Que la ciencia te acompañe

Y pocos son los que van a zafar

Entrevista con Jorge Aliaga, físico, investigador del CONICET y ex-decano de Exactas de la UBA y lecturas interesantes sobre el COVID.

Holis, ¿cómo andás? ¿Alguna vez te pasó de ir en el bondi, pasar por un lugar, acordarte de algo y empezar a reírte solo? Bueno, yo hace 6 meses que no me subo a un colectivo, pero hoy cuando me senté frente a la compu a escribirte esta carta me acordé de cuando empecé a armar este news y los intelectuales hablaban de la pandemia como una oportunidad para resolver inequidades estructurales. Y me reí sola.

En esta suerte de si no me mata la droga me mata tu amor,  esquivar el COVID no alcanza. También hay que gambetear el desempleo récord, el fuego que avanza desde los humedales y la pérdida de poder adquisitivo.

Hablar de ciencia en este contexto no es la excepción, pero el conocimiento es eso que nos hace decir que no todo está perdido, que los perdidos somos nosotros. Y estas cartas lo que espero que te haga sentir que, durante un ratito cada lunes, podemos ser los encontrados.

Qué injusticia que no se valore eficacia y responsabilidad

La reciente presentación del Proyecto de Presupuesto 2021 dio mucho de que hablar. Con un plan que pareciera asumir que la pandemia habrá terminado y la ventaja de una deuda renegociada, la apuesta a la obra pública ocupa un lugar central en la reactivación económica.

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En medio de reclamos gremiales por el establecimiento de un Convenio Colectivo de Trabajo en CONICET y recomposición salarial, la prioridad en el presupuesto para la función CyT aumentó levemente de 0.9% a 1.13%.

Fuente: cuenta de Twitter de Fernando Stefani

Para ver cómo se relacionan ambas variables y evaluar la situación financiera del sector científico tecnológico en nuestro país, hablé con Jorge Aliaga, físico, investigador del CONICET y ex-decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

¿Cómo ves la situación presupuestaria luego de los últimos anuncios?

Creo que lo primero que hay que evaluar es el modelo de desarrollo. El sistema CyT no puede ser valorado de forma independiente de ello. Muchas veces los científicos tienden a centrar el reclamo en los salarios o en la cantidad de PICT (Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica). Como cualquier sindicato, por supuesto que tienen derecho a reclamar esas cosas, pero no son las únicas que importan.

Con esto me refiero, por ejemplo, a que el gobierno anterior suspendió el proyecto SARA, que era un plan conjunto con el área de Defensa. Entre otras cosas, esto tuvo como consecuencia que se importasen drones que SARA estipulaba fabricar acá. Este gobierno, en cambio, reactivó ese tipo de proyectos a través del FONDEF, que prioriza la sustitución de importaciones para Defensa.

Otra cosa que sucede es que se miran mucho los subsidios directos, pero hay otros aspectos presupuestarios que están relacionados con el crecimiento del sector. Instituciones como CONAE (de investigaciones aeroespaciales) o CONEA (de energía atómica) aumentaron su presupuesto. Esto implica que se reactiven programas que llevan años en marcha, como el reactor nuclear CAREM, que proveerá energía para pequeñas ciudades.

Es importante también mirar este presupuesto con perspectiva. En 2015 la proporción total del presupuesto destinada al pago de deuda era del 8%, en 2019 del 19% y ahora volvió a ser del 8%. Dado que la mitad del total siempre es destinada a jubilaciones, ese 11% había sido recortado de la otra mitad. En 2020, por la pandemia, ese dinero fue destinado a planes de ayuda social, como los IFE. En 2021 esos planes no aparecen y sube mucho la obra pública. Salud sube un poco y ciencia también, pero sigue más bajo que en 2015, cuando ya nos quejábamos de que estábamos mal.

Estas subas, las de CONEA, CONAE, los subsidios y gastos de funcionamiento de CONICET y los programas de MinCyT son las que aparecen reflejadas, no así los sueldos. Esto es porque el dinero destinado a salarios se define luego de la negociación de las paritarias, que este año se demoraron. En CONICET se ve una disminución en el total porque la mayor parte son sueldos y, al no estar cerrados, no aparecen. En estos días, sin embargo, Salvarezza (el Ministro de Ciencia) anunció un aumento del 10% en concepto de jerarquización a las carreras del CONICET y UPCN, el gremio de estatales, un 7%. Habría que ver cómo quedan los números respecto a la serie ajustando estos valores.

¿Qué opinás de quienes dicen que la afirmación de “gobierno de científicos” se cae por su propio peso al analizar las condiciones laborales de los investigadores?

Creo que el gobierno dio algunas buenas señales. Por ejemplo, atendió reclamos de la comunidad, como el aumento de ingresos al CONICET, inclusive cuando la convocatoria había sido hecha por el gobierno anterior. Además, uno de los primeros anuncios fue un aumento de emergencia para becas.

Durante la pandemia se decidió congelar los sueldos de estatales, y CONICET tiene la misma paritaria. Fue un año en el que 6 puntos del PBI fueron destinados a ayudas sociales. Creo que no es justo entonces poner el ojo en un año como este y no juzgaría las prioridades en este contexto. Estoy de acuerdo con que 10% es insuficiente, pero insisto en que es una buena señal.

Durante el macrismo los trabajadores de CONICET perdieron el 30% de sus sueldos. Ahora toca reconstruir para estar tan mal como en 2015. 

Por otro lado, creo que muchas veces se falla al comparar los sueldos en dólares en distintos momentos. Para mí es mejor compararlos con el poder adquisitivo. Hay un dato muy llamativo, que es que en los 60, los profesores de dedicación exclusiva de las universidades (en ese momento no existía el CONICET), ganaban lo mismo que los diputados. Sin dudas los salarios están muy atrasados.

Por último, no creo que la definición “gobierno de científicos” deba ser solo salarial. Si mañana dijeran “estos son 10.000 gatos locos, subámoles el sueldo al triple y listo, que no se quejen más”. ¿Estaríamos contentos aunque eso implicara suspender todos los programas? 

Yo no sería tan lapidario en base a un solo parámetro y menos en un año como este. Si en 3 años seguimos en la misma situación, bueno, ahí es otra cosa. Y además hay que tener en cuenta que acá hay un problema sistémico que no es solo de la ciencia y es la concentración de ingresos en sectores cada vez más reducidos. El deterioro social no es exclusivo de los científicos, aunque es cierto que en otros lugares del mundo si lográs una posición permanente vivís relativamente bien.

¿Cuáles creés que son las claves para revertir esta situación?

De nuevo, el modelo de desarrollo. Si la apuesta es aprovechar las ventajas competitivas naturales e importar el resto, el sistema de CyT es indiferente. Si pensás en fomentar la industria, la tecnología y en producir valor agregado, el sistema CyT necesariamente tiene que crecer.

Yo creo que el corazón del sector deberían ser las universidades. Y montaría 20 INVAPs, fomentando áreas estratégicas de desarrollo según el lugar del país. E incluiría temas sociales en esos proyectos. No creo que la solución sea un CONICET cada vez más grande porque si no te pasan cosas como tener un Instituto Nacional del Agua en el que trabajan 5 personas porque “la estabilidad es CONICET”.

Necesitamos científicos trabajando en proyectos PDTS (Proyectos de Desarrollo Tecnológico y Social), que no se evalúan por papers publicados o patentes, sino por su contribución a solucionar el problema sobre el que trabajan. Y que en la definición de solución involucran a las comunidades, no son los investigadores quienes le dicen a los beneficiarios que les solucionaron el problema que ellos mismos identificaron sino los municipios u organizaciones comunales quienes demandan un proyecto de investigación y establecen sus parámetros de éxito.

Todos los organismos que no son universidades deberían tener tanto investigadores de CONICET como PDTS, porque son organismos de función específica cuyas prioridades debería definir el Estado. Y las investigaciones motivadas por el interés personal o de las comunidades de conocimiento deberían ser centralizadas por las universidades.

Aprendemos a ser felices así

La nueva normalidad no se termina de sentir normal y la vida pre-pandemia tampoco. ¿No te pasa que pensás en que ir a un bar y chapar con desconocidos siempre fue un foco de infecciones? ¿O que te da asco pensar en que antes de los barbijos la gente te respiraba en la cara? ¿O que era ridículo viajar media hora para tomar una clase de idiomas cuando siempre se pudo hacer por videollamada?

Mientras nos acostumbramos a lo improbable y el pasado parece cada vez más extraño, la pandemia continúa. Van algunas lecturas sobre COVID que me gustaron:

1- Esta nota que habla sobre cómo la caracterización de las juventudes como imprudentes que diseminan el virus porque no se aguantan la falta de joda en realidad enmascara los riesgos a los que están expuestas. El artículo, publicado en un medio canadiense, resalta que la mayoría de los tests positivos pertenecen a personas en sus veintis y treintis y que se desconoce la causa de contagio de la mitad. Y que cuando toda la comunicación dirigida a los jóvenes dice cosas como “no seas egoísta e infantil y dejá de irte de fiesta” se ignoran factores de riesgo puntuales de estos grupos como compartir casa entre varios, tener empleos de atención al público, protocolos de seguridad mal diseñados en las instituciones educativas, pertenencia a grupos étnicos más vulnerados o presión de sus pares para incurrir en conductas riesgosas. 

2- Este hilo sobre el nuevo sistema de registro de muertes en la Provincia de Buenos Aires. En unos pocos tweets, la socióloga Sol Minoldo explica que el subregistro recientemente corregido se debe a una falta de carga por parte de los efectores de salud. El SISA (Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino), que, entre otras cosas, computa la cantidad de muertes por COVID-19, solo puede recibir datos del sistema sanitario. Al momento del fallecimiento, la prioridad de registro es firmar el certificado de defunción. En momentos de fuerte demanda, puede suceder que se firmen los certificados pero no se cargue la información en SISA.  Para solucionar el desfase, se cambió el sistema. Hoy se cruzan bases de datos entre registros de defunción y pacientes COVID para saber cuántas muertes falta cargar.

3- Este “tweetorial” de Florian Krammer, investigador del Departamento de Microbiología de la Escuela de Medicina de Mount Sinai, sobre vacunas en desarrollo. Está en inglés, pero explica muy bien las diferencias entre los procedimientos standard y las vacunas contra el coronavirus. Fundamentalmente, sostiene que reducir la rapidez en la transición entre fases a fallas en los protocolos de seguridad es un error. En el hilo, Krammer cuenta que el pasaje entre etapas del desarrollo suele tomar mucho tiempo porque son procedimientos muy caros y se quiere minimizar el riesgo económico, pero que, en este caso, el dinero no importa. Además, explica muy detalladamente cómo funciona cada tipo de vacuna.

4- Esta nota que dice que quienes sobrevivieron al dengue podrían haber desarrollado inmunidad contra el coronavirus. La hipótesis parte de un análisis de la Duke University que comparó la distribución geográfica de casos de ambas enfermedades en Brasil en 2019 y 2020 y observó que las áreas con menos casos de COVID-19 y menor tasa de dispersión del virus son aquellas que padecieron brotes intensos de dengue este año o el anterior. A su vez, los investigadores resaltan que ya se ha observado que personas con anticuerpos para el dengue dieron falsos positivos en tests de coronavirus. Por supuesto, esto no prueba nada, pero si se comprobara la relación sería sumamente llamativo ya que los virus pertenecen a familias completamente diferentes.

5- Esta nota sobre mascotas electrónicas que ayudan a los adultos mayores a sobrellevar el aislamiento. Al ser grupo de riesgo, los gerontes tienen restricciones de circulación mucho más estrictas que otros grupos. Y en muchos casos, no pueden tomar la responsabilidad de cuidar a una mascota. Por eso, muchas residencias están implementando el uso de robots. Y parece que funciona. Varias investigaciones mostraron que quienes los reciben se vuelven más sociables, mejoran su estado de ánimo y aumentan su apetito.

Imposible bajarse de esta rutina

Mientras la sensación de excepción se va diluyendo, las costumbres que se cuestionaron se siguen anquilosando. Mientras que el principio de una pandemia profundamente relacionada con el modelo productivo de alimentos trajo un aluvión de promesas de veganismo, el viento de no-cambio hace lo propio y se las lleva.

Ante el flagelo que pareciera ser para algunos prescindir de alimentos muy contaminantes que no son esenciales a nivel nutricional, se impone la necesidad de planificar y manejar los sistemas ganaderos. En ese sentido, una investigación de la Facultad de Agronomía de la UBA encontró que, aplicando modelos matemáticos sobre información satelital, se puede predecir la productividad del forraje (el pasto que comen los animales).

El sistema analiza las precipitaciones producidas en los meses anteriores para estimar la productividad de las pasturas y, con ello, cuántos animales podrán alimentarse y cuánta carne o leche producirán. Pascual Ciccioli, estudiante de la Especialización en Manejo de Sistemas Pastoriles, sostuvo que: “Esta investigación es especialmente relevante para los productores ganaderos, ya que al contar con información sobre futuros excesos o déficits de forraje podrían anticipar decisiones de manejo ganadero. El 90% de la producción animal de las empresas del SO de Buenos Aires en las que trabajo dependen del forraje. Por eso, cuando varía la disponibilidad de este recurso se debe ajustar la carga animal para usarlo sustentablemente y evitar el sobrepastoreo”.

Porque él hoy se mató pensando, y es lo mismo que uno más

La capacidad de adaptación de las especies que maravilló a Darwin hoy nos desmaravilla cuando nos vemos confinados a sueldos precarios, indiferentes a cientos de muertes diarias y aferrados a hábitos insostenibles. Tal vez nos podamos volver a ilusionar pensando la información como una herramienta para sacudirnos la resignación, porque si todo sigue su curso hoy estamos mal y mañana vamos a estar peor. 

Te mando un beso enorme,

Agostina

p/d: si no entendiste las referencias de esta edición te invito a escuchar este himno pesimista y recordar este clásico entrañable de la televisión argentina que incluye la teoría inmunológica más comentada de la nación.

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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