Que la ciencia te acompañe

Paren el mundo, me quiero eyectar

Si sos de mi generación, recordarás que la plenitud se nos prometió en forma de verano eterno. En cambio, nos tocó un domingo sin fin.

Holis, ¿cómo andás? Si sos de mi generación, recordarás que la plenitud se nos prometió en forma de verano eterno. En cambio, nos tocó un domingo sin fin. Y a la vez, entre ropajes percudidos, calles silenciosas y vueltas al perro, el mundo es una vorágine.

Ya no hay “tema de la semana”, hay un solo tema, una sola cuestión que lo envuelve todo. Una pandemia que no es hecho, ni acontecimiento, sino criterio. Un elefante en la habitación en una habitación que tiene trompa y que se sube a la tela de la araña. Así que hoy, por fin, voy a abandonar la intención de hablarte de otra cosa, eso que te prometí que iba a intentar en varias entregas y que nunca termina de suceder. ¿Cómo lo haré? Efectivamente, hablando de otras cosas, pero sabiendo que todo se refiere a lo mismo.

Primero lo primero

Porque sí, vamos a hablar de otras cosas pero no vamos a dejar de hablar de coronavirus. Acá algunas novedades y apreciaciones.

  1. Tal vez necesites traductor, pero cada vez que quieras saber qué onda con las vacunas que se están probando, podés entrar a este monitor del New York Times. Primero te vas a encontrar con un gráfico que dice cuántas vacunas hay por etapa de prueba, una introducción y algunos links a las últimas noticias. Después, hay un texto que explica cómo es el proceso de testeo y qué implica cada fase. Por último, podés filtrar la lista de desarrollos y ver cuáles son las vacunas en cada etapa. De yapa, podés buscar datos de testeo, muertes y cantidad de casos en varios países y en cada Estado de EEUU.
    A modo de advertencia, vas a ver que hay una vacuna que figura como aprobada. Y ”¿Dónde mierda está?”, diría mi compañero Juan. Se trata de un desarrollo de CanSino Biologics, una compañía china que, luego de publicar los resultados de los ensayos de fase II (usualmente son 3), obtuvo la visto bueno del Ejército chino, que la aprobó por un año calificandola como “droga de necesidad y urgencia” (traducción libre). Al día de hoy, CanSino no dijo si la vacunación iba a ser obligatoria o no para la milicia. O sea, es una aprobación para un uso específico, pues no cumple con los estándares para la inoculación masiva.

Por otro lado, la OMS ya anunció que no esperan que haya vacunación hasta el 2021 (que no es lo mismo que que no haya vacuna). No sé si esto te causa más ansiedad o menos, pero, aunque sea, Mike Ryan, jefe del programa de emergencias de la institución, dijo que están trabajando para expandir el acceso y ayudar a elevar la capacidad de producción porque “éste es un bien global. Las vacunas para esta pandemia no están dirigidas a los más ricos, ni a los pobres, son para todos”.

  1. En la edición anterior te conté que un grupo de instituciones aglutinadas en el Proyecto PAIS lograron identificar los genes de 57 variantes de coronavirus que circulan en nuestro territorio. En esta nota de Perfil, Enrique Garabetyan entrevistó al bioinformático Darío Fernández Do Porto y cuenta un poco más sobre la información que aporta conocer los linajes genéticos del virus. Por ejemplo, afirmó: “Encontramos que, actualmente, parecen estar predominando en nuestro país la circulación de las cepas más ‘virulentas’, en el sentido de ser las más ‘infectivas’. Son aquellas que tienen mayor capacidad para unirse a receptores externos de las células de diferentes tejidos celulares y así contagiar más rápidamente”. Además agregó que “hasta ahora pudimos ver que el coronavirus es relativamente estable: mutaría de dos a cuatro veces más lentamente que la gripe, cuya genética cambia cada año. O sea es una buena noticia porque sugiere que las futuras vacunas contra el coronavirus serían capaces de generar inmunidad por bastante tiempo y –en lugar de aplicarse anualmente– sus efectos podrían durar de 4 a 5 años”.
  2. Bajo el título de “Una historia de 38 cerebros, 87 pulmones y 42 corazones”, esta nota del Washington Post cuenta qué cosas sabemos sobre la COVID-19 a partir de las autopsias. Por ejemplo, narra el caso de Amy Rapkiewicz, una patóloga de New York que notó que en los pacientes fallecidos por coronavirus había varios órganos que presentaban una gran cantidad de células que rara vez se encuentran en esos lugares. Al rastrear dónde fue que lo había visto, encontró un reporte de 1960 en el que se describía algo similar en un paciente con dengue (Welcome to Argentina, Amy!). ¿El paralelismo? El dengue destruye estas células, que son las encargadas de producir plaquetas, por lo que las hemorragias no pueden detenerse. En el caso del coronavirus, parece que las estimula, lo que genera coágulos. 
  1. Al cuadro comparativo entre tests argentinos que te armé para este news habría que agregarle uno nuevo. El CoronARdx ya fue aprobado por la ANMAT y se estima que podría asegurar 40.000 testeos semanales. Este es el primer test que incorpora la tecnología de PCR, que es la más sensible disponible. Lo que hace es identificar la presencia de material genético del virus para determinar si hay infección o no. Esto hace que, a pesar de que requiere personal entrenado y tarda algunas horas en arrojar un resultado, sea la técnica más recomendada por su fiabilidad. Hasta ahora, este tipo de test se importaba, por lo que se espera que el CoronARdx sea la clave para el autoabastecimiento de estos insumos.
    Sin dudas, los tests, su necesidad, eficacia, relevancia, distribución y utilidad han generado muchísimas controversias desde que se desató la pandemia. En este hilo, Ernesto Resnik, biotecnólogo e investigador experto en anticuerpos, hace algo interesante: enumerar los errores cometidos en la gestión sanitaria del brote de coronavirus. Entre ellos, resalta no haber incrementado la capacidad de testeo. Lo que me gustó particularmente de esto es algo de lo que hemos hablado mucho y es que usualmente se apela a las ciencias como operadores de la certeza mientras que hoy podemos observar en vivo y en directo cómo opera el conocimiento en un escenario de incertidumbre. O sea, qué sabés cuando no sabés todo lo que necesitás saber y qué hacés con eso.
  2. Si hablamos de saber lo que no se sabe, un gran interrogante (que te mencioné en esta edición) es aquel que refiere al rol de los niños en la transmisión del virus. Sabemos que en general no presentan síntomas ni cuadros graves (sobre eso mencionamos una hipótesis acá), por lo que es válido preguntarse si contagian lo mismo. Según un estudio hecho en Corea del Sur, si tienen menos de 10 años, mucho menos, si tienen entre 10 y 19, igual que los adultos. 

Para saberlo, los investigadores analizaron 59.073 contactos de 5.706 pacientes entre enero y marzo de 2020 y observaron que, de los 10592 contactos convivientes, 11.8% tenían coronavirus, mientras que de los 48481 no convivientes, solo el 1.9% contrajo la enfermedad. La tasa más alta de contagios entre convivientes (18.6%) se dio entre quienes compartían vivienda con chicos en edad escolar de más de 9 años y la más baja (5.3%) entre convivientes con niños de entre 0 y 9 años. Como el estudio se dio durante la cuarentena, se toma como representativo de la dinámica de transmisión con escuelas cerradas. Algunos límites de la investigación: subestimación de casos asintomáticos, exposición por fuera del hogar, diferencias en las políticas de testeo para convivientes y no convivientes. Dado esto último, hubiera sido más preciso comparar testeos positivos sobre casos sintomáticos de ambos grupos, pero dado el tamaño y la representatividad de la muestra los resultados pueden ser considerados relevantes.

  1. Por otro lado, así como no sabemos bien cuál es el papel de los niños en la trasmisión, pero sí que no presentan síntomas, sobre los adultos mayores sabemos que son quienes  presentan más riesgo de muerte, pero no qué hacer en los escenarios de flexibilización de restricciones. Este trabajo del MIT, por ejemplo, propone cuarentenas por edad, en las que a los mayores de 65 les tocaría estar aislados por 18 meses, el tiempo estimado hasta que haya una vacuna disponible. El tema es que los adultos mayores son sujetos de derecho y es complicado permitir o no la circulación solamente basados en la edad.
    Viejos o no, todos nos basamos en nuestro criterio para evaluar los riesgos y, además de las cosas que no sabemos, hay algunas dificultades y sesgos en las formas que tenemos para formar ese criterio. Por ejemplo, en este paper se analizó la relación entre una capacidad cognitiva, la memoria de trabajo, y la adecuación o no a las normas de distanciamiento social. Se vio que cuanto mayor era la capacidad de memoria de trabajo, que combina el almacenamiento de información con su procesamiento, mayor era el cumplimiento de las reglas. El estudio dice que no se observaron diferencias entre personas con distinto nivel educativo, poder adquisitivo o personalidad, por lo que uno se ve tentado a pensar que, si cuando tu capacidad de retener información y relacionarla entre sí es mayor acatás más el distanciamiento, si sos inteligente lo hacés y si sos tonto no. 
    Más allá de este trabajo puntual, está bueno hacer algunas consideraciones para leer investigaciones similares: primero, para almacenar información hay que tener acceso a ella y para procesarla hay que comprenderla y ¡oh sorpresa! esas dos cuestiones si difieren entre personas según los factores mencionados y no justamente por un tema de capacidad cognitiva. Por otro lado, un único proceso mental no puede determinar si una persona es o no inteligente. Para medir memoria de trabajo se hacen algunos tests puntuales de respuestas inmediatas y se evalúa cuán bien las hayas hecho (uno clásico para niños es el memotest, que relaciona figura y ubicación). Esto puede tener correlación con las decisiones que tomamos, pero no ser su única causa. 
    Yo en lo personal tiendo a creer que somos todos idiotas, y algo de eso menciona este artículo que habla de los sesgos a la hora de ponderar riesgos. Algunos: pensar que el propio riesgo es menor que el de los otros, falsa sensación de control, falta de un acervo o historia cultural sobre coronavirus, buscar evidencia que confirme lo que ya se piensa, acostumbramiento. 

Más allá del horizonte

El viejo truco, lo más fácil para hablar de otra cosa hoy es decir “not all enfermedades” y referirnos a que, mientras la agenda está acaparada por el coronavirus, las epidemias pasadas no se detienen. En nuestras cartas hemos hecho lo propio con la pandemia lado b que representa el dengue, pero en un tiempo en el que verdaderamente lo que nos estamos preguntando, cuestionando y reformulando es el propio concepto de salud, ¿hablar de otras patologías es realmente hablar de otra cosa?

  1. El año pasado, la agenda de salud estuvo marcada por dos grandes reclamos de las asociaciones de lucha contra el VIH, la necesidad de una nueva ley y los faltantes de medicamentos. Y si vamos a hablar de interconexión, se hace evidente recordar que Pedro y Leandro Cahn, dos asesores clave para la gestión de la pandemia, son también quienes lideran la Fundación Huésped, organización pionera en iniciativas de salud pública respecto a VIH/SIDA.
    En un contexto en el que la convivencia con la enfermedad ha cambiado drásticamente y, gracias a cócteles de ingesta diaria se ha vuelto ya no una sentencia de muerte sino una patología crónica, un desarrollo podría patear el tablero. Se trata de una inyección que podría prevenir su transmisión con una dosis cada dos meses.
    Actualmente, el tratamiento indicado a tal fin son píldoras llamadas Truvada y Discovery, producidas por la farmacéutica Gilead (la misma del Remdesivir, la droga que compró Trump y que discutimos acá). Estas pastillas, conocidas como tratamientos de Profilaxis Pre Exposición, se indican en personas que están o se cree que van a estar expuestas al virus. Si se toman todos los días, reducen en un 99% las chances de contraer VIH. Estas drogas, sin embargo, son de difícil implementación en los países de mayores tasas de transmisión, entre otras cosas porque cuestan entre U$S 1600 y U$S 2000 por mes.
    Cabotegravir, la inyección desarrollada en un proyecto colaborativo llamado Red de ensayos preventivos de VIH, fue probada en un grupo de 4600 varones cis y mujeres trans de 7 países que mantienen relaciones sexuales con hombres. La mitad de los participantes fueron inyectados con cabotegravir y la otra mitad tomó Truvada, pero, para prevenir sesgos, a aquellos que les dieron cabotegravir también les dieron pastillas placebo y los del grupo Truvada fueron inyectados también con un placebo. Al final del ensayo, 13 participantes del grupo del cabotegravir contrajeron VIH mientras que lo mismo sucedió con 39 del grupo Truvada.
    Además, un análisis de sangre de 372 participantes que tomaban las pastillas mostraron que solo el 75% lo hacía a diario, condición necesaria para que funcione. Por otro lado, la inyección también se está probando en mujeres cis habitantes del área de África Sub-sahariana. Aún no se han incluido varones trans en los ensayos.
    Si el Cabotegravir logra aprobarse en este año o el siguiente, podría salir al mercado junto a una versión genérica de Truvada que se espera para la misma época. Los especialistas esperan que la competencia funcione como un incentivo para bajar los precios de los fármacos y mejorar su distribución en las zonas endémicas y poblaciones de mayor riesgo.
  2. Por otro lado, cuando circunscribimos los tratamientos que necesitamos a la posibilidad de descubrimientos mediados por desarrollos farmacológicos nos estamos olvidando de los tratamientos que ya tenemos y que no mejoramos ni exploramos. 
    Desde que las personas somos personas, las sustancias psicodélicas han sido utilizadas para los más diversos fines. En esta edición, por ejemplo, hablamos de una encuesta que relaciona las experiencias con psicodélicos con la capacidad para lidiar con el aislamiento de una forma menos angustiante. Sin embargo, los tabúes y prejuicios son un gran impedimento para investigar estas sustancias en profundidad y saber exactamente cuánto, cómo y para qué funcionan.

En este momento, las investigaciones están resurgiendo, dado que si bien hubo un boom en las décadas de los 50 y los 60, los 70 y las políticas prohibicionistas lideradas por Nixon pusieron un freno que perduró a través de los años. Esta nota de Caras y Caretas narra un poco esa historia y presenta una nueva ola de trabajos locales sobre el tema que incluyen, por ejemplo, un ensayo clínico con psilocibina (el componente psicodélico de los hongos alucinógenos) destinado a pacientes oncológicos con ansiedad ante el fin de la vida. En el artículo, Enzo Tagliazucchi, físico e investigador del CONICET, señala que “es necesario generar nuevas evidencias debido a las inconsistencias de los estudios ya existentes. Por ejemplo, uno de los factores que no se tuvo en cuenta en los estudios realizados durante el siglo pasado fue el control del efecto placebo, es decir, que una persona recibía una sustancia sabiendo qué era y también que lo iba a hacer para intentar resolver un problema. Ahí aparecía la posibilidad de que ocurriera una sugestión y que ante una posible mejora del paciente no se pudiera distinguir si era producto de los efectos del fármaco o de la misma sugestión. Por eso, hoy se hacen estudios que intentan controlar el entorno experimental en el que los pacientes reciben las sustancias, la calidad y las dosis”.

  1. Los procesos de transformación social implican procesos de transformación conceptual. Así como para saber qué potencial tienen los psicodélicos en el tratamiento de enfermedades como la depresión debemos dejar de pensar dentro de un esquema que equipare psicodélicos con peligrosidad. Para repensar la salud no como algo que se posee individualmente sino como algo que se ejerce colectivamente también hay que dar ciertas discusiones. Van tres recomendaciones en ese sentido:
  • Esta entrevista de Nadia Luna a María Soledad Santini, Directora del Centro Nacional de Endemoepidemias del Instituto Malbrán donde, entre otras cosas dice: “En lo que respecta a Chagas, por ejemplo, se invirtió bastante en ciencia pero hay algo que está fallando porque no logramos controlar la transmisión. Para mí, el ejemplo excelente que tuvo la Argentina en el combate de una problemática sanitaria compleja fue cómo se abordó el problema del tabaquismo. Fue atacado desde muchos lados, desde la educación y desde lo legal, porque había que enfrentarse a las tabacaleras. Fue una decisión de Estado y tuvo una planificación estratégica que creo que es lo que falta en el caso del Chagas. En el caso del coronavirus, enseguida se puso el foco en reforzar la infraestructura del sistema sanitario y los insumos para hospitales, pero no es solamente eso. Implica un montón de otras decisiones políticas. Es importante que se entienda que toda política pública repercute directa o indirectamente sobre el sistema sanitario y sobre la salud del pueblo. La ciencia, la política y la salud van de la mano y las acciones en estos ámbitos son las que van a favorecer o evitar la producción social de enfermedades. Un ejemplo claro es lo que pasó en las villas con el coronavirus, por la carencia de una infraestructura adecuada. Se suele hablar de barrios vulnerables pero yo digo que son barrios vulnerados porque son el resultado de decisiones políticas que repercuten en la salud”.
  • Este reportaje a Héctor Ruiz Martín, biólogo e investigador sobre temas de aprendizaje y docencia, en la que cuando le preguntan por el impacto de la suspensión de clases por la pandemia responde: “Para responder a esta pregunta podemos fijarnos en el fenómeno de pérdida estival: los periodos largos sin escuela hacen que los alumnos experimenten cierta regresión respecto a lo aprendido. Esta pérdida afecta a todos los alumnos y, según los estudios disponibles, lo hace especialmente en tres aspectos: en cuestiones de cultura general y, sobre todo, en matemáticas y en competencia lectora. Ahora bien, lo más preocupante es que diversos estudios reflejan que la pérdida en el ámbito de la lectura es la que afecta de manera más desigual a los alumnos, en función de su nivel socioeconómico. Los que pertenecen a familias con menos recursos son los más perjudicados. Volver nuestra atención hacia aspectos tan esenciales como la lectura, incluyendo la motivación para leer, el disfrute de la lectura y, cómo no, la mejora de la comprensión lectora, podría ser una de las claves a tener en cuenta”.
  • Este adelanto del próximo libro de Judith Butler, filósofa feminista estadounidense, que trata sobre las resistencias a las distintas formas de violencia del mundo actual. “Estamos en contra de la pérdida de determinadas vidas por medio de la violencia porque es una injusticia, pero tan importante es oponerse a la pérdida de vidas violentamente destruidas por no considerarse dignas de ser lloradas. Afirmamos que esas vidas eran valiosas, que deberían haber tenido la oportunidad de vivir y que la pérdida de esas vidas es una pérdida que lloramos abiertamente. El dolor da carta de naturaleza a la pérdida, es un reconocimiento del valor de la vida que se ha perdido, pero reconoce también que esa vida era en efecto una vida, que estaba viva; que su pérdida es una pérdida, la pérdida de una vida futura, de la futuridad que define una vida vivible”, escribe.

Bonus track: y si todo falla...

El futuro vivible del que habla Butler implica un mundo vivible y si algo quedó claro con esta pandemia es que las fronteras son un límite difuso para un planeta que sigue girando todo junto y a la vez. Lo bueno es que, aunque todavía no sepamos cómo hacer para traducir esa globalidad en un sistema solidario e igualitario, cada vez podemos observar mejor el orbe que nos contiene. 

Algo de esta mirada será aportado por el SAOCOM 1B, un satélite nacional que será lanzado a fines de agosto bajo un estricto protocolo sanitario (se iba a lanzar en estos días pero las Fuerzas Armadas de EEUU lo pospusieron).

En esta nota Cecilia Farré da algunos detalles. “Los satélites 1A y 1B se destacan por la antena radar de apertura de 35 metros cuadrados y siete paneles, que fue diseñada especialmente por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) para medir la humedad del suelo. El instrumento no depende de la luz ni de las condiciones del tiempo para poder captar información de la superficie de la Tierra.  La misión Saocom puede ofrecer datos al sector agrícola sobre el mejor momento para la siembra, la fertilización y el riego en cultivos como soja, maíz, trigo y girasol. También permite identificar zonas en riesgo de inundación y dar alertas tempranas; detectar suelos muy secos en peligro de incendio; elaborar mapas de desplazamiento del terreno y de glaciares; y prevenir, hacer seguimiento, mitigar y evaluar catástrofes. La información que reciben es enviada a la estación terrena de Córdoba”.

Mirar desde arriba a un mundo lleno de peligros puede mejorar nuestra capacidad de analizarlo, de habitarlo. Así que ya que estamos hablando de todo un poco vuelvo a pedirte que explicitemos nuestra insoportablemente humana necesidad de compañía y que me envíes fotos de tus mascotas, ya que las últimas semanas no lo dije y recibí unas pocas. Esperemos que nuestra amistad crezca lo necesario como para que no haga falta que te lo recuerde en cada mail.

Te mando un beso enorme,

Agostina

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P.D2: La portada de este news es un collage inspirado en la última edición que hizo Agostina Dominella, una talentosísima lectora que tuvo la amabilidad de dejarme usarlo. Otra versión de acompañarnos y habitar estos tiempos turbulentos. Gracias. Se podría decir que Que La Ciencia Te Acompañe ya tiene fanart.

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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