El hilo conductor

Tan lejos y tan cerca

Este Hilo estará dedicado al país vecino, proveedor de artistas inagotables. Un paseo por la cultura uruguaya y su melancolía en las obras de Eduardo Mateo, Alfredo Zitarrosa, Idea Vilariño, Ercole Lissardi y el humor de Tiranos Temblad, entre varios otros.

Hola, ¿qué tal estás? Espero que lo mejor posible en medio de la explosión de casos de la segunda ola. Ojalá te estés cuidando mucho en un momento de tanta preocupación. Hoy estuve a punto de evadirme de todo y escribir sobre el chocolate -dado que vas a recibir este correo el domingo de Pascua-, pero después vi el precio de los huevitos en el supermercado y desistí, horrorizada por lo inaccesible de ese placer dulce. Así que decidí encarar para otro lado, cruzar un charco aunque sea con palabras. Además, el Presidente me dio la excusa perfecta al discutir acaloradamente con Lacalle Pou en la última reunión del Mercosur, a 30 años de su creación, que en vez de una celebración fue un pase de facturas. Sí, adivinaste, hoy vamos a hablar de Uruguay. 

Uruguay: varias veces me imaginé viviendo ahí. Incluso en algunos viajes a otros países, al encontrarme con argentinos indeseables, llegué a decir que era uruguaya para esquivar la conversación. Visité algunas veces Uruguay y siempre me hicieron sentir muy cómoda. Todavía le debo un favorazo al mecánico del Parque Nacional Santa Teresa, que nos salvó el auto cuando pensábamos que ya no tenía arreglo y que quedaríamos varadas ahí para siempre. 

Es fuerte saber que los uruguayos nos rechazan -sobre todo a los y las porteñas- y que nosotros en cambio los admiramos, los envidiamos. Sí, envidio la tranquilidad uruguaya, esa parsimonia oriental y contemplativa. También su creatividad: de allí que hoy vayamos a hablar de muchos artistas charrúas. Y empezamos ya mismo con Petrona Viera, una pintora que murió en 1960 y que era sorda por una meningitis que la atacó a los dos años. Ella fue una de las pioneras del planismo, un movimiento artístico de Montevideo que evitaba la tridimensionalidad y que en cambio trabajaba con grandes planos de colores puros, sin detalles ni volúmenes ilusorios. Los temas de los cuadros de Petrona Viera diferían de los de otros pintores planistas: quizás por su impedimento físico, quizás por genuina atracción, a ella le interesaba retratar escenas mundanas como lo que sucedía al interior de las casas, o con niños jugando o estudiando, y también pintaba paisajes al óleo. Todo este Hilo va a estar ilustrado con su obra. 

Uruguay es el mejor país 🎵

Si nunca viste ningún episodio de Tiranos, temblad, dejame decirte que me encantaría estar en tu lugar. Tenés horas de un excelente contenido por delante, original, divertido, admirable. La premisa es simple: se trata de un noticiero de acontecimientos uruguayos hecho con videos que los propios uruguayos y uruguayas suben a YouTube, seleccionados por el genio de Agustín Ferrando Trenchi, quien es también el elocuente narrador en off que va hilvanando y montando todas las grabaciones. Toma su nombre de una estrofa del himno uruguayo. El tipo de humor que manejan ahí es por momentos inverosímil. Con el hecho de exhibir lo que para los y las uruguayas es digno de filmarse y compartirse hay material de sobra. El “momento incómodo”, el “descubrimiento”, “el crack de la semana” (siempre con varios postulantes), la “escena musical”, y los momentos “what a fuck” son secciones que se fueron armando de manera natural para organizar lo estrambótico de algunos de los videos que Agustín encontraba. También hay espacio para exhibir cómo es visto Uruguay por los extranjeros -y las ridículas formas en las que tratan de pronunciar su nombre- y hasta para que algunos personajes se destaquen del resto, como La Mamama, una señora mayor que no para de tirar máximas. Agustín encontró el formato en 2012 y se volvió, de a poco, de culto y viral. Subía videos cada semana hasta que ya no dio abasto y empezó con entregas quincenales, mensuales y hasta anuales (la última es esta, durante el confinamiento). Le fue tan bien que logró venderle la idea a Cartoon Network, con quienes hizo algo parecido pero diferente. Como sea, este es el canal con todos los videos de Tiranos. Empiecen o retomen desde donde quieran. Y gracias, YouTube, por todo lo que nos das.

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Leo Masliah es, además de un gran músico y compositor, otro de los representantes indiscutidos del humor genuinamente uruguayo. Un tipo de humor que se toma muy en serio. Que reflexiona sobre sí mismo, que se desdobla. Que es culto y extremadamente popular, algo muy difícil de lograr. Es increíble la cantidad de novelas, cuentos, obras de teatro, óperas, incluso un diccionario privado que escribió Masliah, y así y todo sigue muy activo (pueden seguirlo en Twitter acá). Hizo también gran cantidad de canciones. No sabría por dónde empezar a recomendarlo. Así que les sugiero solamente este monólogo hilarante en el que da “sugerencias para la vida”, y este autorreportaje de 2001, en el que se pregunta y se responde varias inquietudes. 

Prosas orientales

Distintas generaciones de escritores y escritoras uruguayas despuntaron su oficio con excelentes resultados. Pero como este Hilo no busca ser exhaustivo sino arbitrario, me voy a ocupar de pocos de ellos en este punteo, yendo de los más jóvenes a los más viejos.

Daniel Mella y Fernanda Trías son dos de los nombres más interesantes de la literatura uruguaya contemporánea. Los dos nacieron en 1976. Mella tiene varios libros publicados. Fue, de hecho, una joven promesa de las letras de allá que siguió publicando y manteniendo la calidad. Uno de los títulos más interesantes es sin dudas El hermano mayor, una novela sobre el duelo por la muerte de su hermano, fallecido al ser alcanzado por un rayo mientras trabajaba como guardavidas en Playa Grande. Acá la memoria se mezcla con la ficción para contar cómo una familia se reconstruye a partir de la ausencia de uno de sus miembros. Salió en 2016 y acá lo publicó Eterna Cadencia. Por el lado de Fernanda Trías, tiene publicados ya seis libros, entre novelas y relatos. El primero, con el que sorprendió mucho, fue la novela La azotea, en la que una mujer, entre la cordura y el delirio, pasa los días encerrada en su casa y percibe al mundo como una amenaza. Trías vivió en Montevideo, Berlín, Buenos Aires (sobre la que escribió su libro La ciudad invencible), Nueva York, Valparaíso, y actualmente reside en Bogotá. Una uruguaya por el mundo. Por estos días llega a librerías su novela Mugre rosa, editada por Random House, que transcurre durante una epidemia distópica -y que fue escrita, ¡oh!, justo antes de esta pandemia-.

De otra generación es Ercole Lissardi, seudónimo con el que escribe novelas y ensayos de alto contenido erótico este escritor nacido en 1951 en Montevideo. Lissardi empezó a publicar tarde, recién en 1994, y sorprendió con los relatos de Calientes (conseguí de casualidad una primera edición de este incunable en las librerías de Tristán Narvaja). Sus novelas pueden seguir las premisas de los géneros -policial, fantástico, etc.-, pero todas comparten el hecho de que sus personajes tienen un impulso erótico fuertísimo, por momentos cercano a lo pornográfico. Son modulados por un deseo desenfrenado. Entre su obra me interesa destacar la llamada “trilogía de la infidelidad”, compuesta por Horas-puente, Los secretos de Romina Lucas y Ulisa, títulos publicados por la editorial uruguaya Hum, y el ensayo La pasión erótica. Del sátiro griego a la pornografía en Internet, publicado por Paidós en 2013.

De Mario Levrero (1940-2004) ya hablamos justo en el newsletter pasado, a propósito de La novela luminosa. Así que aquí les sugiero nomás que busquen otro de sus libros, quizás el más original de ellos, llamado El discurso vacío, en el que Levrero se propone como ejercicio practicar y mejorar su letra manuscrita y mientras comenta su vida en Colonia. Un libro de autoexamen, sencillo y profundo a la vez. Y si quieren saber más de su vida y obra, de sus amistades y amores, del tiempo que vivió en Buenos Aires y de su trabajo creando acertijos y crucigramas para Ediciones de Mente, les recomiendo buscar el muy documentado y bello libro Un hombre entre paréntesis: retrato de Mario Levrero, escrito por Mauro Libertella y publicado por UDP. 

Me quedaron afuera dos pesos pesados, de esos indiscutibles: Felisberto Hernández y Marosa Di Giorgio. Solo diré que si te gusta, por ejemplo, la obra de Macedonio Fernández, no te prives de leer los cuentos de Felisberto. Y si te apasiona Clarise Lispector, dale una oportunidad a la poesía o los relatos de Marosa. 

Experiencia del afuera

Hay dos libros curiosos escritos por dos argentinos que tienen como protagonistas a personajes uruguayos. Me refiero a El uruguayo de Copi y La uruguaya, de Pedro Mairal. Nada que ver entre sí: el primero es el relato -estructurado como una carta- que un discípulo le escribe a su maestro desde Montevideo, en el que un humor irreverente se mezcla con el tema del exilio. Es que Copi (el seudónimo del argentino Raúl Damonte, historietista y dramaturgo) vivió en Uruguay antes de radicarse definitivamente en París. La dedicatoria dice: “Al Uruguay, país donde pasé los años capitales de mi vida, el humilde homenaje de este libro, escrito en francés, pero pensado en uruguayo”. Es el primer texto de Copi, y uno de los mejores, lejos. Lo pueden leer completo acá: son 17 páginas sin ningún punto y aparte.

La segunda es la exitosa novela de Pedro Mairal, publicada en 2016, en la que un escritor que acaba de cumplir 40 viaja a Montevideo a recoger un dinero que le han enviado y se ve envuelto en los encantos de la uruguaya del título. Una novela redonda, que se lee de un tirón, sobre esas cosas que no son lo que parecen. O sobre la experiencia de estar en crisis con uno mismo y no saber muy bien a quién echarle la culpa. 

Y hablando de uruguayos vistos por la lente argentina, me vuelve loca el triángulo amoroso formado por Juan Carlos Onetti, Idea Vilariño y Dorotea Muhr, reconstruido gracias a los exhaustivos perfiles de las dos mujeres que realiza Leila Guerriero en su libro Plano americano. Onetti no necesita demasiada presentación. Idea Vilariño tampoco, ¿no? Fue una de las grandes poetas uruguayas (la otra grande es Ida Vitale, ambas de la llamada “generación del 45”), quien consiguió destilar sentimientos muy oscuros y profundos con versos en apariencia simples y rotundos. Bueno, Idea y Onetti fueron amantes durante larguísimos años. Cada vez que se veían, cerraban las ventanas y desaparecían para el resto del mundo. La segunda esposa de Onetti, la violinista Dorotea Muhr, o “Dolly”, estaba al tanto de la situación, y entre los tres compartieron escenas dignas de los culebrones: pasión versus lealtad, desenfreno versus abnegación (acá está el perfil completo sobre Idea y acá el de Dorotea: imperdibles).

Muchos de los mejores poemas de Idea fueron dedicados a Onetti. Como este, leído por su propia voz, llamado “El amor”. O como “Canción”, bellísimo y doloroso, al que Zitarrosa le puso música -una guitarra sangrante- y entonó como el mejor. Escuchen o lean.

La canción y el poema 

Hoy que el tiempo ya pasó
Hoy que ya pasó la vida
Hoy que me río si pienso
Hoy que olvidé aquellos días

No sé por qué me despierto
Algunas noches vacías
Oyendo una voz que canta
Y que, tal vez, es la mía

Quisiera morir ahora de amor
Para que supieras
Cómo y cuánto te quería

Quisiera morir ahora de amor
Para que supieras

Algunas noches de paz
Si es que las hay todavía
Pasando como sin mí
Por esas calles vacías
Entre la sombra acechante
Y un triste olor de glicinas
Escucho una voz que canta
Y que, tal vez, es la mía

Quisiera morir ahora de amor
Para que supieras
Cómo y cuánto te quería

Quisiera morir ahora de amor
Para que supieras

Dulce brillo

Y siguiendo con Zitarrosa, es imposible que no nos conmueva. Para entender un poco más su rol como cantor definitivo de una generación politizada, este documental televisivo es muy explícito. Cuenta, con imágenes y audios de la época, cómo fue el día (el 31/3/1984) en que Alfredo volvió a Uruguay después de 8 años de exilio en México. Lo fueron a recibir de a miles, en una caravana que duró 7 horas desde el aeropuerto hasta su domicilio. Piel de gallina.

Llegamos a Eduardo Mateo, mi favorito de todos los músicos uruguayos (disculpen pero no sé nada de candombe ni de murga oriental). Seguramente lo conozcan. Tiene discos increíbles como Mateo solo bien se lame (de 1971, qué gran título). Se pueden decir muchas cosas de su rol vanguardista definiendo el sonido de música popular uruguaya y sobre su tremenda influencia en la escena rioplatense, pero elijo quedarme con la melancolía que destilan sus temas. Una melancolía profunda y luminosa, con melodías expresivas y conmovedoras y letras sencillas pero exactas. Prácticamente todos los músicos uruguayos hablan de él cautivados en estos dos documentales que encontré realizados en canales uruguayos. Este dura media hora y es del ciclo Uno de nosotros, y este dura 50 minutos y es una emisión del programa La Púa. Pero me gusta quedarme con el testimonio de Juana Molina, cuyo padre, Horacio Molina, tocó con Mateo. Cuando a ella le pidieron para Página/12 un texto sobre su canción favorita, eligió un tema bastante secreto que se llama “Ki Tin Tan”, y que es bellísimo. Dice Juana:

No sé por qué me gusta tanto esa canción. Me emociona pero no sé por qué, porque es muy linda. Cuando me pidieron que eligiera una canción desde el principio pensé en esa. No es por la letra, que también me gusta, es todo: la música, cómo está cantada, cómo está tocada, cómo está dicha, que parece como toda improvisada.

A Mateo lo conozco desde que era chica, desde que era una nena que iba a la escuela. Creo que Mateo me llenó la vida de musicalidad, no sé qué más decir de él. Su primer disco fue Mateo solo bien se lame en 1971. Mi viejo grabó en ese disco y le sacó la foto que está en la contratapa. Mateo era amigo de la mujer de mi viejo, una uruguaya. Entonces, mi viejo grabó el disco y lo trajo a casa. No lo escuchábamos todos, sólo a mí me gustaba y se transformó en mi disco.

La canción “Kin tin tan” la conocí de más grande. No sé qué quiere decir “Kin tin tan”. No es un nombre, puede ser cualquier cosa. “Kin tin tan” es una canción que escribió Mateo para una novia y que ella grabó en un casete para que no se pierda, para no olvidarse, como hacemos todas. Después esa canción apareció en la recopilación que hizo Jaime Ross que se llama La máquina del tiempo. Tercer viaje. Primera parte: Ida (1971-1984). El disco es una grabación de un show en vivo de Ross y empieza con este tema que no tiene nada que ver con nada. Es muy raro. Y la canción me encanta.

Y para seguir en el aura de Mateo, le dejo esta versión de Diane Denoir de “Mejor me voy”, del disco Inéditas, que compila los temas que ella canta y que Mateo interpreta en la guitarra. 

Antes de terminar, pongamos un último tema. Es de esos clásicos uruguayos que tocan el corazón con la mano y lo estrujan fuerte. Se llama “Mandolín” y es de otro personaje increíble, El Príncipe (Gustavo Pena). Fue reversionado tantísimas veces. Pero la versión original es sencillamente insuperable.

Ahora sí, me despido hasta dentro de dos semanas. 

Ojalá que este Hilo te haya conectado con la melancolía uruguaya y con su cultura, tan llena de matices. También espero que pronto podamos volver a visitar ese país profundo y parsimonioso. 

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Gracias por leer. Y por favor cuídense mucho.

Malena

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Soy licenciada en Letras por la UBA y trabajo hace muchos años en la industria editorial. Fui editora en las revistas El Interpretador y Los Inrockuptibles. Formo parte del equipo de Caja Negra, una editorial psicoactiva y heterogénea. Tengo un ciclo de entrevistas con escritores y escritoras en el Malba. Si los libros fueran comestibles, podría alimentar a miles de personas con los que acumulo en mi biblioteca. Lo que más me gusta es viajar.
@noeselcaso

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