Mundo Propio

La Vacuna Rusa

Putin anuncia que llegó primero. Estallan protestas en Bielorrusia. Kamala es la elegida.

¡Buen día!

Me pregunto si lo de esta semana ya califica como un nueva fase, y si hablar y joder con la vacuna significa hacerlo con la ventana abierta, dejando entrar un poco de aire. Elijo creer. 

Hoy tenemos una agenda cargada, como siempre. Así que vamos a lo nuestro.

LA VACUNA RUSA

El martes, Rusia se convirtió en el primer país en registrar una vacuna contra el coronavirus. 

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Esto es lo que tenés que saber:

  • La vacuna fue desarrollada por el instituto Gamaleya, en coordinación con el Ministerio de Defensa y el Fondo Ruso de Inversión Directa. La primera parte de la producción se dará en el instituto y en la compañía Binnofarm.
  • No ha sido probada todavía en ensayos clínicos masivos, la famosa fase 3. Esos ensayos –que involucran a miles de personas– comenzaron esta semana, en simultáneo al anuncio. Este es el principal motivo de las sospechas acerca de la efectividad de la vacuna. La OMS ha manifestado su preocupación.
  • Según el comunicado oficial, la vacuna se probó exitosamente en animales, en primer lugar, y luego en un grupo de 76 personas, mayormente científicos y militares. 
  • Profesionales de la salud y docentes serán los primeros en recibir la vacuna entre fines de agosto y septiembre, según el Ministerio de Salud. Recién en enero de 2021 entraría en circulación civil. La vacunación se dará de forma voluntaria.
  • Las autoridades rusas afirmaron que la vacuna registrada brinda una inmunidad de hasta 2 años. Otros desarrollos se esperan. Una segunda vacuna, desarrollada por el instituto Vektor, ha comenzado las primeras pruebas ayer.
  • Según cuenta el sitio ruso Meduza, el registro obtenido es “bajo condiciones”, similar al que obtuvo China para uso militar, y válido hasta enero del 2021.

¿Qué significa todo esto?

El mensaje al resto del mundo está a la vista. Desde el nombre de la vacuna –Sputnik V, en honor al satélite de la Unión Soviética que dio inicio a la carrera espacial– hasta los guiños en el anuncio, que hicieron hincapié en que se trataba de la primera vacuna registrada y fue acompañado de un gran video promocional. Cuesta imaginar, de todas maneras, que el mensaje hubiese sido diferente si en lugar de Putin estuviera, digamos, Donald Trump. 

Para Martín Rodriguéz Osses, especialista en política rusa, la palabra clave es inmunidad duradera. “El mensaje de Putin es que fueron los primeros en ofrecer algún tipo de paliativo a la enfermedad. Lo vende como un gran parche, no como la solución”, me apuntó Martín. El Presidente ruso habló de una vacuna que “funciona relativamente bien” y que espera por refuerzos. Pero cualquier gestión de expectativas es difícil en un contexto tan dramático como el actual, y la épica desplegada en el anuncio ciertamente no acompaña la mesura.

La apuesta es alta. Si la vacuna logra el éxito que le atribuyen las autoridades y es efectiva, entonces podrá ser capitalizada por el Kremlin en sus dos niveles. Hacia fuera por reforzar la posición de Rusia como potencia global y por sus dividendos económicos: el Kremlin afirma que al menos 20 países ya están interesados en acceder a la vacuna. Hacia adentro porque reforzaría el sentimiento de orgullo ruso que Putin ha sabido movilizar desde su llegada al poder y acercaría a la vida pública al anhelo de normalidad. 

Pero también puede ser contraproducente. Si la vacuna no consigue los resultados esperados en la fase 3 el orgullo puede teñirse de humillación. No solo por no haber cumplido sino por haberse precipitado para anunciarlo, pese a las advertencias de actores como la OMS. Un escenario donde la vacuna no funcione puede aumentar los contagios y profundizar la crisis sanitaria. Pero también puede ser peor: no se puede descartar que la vacuna sea peligrosa para algunos grupos de la población. Son precisamente los ensayos masivos los que sirven para descartar esa posibilidad. 

No es cierto que las sospechas sean infundadas o respondan únicamente al “recelo” histórico de Occidente hacia Rusia. Los ensayos, según información oficial, se han completado con éxito en 76 personas, un grupo tan pequeño como poco representativo, al estar compuesto mayormente por militares y científicos. El Kremlin no ha publicado los resultados de los ensayos – y del desarrollo en general– para ser evaluado por otros actores de la comunidad científica, aunque dice que lo va a hacer. Eso no quiere decir que la vacuna esté condenada a un fracaso, o no pueda probar su efectividad en las semanas venideras. Pero hasta entonces, plantear dudas, críticas o sospechas no puede ser visto como un mero ejercicio de subestimación, una mirada condescendiente cuyo origen se explicaría únicamente por raíces históricas (y como si la historia, además, no enseñara algunas cosas). 

Esto es lo que me parece importante para seguir:

  1. El acceso a la información. Conocer los resultados del ensayo que se está llevando a cabo, así como del plan de vacunación en general, va a ser crucial. Desde ya se conoce poco sobre la situación doméstica y el Kremlin posiblemente quiera controlar la narrativa. ¿Cómo vamos a saber si funciona? ¿Nos vamos a enterar si hay efectos secundarios negativos? 
  2. La legitimidad de la vacuna. Para que el caso sea exitoso debe haber una alta participación de los rusos en el plan de vacunación. Al ser voluntario, la confianza de los ciudadanos y los incentivos para adherirse al plan va a ser un tema a seguir. Lo mismo vale para los países a los que se exporte la vacuna eventualmente. En este último sentido, la vacuna rusa puede ser un caso testigo para otras vacunas que no sean occidentales. 
  3. ¿Cómo se va a producir y distribuir la vacuna? Según consigna Russia Today, Binnofarm, la compañía en la que se va a producir la vacuna junto al instituto Gamaleya, solo puede producir 1,5 millones de dosis anuales (la población rusa supera los 140 millones). Se desconoce si Rusia tiene la capacidad para producir la vacuna a gran escala por su cuenta. El Kremlin informó que se va a producir en países como Cuba y Brasil, pero no es claro cómo va a avanzar en otros lados. La producción y la distribución también son dos tableros en donde Rusia puede enseñar algunas pistas para desarrollos venideros.

SE PICÓ MAL EN BIELORRUSIA

Quedémonos en el vecindario por un rato. Otro escenario que el Kremlin está mirando de cerca es el de Bielorrusia, que registra una ola de protestas históricas tras las elecciones del domingo, donde Alexandr Lukashenko triunfó con el 80% de los votos, un resultado que la oposición desconoce y cataloga como fraude. 

Lukashenko gobierna Bielorrusia desde 1994. Arquitecto de un régimen de mano dura, que ha cultivado no sin deseos cumplidos de estabilidad y cierta prosperidad, el líder vive uno de los momentos más complicados desde que llegó al poder. Desde la convocatoria a elecciones en pleno coronavirus –al que culpó por producir una “psicosis masiva” y sugirió enfrentar con vodka, hockey sobre hielo y labranza de tierras– un movimiento opositor en las sombras comenzó a articularse. Svetlana Tijanóvskaya, una exprofesora de inglés de 38 años, decidió presentarse en reemplazo de su esposo, un conocido bloguero que fue encarcelado; recibió el apoyo de otras figuras de la sociedad civil.

El domingo, el día de la elección, las calles ardían. Cuando el lunes la Comisión anunció la victoria de Lukashenko –la sexta consecutiva– con el 80% de los votos, la protesta escaló y fue reprimida de manera brutal: hubo al menos un muerto, cientos de heridos y más de 6.000 detenidos desde el inicio de las movilizaciones. El servicio de internet fue detenido. 

Tijanóvskaya, que había llamado a desconocer la elección, se tuvo que refugiar en Lituania. El lunes estuvo desaparecida por más de tres horas. Cuando apareció, fue a través de un video: “Pensé que la campaña presidencial me había dado tanta fuerza que podría aguantarlo todo, pero parece que sigo siendo la misma mujer débil”, dijo, y agregó que “la vida vale más que todo lo que está pasando”, que “los hijos están por encima de todo” y que había tomado una decisión. Estaba claro, al menos para el movimiento opositor, que la habían coaccionado. Luego se publicó otro video donde se la veía leyendo un comunicado en el que pedía a los ciudadanos que no salgan a la calle para proteger sus vidas, y que había que acatar los resultados. A las horas dejó el país.

Entre Rusia y Europa

Bielorrusia, que formó parte del Imperio Ruso y de la URSS, comparte junto a Rusia y Ucrania las raíces eslavas orientales. El país siguió siendo muy dependiente de Moscú tras su independencia en los 90, un vínculo que se profundizó con la llegada de Putin. Ambos líderes se reconocían como amigos personales. Amantes del hockey sobre hielo, nos regalaron postales hermosas como esta:

Pero el vínculo comenzó a enfriarse. Los beneficios económicos que gozó Bielorrusia, especialmente desde la firma de un acuerdo de Unión a fines de los 90, fueron detenidos. Rusia subió el precio del gas, comenzó a aplicar tarifas aduaneras y aumentó otros impuestos. El quiebre, me cuenta la traductora y analista de política rusa Noelia Perez Rivaben, se dio cuando Lukashenko se negó a la unificación con Rusia, lo que suponía completar los acuerdos de la Unión. El Kremlin analizaba esa propuesta como una manera de resolver el problema del fin del mandato de Putin, que bajo un nuevo Estado vería el contador reiniciado. Finalmente la solución llegó en calidad de reforma constitucional. Pero nada volvió a ser como antes entre ambos líderes.

Mientras la relación entre ambos países se deterioraba, Europa comenzó a jugar sus fichas. Bruselas levantó las sanciones al régimen en 2015, tras la liberación de algunos presos políticos en Bielorrusia. En 2016 duplicó su ayuda económica. Tras el último episodio de distanciamiento entre Lukashenko y Putin, Bielorrusia se acercó aún más a Occidente; a principios de este año recibió al Secretario de Estado Mike Pompeo. Los titulares que hablaban de Bielorrusia como una nueva Ucrania –que rompió las relaciones con Moscú tras la anexión de Crimea y  el acercamiento a Europa– ganaron espacio. 

Esos titulares han vuelto con fuerza esta semana, al interpretar las protestas como un punto de inflexión. Para Noelia, las comparaciones entre Ucrania y Bielorrusia son forzadas. Ucrania siempre ha tenido una parte del país –la occidental– que se reivindica como europea, y los movimientos nacionalistas también han estado muy presentes en su historia. No es el caso de Bielorrusia, cuya ligazón cultural con Rusia es fuerte e indiscutida. En el plano económico, además, si para Ucrania el acercamiento a Europa prometía un futuro de bienestar económico que el país carecía, la situación en Bielorrusia es diferente: goza de altísimos niveles de empleo y la calidad de vida es superior a la de sus vecinos. “La gente vive bien”, me apunta Noelia. 

Lukashenko ha culpado a “poderes extranjeros” de estar detrás de las protestas. Acusa a Reino Unido, Polonia y también a Rusia, al que ya había señalado por enviar mercenarios para desestabilizar el país hace unas semanas. Pero no está claro que las cosas vayan a cambiar. Ante las escenas de brutalidad policial, la Unión Europea anuncia que se va a alejar otra vez de Lukashenko y amenaza con reinstalar las sanciones. Ante este escenario, Rusia puede verse obligado a preservar el status quo e impedir que Lukashenko caiga. “Lo último que quiere Putin es tener una revuelta en el vecindario. Cualquier amenaza a la estabilidad es un problema mayúsculo para el Kremlin”, me explicó Rodriguez Osses.

Pero en Bielorrusia, tras 26 años de gobierno de Lukashenko, un movimiento opositor sin precedentes se ha despertado. Es una incógnita cómo va a neutralizarse. “Si esto sigue así va a correr sangre”, me dijo Noelia. 

TRES CLAVES SOBRE LA CANDIDATURA DE KAMALA

El martes Joe Biden terminó con el misterio: Kamala Harris será su compañera de fórmula. Es la tercera mujer en ser candidata a vicepresidenta en la historia del país, y la primera afroestadounidense. Kamala, de 55 años, es senadora por el estado de California, donde se desempeñó como fiscal general durante seis años. Tiene raíces indias, por su madre, y jamaiquinas, por su padre. Es bastante simpática: este video contando cómo conoció a sus suegros me dio risa.

Van 3 claves sobre el anuncio.

Una apuesta segura

La decisión no es una sorpresa: Harris, una de las figuras emergentes del partido en los últimos años, encabezaba los pronósticos de la fórmula desde que abandonó las primarias. Biden ya había avisado que iba a ser una mujer y el estallido social tras el asesinato de Floyd aumentó la presión para nominar a una candidata afroestadounidense.

Su fuerte no radica en atraer votos de estados pendulares, a diferencia de otras posibles candidatas como Val Demings (Florida) o Gretchen Whitmer (Michigan). El origen de Harris, California, un estado firmemente demócrata, importa más por los donantes que por los votos: Harris tiene buenos lazos con Silicon Valley. Además, la banca que dejará vacante en el Senado no supone un riesgo electoral, como podría ocurrir con senadoras de estados competitivos. 

El hecho de haber participado en el escenario nacional con su propia candidatura presidencial significa que buena parte del trabajo de “veto” –descartar potenciales escándalos que puedan aparecer– ya está hecho. Su perfil e historia personal limita potenciales ataques de Trump. Según cuenta Jonathan Swan, Harris era la opción que menos se ajustaba a lo que esperaba la campaña de Trump, que prefería una candidata de la “izquierda radical” o con más controversias en su haber. Este es un dato positivo.

En una elección donde Biden es el favorito, y lo es en gran medida por los errores de Trump, cuanto menos sorpresas, mejor. 

Movilizar sin alienar

Harris es una oradora potente, con facilidad para apelar al voto de minorías. La cuestión racial, sobre todo en relación a la justicia penal, fue el centro de su discurso como precandidata demócrata. Biden, de hecho, fue el aspirante más atacado por Harris. La fórmula demócrata ahora tiene más legitimidad para abordar un tema que se hizo central a la luz del estallido social.

El perfil de la senadora, sin embargo, es moderado, aunque más progresista que el de Biden (acá un resumen sobre su visión tema por tema). Es un discurso que hace poco hincapié en las cuestiones estructurales de las demandas y está lejos de propuestas más radicales como la de desfinanciar la polícia. A primera vista parece un activo para una fórmula que no puede darse el lujo de alienar votantes y ser un blanco de los ataques de Trump. Si bien puede ser considerado como poco ambicioso para una parte de los manifestantes, especialmente los más jóvenes, lo cierto es que la elección de la vicepresidenta no era –ni es– un tema que mueva el amperímetro. 

La vice importa

La decisión no parece significar mucho en la contienda electoral, pero es importante ante una posible victoria. Lo es por el contexto: el próximo gobierno asumirá en un contexto global y nacional convulsionado como pocas veces en la historia y es plausible que el cargo de vicepresidente/a adquiera un mayor protagonismo. No va a alcanzar solo con el Presidente. Pero lo es también, y especialmente, por una cuestión ineludible: Biden asumiría a los 78 años, lo que deposita especial atención en su número 2. Además ya sugirió que su presidencia sería de un solo término, convirtiendo a Harris en una de las favoritas para liderar el partido en 4 años.

Kamala tiene experiencia en política nacional– como fiscal general y senadora–, aunque no en política exterior. Tiene personalidad y proyecta vigor, dos cualidades necesarias para el próximo tándem presidencial. A simple vista la apuesta parece segura ante un escenario de gestión.

PICADITO

  1. Unos días después de las explosiones, renuncia el Primer Ministro del Líbano; la bronca en las calles es contra el sistema.
  2. Bolivia: Evo pide aceptar la convocatoria electoral de octubre y terminar con el bloqueo.
  3. Aumenta la tensión entre Turquía y Grecia, que pide a la UE una reunión de emergencia.
  4. India: Modi empieza a construir un templo hindú en Cachemira y agudiza la disputa religiosa.
  5. Chile se suma al boicot de Claver-Carone y pide postergar la elección del BID.

QUÉ ESTOY LEYENDO

Esta semana leí dos notas muy buenas sobre el apoyo al bolsonarismo. Esta radiografía de Brian Winter (en inglés, pero con traductor va joya) explica el fenómeno para observadores extranjeros. Esta entrevista al politólogo André Singer se detiene en un movimiento reciente: el creciente apoyo que Bolsonaro está registrando en sectores populares, alterando su base inicial.

QUÉ ESTOY SIGUIENDO

Uno de los frentes más sensibles en la relación entre China y Estados Unidos produjo novedades esta semana, cuando Alex Azar, secretario de Salud estadounidense, visitó Taiwán. Es el primer funcionario de alto perfil que visita la isla –a la que China considera como parte de su territorio– desde que EEUU rompió las relaciones diplomáticas en 1979. 

Si bien Trump ya había mandado guiños a Taiwán en los últimos años, a través del aumento de contactos burocráticos y elogios a la presidenta, algunos analistas sugieren que esta visita marca un cambio estratégico en la relación entre la isla y Estados Unidos. Además del motivo oficial –la respuesta ante la pandemia–, ambas partes discutieron sobre un posible acuerdo comercial. China calificó la visita como una “amenaza a la paz” y avisó: ”Los que juegan con fuego se terminan quemando”.

LO IMPORTANTE

La discusión que disparó la vacuna rusa esta semana lo confirma: nada va a poder igualar la épica de guerra fría. El meme que se hizo viral días atrás del anuncio un poco ya lo decía: 

Después vino Putin, presentó a la vacuna como Sputnik V y nos puso a discutir sobre el desarrollo científico de la URSS. En fin. Sobre el tema me gustó este:

Eso es todo por hoy. 

Nos leemos el jueves.

Un abrazo,

Juan

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Creo mucho en el periodismo y su belleza. Escribo sobre política internacional y otras cosas que me interesan, que suelen ser muchas. También estoy en Futurock y Radio Con Vos. Estudio Ciencia Política en la UBA. Soy fan de la pelea Mauro vs Samid.
@juan_elman
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