porque si hay algo en lo que insisto es en que las instancias de comunicación científica no sean pedagógicas ni expositivas, pero justo con una de las cosas de las que quiero que hablemos creo que podría funcionar. Y si no funciona me respondés a esta carta con una foto de tu mascota pidiendo que no lo haga nunca más y listo (y si te cabe me mandás la foto y me alentás a que lo haga cada tanto).

Hecho el descargo sobre la sección extraña que vas a encontrar en esta edición de feriado, vamos a lo nuestro.

London calling to the zombies of death (Londres llamando a los zombies de la muerte)

Mucho me temo que la sección coronavirus ha mutado hacia un vacunaletter que entre la semana pasada y esta se trasladó de Rusia a Inglaterra (eso sí, sin perder sus tintes punks). Te pido disculpas por la debilidad con el monotema, pero tan solo soy una chica pidiéndole al sistema científico tecnológico que le permita tomar un vermú con sus amigas.

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Now war is declared and battle come down (Ahora se declaró la guerra y viene la batalla)

“Es un gran alivio para el futuro no una solución para el presente”. Con esta frase, el presidente Alberto Fernández cerró un anuncio importantísimo: el principio activo de la vacuna que están desarrollando la Universidad de Oxford y AstraZeneca será producido en Argentina. Sobre esta vacuna ya hablamos en esta edición y en esta también.

Lo más importante que tenés que saber es que que se haya anunciado un acuerdo para su producción no quiere decir que la vacuna ya haya pasado todas las pruebas necesarias, sino que los resultados obtenidos hasta ahora en los ensayos clínicos son prometedores y entonces están poniendo la mesa pero no los fideos (acordate que siempre podés seguir los desarrollos que te interesen en el monitor de vacunas del New York Times). En lo práctico, esto quiere decir que empezaron los procesos de transferencia tecnológica (o sea Oxford le está mostrando a un laboratorio local cómo hacer la vacuna) así en cuanto esté todo confirmado la empiecen a hacer. Se estima que podrán fabricarse 250 millones de dosis que luego serán enviadas a México para su envasado y distribución.

Sobre el funcionamiento de la vacuna, esta nota de Página 12 lo explica de forma bastante detallada, pero va un resumen. A diferencia de la vacuna de Moderna, que utiliza material genético del coronavirus y te comenté en esta edición, la de Oxford utiliza adenovirus, un tipo de patógeno que tiene un montón de formas e infecta a humanos y otros animales. Si me estás leyendo atentamente, habrás notado que adenovirus y coronavirus son palabras distintas y, si tu intuición no falla, posiblemente sean también familias distintas de virus. Llegado este punto, entonces, te preguntarás razonablemente ¿qué tiene que ver el culo con la memoria? 

Bueno, la cosa es que cuando el adenovirus de la vacuna (que es uno que causa resfríos en los chimpancés) entra al cuerpo, el sistema inmune lo detecta y genera una respuesta que neutraliza al patógeno y mata a las células infectadas. Como el virus del inyectable fue modificado genéticamente para incorporar la proteína que utiliza el coronavirus para ingresar a las células, las defensas generadas serían específicas contra ese mecanismo y funcionarían ante una infección de SARS-CoV-2.

Digamos que el adenovirus es una especie de entrenamiento, que además es muy seguro porque el que se usa para el fármaco no puede replicarse en nuestro cuerpo y generar una enfermedad (lo que podría hacer que fueran necesarias dos dosis para generar las defensas suficientes).

London calling now don’t look to us (Londres llamando, ahora no nos mires a nosotros)

La semana pasada te conté que Rusia aprobó una vacuna sin haber publicado los resultados de ninguno de los ensayos clínicos. Sobre qué significa esta maniobra en el mapa político, te recomiendo leer el último news de Juan y esta entrevista a Martín Baña, especialista en historia de Rusia.

Ahora bien, aunque los ensayos siguen sin publicarse, sí fue publicado un informe en la web del Ministerio de Salud de Rusia. Los puntos principales son:

  • La vacuna se probó en 38 voluntarios durante 42 días en un ensayo combinado de fase 1 y 2.
  • La droga está contraindicada para menores de 18 años, mayores de 60, embarazadas, personas en período de lactancia y no se recomienda para personas que sufran enfermedades crónicas del hígado y los riñones, diabetes, enfermedades graves del sistema hematopoyético, epilepsia, accidentes cerebrovasculares y otras enfermedades del sistema nervioso central, enfermedades del sistema cardiovascular, inmunodeficiencias primarias y secundarias, enfermedades autoinmunes, enfermedades pulmonares, asma y EPOC en pacientes con diabetes y síndrome metabólico, con reacciones alérgicas, atonía, eczema.
  • Se registraron efectos secundarios con frecuencia o mucha frecuencia y con intensidad leve o moderada. En total, 144 “eventos adversos” de los cuales más de 30 ya estaban en curso, incluyendo fiebre, dolores de cabeza y diarrea.
  • Por lo limitado de la muestra, no se pueden sacar conclusiones sobre la duración de la inmunidad o la prevalencia de los efectos secundarios. Por otra parte, tampoco se estudió su interacción con otros medicamentos.

Continuando con las repercusiones del anuncio, Carl Zimmer, uno de los periodistas científicos más importantes del mundo, publicó esta nota en el New York Times en la que consulta a varios expertos. Va una síntesis:

  • Al contrario de otras drogas experimentales, que se le dan a personas que cursan una enfermedad, las vacunas están pensadas para administrarse a grandes cantidades de personas sanas. Por eso, los parámetros de seguridad son mucho más estrictos. Si cientos de millones de personas se inoculan, incluso un efecto secundario rarísimo podría aparecer en miles de casos.
  • La vacuna rusa, igual que la de Oxford, está hecha a base de adenovirus y esta es una tecnología muy nueva. La primera vacuna de adenovirus aprobada en la historia fue la del Ébola en junio.
  • El peligro no solo radica en asegurar su eficacia con pruebas tan poco concluyentes, sino también en pasar a ensayos masivos.
  • El ensayo fase 3 que anunció el Instituto Gamaleya de Moscú prevé utilizar 2000 voluntarios. Los de otras vacunas en el mismo estadio están utilizando 30.000. 
  • Los ensayos de fase 3 (los últimos, esos que se hacen en mucha gente) pueden fallar sin importar cuán buenos hayan sido los resultados en las fases anteriores.

London calling to the underworld (Londres llamando al inframundo)

Un desafío persistente en la producción de conocimiento es lograr la interdisciplinariedad. Muchas veces, con excepción de los grandes proyectos que se conciben a partir de la intervención de distintas áreas, las investigaciones se compartimentan en campos de estudio bastante específicos que no dialogan con otros. Quizá el ejemplo más conocido de esto sea la distinción entre ciencias duras y blandas que tan apropiada tenemos.

Esta distinción no solo genera fronteras para el quehacer científico, también genera jerarquías. De alguna manera estamos acostumbrados a pensar que las ciencias duras son más objetivas y valoramos más positivamente sus producciones por percibirlas más cercanas a lo verdadero.

Esta descripción super elemental y sin matices que te acabo de ofrecer no es por supuesto la que se discute a la hora de determinar qué es ciencia y qué no, pero históricamente se asocia con una búsqueda incesante de las ciencias sociales por hacerse de métodos lo más empíricos posibles. O sea, de imitar los métodos de las ciencias exactas. Y esto constituye un problema filosófico clásico: ¿cómo lograr los mismos valores de objetividad cuando los objetos de estudio son tan diferentes? y, por otro lado, ¿es razonable esa pretensión? y, más aún, ¿sirve para generar mejor conocimiento?

Algo de esto me hizo pensar el escándalo por el paper acerca del pago del servicio de agua de red en las villas de Nairobi. Si no estás al tanto, la cosa fue, a (muy) groso modo, así: un equipo del que formó parte Sebastián Galiani, ex viceministro de Economía argentino, hizo un experimento en el que enviaban avisos de corte de servicio a personas morosas y a un grupo efectivamente le cortaban el agua y a otro no para ver qué estrategia era más efectiva para que pagaran. Observaron que los que habían visto el servicio interrumpido eran más propensos a saldar su deuda. Esto, obviamente, generó un repudio generalizado y una discusión muy interesante sobre ética de la investigación. Si no lo leíste, el último news del ex líder recientemente depuesto por voto popular, Iván Schardgrodsky, hace un muy buen análisis pormenorizado de los argumentos por los que este trabajo es una aberración.

Como te conté anteriormente, estoy tratando (infructuosamente) de terminar el Doctorado en Historia y Epistemología de la Ciencia y una de las cosas que enseño es Epistemología Feminista (la otra es Educación Sexual Integral o ESI). Así que tuve la idea de que tanto yo como otros colegas hiciéramos un breve repositorio de conceptos de la Filosofía de la Ciencia que vienen al caso cuando miramos este trabajo y que te pueden servir para otros en los que las cosas no sean tan evidentes.

Holismo de la contrastación por Damián Szmuc *
Damián trabaja en Filosofía de la Lógica. Acá podés ver sus investigaciones y las de su grupo.

Este concepto refiere a la idea de que una hipótesis en particular y una teoría en general no pueden ser contrastadas en la experiencia de manera aislada. Es decir, que siempre que intentamos poner a prueba una hipótesis o una teoría hay un montón de factores que damos por sentado. El holismo de la contrastación tiene al menos dos aspectos muy interesantes: afecta nuestra manera de procesar tanto los resultados negativos como los resultados positivos de las pruebas que hacemos.

Para verlo en un caso vamos a pensar este concepto ejemplificando cómo, cuando vamos a una una consulta oftalmológica y nos hacen un test que consiste en recitar las letras de un cartel, hay una variedad de factores puestos en juego para confiar en que ese test puede determinar por sí mismo si una persona es miope o no.

Esta idea de que nunca podemos aislar lo suficiente las hipótesis como para comprobarlas sin que influyan factores externos a ellas puede llevarnos a que frente a un resultado negativo le endilguemos la responsabilidad a otra cosa antes que a la hipótesis o la teoría misma que estamos queriendo contrastar. En nuestro ejemplo óptico, tal vez el examen previo nos llevó a pensar que la persona que estábamos testeando no sufría de miopía y, sin embargo, cuando le hicimos el test no pudo ver todas las letras. En tal caso, en vez de asumir que probablemente nos equivocamos y sí era miope, vamos a tender a suponer que el cartel estaba muy lejos, que la persona estaba borracha o cualquier otra cosa que no refute nuestro supuesto.

De la misma manera, el hecho de que nunca ponemos a prueba una hipótesis de manera aislada puede permitirnos relativizar ciertos resultados positivos. Así, podemos poner en perspectiva las condiciones en las que se hizo la prueba, la aleatoriedad de la muestra que hemos tomado, y más. Volviendo a nuestro ejemplo oftalmológico, si suponíamos que la persona que estábamos testeando efectivamente no sufría de miopía y verificamos que fue capaz de leer todas las letras del cartel, aún resta determinar si esto no fue porque el cartel estaba muy cerca porque se había olvidado que tenía los lentes de contacto puestos y nosotros no lo revisamos.

Esto puede conectarse con el discutido paper de Galiani. Ya en el abstract, se menciona que las experiencias realizadas en torno al corte de los servicios esenciales demuestran que dichas acciones no necesariamente acarrean un costo político (que la gente proteste o califique mal el servicio, por ejemplo). No obstante, el holismo de la contrastación nos permitiría dudar de la rigurosidad de esta conclusión. Vale la pena hacerse algunas preguntas sobre esta supuesta desconexión entre cortar el agua en los barrios marginales de Nairobi y el nulo costo político de dicha medida.

¿Qué facilidad tiene la población de Nairobi para expresarse políticamente? ¿Existe una política tolerante frente a la manifestación pública o hay una política represiva que se despliega frente a estos casos? Por otra parte, ¿cómo se expresa en el presente el descontento político en Nairobi? ¿La población suele hacerlo mediante marchas o aguarda hasta las elecciones silenciosamente? ¿Las elecciones y la estructura de gobierno poseen mecanismos representativos o se encuentra en ejercicio algún tipo de exclusión política sistemática?

Todas estas preguntas apuntan a que para que las conclusiones de los autores coincidan con sus hipótesis y verdaderamente se verifique que cortar el agua no acarrea costos políticos deben replicarse las experiencias y las pruebas variando sensiblemente las condiciones auxiliares (haciéndolo en lugares donde haya tradición de protesta o en hogares y empresas que adeuden pagos y no pertenezcan a los sectores más empobrecidos, por ejemplo). En el caso de la hipótesis del paper de Galiani, dado el contenido de sus hipótesis, hay un gran consenso: llevar adelante estas experiencias podría implicar una violación masiva de los derechos humanos.

Carga teórica de la observación por Agostina Mileo (o sea yo)

En 1958, Norwood Russell Hanson introdujo este concepto clave para el desarrollo de la Filosofía de la Ciencia que, aunque nunca hayas escuchado nombrar, seguro alguna vez hayas visto contenido en el pato conejo.

¿Por qué es importante este garabato? Porque nos muestra que, ante el mismo dibujo, o sea las mismas líneas situadas en la misma posición, algunas personas ven un conejo y otras un pájaro, por lo que no se puede decir que el dibujo sea ninguna de las dos cosas sin apelar a criterios externos a la mera observación, como por ejemplo preguntarle a quien lo dibujó. 

El meollo de la cuestión es que, hasta ese momento, las ciencias se presentaban como producto de la observación empírica, o sea, una actividad que miraba los fenómenos y las cosas y las describía, tanto en sí mismas como en sus relaciones. El famoso ver para creer. Hanson dice “che, no loco, aguanten, acá tenemos un problema, estar en el mismo lugar al mismo tiempo no hace que veamos lo mismo”. En síntesis, que ver e interpretar no son actos separados.

Pero ojo que no lo dice en sentido individual. Si bien nos podemos referir a la carga teórica de la observación en trabajos puntuales de autores determinados, la noción no se atribuye a las personas, sino a las condiciones contextuales que generan ciertas interpretaciones generalizadas en comunidades científicas de las que esas personas son representantes.

Esta noción tiene muchas derivas y es fundacional de lo que llamamos Epistemologías Críticas, las ramas de la filosofía que se dedican a estudiar los métodos y condiciones de producción de las ciencias y el conocimiento. En ese sentido, una corriente que podemos asociar es la del Punto de Vista

Si bien podemos identificar sus inicios en trabajos como el libro Historia y conciencia de clase de Georg Lukács de 1923 (anterior al texto de Hanson), quienes más han desarrollado esta teoría fueron las feministas de los 80. Así como Lukács reivindica a la clase obrera y sus experiencias como valores centrales para la construcción de un conocimiento que sea más aplicable a las condiciones de vida de las mayorías, las feministas señalan algo parecido respecto a la representación de las feminidades. No se trata solo de incluirnos en el conocimiento formal como objeto de estudio, sino de señalar que la ausencia de nuestras perspectivas ha producido conocimiento sesgado. Básica(muy básica)mente, lo que se sostiene es que el parámetro de universalidad de las ciencias es un varón blanco, heterosexual y propietario y que esto genera conocimiento parcial y situado que, si bien no dejará de serlo al incorporar otros puntos de vista, al menos no será un mecanismo velado y podrá conformarse bajo parámetros unificados de bien común.

Cuando vemos el paper de Galiani, estas nociones son muy útiles, ya que el trabajo se presenta como la observación empírica del problema. Pero ¿cuál es el problema? Ante la observación del cese de pagos en el servicio de agua en Nairobi, Galiani ve una infracción normativa mientras otro podría interpretar que el problema es la privatización de los bienes comunes o la precarización de la vida que hace que los ingresos de algunos no alcancen a cubrir sus necesidades básicas.

En este sentido, ¿qué punto de vista es el que se está privilegiando en la investigación? ¿Por qué el estudio se centra en generar estrategias para el pago del servicio a como dé lugar sin que importe su impacto en la calidad de vida de las personas afectadas? ¿Quiénes son las personas a las que les interesa hacer este tipo de estudio? ¿Por qué no se trabajó en la elaboración de una estrategia comunitaria en la que las personas involucradas sean consultadas y produzcan alternativas acorde a sus condiciones de vida?

Valores cognitivos y extracognitivos por Federico Bernabé y Ariel Roffé *
Federico y Ariel se dedican a la Filosofía de la Biología. Acá podés chequear su interesantísimo trabajo.

Analizar desde una perspectiva crítica el trabajo sobre el servicio de agua corriente en Nairobi nos lleva a pensar en uno de los problemas clásicos de la epistemología: la relación entre ciencia y valores. Para eso, es útil distinguir entre valores cognitivos (simplicidad, generalidad, fecundidad, precisión etc.) y valores no cognitivos o extracognitivos (típicamente vinculados con aspectos morales, políticos y sociales). Mientras que todo el mundo acepta que los valores cognitivos tienen una función clara en la construcción y validación de hipótesis y teorías científicas, el rol de los valores extracognitivos es más problemático. Una idea bastante extendida acerca de la objetividad científica es que esta descansa sobre la neutralidad valorativa, es decir, la exclusión de todo juicio valorativo.

El caso que nos ocupa es bastante transparente al respecto: el alto nivel de impago en algunos de los barrios vulnerables de Nairobi tiene un impacto en la rentabilidad de la empresa proveedora y, según los autores, ello pone en riesgo la extensión de la red de agua potable a nuevos barrios vulnerables. Los presupuestos de este enfoque son múltiples: el agua potable es un bien por el cual debe pagarse, es aceptable que el acceso al agua potable dependa de la rentabilidad de una empresa, la morosidad es algo malo independientemente de la situación económica del moroso. No importa si se está o no de acuerdo con estos juicios de valor, sino reconocer que son juicios de valor y no afirmaciones de naturaleza fáctica.

Ahora bien, los valores no sólo juegan un rol en la producción de hipótesis, sino también en su validación. Rudner sostiene que, dado que ninguna hipótesis puede ser verificada concluyentemente, lo que hacen lxs científicxs es sopesar la evidencia para decidir cuando una hipótesis ha recibido parcial pero suficiente apoyo empírico como para ser aceptada. Ahora bien, esta ponderación de la evidencia está fundada en juicios valorativos de lxs científicxs acerca de cuán grave sería equivocarse. Así, una investigación en materia de salud o política pública (o con consecuencia para ellas) requerirá por parte del investigador un mayor nivel de evidencia que otra cuyas consecuencias negativas no sean tan obvias. En estos días podemos verlo en la discusión sobre las vacunas contra el COVID-19 ya que un error en la ponderación de la evidencia obtenida en las pruebas de dicho fármaco podría desencadenar una tragedia. Lamentablemente, parecen no compartir un juicio igualmente precautorio los autores que consideran que este experimento es suficiente para recomendar el corte de un insumo vital como una forma razonable de resolver el déficit de las empresas.

Finalmente, en este breve recorrido sobre ciencia y valores, vale la siguiente reflexión: incluso si no hubiera la más mínima sospecha de sesgo ideológico sobre esta investigación, sus resultados no tienen por qué convertirse en una política pública. Una cosa es reconocer que las políticas públicas deben estar científicamente informadas, y otra muy distinta creer que las únicas razones por las que aceptamos una política pública son los resultados empíricos de esta o aquella investigación. Quizás sea cierto que el modo más efectivo de obligar a la gente vulnerada a que pague sus facturas adeudadas sea cortarle el agua. Ello no implica que debamos cortarle el agua a la gente vulnerada.

The ice age is coming, the sun's zooming in (la era de hielo se acerca, el sol se aproxima)

La de hoy fue una edición atípica, pero en todo acto comunicativo que tenga por objetivo la construcción de una perspectiva nueva y edificante es importante establecer pisos de acuerdo. Cuando esto no funciona nos enfrascamos en discusiones sin sentido porque, en definitiva, no hablamos de lo mismo. Te agradezco mucho la oportunidad de, en esta búsqueda, poder darle lugar a algo que me gusta tanto como la Filosofía de la Ciencia. 

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Como la semana que viene ya volvemos a la programación habitual, cierro esta misiva con mi meme favorito de todos los tiempos porque siempre lo quiero usar y hoy justo tiene un poquito que ver con nuestra carta.

Te mando un beso enorme,

Agostina

PD: si no cazaste la referencia de los títulos y subtítulos de esta edición acá podés escuchar la canción y acá ver el documental homónimo y entender lo que significó para el siglo XX (spoiler alert: TODO).

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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