Letra y Música: libros escritos por artistas

Memorias, crónicas, ensayos y experimentos.

Hola, ¿qué tal? Espero que estés lo mejor posible. Yo bien, pero qué laaaarrrrgo se hizo agosto, ¿no? Interminable y espeso. Lo bueno es que en unos veinte días empieza la primavera.

Para esta entrega de El Hilo Conductor decidí explayarme sobre un tipo de material que suelo consumir. De hecho tengo un estante en la biblioteca que reúne estos libros en particular. Me refiero a libros escritos por músicos. No de crítica musical, ni biografías hechas por periodistas especializados, ni de análisis de ciertas escenas musicales, si no libros armados y pensados por músicos y músicas que dejaron por un momento de lado sus instrumentos para pasar al papel. 

Es, como casi siempre, un tema vastísimo. Así que el recorte va a pasar, lisa y llanamente, por los libros que leí. No pretendo abarcar toda la obra de músicos-escritores de tantos géneros, sino comentar algunos títulos en particular que me llamaron la atención. Y bueno, está en estrecha relación con mis gustos musicales, así que por cada libro mencionado también compartiré un link para escuchar. Disculpen, pero son todos anglosajones, ahora que me doy cuenta (se aceptan recomendaciones para seguir profundizando la lectura con artistas de otras latitudes.) Vamos a repasar entonces memorias, misceláneas, crónicas, ensayos y hasta un experimento oracular. Empecemos.

Una de las bolsas de mareo intervenidas por Nick Cave.

UNO. Nick Cave escritor

Empecemos por un músico que me encanta y de quien ya hemos hablado en varias entregas. Nick Cave compone sus canciones y también escribe sus libros. Sacó varios ya, y hasta ahora el más personal me parece La canción de la bolsa para el mareo, traducido al español por Mariano Peyrou para Sexto Piso en 2015. Usando como pretexto una gira con The Bad Seeds por veintidós ciudades de EE.UU., Cave va dejando registro de esos viajes con pequeñas impresiones, anécdotas y listas, desdoblándose en diferentes roles y titulando según el lugar en el que estén. “Soy un sistema nervioso que se alimenta de rimas y fantasmas”, dice ahí. Y la edición –bellísima, de tapa dura y a color– incluye también la reproducción de esas bolsas para el mareo de los aviones intervenidas a pura birome. Me encanta imaginarme a Cave sentado en un avión de línea todo desgarbado bocetando ocurrencias en esas bolsitas descartables, transformando una situación anodina en otra cosa mucho más interesante. Además, si lo siguen seguramente sepan que desde 2018 escribe en un blog llamado The Red Hand Files donde responde a las preguntas de sus seguidores. Ya contestó 250, una por cada semana. Muchas veces esos textos son conmovedores, porque él tiene la capacidad de condensar en pocas líneas un sentimiento muy penetrante. Nick lo explica mejor: “The Red Hand Files comenzó como una simple idea: un lugar en el que respondería a las preguntas de mis seguidores.Con los años, ha desbordado los límites de su concepto original para convertirse en un extraño ejercicio de vulnerabilidad y transparencia comunitaria. Cada semana llegan cientos de cartas con preguntas de lo más variopintas, desde las más divertidas a las más profundas, desde las más personales a las más disparatadas. Las leo todas e intento responder a una pregunta cada semana. Estos archivos no tienen corrección ni están monetizados, y yo soy la única persona que tiene acceso a las preguntas que esperan su respuesta. Gracias a todos por formar parte de lo que se ha convertido, al menos para mí, en un ejercicio de comunalidad y unión que me cambia la vida y enriquece el alma”. Ojalá más músicos habilitaran un ejercicio así con sus fans. 

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Para escuchar y ver, les dejo este concierto con The Bad Seeds en Copenhague en 2017. Es impresionante cómo Cave va cambiando de estado y de intensidad sin perder ni por un momento su magnetismo. Fíjense en particular que a las dos horas de show hace subir a muchísima gente al escenario y baila con todos ellos. Increíble. 

Patti Smith y César Aira.

DOS. Patti Smith narradora

Otra que nos sorprendió con su carrera literaria fue Patti Smith. Lo de ella va en serio. Desde Éramos unos niños, el hermoso libro de 2010 en el que cuenta con lujo de detalles su amistad con el fotógrafo Robert Mapplethorpe en la escena contracultural neoyorquina de los sesenta a los ochenta que debería haber incluido en el envío anterior sobre amistad, (como bien me hizo notar una atenta lectora), no para de publicar diversas prosas como Devoción, El mar de coral y las memorias de M Train. También se convirtió en una gran consumidora de literatura contemporánea (fan confesa de César Aira, como verán en la foto). Pero quizás el libro más conmovedor de su producción reciente sea El año del mono, escrito en 2016, momento en el cual Patti cumple 70 años. Y a ella, que hasta ese momento no le había importado su edad, se le cae la nostalgia encima. Todo empieza cuando el primer día del año sale a dar un paseo por la playa. Está en un hotel, porque acaba de tocar en San Francisco, y decide empezar a sacar fotos polaroids (que se incluyen en el libro). Conmovida por el hecho de que un amigo suyo está muy grave, Patti se sumerge en un texto sencillo y sensible que se va engrosando a medida que viaja por la Costa Oeste. De alguna forma, por medio de la escritura, nos deja deambular con ella, seguir el hilo de sus pensamientos y sorprendernos ante algunas conversaciones casuales o paisajes indómitos. “Es el libro que más se parece a mí”, dijo de El año del mono. Hay viaje, hay ensoñación, hay una mirada del mundo muy atravesada por la poesía y el dolor, y una búsqueda constante por conocerse mejor y agradecer todo lo que tuvo y todas las personas que pasaron por su vida. El volumen incluye además una coda escrita en 2020 en plena pandemia llamada “Epílogo de un epílogo”, bastante oscura y reflexiva. Si les interesa el libro, aquí pueden leer unos fragmentos. 

Y para escuchar, encontré en YouTube el audio de cuando tocó en el CCK en 2018. En el minuto 57 empieza una versión hermosa de “Perfect Day”, el clásico de Lou Reed. Yo estaba ahí sentada y todavía me acuerdo de la emoción que me produjo. Piel de gallina. Ojalá vuelva pronto a Buenos Aires.

Bob Dylan y Allen Ginsberg en la tumba de Jack Kerouac.

TRES. Bob Dylan cronista

Que Dylan es un excelente escritor lo sabemos por sus letras, esos poemas narrativos que cuentan largas historias. Tanto es así que, en estos últimos años, recibió varios reconocimientos literarios como el Premio Príncipe de Asturias y el mismísimo Nobel en 2016. Si quieren profundizar en sus textos más allá de las canciones, lo mejor es sumergirse en sus Crónicas (hay varias ediciones) que van desde sus inicios en el Greenwich Village allá por 1961 hasta su consagración definitiva en la música popular. Es bastante expresivo escribiendo, Bob. Bien norteamericano. Puede hacer una reflexión conmovedora y a la frase siguiente estar criticando algo que le parece malísimo. Es también un espíritu completamente libre, apasionado, ingenioso. Cuando salió el primer volumen de sus escritos en 2004, muchos esperaban leer a un viejo malhumorado repasando algunas anécdotas sin mucha pompa. Pero se encontraron con un libro que funciona, por qué no, como una lista de personas a las que les quiere agradecer: músicos que lo influenciaron, amigos y compañeros de ruta y también personas que aparecieron y desaparecieron rápido de su vida pero que lo ayudaron a forjar una obra, a convertirse en quién es. A diferencia de otras biografías de músicos que son compendios medio desordenados de anécdotas, aquí hay un estilo y un pulso indudablemente literario para mantener nuestra atención. Puede detenerse en detalles minuciosos o narrar peripecias sin que perdamos el interés por la historia que sabemos que está detrás. 

Para ver y escuchar, les recomiendo el documental de Martin Scorsese llamado Rolling Thunder Revue (disponible en Netflix) en el que lo sigue durante una intensa gira en 1975 rodeado de amigos (Allen Ginsberg, Joan Baez, entre muchos otros) y en el que va mechando también declaraciones de un Dylan maduro opinando sobre todo lo que vivió. 

David Byrne en el show American Utopia

CUATRO. David Byrne ensayista

Otro músico que encontró la veta de la escritura es David Byrne, quien durante años estuvo al frente de Talking Heads y, ya como solista, trabajó en colaboración con Brian Eno, Caetano Veloso, Fatboy Slim y St. Vincent, entre otros. Byrne se decantó por el ensayo. En 2009 publicó un libro sobre su práctica como ciclista en distintas ciudades (hablamos de Diarios de bicicleta en el Hilo dedicado a ellas). Pero su obra más importante es sin dudas Cómo funciona la música, un ensayo de casi 500 páginas publicado en 2012 en el que recorre su trayectoria analizando cómo la música es la consecuencia de sus circunstancias sociales, históricas y tecnológicas. Es un libro que tiene un fuerte sesgo autobiográfico pero que por momentos se pone bastante intelectual. Byrne recurre a varios autores que leyó y a músicos con los que trabajó para abordar la experiencia estética de la composición, la grabación y la importancia de trabajar creativamente en equipo. Además, se ocupa del tema de la comercialización y las finanzas de la música (los royalties, la distribución), un tema escabroso (y más para un músico que tuvo dos sellos discográficos). Lo bueno es que nunca cae en la solemnidad ni en el didactismo, porque si bien él fue un pionero en muchos aspectos, y alguien que siempre probó cosas nuevas, no se cree superior por eso. El libro es caro, pero vale la pena justamente por sus varios niveles de lectura. 

Para escuchar y ver, les recomiendo muchísimo American Utopia (disponible en Star+), el registro audiovisual realizado por Spike Lee de la última gira de Byrne presentando el disco homónimo. Un espectáculo muy original e impactante porque él y sus músicos están descalzos en escena, con instrumentos portátiles: nada de cables, nada de posiciones estáticas en el escenario. Un show en el que el ritmo y la música los hace bailar y vibrar sin parar y a nosotras también (los vi en vivo en el Gran Rex cuando vinieron a presentarlo a Buenos Aires y me volaron la cabeza. Entré sin expectativas y salí en las nubes).

Neil Young y su padre, el novelista Scott Young

CINCO. Neil Young memorioso

Como sabrán, no se puede escuchar a Neil Young en Spotify (él retiró sus discos cuando la plataforma, durante la pandemia, compartió contenidos contra las vacunas). Pero sí podemos leerlo, porque el músico canadiense escribió dos volúmenes con sus memorias. Leí el primero de ellos: El sueño de un hippie, en el que aborda su vida de una manera muy directa y franca (él mismo confiesa que no quiso tener ghostwriters). Me gusta que los músicos quieran contar su vida de primera mano, sin el filtro de los periodistas o comentadores. Resulta que el padre de Neil, Scott Young, era novelista de profesión y comentarista deportivo, por lo que sus recuerdos de niño incluyen el repiqueteo de su máquina de escribir y la escritura no se le hace tan ajena. Si les gusta Neil como músico, les encantará como persona. Es un tierno con su familia (tuvo tres hijos, uno de ellos, Ben, con parálisis cerebral. Para él crearon con su mujer una institución de cuidados especiales y organizaron conciertos benéficos), y a la vez se nota que es un poco maniático, insistente, obsesivo. En el libro va desgranando sus anécdotas de juventud, su pasión por los autos viejos, su vida en distintas casas cerca de la naturaleza y el fuego, sus guitarras, su desconfianza y rechazo a las plataformas de música en sus inicios. Hay que decir que la traducción, sumamente española, no suma. Hace más difícil que conectemos con su intimidad. Pero Neil es Neil. Así que por él hacemos el esfuerzo. 

Para escuchar, les dejo por acá el link a su famoso MTV Unplugged de 1993. 

Eno y Schmidt en Londres, 1977

SEIS. Brian Eno experimental: las estrategias oblicuas

Bueno, es relativo decir que esto es un libro. Es más bien un mazo de cartas que el genio de Brian Eno armó junto con Peter Schmidt para destrabar ciertos procesos creativos a partir de nuevas herramientas compositivas. “Estas cartas surgieron de la observación individual de los principios ocultos de nuestra tarea. Se pueden usar como un mazo (un conjunto de posibilidades en permanente revisión mental) o sacando una sola carta cuando enfrentamos un dilema durante el trabajo. En este caso, se debe confiar en la carta, incluso si no resulta clara su conexión”, dicen en la breve nota de 1979 que abre el volumen que las reúne (yo tengo la edición argentina de Zindo y Gafuri, pero hay varias). Las Estrategias oblicuas son una especie de oráculo al que podemos consultar cuando estamos trabadas en algún proceso. Cada carta tiene una frase que ayuda a desandar ciertos caminos y buscar otros diferentes. O presenta propuestas o paradojas que insinúan que los procesos pueden estar mucho más abiertos de lo que pensamos cuando inventamos. Al poner en juego el azar de lo que cada carta le ofrece a la situación, hay algo que deja de estar ligado a la razón y a la insistencia de los músicos en las mismas recetas. Son una forma de salir de ciertas zonas de confort. Se preguntarán cuáles son esas consignas elocuentes. Acá abajo les dejo algunas. Y también un disco de 1978 (la época en la que usaba el mazo) llamado After the Heat de Brian Eno con los músicos alemanes Moebius y Roedelius (integrantes de Cluster). Está lleno de paisajes sonoros por momentos minimalistas, por momentos más complejos, oscuros o sensuales.

Estrategias oblicuas

No acentuar una cosa más que la otra

Darle lugar al peor impulso

Descubrir las recetas usuales y abandonarlas

Equilibrar el principio de coherencia con el principio de incoherencia

Preparación lenta, ejecución rápida

Prestar atención a las distracciones

Bueno, hasta aquí hemos llegado.

¡Me quedaron mil cosas afuera! Las novelas de Leonard Cohen, los poemas de Jonny Cash, los libros de músicos experimentales como Mauricio Kagel o David Toop, o los de Jarvis Cocker o Viv Albertine, o los de Chico Buarque… Y de Argentina por ejemplo Adrián Dárgelos publicó sus poemas. Lo mismo Paula Trama de Los Besos. Y Fito Páez escribió sus memorias. Evidentemente tendré que escribir la segunda parte de este Hilo más adelante.

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Gracias por leer y por favor cuidate mucho.

Malena

Soy licenciada en Letras por la UBA y trabajo hace muchos años en la industria editorial. Fui editora en las revistas El Interpretador y Los Inrockuptibles. Formo parte del equipo de Caja Negra, una editorial psicoactiva y heterogénea. Tengo un ciclo de entrevistas con escritores y escritoras en el Malba. Si los libros fueran comestibles, podría alimentar a miles de personas con los que acumulo en mi biblioteca. Lo que más me gusta es viajar.