Que la ciencia te acompañe

Me cuesta imaginar lo que vendrá

Un repaso por las noticias que más me gustaron, a ver si podemos comenzar a reconstruir al placer como razón suficiente para el quehacer.

Holis, ¿cómo andás? Yo acá, encarando esta carta después de no haber enviado la de la semana pasada, pensando si hacerte un resumen de lo más importante de estos últimos 15 días, si poner todo o si dejar ir lo que ya fue y solo contarte lo que pasó en estos últimos días. Y vuelve a mi cabeza lo de siempre, eso de que la pandemia sigue y todo es medio lo mismo, pero que es un hecho tan total que sus pequeñas variaciones lo cambian todo. 

Lo que me desespera de esto es la vivencia de un presente absoluto, en el que el pasado aparece como añoranza, no solo nostálgica, sino como un ideal de futuro. Las consecuencias de esta crisis sanitaria nos aterran tanto que preferimos pensar que no las habrá, que después de la pandemia el mundo volverá a ser el que era. Y no solo me da pena porque no creo que el mundo pre pandémico fuera una panacea, sino porque hemos eliminado ese espacio en el que depositábamos la ilusión de no habernos resignado: el futuro.

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La verdad es que es muy difícil acordarse de ir a recitales y no sentir que sería todo lo que necesitamos para ser felices. No tengo idea de cómo recuperar el deseo sobre el futuro, de cómo hacer para pretender más, para sentir que no alcanza con dejar de despertarnos con mensajes que nos notifican muertes cercanas. Sin embargo, no tengo dudas de que es imprescindible. 

Empiezo, entonces, con la pregunta más simple de esta carta, la de qué contarte esta semana. No te voy a narrar las cosas más relevantes ni las voy a priorizar por temporalidad. Te voy a mostrar las noticias que más me gustaron, a ver si podemos comenzar a reconstruir al placer como razón suficiente para el quehacer.

Sé que moriría si me quedo en la mitad

Para situarnos en el futuro lo primero que tenemos que hacer es poder imaginarnos ahí y para eso tenemos que sobrevivir. Van algunas coronanews para pensar dónde estamos y proyectar hacia dónde vamos:

1- Se iniciaron conversaciones para fabricar la vacuna de Oxford-AstraZeneca en Argentina. Durante la primera semana de mayo, la ministra de Salud, Carla Vizzotti, y la asesora presidencial Cecilia Nicolini se reunieron con el embajador británico, Mark Kent, para manifestar la voluntad nacional de fabricar la totalidad de la vacuna. Las funcionarias sostuvieron que nuestro país cuenta con la tecnología necesaria para llevar a cabo la empresa y Kent se comprometió a seguir con las conversaciones. Por otro lado, durante la reunión, Vizzotti y Nicolini remarcaron que Argentina está cumpliendo en tiempo y forma con la fabricación del principio activo del fármaco y solicitaron que el laboratorio envíe las dosis retenidas en Estados Unidos (si no te acordás, en esta edición hablamos con detalle de la demora en las entregas). Respecto a esto último, se ve que la reunión fue un éxito, ya que el martes la ministra anunció que durante el mes de mayo se recibirán 4 millones de dosis de la vacuna.

2- Una dosis de Pfizer o AstraZeneca reduciría el riesgo de transmisión a la mitad. Un análisis de más de 365.000 hogares en Reino Unido buscó casos de personas que se contagiaron después de haber recibido una dosis de alguna de las vacunas y luego se fijaron cuán frecuente era que estas personas contagiaran a alguno de sus convivientes. ¿Los resultados? Dentro de los 21 días de haber recibido la primera dosis, las personas aún pueden dar positivo en los tests, pero sus convivientes se contagian entre un 40 y un 50% menos que los de personas que no se vacunaron.

3- Los expertos señalan que es improbable que se alcance la inmunidad de rebaño en Estados Unidos. Hoy, más de la mitad de los adultos allí recibieron al menos una dosis de alguna vacuna. Sin embargo, mientras la cantidad de vacunas administradas diariamente disminuye día a día, los especialistas señalan que la inmunidad comunitaria no podrá alcanzarse en el futuro inmediato y que tal vez nunca llegue.

¿Por qué? Los cálculos iniciales, que sostenían que si entre un 60 y un 70% de la población estaba inmunizada, ya sea por haber cursado la infección o por haberse vacunado, el virus se iba a “quedar sin gente para infectar”, se basaban en la contagiosidad de la variante original. La variante que más circula hoy en EEUU es un 60% más contagiosa. O sea que ahora se necesitaría inmunidad en un 80% de la población. Sin embargo, si siguen surgiendo más variantes o si las personas inmunizadas aún pueden transmitir el virus, ese porcentaje va a seguir subiendo. Además, hay encuestas que muestran que alrededor del 30% de los estadounidenses son reticentes a vacunarse. Se espera que ese número mejore pero tampoco tanto. Por otro lado, el cálculo es un estimado para la población general, mientras la enfermedad se transmite de forma local. Si un 95% del total de la población del país se vacuna pero hay una ciudad en la que se vacuna el 60%, el virus se va a seguir transmitiendo ahí y de alguna forma se va a esparcir.

¿Esto quiere decir que las vacunas no sirven? No. Lo que cambia es lo que se quiere lograr. La inmunidad de rebaño plantea la desaparición del virus, pero si esto no es posible lo que se debe buscar es disminuir las tasas de hospitalización y muertes. Y esto sí se puede lograr con la vacunación, que es sumamente efectiva para prevenir las formas graves de la enfermedad.

4- Los datos recabados en las campañas de vacunación invisibilizan a las personas LGBTIQA+. En los formularios de registro para recibir vacunas, las opciones de género son binarias y no se consigna la orientación sexual. Esto podría causar que, al revisar y analizar los datos, haya desigualdades que se pasen por alto. En Estados Unidos, por ejemplo, se sabe que aunque las comunidades racializadas y de menor poder adquisitivo hayan experimentado brotes más severos, recibieron menos vacunas. En el caso de las personas LGBTIQA+ esto podría estar sucediendo pero no existen datos para corroborarlo. Por otro lado, varios grupos activistas señalan que registrar estos datos no solo serviría para identificar y corregir disparidades, sino también para validar sus identidades y construir espacios de salud seguros para estas comunidades, que muchas veces no se acercan por las múltiples violencias que allí se perpetúan contra ellos. 

Para seguir profundizando sobre el impacto de la pandemia desde una perspectiva feminista, recomiendo mucho este artículo de dos colaboradoras de este newsletter, Laura Belli y Danila Suarez Tomé. Dejo un fragmento que me gustó mucho, ya que visibiliza que las tareas de cuidado también son parte del sistema de salud, pero nunca las tenemos en cuenta a la hora de pensar en su colapso: “El aporte de las cuidadoras informales a la salud global es mucho más importante que lo que se reconoce. La reducción de las tasas de mortalidad en todos los grupos etarios durante el último medio siglo se debe en gran medida a la contribución subestimada de las mujeres a la salud y la atención social. Los mismos sistemas de salud que con frecuencia desatienden las necesidades particulares de las mujeres, en gran medida se sostienen en la actualidad gracias a que ellas cumplen la función de prestadoras de asistencia sanitaria tanto en el sector formal como informal”.

5- La liberación de patentes no es una solución para la desigualdad en la distribución de vacunas. Luego de que, recientemente, la administración de Joe Biden apoyara el pedido de liberación de las patentes de las vacunas, mientras que otras, como la de Angela Merkel, siguen sosteniendo que la protección de la propiedad intelectual fomenta la innovación, el debate se reavivó y la pregunta sobre las consecuencias reales de liberar las patentes surgió desde todos los frentes. En su columna de opinión para el Washington Post, Estefanía Pozzo lo resume así: “El verdadero debate es la desigualdad, no la protección de los intereses de la economía de los países ricos”. ¿Qué es lo que contiene en esta frase? Que, como todos sabemos, los países más ricos son quienes compraron la mayor cantidad de vacunas y también quienes albergan a los laboratorios que poseen las patentes, pero que eso no es todo. También son quienes tienen la capacidad productiva. Si las patentes se liberaran, esto implicaría que países con menos recursos económicos podrían prescindir de la inversión en investigación, pero no necesariamente que pudieran fabricar las vacunas. Para eso, se necesita de un proceso de transferencia tecnológica (o sea que los laboratorios de los países centrales enseñen a otros cómo hacer las vacunas, que no es lo mismo que entregar la fórmula), pero además es imprescindible instalar capacidades para poder formular el desarrollo a gran escala, cosa que necesita de enormes inversiones. 

6-  Ya se documentaron casos de coinfección. Sí, es exactamente lo que suena, la infección simultánea con dos variantes diferentes. La noción no es nueva, se ha hablado, por ejemplo, de posibilidades de coinfección entre HIV y tuberculosis. En este caso, son dos mutaciones del mismo virus. ¿El problema? Que esto podría generar una recombinación que hiciera surgir nuevas cepas de una forma distinta a la de las mutaciones que venimos observando. Si bien la noticia es pésima, no quiero dejar de recomendarte el medio por el que me enteré, que es este magnífico newsletter de Marcela Basch llamado Diez palabras.

7- Cinco precauciones para tener en cuenta si tenés COVID. No demorar la consulta médica telefónica aunque los síntomas sean leves, avisar a los contactos estrechos para que puedan aislarse, mantenerse aislado, no automedicarse, mantenerse separado de los convivientes y estar atento a los signos de alerta de agravamiento del cuadro.

Para conocer el mundo de verdad

Si hay un futuro más allá de la repetición indefinida del pasado, vamos a tener que armarlo compartiendo nuestras ideas más descabelladas. Así que acá van algunas notas sobre experiencias de comunicación:

1- Los pacientes con “long COVID” se organizan para que nadie se olvide de ellos. Ahora no encuentro la edición en la que te lo conté, pero la cosa es así: compartiendo sus experiencias en redes sociales, un montón de gente se dio cuenta de que no era la única que aún mucho tiempo después de haber tenido COVID seguía teniendo síntomas. Al padecimiento le pusieron “long COVID” y se empezaron a  nombrar a sí mismos como “long haulers”. 

Hoy 10.500 pacientes, sus cuidadoras y sus familias formaron un grupo de investigación independiente que piensa en el futuro. Dicen que el riesgo de que las consecuencias de la enfermedad desaparezcan de la agenda pública aumenta, mientras las campañas de vacunación avanzan, los casos decrecen y la gente cada vez se cansa más de escuchar hablar de la enfermedad. El Body Politic COVID-19 Support Group ya tiene equipos administrativos, junta directiva y cuenta con el apoyo de varios profesionales de la salud. También se presentan a campañas de financiamiento, ya que temen que, una vez disipada la emergencia sanitaria, el long COVID se transforme en una epidemia silenciosa y sin tratamiento. 

Entre las varias iniciativas de investigación que promovieron, me gustó ésta: después de hacer una encuesta entre 577 long haulers que habían recibido la vacuna y que el 47% respondiera que luego de la inyección los síntomas se habían aliviado, la Escuela de Medicina de Yale empezó a investigar el tema.

2- Los papers científicos se convirtieron en una herramienta de polarización. Un poco lo charlamos cuando hablamos de la apertura/cierre de escuelas y su relación con la evidencia, pero nunca está de más seguir reflexionando sobre este nuevo rol que tienen los papers en la conversación pública. Lo vemos todos los días, alguien tuitea “hay que hacer x, no lo digo yo lo dice (inserte nombre de revista prestigiosa aquí)” y otro le contesta “ese trabajo toma mal los datos, lo que hay que hacer es z, como dice (inserte nombre de otra revista prestigiosa aquí)”. En su artículo, Natalí Schejtman dialoga con un científico y un filósofo, y sostiene: “En escenarios polarizados se empieza a ver más el cherry picking, una expresión que puede traducirse como ‘seleccionar las cerezas que te convienen’". Se trata de una “falacia de la evidencia incompleta”, o sea, elegir el dato que dice lo que uno quiere y descartar los que lo matizan o discuten. De las decisiones basadas en evidencia a la evidencia utilizada discrecionalmente para justificar decisiones previamente tomadas. Como si en la pandemia, una época de incertidumbre como no se vivía hacía décadas, el “solucionismo tecnológico” del que hablaba Evgeny Morozov -cualquier problema se arregla con tecnología- hubiera virado hacia el “solucionismo de la evidencia”. Y tanto como la tecnología, la evidencia también “es más compleja”’. 

3- Para hacer frente al escepticismo sobre las vacunas, no basta con dar a conocer argumentos de expertos. Me cuesta mucho elegir un fragmento de este artículo porque realmente expone la cuestión de una manera magistral, pero acá va: “Enmarcar la resistencia a las afirmaciones de la ciencia como una forma singular de «negacionismo» crea un paraguas bajo el que se pueden agrupar muchas formas dispares de incredulidad. Al aplanar sus distinciones, se crea un solo problema, un número potencialmente solucionable, mientras que antes había que hacer frente a una innumerable cantidad de preocupaciones que se multiplicaban al ritmo del avance de la propia ciencia. En el caso de los actuales programas de vacunación masiva, existe, por un lado, un deseo empático de entender la resistencia de la gente a que se le diga que acepte la palabra de las rapaces compañías farmacéuticas y de los ineptos gobiernos nacionales cuando se trata de proteger su bienestar y el de sus familias. Pero, por otro lado, hay que convencer a los escépticos de que, haciendo a un lado los motivos, las acciones respaldadas por los actores del Estado y del capital (habitualmente sospechosas) son, en este caso, todas buenas. No hace falta ser esclavo de las teorías de la conspiración para darse cuenta de que las actividades de la agroindustria mundial que causaron la pandemia comparten el mismo terreno operativo que las grandes farmacéuticas. El escepticismo que se desprende de esta observación se limita a preguntar por qué, si una rama de la ciencia aplicada con ánimo de lucro creó este problema, debería alguien esperar que otra rama lo resolviera.” 

*El meme dice: cuando el rompecabezas dice “de 2 a 4 años” y vos lo resolviste en menos de 3 meses (la remera del chico dice “el experto”)

4- Si necesitamos creatividad, el arte siempre es una respuesta posible. Así que va una lista de pelis y documentales sobre ciencia que armó Federico Kukso.

Aún no es tarde pero así me estoy sintiendo

Díganme ilusa, pero soy de las que cree que en el futuro las mujeres vamos a poder ser médicas en vez de tener que arreglarnos con lo que hay, si aparece alguien que necesita una cirugía.

Más allá del chiste, el consenso es que, si el futuro es un lugar deseable para vivir, entonces será feminista. Van dos notas cortas que nos muestran que todavía no superamos el pasado:

1- Este trabajo hace algo muy simple. Muestra que, en la Ciudad de Buenos Aires, los nacimientos disminuyen significativamente durante los fines de semana, sobre todo en los establecimientos privados. ¿Por qué es importante? Porque la programación e inducción de los nacimientos guardaría una relación directa con la comodidad del personal médico.

2- Profesoras de la UNTREF denuncian acoso y despidos arbitrarios por parte del coordinador de una carrera. No hay mucho que agregar. Una docente de la Licenciatura en Artes Electrónicas recibió numerosas invitaciones a salir por parte de su coordinador, invitaciones que siempre rechazó y que él siguió enviándole junto a mensajes inapropiados. En enero de este año, un mes después de rechazarlo nuevamente, el coordinador la despidió, junto a su equipo. La universidad inició un sumario administrativo para investigar los hechos, pero por ahora no hizo nada respecto a la situación laboral de las docentes, aduciendo que sus contratos están vencidos. Dado que la ciencia no es una actividad independiente y necesita de instituciones, sería bueno que no se piense que el futuro ya llegó porque podemos denunciar y, si se lo toman en serio como para abrir un sumario, necesitamos que nuestros espacios de trabajo también garanticen nuestra continuidad ante estos hechos.

Que la suerte sea suerte y no algo que no he de alcanzar

En un contexto esquivo a los planes, pensar en el futuro es inverosímil, pero, en un mundo hostil, la verosimilitud es una condena. Imaginarnos un mundo sin pandemia tiene que poder ser otra cosa que lo que conocimos y para eso necesitamos estrategias efectivas para lidiar con el virus, formas honestas para comunicarnos y construir, pero, sobre todo, ideales.

Te mando un beso enorme,

Agostina

p/d: las referencias de este news pertenecen a este dramón sobre imaginar el futuro

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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