Que la ciencia te acompañe

Propongo honestidad

Qué dice el proyecto de Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, qué pasa con las vacunas contra la COVID-19 y cómo combatir a los insectos del verano, todo desde una mirada honesta.

Holis, ¿cómo andás? Yo un poco abatida por el finde largo, así como desorientada. Semana corta, agenda cargada. Para sumar al despiste, en las redes todo parece equivalente: un femicidio perpetrado por un agente de las fuerzas de seguridad, otro aumento a la nafta, San Valentín, la muerte de un expresidente, invasiones de insectos.

De alguna manera, hacer un newsletter se trata de decidir qué es lo importante, qué cosas no te podés dejar de enterar, y eso es algo que se hace bastante difícil cuando la respuesta parece ser TODO. De todo hay algo que decir, cualquier chiste merece un análisis sistémico, un video de un influencer amerita la misma disección semántica que un anuncio presidencial.

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En nuestras cartas siempre hablamos de la confusión y el desconcierto como marcas de época y desafíos ineludibles que mucho tienen que ver con el bombardeo constante de información. Mientras  escribo, pienso: ¿qué te puedo ofrecer ante este panorama sabiendo que la verdad no es una posibilidad? Y ahí llega la propuesta que titula esta edición: ¿honestidad? (una propuesta en forma de pregunta, Agostina realmente sos esclarecedora). 

Como siempre, vamos a abordar temas complejos. Y, como siempre, te voy a decir “no sé” cuando no sepa algo y voy a explicitar muy claramente cuando introduzca una opinión personal. Sin embargo, estas pequeñas acciones no hacen que esta carta deje de ser, en sí misma, un reflejo de mi punto de vista. Así que mi forma de ser honesta es contarte cómo llegué a pensar lo que pienso, considerando que lo valioso de este intercambio no son mis reflexiones sino los insumos que me permitieron llevarlas a cabo.

El voto del ganado me convierte en Dios

El 11 de febrero, mientras leías la edición anterior de este news, la Cámara de Diputados le otorgaba media sanción al proyecto de Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. El proyecto establece un aumento progresivo de la asignación presupuestaria a la función CyT, que en su forma mínima comienza con un 0,28% del PBI en 2021 y culmina con un 1% en 2032 y en su máxima arranca con un 0,60% y termina con un 3%. Esto protege al sistema científico-tecnológico de ajustes y recortes, ya que hay un piso mínimo de aumento anual.

Otro eje fundamental de la propuesta es el énfasis en la federalización de los fondos “atendiendo a promover una reducción progresiva de las asimetrías presentes entre las distintas regiones del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación”.

Entre los objetivos, mis favoritos son:

b) Desarrollar y diversificar la matriz productiva mediante el impulso de políticas de innovación sustentable.

d) Visibilizar los avances científicos tecnológicos, promoviendo estrategias de divulgación para la generación de vocaciones científicas y como herramienta educativa.

Pero (siempre hay un pero) respecto al punto b). Me viene a la cabeza la entrevista que le hice en esta edición a Jorge Aliaga sobre el Presupuesto 2021 en la que me dijo: “Lo primero que hay que evaluar es el modelo de desarrollo. El sistema CyT no puede ser valorado de forma independiente de ello”. Y ahí pienso que, a la hora de diversificar la matriz productiva, el ministro de Producción todavía no anunció de qué se trata el green new deal que viene mencionando aún antes de asumir su cargo y que, en cambio, ha manifestado entusiasmo respecto a proyectos de alto impacto ambiental, como las megafactorías de cerdos y Vaca Muerta. Si a esto le sumamos que el Plan de Políticas Ambientales presentado en septiembre no aborda de forma directa el tema de los cambios en el uso del suelo producto de la matriz productiva actual, este objetivo no pareciera insertarse en un plan de desarrollo sostenible integral, sino ser un agregado diferencial. En otras palabras, las ciencias no pueden motorizar por sí solas un cambio sistémico.

En relación al punto d), creo que se queda corto al reducir la necesidad de estrategias de masificación a la generación de vocaciones e inserción en el sistema educativo. Sobre esto tengo varias cosas para decir (acá y acá te dejo textos en los que me explayo sobre el tema), pero voy a decir una sola: creo que destinar la comunicación científica exclusivamente a las infancias refuerza la tendencia de erigirlas como única perspectiva de futuro posible. Por un lado, antes que los niños de hoy ocupen posiciones de poder lo van a hacer quienes hoy son adultos jóvenes. Y por otro, pero no por eso menos importante, antes de llegar al futuro tenemos que lidiar con el presente. 

Por último, me sorprendió gratamente la incorporación del punto j) entre los objetivos redactados en el dictamen de comisiones de Diputados (“Propiciar la igualdad real y efectiva de la participación de las mujeres y la población LGTBI+ en todos los niveles y ámbitos del sistema científico-tecnológico”).

Las señaladas, por supuesto, son salvedades que expongo dado que me diste permiso para ser brutalmente honesta, descontando que la media sanción de este proyecto ya es motivo de festejo.

Manejo tu destino, manejo tu deseo

Después de una edición y media sin hablar tan explícitamente de pandemia, la honestidad brutal del entorno exige un coronanews, ¿no cierto? Acá va:

1- Como ya leíste ayer en Primera Mañana (bienvenido Tomi, gracias Lauti), esta semana llegaron 580.000 dosis de la vacuna de Oxford/AstraZeneca y la anterior 400.000 de Sputnik V (en este link de Chequeado hay unos cuadritos muy útiles con la info de las vacunas que se están dando en el país). Además, el Gobierno cerró un acuerdo con la empresa estatal china Sinopharm por un millón de esquemas completos de vacunación.

Aún si dejamos de lado que las vacunas están llegando más lento de lo esperado, hay otras cosas a tener en cuenta, como señala Pablo Estaban en esta nota: “No solo se trata de capacidad sino también de adquirir velocidad. En diciembre, un especialista en vacunas como el virólogo Mario Lozano, investigador del Conicet y exrector de la Universidad Nacional de Quilmes, aseguraba que se estaba en condiciones -en un ambiente ideal- de vacunar a cinco millones de personas al mes, es decir, 4 personas por minuto durante 10/12 horas durante 6 días”.

2- Sobre la vacuna de Sinopharm, este artículo de Chequeado es una buena guía con lo que hay que saber. Algunos puntos destacados: es una vacuna con tecnología similar a otras muy probadas, como la de la Polio o la Hepatitis A, lo que la hace muy segura; puede almacenarse y transportarse a temperaturas entre 2° y 8°C; y permanecer estable durante 24 meses (la Sputnik V y la de Pfizer requieren temperaturas bajo cero). Por el momento no se encuentra aprobada para uso de emergencia en Argentina pero sí en otros 13 países y en China ya se aplicaron 4.5 millones de dosis.

El meme dice: “Ni siquiera los megamillonarios están a salvo de la COVID, que te mejores pronto Mark Zuckerberg”.

3- Una pregunta interesante situada en Estados Unidos pero que puede pensarse en otros contextos: ¿qué pasa cuando se prioriza a los mayores de 75 para las vacunas si esa edad es mayor que la expectativa de vida promedio de las personas negras?

Cuando reducimos “criterio científico” a “datos”, las decisiones de política sanitaria parecen obvias. No se puede negar el impacto diferencial que tiene la pandemia sobre los adultos mayores. Sin embargo, los mismos datos, al ser desagregados, muestran que las personas negras que mueren de COVID en el país del norte son, en promedio, 10 años menores que las blancas.

Si bien en nuestro país el criterio de prioridad es distinto (en la CABA se va a empezar por mayores de 80 y se va a seguir por mayores de 65), podríamos pensar la misma cuestión si consideramos a la población trans, entre quienes la expectativa de vida es de 35 años, en gran parte por la exposición a riesgos sanitarios y la dificultad de acceso al sistema de salud.

El problema no es para nada simple. Para organizar a una gran cantidad de personas se necesitan criterios más o menos fijos que describan grandes grupos. Sin embargo, también estamos hablando de vulnerabilidades y vulneraciones de grandes grupos que los exponen más a contagiarse y a enfermarse gravemente. 

Sin ánimos de responder preguntas como “¿cuál tiene que ser el criterio para priorizar la inoculación de vacunas?” o “¿está mal vacunar primero a la gente mayor?”, pues ni me corresponde ni sabría por dónde empezar, me gustaría compartirte esta lectura a la que llegué por cuestiones que no tienen nada que ver con este news y mucho tienen que ver con hacerme la linda, pero que creo que viene al caso para pensar un poco sobre lo dado ya que cuestiona epistémicamente la asociación entre vulnerabilidad y vejez. 

Mientras te hacés otra pregunta irrespondible como cómo cuernos mis artilugios de seducción incluyen este tipo de cosas, va un fragmento: “Situar en el catálogo de vulnerables a determinadas poblaciones, los adultos mayores por ejemplo, no puede hacerse sin correr el riesgo de construir sistemas de representaciones forzadas a partir de referentes puristas e inocentes; imprimiendo al mismo tiempo el estigma de la diferencia. Implica también el ocultamiento de la heterogeneidad, del desdoblamiento de una continua fragmentación de las poblaciones ancladas en relaciones de tensión y redefinición continua, en un contexto de vida inconsistente e inestable. Por otra parte, al definir a un sector poblacional como vulnerable con normalidad se busca hacer evidente sus condiciones de indefensión y desamparo y, al mismo tiempo, reclamar políticas de atención, que por lo general privilegian a un segmento de la población en detrimento de otros. Excluyentes y oportunistas como son los programas asistenciales terminan por ignorar, cuando no sobre explotar, a otros sectores no etiquetados como vulnerables -es el caso de personas con seguridad laboral y económica- cuya causa residual redunda en un desinterés por atender problemas estructurales que cuasi perpetúan las condiciones de marginación y desigualdad que padece buena parte de la población”.

4- La semana pasada hablamos de la vuelta a clases. Durante el fin de semana, El cohete a la luna sacó esta nota con los resultados de una encuesta de la Universidad Nacional de Quilmes que buscó relevar opiniones sobre la vuelta a clases presenciales. Respondida por 2.258 residentes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires, de los cuales 966 son padres o madres, arrojó los siguientes resultados: “Preguntados acerca de si «sería mejor esperar a que todos los docentes estén vacunados contra el Covid para comenzar las clases presenciales», el 73% respondió «Sí, habría que esperar que todos los docentes estén vacunados (o, al menos, la mayoría de ellos)», y sólo un 27% optó por «No, las clases tienen que empezar lo antes posible, aunque los docentes no estén aún vacunados». En la Provincia el porcentaje a favor de esperar es levemente más alto (74%), pero en CABA no es mucho más bajo (69%). Lo que resulta más sorprendente es que el 77% de las madres y los padres de estudiantes piensan que habría que esperar a que los docentes estén vacunados”.

Una última nota de color sobre este tema: en la pandemia, la incidencia de pediculosis pasó del 70 al 44%.

Boxeo en la noche yo contra horario

Y si seguimos siendo honestos, te escribo esta carta en un estado dudoso de conciencia producto del famoso “tener los horarios cambiados” luego de varias noches consecutivas de revolear puños al vacío en la oscuridad tratando de noquear mosquitos. Como en este news hacemos leña del árbol caído (?) y además somos fans de la fauna autóctona, van unas datas sobre insectos veraniegos.

1- A los mosquitos que no nos dejan dormir a porteños y bonaerenses los trajo el viento. Son Aedes albifasciatus, no son vectores de dengue ni de ninguna enfermedad potencialmente peligrosa y suelen tener sus criaderos en el borde de los charcos que se forman en la tierra, generalmente por la lluvia. A diferencia del Aedes aegypti, más conocido como “el dengue”, soporta bajas temperaturas y vive en un territorio extenso, desde San Pablo hasta Tierra del Fuego.

El experto en mosquitos Nicolás Schweigmann, con quien hicimos un vivo hace tiempo junto a Martín Waisman, dice que los albifasciatus son “muy agresivos ya que suelen picar a animales de campo” y que “en la Ciudad pueden esconderse y el viento no los alcanza. Lo más probable es que se mueran de acá a una semana. Seguramente, con el correr de los días, veamos cada vez menos cantidad”. Así que en esa estamos, repelente y a esperar. 

2- Respecto a las cucarachas, un equipo de científicas desarrolló una serie de recomendaciones para ahuyentarlas: hojas de laurel o rodajas de pepino en alacenas y cajones, trampas con cucarachas muertas (son caníbales), desinfectar con agua con detergente y un chorro de vinagre, a la noche poner el trapo rejilla en un lugar lejos de donde manipulamos la comida, despegar las etiquetas de las latas (las cucarachas se comen el pegamento).

Yo se que soy muy sexy, dejá tu monedero

Si de honestidad se trata, de nada sirve adornar el mangazo. Así que antes de despedirme te recuerdo que me sigue llenando de alegría recibir fotos de mascotas y que podés colaborar con Cenital para que sigamos haciendo nuestro trabajo.

Te mando un beso enorme,

Agostina

p/d: las referencias de este news son de este himno, presente en uno de los discos que acaso mejor reflejó la mirada de las juventudes durante el menemato.

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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