Que la ciencia te acompañe

Retroceder siempre, rendirse jamás

¿Nueva fase? ¿Fase anterior? Yo sigo en la misma desde el 20 de marzo: fase ciencia ficción.

Holis, ¿cómo va? ¿Nueva fase? ¿Fase anterior? Yo sigo en la misma desde el 20 de marzo: fase ciencia ficción. Y es que me gustaría hablar de otra cosa (ya sabés que lo intenté), pero posta, las fronteras de la realidad están desdibujadas y el coronavirus surfea entre esta dimensión y la desconocida mientras nuestras cotidianidades nos develan que la ciencia se parece más a nosotros mismos de lo que creíamos: duda, se equivoca, se contradice, pero algo tiene que hacer.

En mis tiempos no necesitábamos salir de casa para divertirnos

Desde nuestra primera carta, este newsletter tiene una posición firme: la política sanitaria no es (ni debe ser) un desprendimiento directo de los resultados de la evidencia científica. Además de lo que sabemos sobre el virus y su comportamiento, a la hora de decidir qué hacer se tienen en cuenta otro montón de factores, por eso Que la ciencia te acompañe propone el conocimiento como una herramienta de análisis y no como un decisor definitivo. 

Los recientes anuncios de un aumento de las restricciones en el AMBA se presentan como un barajar y dar de nuevo necesario ante el aumento de casos y fallecimientos. No queda claro, todavía, si las mismas medidas se van a aplicar en otras provincias con aumentos de casos, como Chaco, Neuquén y Río Negro y en caso afirmativo, cómo (dadas las diferencias territoriales, es especialmente preocupante, por ejemplo, cómo se va  a garantizar el acceso a la salud de las comunidades indígenas respetando sus territorios, creencias y tradiciones).

En la humilde opinión de esta servidora, en el discurso público hay mucho puesto en el barajar, o sea, en pensar cómo se llegó a esto (si fue por políticas equivocadas, por lo imprevisible e incierto de la pandemia o por una combinación de las dos) y poco en el dar de nuevo. Es decir, qué se va a hacer diferente para obtener resultados diferentes. Esta carta de trabajadores del ámbito científico pone el foco justamente en eso y propone los siguientes puntos para esta nueva etapa y la posterior:

  • Personal que entreviste a cada persona contagiada y localice a quienes estuvieron expuestos.
  • Infraestructura para garantizar el aislamiento de estos contactos. Si se hace aislamiento domiciliario, deben aislarse todos los miembros del hogar, y será necesario realizar un acompañamiento, por ejemplo, para asegurar que no necesiten salir ni a buscar provisiones. También será necesario contar con espacios de aislamiento especiales, con las condiciones adecuadas.
  • Campañas de promoción que permitan que los distintos grupos de población entiendan la importancia de seguir las normas de cooperación y restringir los movimientos todo lo que sea posible, así como mantener las pautas de distanciamiento e higiene en aquellas situaciones sociales inevitables.
  • Redefinir lo que se considera esencial: por ejemplo, panelistas de televisión pueden participar desde sus domicilios.

Aunque el conocimiento científico no baste para tomar decisiones a conocer vinimos, ¿no? Vamos con las novedades.

Sobre el virus

¿Qué hay de nuevo, viejo? 

Un estudio publicado en Science analizó los anticuerpos (AC) de 10 pacientes chinos recuperados de coronavirus para ver en detalle cómo hacían estos anticuerpos para impedir una nueva infección. Hasta ahora, los enfoques más difundidos son aquellos que apuntan a  impedir que la parte externa del virus (la corona propiamente dicha, o proteína S) se una con la célula. Para eso, se analizan los AC y se ve cómo interactúan con el virus para definir exactamente cómo hacen para neutralizarlo.

En investigaciones anteriores, se observó que los anticuerpos imposibilitaban la unión de un receptor de la proteína S llamado RBD con un receptor de la célula llamado ACE2. Sin embargo, en este trabajo, la mayoría de los anticuerpos que aislaron y que neutralizaban el virus no reconocían el RBD ni impedían la unión de la proteína S con el ACE2, sino que interactuaban con distintos receptores de la corona a través de otra estructura (NTD).

Si bien la muestra es muy pequeña para concluir que este es un mecanismo difundido y además las pruebas se hicieron in vitro (con células y virus) y no en personas, el trabajo plantea una nueva hipótesis: que los anticuerpos más que neutralizar un mecanismo específico lo que hacen es unirse a la corona para impedir que haga los cambios necesarios para entrar en la célula y reproducirse.

Por otro lado, un paper de Nature también dedicado a los anticuerpos, analizó 37 casos de pacientes asintomáticos del Distrito de Wanzhou en China. Al observar sus resultados radiológicos, de laboratorio, de presencia de virus en hisopados y presencia de anticuerpos y citoquinas (proteínas que regulan la respuesta inmune) vieron que la presencia de virus en sus muestras era más persistente que en pacientes sintómaticos (19 días vs 14) y que la presencia de anticuerpos comenzaba a decaer entre 2 y 3 meses después de la infección.

De nuevo, la muestra es pequeña y además que no haya anticuerpos no quiere decir que no haya inmunidad, pues otras células intervienen en el proceso y no se tuvieron en cuenta en este estudio. Así que la conclusión es un poco la de siempre: la investigación sirvió para saber que tenemos que hacer más investigaciones, en este caso para saber cuánto dura la respuesta inmune mediada por anticuerpos (pues podría ser finita) y si hay diferencias entre pacientes sintomáticos y asintomáticos.

¿Qué hay de viejo, viejo?

Si bien cuando analizamos las novedades sobre lo que sabemos vemos que en realidad solo sabemos que no sabemos nada, sobre algunos aspectos sabemos aún menos. En su newsletter del martes pasado, mi compañero Tomás compartió esta nota con cuatro aspectos claves de la pandemia que aún desconocemos: cuál es la distancia de seguridad, qué rol juegan los asintomáticos, qué parte les toca a los niños y si las heces y el semen transmiten el virus.

Respecto a la distancia, si bien las gotas más pesadas son las que tienen mayor carga viral y estas no pueden trasladarse más de 1 o 2 metros, hay reportes de personas que se contagiaron estando más lejos (e hipótesis muy perturbadoras como esta que señala que al apretar el botón del inodoro en un baño público podrían salpicarse microgotas que lleguen hasta el otro box).

Con los asintomáticos, la OMS en un principio sostuvo que los contagios parecieran ser muy raros, pero luego matizaron la declaración diciendo que es posible y que se necesita más investigación. Que contagian, contagian, el tema es saber si todos, si algunos, cuánto y en qué condiciones.

En relación a la materia fecal y el semen, se ha observado presencia del virus en ambos fluidos, pero no hay pruebas de que sean una vía de transmisión. En cuanto a los niños, está claro que pueden contagiarse y presentar carga viral, pero en la enorme mayoría de los casos no presentan síntomas o son muy leves. Esto hace que, ante la emergencia sanitaria, hayan sido poco estudiados, por lo que no sabemos qué onda con transmitirlo. Tal vez cuando empiecen a volver las clases quede más claro.

Sobre los tratamientos

¿Qué hay de nuevo viejo?

Cada vez hay más evidencia sobre la seguridad del tratamiento con plasma de pacientes recuperados. Esto también tiene que ver con los anticuerpos, básicamente la idea es que quienes se recuperaron cuentan con mecanismos inmunes y que al preparar sueros con muestras obtenidas de ellos y transfundirse, los anticuerpos presentes puedan replicarse.

La semana pasada hablamos de un desarrollo que, con un mecanismo similar pero a partir de caballos, podría funcionar para tratar enfermos e inmunizar gente que no haya estado expuesta al virus pero que aún debe probarse en personas.

En paralelo, varios hospitales comenzaron a probar el plasma de recuperados en personas internadas con coronavirus en varios países. Este estudio de la Mayo Clinic observó a 20.000 pacientes y, si bien se vio una baja en la tasa de mortalidad en pacientes de alto riesgo a los 7 días del tratamiento (8,6% vs 12% de un ensayo anterior con una muestra más pequeña), el mismo paper dice que no basta para probar su efectividad (pues el estudio no fue diseñado para eso), aunque se muestra optimista dados los buenos resultado que este tipo de tratamientos tuvo con otras enfermedades similares.

El foco de este estudio está puesto en la seguridad del tratamiento, dado que los efectos adversos que surgieron (trombosis, embolias e infartos) no pueden atribuirse a las transfusiones. Me copó esto porque estamos acostumbrados a titulares muy centrados en las curas que olvidan que una parte central de curarse es que no te enfermes de otra cosa.

La semana pasada también hablamos de la dexametasona y cómo varios medios la habían presentado como un avance increíble aunque todavía no se habían publicado los resultados y es una droga con bastantes efectos secundarios.

Bueno, ya los publicaron y efectivamente reduce notoriamente (un 33%) la mortalidad en pacientes con respirador. Como dice Alejandra Pettino Zapala en este tweet, el temido efecto supresor del sistema inmune que tiene la droga en este caso no sería tal, porque justamente los pacientes graves lo que suelen presentar es una respuesta exagerada. O sea que si bien es un avance, es un avance restringido a casos graves, no un tratamiento que pueda ser aplicado en cualquier circunstancia y menos que menos de manera preventiva.

¿Qué hay de viejo, viejo?

Esta nota tiene una visualización espectacular sobre los 3 enfoques clásicos para hacer una vacuna: usar  virus más débiles o muertos, un pedacito o solo sus genes. En los 3 enfoques el principio es el mismo: una exposición controlada que no sea capaz de causar infección pero sí de generar defensas para que cuando te expongas al virus posta ya las tengas fabricadas. Es super clara respecto a cómo funciona cada opción y qué riesgos tiene y en cada ejemplo te muestra un virus y una célula y una animación paso a paso de cómo interactúan (está en inglés pero con el traductor va).

Sobre las políticas públicas

¿Qué hay de nuevo viejo?

Otra vez, los barbijos son tema de controversia. Un grupo de científicos de la Universidad de Stanford le escribió una carta al PNAS, un journal bastante importante, para que bajaran un paper que, entre otras cosas, decía que los barbijos son super efectivos para impedir la transmisión.

¿Las razones? “El análisis ignoró las discrepancias entre la transmisión de la enfermedad y los cambios en los recuentos de casos notificados, los datos sobre la implementación de políticas sanitarias son extremadamente inexactos para inferir los comportamientos de las masas, incluyendo el distanciamiento social y el uso de máscaras, la implementación de medidas de mitigación y contención fue concurrente con un enorme conjunto de cambios en toda la sociedad que afectaron plausiblemente la incidencia reportada de COVID-19, los conteos de casos fueron modelados con una simple regresión lineal, que no es consistente con la dinámica de las enfermedades infecciosas, la demografía, las políticas y los comportamientos de contacto en lugares tan distintos como Wuhan, Italia, la ciudad de Nueva York y los EE.UU. son tratados de manera inapropiada como casi equivalentes entre sí con respecto a la epidemia y  no se mide la incertidumbre estadística de los datos presentados, lo cual es un atropello contra las normas científicas y particularmente preocupante en un análisis basado en sólo tres regiones”.

Un equipo de la Universidad Bar-Ilan en Israel presentó una propuesta de cuarentenas alternadas para lidiar con la pandemia. Lo que sostienen es que, como no se puede aislar selectivamente a los enfermos pues muchas veces no sabemos quiénes son, lo que sí podemos hacer es dividir a la población en 2 y que alternen entre rutina normal con precauciones y cuarentena, una semana de cada.

De esta manera, si alguien se infectara durante su semana activa, a la siguiente tendría que quedarse en su casa, aparecerían los síntomas y se quedaría en aislamiento hasta recuperarse. De la misma forma, si después de una semana en aislamiento no se presentan síntomas, es probable que la persona no esté infectada. La idea es que esto permita aislar efectivamente a los sintomáticos y desactivar a los asintomáticos haciendo que su periodo de incubación coincida con el de aislamiento.

El comité Nacional de Ética en la Ciencia y la Tecnología elaboró una guía de buenas prácticas de investigación en el contexto de la pandemia. En la introducción, el documento sostiene: “En momentos de crisis social suele imponerse la curiosa idea de que […] la ética no es exigible o puede pasar a segundo plano; este razonamiento se aplica también a la práctica científica. En realidad, la perspectiva ética y la investigación científica y tecnológica no sólo son parte indispensable de las comunidades civilizadas, sino también un modo de enfrentar tales crisis. Las buenas prácticas de investigación, que aseguren las relaciones causales, no son un lujo sino la mejor ayuda que se puede ofrecer a quienes gobiernan, así como a quienes realizan estudios epidemiológicos, practican la medicina, etc., que deben tomar a diario decisiones vitales en base a sus resultados”. Celebro la publicación pues, en mi opinión, no es una cosa menor sentar las bases del decoro en un momento acelerado y caótico.

¿Qué hay de viejo, viejo?

¿Te acordás que en una de las primeras ediciones hablamos de la app CuidAR y los potenciales efectos de no proteger la privacidad de los datos? Bueno, Sebastián, un lector del newsletter me pasó este video en el que explican cómo hacer rastreo de contactos utilizando una app de código abierto que armó un desarrollador de videojuegos (también te dejo la explicación de cómo funciona en un cómic bien simple, corto y simpático traducido al español).

Básicamente, la idea es que vía bluetooth los teléfonos con la app manden y reciban códigos al azar. Si un usuario se contagia, manda los códigos que estuvo enviando desde su teléfono a la base de datos del hospital. La app cada tanto se conecta a esa base de datos y verifica si alguno de los códigos que recibiste coinciden con los que mandó alguien que se contagió y si eso sucedió te manda una alerta. Y como los códigos son generados automática y aleatoriamente, no hay necesidad de tener datos sobre identidad o ubicación de los usuarios para “matchear” contagiados con personas que estuvieron alrededor.

Sobre información confiable

Si todavía no conocés la página, te recomiendo Confiar, una nueva sección de Télam en la que podés ver una sección verdadero o falso, una lista de fake news y las últimas noticias sobre coronavirus. Además, tiene algo que te va a servir para siempre, una “caja de herramientas” con tips para detectar noticias falsas.

Ama al prójimo, odia el racismo

Foto: @rodetox

1. Las protestas masivas generadas desde la consigna Black Lives Matter tienen la particularidad de haber trascendido el reclamo por un caso puntual (el asesinato de George Floyd en manos de la policía) para generar un movimiento que se subleva contra el racismo como forma estructural de nuestra organización social. La ciencia, como toda actividad cultural, refleja y perpetúa las jerarquías étnicas y también es objeto de revisiones y reclamos.

Por supuesto, los estudios que confirman los sesgos racistas, la subrepresentación y los obstáculos que perjudican las carreras de negros, chicanos, indígenas y otros grupos no son de ahora, como tampoco la lucha para que esto cambie. Sin embargo, cada vez más medios hablan del tema.

Esta nota de Nature resume las demandas de la comunidad negra en el mundo de la investigación. El primer punto se dirige a los colegas blancos y señala que “son quienes más se benefician del racismo y la falta de diversidad. También, quienes tienen el poder. Por eso, el trabajo de revertir el racismo es su responsabilidad, pero igual los vamos a ayudar”.

Luego, se refieren a crear “oportunidades para las conversaciones difíciles”, afirmando que “hoy hay muchas iniciativas institucionales que apuntan a sumar estudiantes negros y plantean la necesidad de generar sistemas de apoyo para su tránsito por la universidad y la investigación, y aunque esto es importante, no es el problema con el que las comunidades negras estamos lidiando. Hoy, lo que nos estamos preguntando es cómo impedir la próxima instancia de brutalidad policial”.

La nota termina con una serie de acciones afirmativas que se pueden llevar a cabo para tener grupos de investigación más diversos, como transparentar los procesos de elección de cargos electivos o publicar las búsquedas por gran área y no por campo específico de actividad para aumentar las posibilidades de que haya más de una persona negra en cada grupo.

2. No fueron pocas las notas, tweets y opiniones que mostraron preocupación ante los potenciales contagios que podrían dispararse en las protestas masivas de Estados Unidos. Sin embargo, este informe de la Universidad de San Diego que analizó los datos de 315 grandes ciudades estadounidenses muestra que tal cosa no sucedió. En este gráfico se puede observar cantidad de casos en relación a los días anteriores y posteriores a la primera protesta.

¿Por qué? Esta nota plantea una hipótesis interesante: las personas que se acercan a una protesta lo hacen empujadas por una noción de bien común, por lo que respetan la distancia social y usan barbijos (¿en qué quedamos con los barbijos viejaaa?!), a diferencia de quienes siguen haciendo fiestas y reuniones motivados solamente por su beneficio personal.

3. En nuestro país, además de las comunidades afro organizadas, otros grupos se ocupan de visibilizar la discriminación sistémica. Uno de ellos es el colectivo trans, que en nuestro territorio tiene una esperanza de vida de 35 años y grandes dificultades en el ejercicio de derechos.

El proyecto “Corriendo la voz” de la Cátedra Libre de Estudios Trans* de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA busca dar a conocer las trayectorias y proyectos de investigación de personas trans en Argentina. Se trata de una colección de videos de 5 minutos con subtítulos en español, portugués e inglés y el primero ya está disponible.

4. El año pasado se realizó el primer Congreso de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación en la Ciudad de Santa Fe, donde durante dos jornadas se debatió acerca de distintos aspectos del ámbito científico y tecnológico desde una perspectiva de género, política y transversal. Yo fui y lo cubrí junto con Nadia Luna y en estos días la Universidad de León publicó la revista Cuestiones de Género con una selección de trabajos allí presentados.

Bonus track

Esta foto de Angela Davis hablando detrás de un vidrio blindado en el Madison Square Garden en 1972. ¿La tenés a Angela? Es filósofa y autora de frases tan hermosas como “Ya no estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar. Estoy cambiando las que no puedo aceptar” y de un clásico de clásicos como es el libro Mujeres, raza y clase, que si andás con ganas de entender a qué se refiere el término “estructural” cuando hablamos de “racismo/sexismo/explotación estructural” no podés dejar de leer.

Esto fue todo por hoy, espero que las nuevas restricciones te encuentren abrazado a tu mascota (y que me mandes fotos, por supuesto).

Te mando un beso enorme,

Agostina

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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