Todo lo que sabemos -y no- sobre los incendios en el Delta

Fuego en los humedales de Santa Fe y Entre Ríos. Cuáles son las condiciones climáticas, causas, responsables y las consecuencias. El vínculo con la ley. Qué se puede hacer.

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Hoy vamos a hablar de uno de los temas ambientales del momento: los incendios en el Delta del Paraná. Por qué suceden, quiénes son los responsables, cuáles son las consecuencias, qué podemos hacer, y algunos interrogantes más.

El viernes que viene, Fernando Bercovich va a desarrollar más sobre este tema desde el punto de vista del urbanismo en su news #TramaUrbana. Se pueden suscribir acá para leerlo.

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¿Qué está pasando?

Desde comienzos de agosto volvieron con fuerza los incendios en el Delta del Paraná, particularmente en las islas entrerrianas frente a Rosario. A diferencia de los demás casos de incendios que hemos visto en el país en los últimos años, el Delta parece ser un punto persistente.

Se calcula que aproximadamente un 5% de los incendios son por causas naturales (por ejemplo, un rayo que cae sobre un árbol) y el 95% restante es por causas humanas que pueden ir desde accidentes, pasando por negligencia (por ejemplo, una fogata mal apagada o una quema de residuos en una zona donde no llega el servicio de recolección que termina descontrolada) hasta la intencionalidad.

Es decir, aún dentro de los de origen antrópico, los incendios tienen diversas formas de generarse. Incluso, las quemas de biomasa son una práctica común en la agricultura para renovar pasturas y reducir el riesgo de incendios por acumulación de material combustible.

Sin embargo, esta persistencia de los focos en el Delta año tras año, parece ser una dinámica más bien intencional. Según reporta la asamblea Basta de Quemas, la superficie afectada por incendios en 2020 fue de 509.637, en 2021 de 155.860 y en lo que va de 2022 de 104.062 hectáreas.

El contexto ecosistémico, productivo y climático

El Delta del Paraná ocupa aproximadamente 17.500 km2 en un territorio compartido por las provincias de Entre Ríos, Buenos Aires y Santa Fe, y unos 20 municipios.

En términos ambientales el territorio es muy heterogéneo, resultando en una alta diversidad biológica. Sobre esta diversidad se montan diferentes actividades productivas.

Como muestra la siguiente imagen, podemos separar la zona del Delta en la zona Inferior, Media y Superior.

En el Delta Medio y Superior la ganadería se constituyó como una de las actividades más importantes. Especialmente a partir de un proceso de desplazamiento de la ganadería desde la región pampeana -donde ahora se produce soja- hacia la zona del Delta.

En el Delta Inferior las actividades son más diversas, hay un poco de fruticultura, forestación, apicultura y pesca de sábalo, entre otras. En muchos casos estas actividades son llevadas adelante en forma artesanal por pequeños productores o cooperativas, pobladores isleños y ribereños.

Ese es el escenario general. A esto debemos sumar que los incendios de los últimos años se dieron en un contexto particular que es una serie de años seguidos de sequía y bajante del Paraná, que pone al ecosistema en una condición de vulnerabilidad, tal que cualquier chispa puede provocar un incendio y cualquier foco de incendio tiene un gran potencial de propagación.

¿Quién provoca los incendios?

Por un lado, desde el Ministerio de Ambiente nacional entienden que los incendios son intencionales, incluso han hecho denuncias judiciales contra los dueños de los campos donde hay focos basándose en imágenes del sistema de monitoreo del Ministerio como la siguiente.

Específicamente, según el ministro Juan Cabandié: “Lo que sucede es la avaricia del sector productivo. En vez de esperar a que se renueven naturalmente las pasturas o conformarse con la superficie de pastoreo para el ganado, queman pajonales y pasturas para renovarlas antes de las lluvias de primavera. Esto es lo que estamos viviendo hoy. Esta es la razón principal (de los incendios). Hay algo vinculado también a proyectos inmobiliarios, quemar para preparar la tierra y un cambio de suelo con futuro de proyectos inmobiliarios, pero el 90% es quema de pajonales para extender la superficie de pastura del ganado”.

El avance de la actividad ganadera sobre el Delta no es de ahora. Como decíamos más arriba, la combinación de la expansión de la frontera de los cultivos que empujaba a las vacas a nuevos territorios junto con un período relativamente largo de aguas bajas en el Delta, configuró una oportunidad para llevar más animales a las islas. Según contaba el investigador Rubén Quintana en esta nota de Julián Reingold, en 1997 había 160.000 cabezas de ganado en la región y una década después habían aumentado más de 10 veces hasta llegar a 1.750.000.

De manera coincidente, en 2008 las quemas en el Delta afectaron a más de 200.000 hectáreas dando origen al Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible en el Delta del Paraná (PIECAS-DP), un acuerdo interjurisdiccional entre las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe y el gobierno nacional que tiene como objetivo gestionar los humedales del delta del Paraná como una unidad ecológica, más allá de las fronteras políticas.

En la actualidad, también están aumentando las cabezas de ganado, aunque de manera mucho menos espectacular. Lo cuenta el periodista Juan Chiummiento en un hilo de Twitter. Específicamente, sostiene que “desde que se intensificaron los incendios, creció 50% la cantidad de vacas en las islas. De manera tal que la población vacuna en el Delta pasó, en cinco años, de 130.992 a 191.662”.

Fuente: diario El Capital

Sin embargo, según recuerda Julián Monkes en No hay planeta B (news ambiental de Grito del Sur al que recomiendo su lectura) en 2016 hubo una crecida en el Delta, lo cual hizo que los productores ganaderos sacaran al ganado de las islas, con lo cual la comparación con 2017 es complicada. De hecho, si cotejamos los números de Rubén Quintana, si bien el stock creció en los últimos años, está bien lejos de los máximos de la década de 2000–2010.

Entonces, parece haber cierta correlación en el tiempo entre el avance de la ganadería y los incendios, pero, al menos con esta información es ir lejos en el análisis plantear causalidades estrictas y, sobre todo, explicar todos los incendios por el avance de la ganadería.

Debemos tener en cuenta otros factores como la reducción de monitoreo y control a partir de la cuarentena de 2020, las condiciones de sequía y bajante del Paraná e incluso tal vez alguna intencionalidad política como cuando se prendieron focos justito justo frente a la ciudad de Rosario justito previo a la marcha en protesta por los incendios y en reclamo de la sanción de la #LeyDeHumedales.

¿Son ilegales los incendios?

La Ley nacional 26.815 de Manejo del Fuego, sancionada en 2013, establece los presupuestos mínimos para la protección ambiental en materia de incendios forestales y rurales en el ámbito del territorio nacional. Decreta apercibimientos y multas para las personas que enciendan fuegos en los territorios prohibidos como bosques y pastizales y para quienes no cumplan con el debido aviso a las autoridades.

En Entre Ríos, el fuego es gestionado por la Ley 9.868 de Manejo y Prevención del Fuego del año 2008. La misma establece que “queda prohibido el uso del fuego en el ámbito rural y forestal sin autorización expresa de la Autoridad de Aplicación”, prevé sanciones y determina que la autoridad de aplicación debe “elaborar, implementar y controlar el Plan Provincial Anual de Prevención y Lucha contra el Fuego en Áreas Naturales y Forestales y elaborar un mapa con información del uso actual de la tierra, poblaciones, rutas y accesibilidad, a fin de zonificar las áreas de riesgo potencial de incendios”.

En este escenario, fuegos salidos de control como los que vimos en agosto que ponen en riesgo la salud de la población son ilegales en el sentido del descontrol. O bien, no fueron avisados a las autoridades, o las autoridades no gestionaron los pedidos como debieron. En cualquier caso, hay actores pasibles de ser sancionados.

¿Cuáles son las consecuencias de los incendios?

Para organizar las ideas, podemos dividir las consecuencias de los incendios en dos grupos: los efectos directos y los indirectos.

Efectos directos

La salud. Como consecuencia primera y más urgente tenemos la afectación de la salud de todos los que viven o se encuentran cerca de los incendios por inhalación directa de humo y la degradación de la calidad del aire. Según un informe del Observatorio Ambiental de la Universidad Nacional de Rosario, “durante el mes de agosto 2022 en la ciudad de Rosario, se han registrado muy altas concentraciones de material particulado (…) ocasionando a sus habitantes un estrés respiratorio, que amenazan su salud pulmonar y cardiaca”. No es sólo la molestia en el momento, sino también impactos a largo plazo.

Los ecosistemas. El segundo impacto directo es la degradación de los ecosistemas. En este espacio ya hablamos varias veces de los humedales y su importancia, particularmente en esta entrega de junio que escribió Ana Aneise. Por eso solo vamos a repetir lo fundamental: los humedales son un tipo particular de ecosistema caracterizado por ser un área terrestre que se ve inundada de manera permanente o intermitente. Esto los convierte en reservorios de biodiversidad, una suerte de esponjas que mitigan inundaciones, en espacios de provisión de agua dulce y alimento y absorción de carbono, contribuyendo a la mitigación del cambio climático. Los incendios persistentes y descontrolados destruyen estos ecosistemas y nos despojan de todos estos servicios que normalmente nos brindan.

Efectos indirectos

La economía. No es por ponerme economicista, pero ambas cuestiones tienen también una dimensión económica relevante. Particularmente, los gastos en los que incurre la población y el Estado por las afecciones a la salud y los recursos puestos en la lucha contra los incendios. Esto es importante porque en la previa el recurso puesto en prevención siempre parece mucho, pero en comparación con la gestión posterior se ve muy relativizado.

El Estado. Y la última consecuencia tiene que ver con una creciente desconfianza de la ciudadanía respecto del Estado como guardián del bien común. Ciudadanos que ven año tras año como en el mismo lugar aparecen los focos de incendios, el Estado responde recién cuando el fuego está descontrolado y parece no tener otra respuesta que brigadistas, aviones hidrantes y denuncias judiciales. Estas tres herramientas obviamente son indispensables, pero son tardías e insuficientes.

La escasa respuesta estatal y la ley de Humedales

Profundicemos sobre el último punto: el rol del Estado. Los incendios son un tema ingrato porque solo están en agenda cuando efectivamente hay fuego. Nadie felicita a una gestión por evitarlo. Además, en gran medida los incendios son inevitables en las condiciones climáticas actuales, de hecho se dan -y descontrolan- también en países que cuentan con muchos más recursos que el nuestro.

Sin embargo, aún comprendiendo estas limitaciones, es evidente que el estado necesita responder de manera más contundente, particularmente frente a estos incendios recurrentes en el Delta.

Estos tienen un desafío adicional que es que la gente que sufre las consecuencias de los incendios se encuentra en otra jurisdicción que donde ocurren. Es decir, es poco lo que puede hacer la intendencia de Rosario o el gobierno de Santa Fe, respecto de los incendios que ocurren en la provincia vecina. De todas formas, en el marco del PIECAS que mencionamos antes, las provincias tienen la obligación de trabajar en conjunto para la correcta gestión del Delta.

¿Qué acciones puede -y debe- entonces tomar el estado en sus diferentes niveles?

Ley de Humedales. El primer punto que aparece como obvio es la Ley de Humedales. En el news que te recomendé antes, Ana también explica detalles sobre la ley. Para este momento lo relevante es que, salvando las diferencias de implementación entre los diversos proyectos en manos del Congreso, se trata de una norma que pretende dar un orden y planificación respecto de qué actividades y de qué manera se pueden llevar adelante en ese quinto del territorio nacional que son humedales. Esta planificación es fundamental e indispensable y además es necesario darle una respuesta a la ciudadanía que viene reclamando por este tema hace muchos años. Sin embargo, es importante saber que la ley por sí sola no va a resolver esto, sino la capacidad y voluntad de control de las jurisdicciones.

Ley de Manejo del Fuego. En 2020 el Congreso aprobó la modificación de la ley que por cierto tiempo impedía cambiar el uso de un terreno luego de un incendio. Esto nunca fue reglamentado por el Gobierno nacional. Más allá del eventual debate sobre el funcionamiento de la norma, es raro que el oficialismo promueva un proyecto que intenta dar respuesta a un problema y que luego no sea implementado por él mismo.

Plan de prevención. Es necesario explicitar el plan de prevención, de manejo del fuego, la educación a la ciudadanía, la coordinación entre las provincias, el seguimiento de los terrenos afectados y otras acciones para que todos puedan conocer lo que sucede y saber qué medidas están tomando los diferentes gobiernos y qué efectos tienen.

La Justicia. Tanto desde el Ministerio de Ambiente nacional como las autoridades rosarinas han presentado denuncias judiciales a los tribunales entrerrianos, aún sin noticias de muchos avances. Es imprescindible que la justicia actúe con más celeridad para determinar la legalidad y la autoría de los incendios para poder -en el caso de ser pertinente- aplicar las penas correspondientes y disuadir de estas prácticas en el futuro.

En síntesis, es probable que los incendios sigan ocurriendo, haga lo que haga el gobierno, pero resulta indispensable que todos los actores responsables mejoren la gestión significativamente y adecúen también la comunicación pública al respecto.

Ambiente en el mundo

No quiero cerrar el news sin mencionar la angustiante situación que está atravesando Pakistán. Luego de sufrir intensas olas de calor, ahora son graves inundaciones que ponen en vilo al país. Sin ánimo de sonar tremendista, escenarios como este son los que intensifica el cambio climático y por los cuales los países del sur global debemos exigir con firmeza acciones de mitigación en el concierto de las naciones y preocuparnos mucho por las medidas de adaptación en nuestros territorios.

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Eli

Soy licenciada en Ciencias Ambientales, magíster en Políticas Públicas y becaria doctoral en Ciencia Política en la UNSAM. En todos los ámbitos que puedo me dedico a sumergirme en los dilemas que nos presenta el desarrollo sustentable, uno de los mayores desafíos que enfrentamos en este siglo.