Guía cultural y asombrosa de la Costa Atlántica

Un Hilo veraniego sobre nuestras playas y sus curiosidades, inspirado en un libro que acaban de publicar Andrés Gallina y Matías Moscardi.

Hola, ¿qué tal? Espero que estés lo mejor posible. Yo bien, acá en Buenos Aires, arrancando el año con bastante actividad sin haber cortado todavía en ningún momento, así que en un gran siga siga desde que salimos Campeones del Mundo. Un placer como siempre escribir estos Hilos, ahora en modo verano (uno por mes). Ojalá estés de vacaciones y lo leas desde algún lugar a la sombra o con vientito.

Para esta entrega se me ocurrió tocar un tema veraniego: la Costa Atlántica. El territorio que nos tocó de playa y al que amamos y a veces también odiamos (cuando lo comparamos con otras playas menos ventosas o de aguas calmas), que también podría definirse como aquellas localidades balnearias del Mar Argentino en la provincia de Buenos Aires, franja elegida como lugar de vacación de tantos miles de personas hace años. Me interesa que reparemos en algunas curiosidades y representaciones culturales de este vasto territorio.

Para ilustrarlo vamos a usar unas imágenes geniales sacadas por el fotógrafo Dmitri Kessel (1902-1995) en Mar del Plata en 1958 y que se publicaron en la revista Life. Muy loco que Kessel haya realizado tomas poniéndose en peligro en el frente durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra del Congo y haya hecho también una escapada a La Feliz para mostrar sus playas, sus bañistas y sus carpas. Un verdadero profesional. Pueden ver más fotos en este Hilo de Twitter o en esta entrega de #TramaUrbana de Fer Bercovich de hace un año con la interesante historia de la fundación de la ciudad.

Ahora sí, empecemos a recorrer algunas localidades y algunos hitos culturales que las acompañan.

#UNO. Guía Maravillosa de la Costa Atlántica

La excusa perfecta para escribir sobre esto me la dio el libro de Andrés Gallina y Matías Moscardi llamado Guía Maravillosa de la Costa Atlántica, que acaba de salir por Sudamericana. Leerlo fue un hermoso viaje sin haberme movido de la ciudad, así que imagino que hacerlo en situación de playa debe ser mil veces mejor. De lo que se trata aquí es de desaprender todo lo que ya sabemos de nuestra costa para aprenderlo de nuevo con una mirada muy lúdica y poética sobre ella. Es que está armado de una manera bastante original: en vez de contar la historia de cada balneario, los ejes son más fantásticos. En “Maravillas naturales”, la primera sección, se encargan de describirnos la arena, las olas, las nubes, las algas, los caracoles como si nunca hubiéramos reparado en ellas, con imágenes y metáforas del tipo: “La arena es la ametralladora del viento”, “La afinidad de las nubes costeras con el mar es más una hermandad que una alianza”; “Las olas son lenguas invertidas, pulmones que se dilatan y se contraen, manos o tentáculos que arañan de espuma la arena”. En otra secciones se ocupan de “Animales fabulosos” o de “Artículos de playa” (el texto sobre las formas de poner una sombrillas es muy bueno), también de “Vehículos extraordinarios” como las bananas acuáticas y los trencitos de la alegría y de los “Personajes fantásticos” encarnados por los carperos, los guardavidas, los surfistas y los vendedores ambulantes entre otros sujetos fascinantes. 

¿Sabés cómo se financia Cenital? El principal sostén de nuestro medio son sus lectoras y lectores. Eso nos pone orgullosos y nos da la tranquilidad necesaria para hacer el periodismo en que creemos. Si te gusta lo que hacemos, sumate vos también a nuestra comunidad.

El tono del libro es lo que marca la diferencia en cada breve entrada, con ramalazos de humor y un saber específico que se transmite con gracia y simpleza. También es clave el hecho de que sus autores, jóvenes que se dedican a la literatura y la dramaturgia, hayan nacido en la costa y la conozcan de cerca (Moscardi es de Mar del Plata y Gallina de Miramar). Porque si bien este volumen se ocupa de describir y engalanar las ciudades y pueblos balnearios durante el período estival, haciendo bastante hincapié en Mar del Plata, hay algunas reflexiones sobre lo que pasa en esos mismos espacios cuando se van los turistas. Es también un libro que nos enseña cosas. Por ejemplo, que solo en dos puntos de la costa el sol nace y se pone sobre el mar (Punta Rasa y Monte Hermoso); que el único tsunami registrado en Argentina sucedió en Mar del Plata el 21 de enero de 1954 (¡o sea que hoy se cumplen 69 años!) y que al día siguiente, en Miramar, tuvo lugar el único ataque registrado de un tiburón en nuestras playas (no se sabe si tendrán o no que ver ambos hechos). Pero mi sección favorita es sin dudas la de los “Misterios y rarezas” que encierran algunos balnearios, así que repasaremos algunos más adelante.

#DOS. Villa Gesell en el cine y la literatura

Por estos días de verano, Villa Gesell está llena de jóvenes que la siguen eligiendo como destino (he estado en sus campings y deambulando por la avenida Tres hasta altas horas de la madrugada, así que sé lo que implica). Y también está sucediendo en Dolores el juicio por el asesinato de Fernando Báez Sosa al salir del boliche Le Brique con ocho imputados, del que conoceremos la sentencia a fin de mes. Pero Gesell también supo ser el refugio de artistas y escritores como Juan Forn, que la eligió como guarida para salir de Buenos Aires y escribir y leer desde allá (vivía a 15 metros del mar). Acá les dejo una muy linda entrevista que encontré, publicada el 25 de enero de 2019 en el diario El Fundador, el medio por excelencia de esa localidad, en la que el autor de María Domecq se explaya específicamente sobre su vínculo con Gesell y sobre su relación estrecha con el mar. Ahí dice, por ejemplo: “El mar te pone panorámicamente en caja, te da idea concreta de tu tamaño real: viendo la inmensidad del mar se te acomodan las ideas muy rápido, especialmente para los que tienen problemas de ego, de vanidad, de egocentrismo, como es mi caso. Caminar por el mar me hace un bien que pocas otras cosas me hacen”. Y cuenta que de cada caminata se traía una piedra.

Y pasando a la ficción, Gesell es también el escenario de la película argentina Las Vegas, de Juan Villegas, una comedia “de rematrimonio” en la que una madre (Pilar Gamboa) y su hijo adolescente (interpretado por Wos) se van de vacaciones a un edificio llamado como la película en el que por esas casualidades del cine también está viviendo el ex de ella y padre del chico (Santiago Gobernori) con su nueva y joven novia. Una película sencilla y suavemente divertida, entre el costumbrismo argentino y un registro más indie, que se puede ver online gratis acá en Cine.Ar.

#TRES. Mar del Sur y el Hotel Boulevard Atlántico

Pasando Miramar y su misterioso Bosque Energético, aparece una localidad bastante apartada y poco conocida llamada Mar del Sur, que intentó tener épocas de esplendor cuando construyeron un gran hotel ahí, el Boulevard Atlántico, bastante desmesurado para las dimensiones del balneario, proyecto que desde su fundación está medio maldito. En el libro de Gallina y Moscardi, pero también en la primera película de Mariano Llinás, Balnearios, se habla de su historia de asesinatos, estafas, contrabando, saqueos, desidia, tornados, pestes, y ruinas. Debo decir que estuve ahí en 2006 y entré y lo recorrí y hablé con su único morador, Eduardo Gamba, que le contaba a los turistas en repeat los infortunios del espacio. Acá pueden ver la película completa de Llinás que no tiene desperdicio o bien pueden picar este fragmento de diez minutos específicamente sobre la historia del hotel para que la conozcan en detalle. Y si están por la zona, no duden en darse una vuelta.

#CUATRO. El fantasma de Leo Mattioli en Pinamar

Hablando de historias de misterio, en la Guía Maravillosa de la Costa Atlántica me enteré de que existe una nueva leyenda urbana basada en la muerte y extraña resurrección de Leo Mattioli que necesito compartirles. Como recordarán, Mattioli murió a los 38 años de un infarto luego de una gira de tres shows durante la misma noche en Mar del Plata, Balcarce y Necochea en una habitación de hotel de esta última ciudad. Pero parece que su fantasma se aparece en otro lado, más exactamente en la zona de Pinamar norte, donde Leo se alojaba con frecuencia en sus vacaciones. Y que desde afuera de esa casa (un chalet grande de ladrillos a la vista) se lo escucha por las noches cantar. Si quieren chequearlo, acá pueden ver la cobertura de Cronica TV en 2022 y la del diario La Nación. No sé si elijo creer.

Y si no pueden escuchar uno de los temas más clásicos de Francisco Bochatón llamado justamente “Pinamar”.

#CINCO. El cable submarino de Las Toninas

Lejos del glamour de ciertas playas tradicionales está el balneario conocido como Las Toninas, con sus extensiones de arena finita y aguas poco profundas. Pero seguramente pocos bañistas sepan que por ahí abajo del mar pasa un cable larguísimo que viene del norte y llega hasta el edificio de la empresa de telecomunicaciones Level 3. Es nada menos que la fibra que provee de internet al territorio nacional (eso y algunos satélites, supongo). ¿Por qué desemboca en Las Toninas? No hay porqué. Pero sí podemos ver este video en YouTube del día exacto en el año 2000 en el que un buque muy grande descarga el cable y muchos operarios y buzos tácticos se encargan de emplazarlo entre sogas y poleas. O leer esta nota de 2022 en la que cuentan que Google ya está autorizado a instalar en Argentina otro cable submarino, la fibra óptica más larga del mundo, para mejorar la velocidad de las conexiones. Será de unos 13.500 kilómetros de largo entre Las Toninas y Myrtle Beach, en Carolina del Sur, y estará a 4 mil metros de profundidad. Esa sí que es una verdadera navegación.

#SEIS. Gombrowicz en Necochea

Hemos hablado varias veces de nuestro escritor polaco favorito, y lo menciono una vez más porque en el Diario argentino hay un texto excepcional sobre su visita a las playas de Necochea. Me refiero a Gombrowicz y su “episodio de los escarabajos”, que tiene lugar un día cualquiera de 1958 (casualmente el mismo año de las fotografías que acompañan esta entrega) mientras se encuentra recostado bajo el sol, en una duna, protegido por una sombrilla. Ahí es cuando observa “unos escarabajos que erraban penosamente por el desierto, con fines ignorados”. Nota su presencia porque hay uno al lado suyo que está dado vuelta, con las patas hacia arriba, agonizando. Y Gombrowicz, en vez de ignorarlo, interpreta el estado del animal en su medio natural como una demanda: “Yo, gigante inaccesible para él, con una inmensidad que me hacía ausente para él, miraba ese movimiento… Alargué la mano y lo libré del suplicio. (…) En un segundo había vuelto a la vida”. Pero lejos de terminar ahí, el asunto de los escarabajos toma dimensiones desproporcionadas, porque al levantar la vista, este “gigante” divisa más escarabajos en la misma condición, y entonces su socorro parece convertirse en un dilema ético que lo abarca todo: “¿Por qué salvar a uno y al otro no? ¿Por qué a aquél, mientras que este no…? Hiciste a uno feliz, pero ¿tiene que sufrir el otro? ¿Debía transformar mi siesta en un servicio de socorro para escarabajos agonizantes? (…) Si ya había empezado a salvarlos no tenía derecho a detenerme”, dice. De un momento a otro, la naturaleza retiene su atención y le pide que actúe. Y el autor de Ferdydurke no puede desistir, así que se levanta de su lona y se pone a avanzar por la arena caliente para darlos vuelta. Uno, dos, diez, quince, veinte. Y ahí se le presenta un dilema más: “Sabía que eso no podía durar eternamente (…) tenía que llegar el momento en que diría ‘basta’ y tenía que llegar a un escarabajo al que ya no salvaría. ¿Cuál? ¿Cuál? A cada rato me decía ‘éste’, pero lo salvaba, no pudiendo resistirme a la terrible, casi ignominiosa arbitrariedad”. La escena concluye efectivamente con esa arbitrariedad que se le impone: en determinado momento, Witold siente la quiebra, suspende la compasión y refiere que pensó “Bueno, debo regresar”. “Y ese escarabajo ante el que interrumpí mi socorro quedó moviendo las patitas (lo que me era indiferente, como si hubiera perdido el interés por ese juego… pero sabía que tal indiferencia me era impuesta por las circunstancias y la llevaba en mí como algo ajeno)”. 

Me encanta toda la escena, me la imagino con detalles. Witold quemándose los pies en la arena, tocando uno por uno a los escarabajos con un dedo para darlos vuelta. Y siempre me hace reflexionar también sobre las instancias en las que nos sucede lo mismo. Creemos que tenemos una tarea, nos abocamos a ella con ímpetu pensando que estamos en lo correcto, incluso que estamos haciendo algo bueno para los demás y, en determinado momento, nos cansamos, dejamos repentinamente de encontrar interés o motivación en eso, y nos olvidamos de inmediato de cuán importante nos parecía y pasamos a otra cosa. La vida misma.

Bueno, esto fue todo. Sé que me quedaron cosas afuera porque la Costa Atlántica da para muchísimo. Si tienen ganas de más mar, pueden leer este otro Hilo Conductor de 2021 con poemas de Viel Temperley, Neruda y Girondo, o bien escuchar su versión en podcast de 18 minutos grabada por mí y con lecturas de Leila Guerriero y Mariano Blatt. 

Nos volvemos a encontrar en febrero. Recuerden que a Cenital le viene muy bien que se suscriban a sus newsletters y aporten para que sigamos haciendo el periodismo que nos gusta.

Gracias por leer. Y por favor cuídense mucho.

Malena.

Soy licenciada en Letras por la UBA y trabajo hace muchos años en la industria editorial. Fui editora en las revistas El Interpretador y Los Inrockuptibles. Formo parte del equipo de Caja Negra, una editorial psicoactiva y heterogénea. Tengo un ciclo de entrevistas con escritores y escritoras en el Malba. Si los libros fueran comestibles, podría alimentar a miles de personas con los que acumulo en mi biblioteca. Lo que más me gusta es viajar.