Mundo Propio

Barry Posen y el fin de la hegemonía estadounidense

La primacía norteamericana se encuentra en declive, pero la amenaza china está siendo exagerada.

¡Buen día!

Finalmente llegamos a cuarenta. Siento que fue ayer cuando escribí esa estupidez de que a partir de las treinta entregas iba a reinar el libertinaje pero que después con los cuarenta aparecía la madurez. Igual debo reconocerte que me siento más cómodo últimamente. Textos más largos y neuróticos: nuestra pancita de los 40 realmente existente.

Dentro de poco va a terminar la cuarentena y es probable que volvamos al modelo de entregas anteriores, un poco más corta, con más punteos y eso. Para hoy, a propósito de los cuarenta y el mandato de la madurez, me di el gusto de conversar con Barry Posen, director del Programa de Estudios de Seguridad del MIT y uno de los pensadores más influyentes en el campo de las Relaciones Internacionales. Llamé a Posen ayer al mediodía con el objetivo de tenerlo como invitado para un apartado sobre cómo el establishment de la política exterior estadounidense mira a China, y cuál puede ser el futuro de las relaciones entre ambos países. La conversación fue tan rica que decidí publicarlo directamente como entrevista, o al menos una buena parte. 

Posen ha escrito varios trabajos sobre la hegemonía estadounidense en el mundo. Su mirada sobre el asunto me pareció fresca y novedosa: sugiere que Republicanos y Demócratas están sobredimensionando la amenaza que representa China, cuyo cuestionamiento a la hegemonía norteamericana resulta natural y producto de un desplazamiento lógico en las condiciones materiales.

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La entrevista, que creo que nos puede dar un buen marco para entender qué puede pasar con la relación en el futuro cercano, especialmente desde la mirada estadounidense, está publicada completa acá

¿Cuánto de lo que estamos viendo hoy es parte de la competencia estructural entre ambas potencias y cuánto está siendo motorizado por la pandemia y la campaña electoral en Estados Unidos?

Hay profundas raíces estructurales en esta tensión. Se enmarcan en la larga tradición de la disputa entre superpotencias, que compiten y desconfían de la otra. Las superpotencias son las únicas que pueden lastimarse entre sí. Se ven con malos ojos, reaccionan. Una vez que estas fuerzas estructurales se trasladan al terreno inestable de la política doméstica, la competencia se acelera en términos de velocidad e intensidad. Cada Estado, entonces, con sus diferentes núcleos económicos y de seguridad, busca movilizar poder para competir; necesita movilizar recursos domésticos para competir. Y dado que vivimos en un tiempo de la política de masas, esa movilización de recursos incluye una retórica inflamada, historias simplistas y una repetición constante de lo que significa la amenaza externa. 

A esta situación estructural tenés que agregarle el comodín de Donald Trump, pero también el de Xi Jinping, un líder que incluso para los estándares de China es más autoritario que sus antecesores, tiene más inclinaciones a utilizar los poderes y prerrogativas del Partido, así como a personalizarlo. Estos dos líderes, cada uno con sus propias razones domésticas, son los que hoy se encuentran gestionando esta tensión estructural. Después aparece el coronavirus, que acelera la disputa sobre esta gestión y para algunos es visto como una oportunidad antes que una crisis. La mezcla, entonces, se torna muy volátil.

¿Puede esto llevar a una guerra en el futuro cercano?

En general a los países no les gusta ir a una guerra cuando sus economías están sufriendo. Hay un registro histórico razonable en esa regularidad. Mientras estemos lidiando con las consecuencias económicas del coronavirus creo que va a haber una desinclinación a escalar las tensiones en una guerra. Además el Covid ha afectado a las poblaciones militares de varios países. Resulta difícil concentrarlas y movilizarlas ante un escenario como el actual; eso agrega incertidumbre y también reduce la presión. 

Habló de un consenso negativo en el sistema político estadounidense respecto a China. Si no es solo Trump, ¿qué sucede con los Demócratas? 

El Presidente es más performativo e impulsivo, y pese haber sido un empresario no parece entender que ambos lados tienen que beneficiarse de un intercambio. Trump cree que todos los beneficios anteriores del intercambio fueron para China, y que entonces los futuros deben ser todos para Estados Unidos. Esta es una manera muy peculiar de gestionar una relación de competencia y cooperación, que es básicamente de lo que se trata el comercio. Pero ambos partidos ven a China de manera negativa; desacuerdan en todo caso en cuáles son las cosas que les molestan. En el Partido Demócrata hay mucha retórica antichina. Buena parte de los precandidatos en las Primarias tenían elementos antichina en su plataforma, ya sea por sus prácticas comerciales y el impacto en los trabajadores, su récord en Derechos Humanos o su rol en el calentamiento global. 

La diferencia hoy radica en que los Demócratas parecen entender que en una negociación hay dos lados interesados y que una política efectiva para contener a un actor económico incluye acoplarse con otros aliados. Cualquier acuerdo va a parecer menos draconiano con ese actor si podés reunir apoyos de aliados, y también va a ser mejor para hacer respetar los límites del acuerdo. Es una química complicada, pero los Demócratas parecen inclinados a trabajarla. Creo que existen diferencias en cuanto a las estrategias y sobre todo la diplomacia a implementar. Pero veo a los demócratas inclinados a ser significativamente más confrontativos con China que antes. Hay un consenso entre los intelectuales de que cualquiera sea electo va a ser duro con Beijing, aunque el énfasis difiera. A Trump, por ejemplo, no le importa el cambio climático y a los Demócratas sí. De ser electos van a tener que negociar y crear una narrativa de cooperación. De lo contrario no puede alcanzarse nada. 

Estados Unidos parece más polarizado que nunca. ¿Pueden Republicanos y Demócratas trabajar juntos en la política exterior hacia China?

No sabemos qué va a pasar con la política exterior del Partido Republicano después de Trump. Si va a volver a pensar como pensaba hace, digamos, diez años, entonces creo que ambos partidos pueden volver a una suerte de consenso en la relación con China, con un mismo marco de referencia conceptual y de prioridades, pese a los escenarios de desacuerdo. Así es como generalmente funcionan las cosas y creo que así va a ser. Las élites están discutiendo sobre eso en este mismo momento. Yo personalmente estoy descontento con ambos partidos en términos de la dirección que están tomando.

¿Por qué?

Creo que están exagerando la amenaza de China. No es que los chinos no sean un problema –lo son–, pero creo que la dimensión del problema está siendo exagerada. Mi percepción es que no estamos utilizando las políticas adecuadas. Trump está llevando a cabo un experimento con su batalla comercial, ¿es esa una medida adecuada? ¿Es el control marítimo en el Mar del Sur chino un remedio? ¿O la construcción de poder militar en el Pacífico? ¿De qué sirve demandarle a nuestros aliados que elijan entre China y nosotros? Quizás esta atmósfera es parte de la campaña y luego se irá, pero está flotando la idea de que solo las medidas más fuertes sirven. Y creo que eso es un error. 

¿De qué manera está siendo exagerada la amenaza? ¿No está cuestionando China la propia supremacía estadounidense en el mundo?

Por supuesto que lo está haciendo. No podría ser de otra manera. Estados Unidos ha sido la superpotencia global por unos buenos veinte años, quizás treinta. Los demás países no han aceptado esto. La única manera de que este escenario haya sobrevivido es porque teníamos más riqueza y sofisticación tecnológica que cualquier potencial número dos. Pero incluso la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, si mirás los reportes de Global Futures del Comité Nacional de Inteligencia (NIC), ya venía prediciendo que este conjunto de relaciones materiales que permitieron esa hegemonía global de Estados Unidos estaba decreciendo. Y estaba sucediendo porque otros países aprendieron el truco. Se desarrollaron económicamente, y cuando tu poder económico crece al punto que podés traducirlo en poder militar vas a querer más seguridad y un poder de decisión más grande de lo que pasa en el mundo.

La realidad es que los chinos tienen una gran economía, son muy buenos tecnológicamente y están mejorando, tienen una gran población y es imposible imaginar que la amplitud de la hegemonía que Estados Unidos ejerció durante treinta años pueda persistir. Esa hegemonía está ciertamente cuestionada por China. La pregunta es: ¿nos están cuestionando a nosotros para ser ellos el gran hegemón global? ¿Hay evidencia que lo respalde? ¿Tienen el poder suficiente para hacerlo? No lo creo. Lo que sí creo es que los chinos quieren tener una mayor influencia y poder de decisión en lo que pasa en el mundo. Y los estadounidenses pueden o bien pelear a los chinos en cada uno de los frentes, con uñas y dientes, o hacer lo que las grandes superpotencias han hecho en el pasado: aprender a convivir. Compartir poder e influencia. No es que tenemos el 100% del poder y los chinos nos están apuntando con una arma y diciendo que les demos el 100% del poder. Es diferente. Nosotros tenemos mucha influencia en el mundo. Esa influencia está basada en nuestras capacidades materiales, así como en nuestra sagacidad diplomática. Los chinos están aumentando su capacidad material –de manera natural, dado que nos han seguido en la ruta de las economías de mercado– y tienen sus cartas, pero no están haciendo todo bien. Están haciendo muchos enemigos, y eso juega a nuestro favor; tienen problemas geográficos sin resolver. Tenemos muchas cartas para jugar. 

Así que nosotros y los chinos tenemos que encontrar una manera de convivir en este planeta sin matarnos o sin estar peleando todo el tiempo. Eso no significa que vamos a ser amigos cercanos, no significa que vamos a acordar en todo, o que la competencia va a terminar, sino que esta debe ser gestionada. Pero si la premisa estadounidense a la hora de gestionarla es que cada vez que los chinos afirman su interés nacional significa un revés a todo lo que nosotros hemos construido en el mundo, o una amenaza que puede disminuir el poder e influencia de Estados Unidos, o incluso absorberlo, si cada vez que los chinos ejercen su poder de acuerdo a su propio interés nacional lo vemos como el principio del fin, entonces vamos a estar en una pelea muy desagradable por un largo tiempo. Y esa pelea, en cierto momento, va a generar serios riesgos. 

Para algunos la disputa es también de valores. Bajo este punto de vista, dejar crecer a China puede implicar un riesgo en términos de Derechos Humanos y valores democráticos en el mundo. 

Lo que China haga domésticamente es asunto suyo. Lo que nosotros hacemos domésticamente es asunto nuestro. Si China intenta exportar su modelo de gobierno por la fuerza e imperializar otros países y llevarlos hacia un modelo como el soviético entonces es un problema para nosotros. Pero no veo a los chinos paseándose con el libro rojo de Xi por el mundo. No veo que los chinos quieran exportar su modelo doméstico, o que busquen controlar a otros países. ¿Le dicen los chinos al resto del mundo que se organicen de la misma manera que lo hacen ellos? Yo no lo veo. ¿Es la cultura china una cultura fácilmente exportable? No, tampoco, es muy distintiva. ¿Quién es el que tiene la cultura y sistema más exportable? ¿Quién es el que tiene el estilo de vida que otras sociedades del mundo tratan de emular? No parece ser el sistema chino. Muchos países, no digo todos, parecen querer organizarse de otra manera, por más anárquica, alocada y confusa que pueda parecer. 

Puede parecer como amenaza el hecho de que se trata de un modelo que combina éxito económico y tecnológico con modernización y autoritarismo, y mientras ese ejemplo exista en el mundo, otros van a ver ese ejemplo a la hora de decidir cómo organizarse. Pero también verán otros como el estadounidense, el europeo o el japonés. Hay muchos modelos para ver. 

¿A qué debemos prestarle atención en los próximos meses?

El único lugar donde nos estamos acercando militarmente es mediante nuestros buques en el Mar del Sur chino. Ese es el área dónde puede haber una confrontación directa. Una de las cosas que hace que la competencia con China sea más fácil que la competencia con Rusia es que en todo Europa y otras partes del mundos tenemos fuerzas militares rusas y estadounidense rozando todo el tiempo. No tenemos eso con China, y es bueno que así sea. El único lugar donde nos chocamos es con las navegaciones marítimas en el Mar del Sur chino. Deberíamos mirar eso. Siempre algo puede salir mal. 

Lee la entrevista completa.

OTRO ESCÁNDALO DE ESPIONAJE SACUDE A COLOMBIA

Hace unos días la Revista Semana destapó una de las tramas de espionaje más delicadas en la historia de Colombia. Entre febrero y diciembre del año pasado, el Ejército colombiano interceptó comunicaciones y realizó trabajos de inteligencia para trazar más de 100 perfiles personales, entre los que se encuentran periodistas, congresistas, abogados de Derechos Humanos y hasta el propio secretario de la presidencia. 

Esta es una más de las investigaciones que vienen acechando al ejército colombiano en los últimos meses.

  • En mayo del año pasado, el New York Times reportó las nuevas directivas que impuso la cúpula del ejército para aumentar el número de muertes en combate, lo que alertó sobre la posibilidad de una nueva ola de “falsos positivos”.
  • En junio de ese año, Semana avisó sobre la aparición de posibles falsos positivos, también conocidos como ejecuciones extrajudiciales.
  • En esa misma publicación también se destapó una operación del ejército para encontrar y castigar a los militares que hablaron con la prensa.
  • Un mes después, la revista publicó una investigación detallando maniobras de corrupción por parte de altos mandos del ejército. Varios generales fueron señalados por desvío de fondos. 
  • En noviembre, el ministro de Defensa, Guillermo Botero, un hombre ligado al uribismo duro, fue empujado a renunciar después de que se conociera una operación militar contra guerrilleros que terminó con la muerte de 8 niños.
  • En enero de este año, Revista Semana reveló que el ejército interceptaba comunicaciones –una práctica conocida en Colombia como chuzadas– de periodistas, políticos opositores y hasta una magistrada de la Corte Suprema. La publicación afirmaba que estas operaciones habían desembocado en la salida del comandante del ejército en diciembre, que en ese momento había alegado “motivos personales”. También se mencionaba a un político del Centro Democrático –el partido del presidente Iván Duque y su padrino Álvaro Uribe– como recipiente de algunos informes.

La publicación de este mes termina por develar que detrás de estas intercepciones existía un programa de seguimiento informático a más de 130 personas. El material que provenía de las escuchas se unía al seguimiento por otros medios para trazar perfiles detallados. El programa estaba sostenido con programas y fondos de Estados Unidos. 

El informe ha desatado un terremoto político en el país. Para entender su magnitud, veamos cuáles son los principales hallazgos:

  • En los perfiles que realizaban unidades del Ejército figuraban: teléfonos, direcciones de residencia y trabajo, contenido de correos electrónicos, interacciones de redes sociales, listado de amigos y contactos cercanos, familiares, hijos, infracciones de tránsito y hasta los lugares de votación de cada uno de los investigados.
  • Los principales blancos fueron periodistas que trabajaron en investigaciones contra el Ejército o sobre el conflicto armado. Los perfiles buscaban revelar quiénes eran las fuentes de estos periodistas, por dónde se movían y reseñas sobre sus publicaciones. 
  • Algunos de estos periodistas perfilados –como Nick Casey, el corresponsal del New York Times que escribió sobre los falsos positivos y los corresponsales del Wall Street Journal y la National Public Radio (NPR), entre otros– son ciudadanos estadounidenses. 
  • Este programa de ciberinteligencia se realizó con equipos y fondos de Estados Unidos. Los oficiales a cargo enviaban reportes falsos sobre qué hacían con esa asistencia –en muchos casos quedándose con vueltos–. Es decir que la plata que venía desde el Norte para hacer contrainteligencia para fines como el narcotráfico se destinó para investigar y acechar periodistas y otros rivales políticos, algunos de los cuales eran ciudadanos de Estados Unidos.
  • Además de los comunicadores, fueron seguidos líderes sindicales, senadores opositores y abogados de Derechos Humanos. Hasta el director de Human Rights Watch para la región fue perfilado. 
  • Uno de los hallazgos más importantes: en uno de esos perfiles se encontraba Jorge Mario Eastman, ex viceministro de Defensa y secretario general de la Presidencia. Es decir que el trabajo de inteligencia llegaba hasta uno de los hombres que se sentaba todos los días al lado del presidente Duque. 

Hay tres aristas importantes en esta historia. Veamos.

  1. ¿Quién pedía los informes? La respuesta de esta pregunta puede suscitar un conflicto dentro del uribismo, dado que los sectores de Defensa y algunos generales responden a políticos del Centro Democrático más cercanos a Álvaro Uribe que al presidente Duque. Que el secretario de este último haya sido investigado, así como la posibilidad de que el Ejército le entregue informalmente material de inteligencia a figuras uribistas, desnuda la debilidad relativa del Presidente dentro de su espacio político. Eso en el caso de que Duque no haya estado personalmente involucrado. De ambas maneras el Presidente sale debilitado: o es una figura débil que no puede controlar a su Ejército y ejercer autoridad dentro de su partido; o es igual de mafioso que su padrino político. O ambas.
  2. ¿Qué hace Colombia con la ayuda de EEUU? El hecho de que los equipos y fondos que el Norte envía al ejército colombiano –una asistencia militar que sedimenta la alianza estructural de ambos países en la región– se utilice para esta clase de maniobras, en las que aparecen ciudadanos propios, ya despertó cuestionamientos. El senador Patrick Leahy, uno de los más influyentes en la relación entre la cámara y la región, habló de violación de confianza y pidió por castigos. Asuntos como estos son los que pueden influir en la reasignación de presupuesto para las fuerzas en años venideros.
  3. El Ejército sigue perdiendo legitimidad en la sociedad. La institución militar, con índices de apoyo históricamente altos entre los colombianos, está siendo cada vez más cuestionada entre distintas capas de la sociedad, sobre todo los jóvenes, ante un presente novedoso de protestas y donde las heridas de la lucha armada van quedando atrás. Escándalos como este aceleran la tendencia.

PICADITO

  1. España: Sánchez se recuesta en Ciudadanos para aprobar la prórroga del estado de excepción; su coalición de apoyo empieza a cambiar.
  2. Lacalle Pou alerta sobre su agenda provida; el derecho al aborto corre peligro en Uruguay.
  3. Reino Unido y Estados Unidos inician negociaciones para tejer un acuerdo comercial. 
  4. Tras la polémica por riesgo de fraude, los ultraconservadores polacos deciden aplazar las elecciones de este domingo.
  5. Sudán prohíbe la mutilación genital femenina. 

QUÉ ESTOY SIGUIENDO

  • El movimiento por la cancelación de la deuda en África. En una fenomenal maniobra política, los líderes africanos –comandados por Etiopía, Senegal y Sudáfrica– han conformado un bloque de unidad para pedir por la cancelación de la deuda externa en la región. Líderes como Macron se han prestado a escuchar. Las fuentes de la deuda varían y no en todos los casos habrá el mismo nivel de atención, pero estamos atentos a si el reclamo puede ganar preeminencia. Sobre la situación crítica de África hemos conversado acá.
  • ¿El nuevo epicentro de la pandemia? Proyecciones de la Universidad John Hopkins y Oxford han avisado que Brasil será el próximo epicentro. Con más de 8500 muertes, el sistema de salud se encuentra en pleno colapso y en ciudades como Río hay miles de personas que esperan por ser atendidas. Mientras las muertes se multiplican, Bolsonaro sigue agitando el fantasma de la intervención militar y avisa que “llegó a su límite”. El frente judicial que se abrió con la salida de Moro, que discutimos la semana pasada, apenas comienza. La región debe mirar de cerca. 

QUÉ ESTOY LEYENDO

Me gustó este artículo de Jimena Valdez en Cenital sobre las grandes ganadoras de la pandemia: las plataformas tecnológicas. Jimena traza una buena conceptualización del problema y pone sobre la mesa el debate sobre la regulación. 

LO IMPORTANTE

A propósito de la disputa entre superpotencias, medios chinos han difundido un video satírico donde comparan las respuestas al virus entre un país y otro, con una dosis de trolleo altísima. Embajadas chinas en países como Francia han difundido la parodia, que ha cruzado el mundo.

En otras noticias importantes, países como España e Italia han comenzado a reabrir el país luego del temblor. En el caso de este último, el gobierno se ha prestado a la confusión tras habilitar las visitas a “personas con una relación afectiva estable”. ¿Pero qué significaba esto? El gobierno tuvo que salir a aclarar. Se refería a familias, novios y parejas de hecho, pero no a amigos.

Supongo que todo esto me hizo pensar. ¿Qué somos vos y yo? ¿Se puede decir que tenemos una relación afectiva estable? Yo tiendo a pensar que sí. 

Nuestros encuentros, a diferencia de La ilusión de los mamíferos de Julián López, se producen los jueves y no los domingos. Y ya llevan un tiempo. Mi pregunta tanto para vos como para el Primer Ministro italiano es: ¿esto cuenta como una relación afectiva estable?

Sea como sea, nos leemos el jueves que viene.

Un abrazo,

Juan

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Creo mucho en el periodismo y su belleza. Escribo sobre política internacional y otras cosas que me interesan, que suelen ser muchas. También estoy en Futurock y Radio Con Vos. Estudio Ciencia Política en la UBA. Soy fan de la pelea Mauro vs Samid.
@juan_elman
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