Que la ciencia te acompañe

¿Por dónde empiezo si nunca aprendí?

La edición de hoy va a ser express con algo de info sobre coronavirus, ambiente y hábitos.

Holis, ¿cómo estás? En el momento en el que te escribo, el Presidente está anunciando nuevas medidas para contener el aumento de casos de coronavirus, que llegaron a su máximo histórico. 

Mientras trato de decidir cómo encarar esta carta, pienso que el virus es el mismo y, por lo tanto, las medidas de prevención recomendadas deberían ser las mismas, así que no tengo mucho para decir. Sin embargo, siento que estamos lejos de comprender la situación, porque si lo que se promueve no da los resultados esperados, evidentemente no funciona. Con esto no quiero decir que el uso del barbijo, la distancia física y la ventilación no disminuyan el riesgo de contagio, mucho menos que no deberíamos cumplir con las restricciones anunciadas, sino que, dado que sabemos que estas cosas funcionan y descontando que cumpliremos con lo postulado por las autoridades, tal vez podemos ir un pasito más allá en el análisis y conceder que estas cosas que se nos solicitan quizás no son tan fáciles de cumplir. Y con esto trastocar uno de los principios básicos con los que nos venimos manejando en la comunicación de la pandemia, ya que siempre hemos catalogado estas conductas como “medidas sencillas”.

De nuevo, no digo que, viviendo en un barrio céntrico de la Capital Federal, juntarse a tomar una birra con dos amigas en un parque en vez de en una casa implique un gran esfuerzo, sino que no me parece verosímil pensar que el aumento de casos sucede porque “la gente es egoísta”, “se caga en los demás” o “le dan demasiadas libertades”, como muchas veces se escucha. Me inclino más por pensar en que es muy difícil reorganizar las conductas de una sociedad para evitar el contagio de un virus que te agarrás cuando respirás aire que ya fue respirado por otros. Desde mi humilde lugar, creo que no se trata de que cada uno haga lo que tiene que hacer, sino de que todos hagamos lo que consideramos mejor. Y en este mundo, para muchas personas, la distancia entre lo que pueden hacer y lo que hemos determinado colectivamente que es lo mejor que puede hacerse es enorme.

Por eso creo que hoy más que nunca es importante no apresurarse en el diagnóstico. No sólo porque no sería preciso, sino porque es otra forma de cuidado. Además de lavarnos las manos y toser en el pliegue del codo, no apurarnos a revolear lo que creemos que es evidencia de que algo es adecuado o no es una práctica que nos va a ayudar a construir lo que más necesitamos en este momento: comunidades fuertes. Hoy percibimos que hay iniciativas que fallaron estrepitosamente, que hay algunas cosas que podemos hacer y que sabemos que disminuyen los contagios, que hay muchas otras que no sabemos, otro tanto que no consideramos y un montón que escapan a nuestro control. Para reducir el margen de error, ampliar nuestro conocimiento y sumar variables a nuestras consideraciones, es necesario hablar con los demás y construir consensos. Y eso lleva tiempo.

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Las ciencias, que son lo que nos convoca, se basan en este sistema: acordar una forma de hacer las cosas, repetirla para generar conocimiento y poner ese conocimiento en práctica. En concordancia con esta actividad y con respeto a lo que nos toca vivir, la edición de hoy va a ser express. Tendrá algo de info sobre cosas que acordamos que son parte de nuestras cartas: coronavirus, ambiente y hábitos, pero no será exhaustiva para darle lugar y tiempo a la reflexión. Otra medida de cuidado: no saturarnos de información en un escenario incierto para no tentarnos con conclusiones rápidas que nos proporcionen alivio espontáneo y nos sitúen velozmente en una posición poco dispuesta al diálogo.

Que no es nada fácil cuando te derrotan

La sensación es que nos han vencido aún vencidos. Pero esto no es una guerra, es un virus. Van algunos highlights a tener en cuenta en la batalla contra la ansiedad de diagnosticarlo todo:

1- Las personas vacunadas pueden contagiarse, eso no quiere decir que las vacunas no sirvan. A raíz del anuncio del presidente Alberto Fernández sobre su diagnóstico positivo después de haberse inoculado con la vacuna Sputnik V, surgieron dudas sobre su eficacia.

Lo primero que hay que decir sobre esto es que las vacunas tienen un porcentaje de eficacia, o sea que está dentro de lo esperable que algunas personas se infecten aún vacunadas. El virólogo Mario Lozano lo explica así: “Con una dosis de Sputnik V se alcanza un 80 por ciento de eficacia. Ello no nos permite afirmar que todos dejarán de infectarse, pero sí que sólo el 20 por ciento desarrollará algún síntoma luego del contagio. Lo que también se sabe es que aquellas personas que desarrollen síntomas lo harán de forma leve y no requerirán internación”.

Por otro lado, la respuesta inmune de cada persona es distinta, por lo que algunos tardarán más en desarrollarla que otros. Esto quiere decir que algunas personas podrían estar protegidas a los pocos días de recibir la primera dosis y que otras lo estarán luego de recibir la segunda. De nuevo, esto no quiere decir que sea lo mismo estar vacunado que no, la inmunidad es un proceso gradual y la primera dosis debiera prevenir en su totalidad el desarrollo de cuadros graves.

2- Las vacunas funcionan aunque no generen efectos secundarios. Dado que algunas vacunas presentan una alta prevalencia de efectos secundarios leves, como hinchazón en el lugar de la inyección, algunas personas que no presentaron ninguno comenzaron a preguntarse si esto indicaría un efecto reducido. ¿El razonamiento? Si los efectos secundarios se dan porque el cuerpo “imita” las condiciones de una infección para generar inmunidad, si no me sucede ¿es porque no la estoy generando? La respuesta corta: no. El sistema inmune de cada uno es distinto, y así como hay gente que cursa la infección de manera asintomática y genera inmunidad, hay personas que reaccionan de manera similar a la vacuna. Una respuesta un poco más larga: no se sabe por qué algunas personas desarrollan síntomas y otras no, pero en los ensayos clínicos no se observó que esto cambiara la eficacia de las vacunas.

3- Hay cuatro fármacos para el tratamiento de la COVID que cuentan con evidencia respaldada por la OMS. Los corticoides sistémicos, como la dexametasona, son recomendados fuertemente luego de relevar los datos de ocho ensayos clínicos con 7184 participantes y concluir que probablemente reducen la mortalidad a los 28 días en pacientes con cuadros críticos y graves. Los anticoagulantes y el remdesivir fueron clasificados como de “recomendación condicional”, lo que implica que se requieren más estudios de eficacia y seguridad. En el primer caso, se sugiere su administración en bajas dosis. En el segundo, el medicamento fue centro de varias polémicas, tanto por su alto precio como por la acaparación de dosis durante la administración de Trump (si no te acordás de esto último, lo charlamos en esta edición). Por último, respecto a la ivermectina, a pesar de que su aprobación en nuestro país se anunció en octubre, la ANMAT aún no ha emitido la autorización. Según la OMS, luego de revisar los datos de 16 ensayos con un total de 2407 pacientes, la evidencia no es concluyente y el medicamento sólo debe usarse en el marco de ensayos clínicos.

Que alrededor todo es miedo y desesperanza

En un panorama desolador, es difícil resistir al impulso de encontrar alivio en imaginar que el problema de hoy desaparece. Pero como dijimos muchas veces, el coronavirus es también una expresión de un problema más profundo: la forma en la que producimos y consumimos. En un momento en el que hay que repensar y reaprender, van algunos materiales sobre uno de los temas más controversiales de la producción de alimentos: los agroquímicos, como para no perder de vista elementos de análisis fundamentales.

1- El grupo Iconoclasistas, junto al Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, realizó un póster titulado “Cuerpo-Territorio” en el que se representan 10 problemáticas socioambientales en Argentina y Sudamérica y sus consecuencias para la salud. 

Carolina Cazaux, una de las médicas que participó del proyecto, acota esto que me parece fundamental en un contexto en el que se ha reforzado la visión de la salud como ausencia de enfermedad: “Es necesario poder entender que los procesos de cómo se enferma una población necesariamente tienen que ver con las actividades que se realizan, con los hábitos culturales, con los vínculos. Si pensamos en la salud como un tejido social que tiene que estar sano, fortalecido, necesitamos que haya gente capacitada para trabajar desde esa perspectiva. (La de medicina) Es una carrera mercantilista, fragmentada, que disocia. Se enseña a diagnosticar enfermedades y prescribir tratamientos”.

2- A fines de marzo se hicieron públicos los “Paraquat papers”, una serie de documentos en los que un entonces trabajador de la empresa, Jon Heylings, advertía a sus superiores que la concentración de PP796, un compuesto que induce el vómito para prevenir consecuencias graves de la ingesta del agroquímico, no es suficiente para hacerlo seguro. En estos informes, Haylings advierte que la concentración fue calculada a partir de la manipulación de datos de un pequeño ensayo clínico que sugería erróneamente que los humanos eran diez veces más sensibles al PP796 que las tres especies animales en las que se había testeado.

El tema es el siguiente: la empresa que fabrica el paraquat, un pesticida ampliamente utilizado en la producción agrícola, enfrenta una serie de juicios por la asociación de su producto y casos de Parkinson. Al investigar estos casos, se solicitó que se hicieran públicos varios documentos de la empresa y ahí salieron a la luz los memos de Haylings, que reflotan un viejo escándalo, ya que la inclusión del PP796 se dio luego de que se evaluara prohibir el paraquat por numerosas intoxicaciones y suicidios, esperando que al inducir el vómito quienes lo ingirieran no se intoxiquen gravemente. El primero de estos juicios será el 10 de mayo en Illinois y promete ser revelador.

3- Una investigación de la Universidad Nacional de Mar del Plata detectó contaminación por plaguicidas en el agua de escuelas de barrios periurbanos y rurales del partido de General Pueyrredón. En el monitoreo, se encontraron altas concentraciones de glifosato y nitratos en dos perforaciones que abastecen a cuatro escuelas y un jardín de infantes. Anteriormente, el grupo había analizado la presencia de bacterias en barrios que no poseen servicios cloacales, encontrando que el 70% no eran aptas para el consumo. En cuanto a las soluciones, el equipo menciona tres: uso de filtros de manera individual, llevar agua potable de zonas no contaminadas a través de tendidos de agua de red y, a largo plazo, modificar el modelo productivo agroindustrial. Según Leonardo Lupi, director del Grupo Aguas que efectuó el estudio, el principal problema para llevar estas políticas a cabo es que la contaminación no se termina de percibir como un problema “(Las prácticas productivas) Pasan desapercibidas porque usualmente se promueven prácticas contaminantes que se naturalizan y generan la creencia de que no hay otra forma de producir, aunque sí la hay (...) Tenemos que tener conciencia de que el agua es un bien común indispensable para la vida. Las comunidades deberían tener la posibilidad de decidir sobre las legislaciones ambientales, y para eso tienen que tener conocimiento sobre los procesos de contaminación y los riesgos ambientales del espacio en el que viven”. Por esto, declara: “Nuestro vínculo no termina con el informe técnico. Desde nuestro lugar de investigadores, docentes y extensionistas también nos interesa que el vecino entienda por qué el plaguicida está en ese lugar, cómo puede haber llegado ahí y cuáles son las posibles soluciones desde un lugar técnico, así como las cuestiones políticas detrás de la normativa y las preocupaciones ambientales de fondo”.

Entre las cuatro paredes de mi habitación

En tiempos de estrés y tristeza, una de las cosas en las que primero se refleja es en los hábitos de sueño. Estamos entre amigos, así que te lo puedo contar. Yo, por ejemplo, desde que empezó la pandemia duermo con los puños apretados, en tensión. Otras personas reportan insomnio o fatiga crónica. Van dos notas sobre dormir que tal vez te resulten útiles:

1- Para muchos, la privación de sueño tiene más que ver con dificultades ajenas que propias. En este caso no hablo de amantes inquietos o gatitos haciendo parkour a la madrugada, sino de bebés. En esta nota se cita bastante evidencia sobre el sleep training, que se refiere básicamente a cualquier sistema en el que se deja al bebé en la cuna cuando anochece y se espera a que vuelva a quedarse dormido solo, aún cuando se despierta llorando. La mayor oposición a este método sostiene que el bebé se va a sentir abandonado y en consecuencia le va a costar formar lazos con sus cuidadores y, eventualmente, con cualquier otra persona.

El artículo cuenta que esta creencia viene de la observación de varios orfanatos rumanos en la década del 80, en la que miles de bebés casi no tenían contacto humano por tiempo prolongado y en consecuencia no lloraban porque sabían que nadie iba a venir. Los detractores del sleep training sostienen que esto es equivalente a la frialdad soviética, mientras que quienes lo apoyan señalan las obvias diferencias.

Por suerte, para saldar la cuestión, se hicieron varios ensayos. Uno con 328 madres con bebés de 7 meses, que tenían problemas para dormir, usó el método en la mitad y observó que no sólo mejoraba el sueño de los niños sino que bajaba la prevalencia de depresión en las madres. Al reevaluar a los chicos a los 6 años, no se vieron diferencias en la estabilidad emocional de quienes habían hecho sleep training y quienes no.

2- Esta nota no es científica, pero me gustó porque implica un experimento personal. Después de 10 años de trabajar en casa, un periodista de “mascotas y cosas que te llevarías de tu casa al trabajo” (sic) da una serie de consejos para la siestita reparadora en el medio de la jornada laboral: armar un ambiente, tomar un café justo antes para que te pegue cuando te levantás y no te quedes turulo, usar una app de meditación para aquietar la cabeza, no pasarse (él duerme media hora), quedarse tranqui si no te dormís (el objetivo es descansar y sirve igual).

Llama, no importa la hora que yo estoy aquí

Son momentos álgidos y ni el conocimiento ni la información son refugios, pero sí los lazos que armamos para hacerlos circular (como por ejemplo estos newsletters, con los que si está dentro de tus posibilidades te invito a colaborar).

Hablar de lo que nos pasa es también hablar de lo que pasa y, en una época en la que se ha privatizado el malestar con discursos pretendidamente científicos como “lo que te sucede es el resultado de una falla en el balance químico de tu cerebro” o sumamente individualistas como “el único que tiene el poder para sacarte de esta situación sos vos”, seguimos apostando por construir una idea de las ciencias que no condicione nuestra humanidad, sino que nos ayude a comprendernos cabalmente como seres sociales. Cuidate, querete (sobre todo si sos lo suficientemente joven como para no completar esta oración automáticamente).

Te mando un beso enorme,

Agostina

p/d: las refes de hoy son de lo que yo creo un tema excepcional para este estado de ánimo: una balada tristísima que se canta tan a los gritos que terminás re arriba.

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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