Vacaciones en películas: una guía por ese estado de excepción

Seis representaciones de un tiempo diferente en el que se ponen en pausa las obligaciones.

Hola, ¿qué tal? Espero que estés lo mejor posible y que hayas empezado bien el año. Por acá está siendo un enero difícil, como te podrás imaginar. Pero en plena cuenta regresiva para salir de vacaciones, con mucha necesidad de cambiar de paisaje y poner las ideas en remojo.

Para esta primera edición de #ElHiloConductor en 2024, se me ocurrió tocar justamente el tema de las vacaciones como la llegada de un tiempo calendario, pero sobre todo como un momento del año en el que se cambia de ritmo. Entramos en una lógica diferente, más pausada, quizás meditativa incluso, o relajada, que no compite con las obligaciones ni entra en tensión con las rutinas. Cuando salimos de vacaciones y nos trasladamos cambian una serie de parámetros que nos transforman provisoriamente: dormimos en otras camas, habitamos casas u hoteles con sus sonidos y secretos, visitamos lugares que nunca habíamos visto, y hasta conocemos gente con la que quizás nunca volvamos a coincidir. Me interesa profundizar en las vacaciones como una suerte de estado de excepción, un tiempo que se abre a la aventura, a la diversión o al descanso profundo. Y que, si sale bien, probablemente evoquemos el resto del año.

Así que hoy voy a ocuparme de las vacaciones representadas en las películas. Es que el cine supo abordarlas muy bien y retratar lo que puede suceder subjetivamente en esos paréntesis tan radicales e incluso formativos de la vida. Hay vacaciones inolvidables. Empecemos a desplegar algunos ejemplos.

#1 El rayo verde (Le rayon vert, 1985)

Arranquemos por una película clásica del director francés Éric Rohmer. Comienza el verano y su protagonista, Delphine, acaba de separarse y encima su amiga, quien iba a acompañarla a Grecia, se baja del plan. Ella se queda sola y sin muchas alternativas por lo que acepta, a último momento, viajar a Biarritz a un departamento prestado. Allá es donde le pasan varias cosas en las que no voy a detenerme para no spoilear. Pero sí en el rayo verde que le da nombre a la película -que viene del título de un libro de Julio Verne-, y de un efecto natural por el cual, a veces, al atardecer, un raro destello de color aparece en el horizonte y hace que los pensamientos se revelen y aclaren. Nunca encontré ese rayo verde, pero desde que vi la película, lo busco (parece que para capturarlo los camarógrafos tuvieron que viajar a distintas localidades más allá de Biarritz como el Canal de la Mancha y la Costa Atlántica). Me encanta la luz que tiene la película, con los tonos del verano y su claridad. A propósito de estas cosas, en el libro El hechizo del verano, de Virginia Higa, que no me canso de recomendar, hay un hermoso texto llamado “Sobre mirar películas de Éric Rohmer” en el que la autora intenta explicitar qué es lo que la atrae de sus films. Primero, el contraste entre los oscuros inviernos de Estocolmo, donde vive Higa, y las playas y cielos diáfanos de Rohmer, mostrados sin demasiado artificio, con esa naturalidad pasmosa. Entre otras cosas que señala cuando durante un año se aboca a ver su filmografía, Virginia remarca que a los personajes de Rohmer les encanta hablar. “Son cándidos, dicen sin miedo a lo que puedan pensar de ellos. Es como si hablando pensaran mejor (…) Las ideas se convierten en palabras, fluyen, se dan con generosidad y nos hacen sentir a nosotros también más inteligentes o más sensibles por incluirnos en esas conversaciones”. El hecho de que los actores y actrices no estén repitiendo los textos de un guión previamente escrito sino improvisando con algunas ideas del director hace que se nos transmita una frescura muy poco impostada. Si les gusta El rayo verde, pueden seguir con Pauline en la playa, que también transcurre durante unas vacaciones. 

#2 La hija oscura (The lost daughter, 2021)

Otra película sobre una mujer que se va sola de vacaciones. Aunque acá no entendemos hasta después los motivos de esa decisión, su protagonista no parece estar demasiado a gusto con nadie en la isla griega que eligió como destino. Adaptación de un libro homónimo de la escritora italiana Elena Ferrante, La hija oscura va develando en dos tiempos el pasado de Leda, su protagonista (interpretada por Olivia Colman), y los pormenores de su rol de madre de dos niñas, confrontando las decisiones que tomó y que le causaron mucho dolor, al tiempo que muestra cómo ella se obsesiona con otra madre y su hija que comparten el mismo lugar de veraneo. Ópera prima de Maggie Gyllenhaal como directora, la película nos recuerda que la oscuridad y las malas decisiones van con nosotros adonde sea que nos dirijamos, aunque estemos en una isla paradisíaca. Lo que se destaca es la franqueza en la forma de tratar la maternidad, y el estilo de Gyllenhaal para hacer variar los tonos del film: hay partes más contemplativas y dramáticas, y otras más tensas y desesperantes. En todo caso, en ningún momento se juzga a la protagonista de ser una “mala madre”, sino que se complejizan los alcances que la propia independencia, los deseos y las pulsiones pueden tener a la hora de criar. (Disponible en Netflix)

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#3 Aftersun (2022)

Una de las películas que más me conmovieron de los últimos años. Sencilla pero profunda a la vez, luminosa y triste. La trama es simple, y casi no importa. Un padre joven, separado y un poco angustiado (interpretado por el genial Paul Mescal) viaja en los noventa a un resort en Turquía con su hija preadolescente. Aftersun nos muestra distintas escenas de ese viaje, el tiempo que disfrutan y el que padecen juntos, el despertar de ella como jovencita y la desesperación de él, que no sabe bien qué hacer con su vida (aunque se nos da la mínima cantidad de información al respecto). Todo narrado desde un futuro distante, pero no tanto. No quiero decir mucho, solo recomendar que le den play y vean qué les sucede (está para ver en Mubi). Su guionista y directora, Charlotte Wells, se basó en su propia pérdida de la inocencia para hacer esta película inteligente y sutil, que abre preguntas, que no cierra todos esos interrogantes. Y que nos hace llorar de emoción. (Una vez que la hayan visto, pueden darle clic a esta nota de Pablo Schanton que analiza con la lucidez que lo caracteriza la película a partir de su banda sonora).

#4 El desconocido del lago (L’inconnu du lac, 2013)

Una película naturalista y misteriosa que se estrenó hace diez años y que puso a circular el nombre de su director francés: Alain Giraudie. En El desconocido del lago todo en apariencia está bien: transcurre en vacaciones, a la orilla de un lago hermoso rodeado de pequeñas colinas y muchos árboles. Ahí se dan cita varios hombres gays para conocer a otros y tener encuentros sexuales en los bosques cercanos. Franck, el protagonista, llega solo cada día y se asolea ahí. Habla con los otros, empieza a conocer sus vidas. Hasta que aparece un cuerpo en el lago, y lejos de pensar que la víctima se ahogó, cree saber quién fue el culpable del homicidio: un hombre que le atrae muchísimo. Desde ese momento, la película se vuelve un poco más inquietante porque de lo que se trata es de entender hasta dónde somos capaces de llegar para satisfacer nuestros deseos. Con mucha sensualidad y con una presencia rutilante de la naturaleza, El desconocido del lago mantiene la tensión y el interés y permanecen sus imágenes presentes días después de haberla visto. 

#5 Llámame por tu nombre (Call me by your name, 2017)

Otra película que se volvió emblemática y que transcurre en vacaciones, protagonizada por dos hombres que viven un romance incandescente en Italia. Debut de Luca Guadagnino en la dirección, adaptación del libro homónimo de André Aciman, y primer protagónico del ahora muy famoso Timothée Chalamet, Llámame por tu nombre transcurre en la Toscana durante el verano de 1983, cuando un jovencito de 17 años que veranea con sus padres intelectuales se ve fuertemente atraído por un hombre que llega de visita a pasar unos días con ellos. La foto que comparto arriba es de una parte clave de la película: un paseo en bicicleta con música de Ravel de fondo que retrata el momento en el que ya no pueden ocultar lo que sienten por el otro, justo antes de frenar en el bosque y que tenga lugar una bella escena romántica (que después se haya convertido en meme es otra cosa). Si no la vieron, se las recomiendo especialmente. Me gustó y me interesó por cómo se resuelve el conflicto erótico y el despertar sexual gay, por el rol que tienen los adultos, por los paisajes increíbles de Italia y también por la banda sonora, que incluye temas de Ryuichi Sakamoto, Franco Battiato, The Psychedelic Furs y de Sufjan Stevens. (Está en Netflix.)

#6 Sueño Florianópolis (2019)

Antes de terminar, comentemos también una película argentina. La comedia dramática Sueño Florianópolis, de Ana Katz (disponible en Cine.ar), transcurre en plena década del noventa, cuando las playas del sur de Brasil eran el destino vacacional de las familias argentinas por excelencia. Protagonizada por Mercedes Morán y Gustavo Garzón en el rol de un matrimonio de psicólogos que viaja a Florianópolis con sus hijos adolescentes, el film retrata con sagacidad las miserias de la clase media menemista subrayando la argentinidad más criticable durante unos días en los que, en vez de distenderse y pasar tiempo juntos, cada integrante de esta familia busca evadirse y probar cosas nuevas. Katz es una gran observadora de las costumbres y las ridiculeces que hacen las personas. Tiene una mirada que no juzga pero que ayuda a que entendamos algunas cuestiones medio absurdas de la existencia, siempre con un sentido del humor inteligente, que nunca subestima a los espectadores. Acá lo que da más risa es cómo tratan de comunicarse con los brasileros intentando hablar como ellos, sin lograrlo y ridiculizándose. Todo el contraste Brasil/Argentina está muy bien. Y también cómo intentan hacerse los relajados cuando en el fondo están llenos de tensiones. Otra película de familias disfuncionales y parejas que entran en crisis para que cada quien se identifique con lo que le toca.

Ahora sí, me despido hasta dentro de un mes (avisé que me tomaba vacaciones). 

Dejo de regalo por acá, si gustan, una playlist llamada Aire Libre, que armé con canciones que me gusta escuchar en ese estado (vale para asados, caminatas, etc.)

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Malena

Soy licenciada en Letras por la UBA y trabajo hace muchos años en la industria editorial. Fui editora en las revistas El Interpretador y Los Inrockuptibles. Formo parte del equipo de Caja Negra, una editorial psicoactiva y heterogénea. Tengo un ciclo de entrevistas con escritores y escritoras en el Malba. Si los libros fueran comestibles, podría alimentar a miles de personas con los que acumulo en mi biblioteca. Lo que más me gusta es viajar.