Quiero que pensemos la pregunta (y que nos la dejen preguntar)

El oficialismo y la oposición, hermanados en los tironeos de sus núcleos duros. La necesidad de dar algunos debates y poner otros límites. Reapareció Martín Guzmán. Las declaraciones de Paolo Rocca sobre 5G generaron sorpresa en el Grupo Clarín: ¿qué hay detrás?

Omito intro: ni vos tenés ganas de leer esto ni yo tenía ganas de mandarlo, pero como decía el Tío Ben, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Así que hagamos esto juntos y después sigamos dándole vueltas al planteo contra México.

El hecho político de la semana fue la reaparición pública de Cristina Fernández de Kirchner en un acto en el Estadio Diego Armando Maradona, en La Plata. La vicepresidenta volvió a mostrar su capacidad de correr y renovar los temas de conversación del espacio político que conduce -con la amplitud que decida que este vaya a tener- y de expandir su agenda más allá de lo que presuntamente permiten sus bases. La apertura del acto, que convirtió a la seguridad en un tema central en la prensa, la admisión de un fracaso de la democracia -que se expresa en el crecimiento del narcotráfico y el descontrol de las fuerzas de seguridad policiales incluyendo a la Bonaerense- y el llamado a concertar políticas con un guiño claro al radicalismo transformaron lo que podía ser un Patio de las Palmeras ampliado en un mensaje desde la frontera kirchnerista hacia afuera. Es la enésima vez que la máxima referente del peronismo sorprende a su propia base y también a sus opositores más agresivos. A esta altura, es un defecto que ambos extremos comparten.

La expectativa de una Cristina mucho más lineal y menos pragmática que la que gobernó dos períodos y luego construyó un Frente de Todos que se abrió a actores del justicialismo que la habían combatido abierta y hasta violentamente, a esta altura de los acontecimientos, solo es aceptable en la caricatura de algunos medios opositores, pero es poco profesional entre quienes se perciben protagonistas de la realidad política, en uno u otro sentido. El kirchnerismo de Cristina es como una flor: se cierra en años no electorales y se abre en los electorales. Estamos en la previa de los segundos. Las dudas sobre la eficacia del político youtuber que reacciona a su propio gobierno, como viene haciendo Cristina el último año, abre un interrogante a favor de la vice: si a Macri le funcionó repetir que el peronismo endeudó más a la Argentina que su propio gobierno, ¿por qué no le funcionaría a Cristina separarse de la gestión de Alberto Fernández?

El discurso de la vicepresidenta tuvo un después. El encuentro del que formó parte su núcleo duro y algunos extracomunitarios reflejó algo que ya es un secreto a voces en el oficialismo. “No hay ninguna expectativa de sutura”, resumió una de las asistentes ante #OffTheRecord. Las dos críticas principales de CFK a su compañero de fórmula radican en dos aspectos de los cuales cree que el Presidente carece: “Conducción y laburo”. Si bien el acto tuvo diferentes interpretaciones, la certeza es que Cristina será la que lidere todo el proceso que no tenga que ver con el PEN de acá en adelante: diálogo con los gobernadores, intendentes y el armado del dispositivo general. Las dudas de la vice sumada a la negativa del Presidente brindan una certeza: la eliminación de las PASO es un tema terminado. En su raid, Cristina celebró a Sergio Massa en ausencia -“no está pelotudeando”- y a Gabriel Katopodis en presencia -“lo tuyo funciona, en todos lados me dicen que hay obra pública”-. El acuerdo con los radicales, si bien probablemente el oficialismo haga el intento, se ve -todavía- lejano: el Frente de Todos contiene con dificultad a los propios como para soñar con incorporar a los ajenos.

Los dilemas de la geopolítica aparecieron la semana previa al Mundial en varios de los escenarios que hicieron parte en discusiones de la coyuntura tan importantes como diversas. La reaparición de Martín Guzmán en una larga entrevista con Alejandro Fantino fue un testimonio de falta de motricidad fina en términos políticos que generó, sin embargo, una interesante discusión de fondo que incluyó a su sucesor en el cargo. La imputación a quien era el jefe del bloque oficialista como un “nene caprichoso” fue ruidosamente perjudicial para el propio emisor que sufrió, entre otras embestidas, la del Director General de Aduanas, Guillermo Michel. Ex asesor de Miguel Ángel Pichetto y actual mano derecha de Massa, Michel fulminó a Guzmán en un reportaje en Radio Con Vos: “Los funcionarios que llegamos a un gobierno por cuestiones técnicas y no políticas tenemos que tener el doble de responsabilidad y humildad al momento de hablar. Hay que respetar a los dirigentes políticos que te juntan los votos para ganar las elecciones. Si vos pasás de jefe de trabajos prácticos de una universidad del exterior a ministro de Economía de un país sin haber sido tesorero de una sociedad de fomento, de mínima, tenés que ser respetuoso de los que te dieron el lugar”.

Más atención merecen las consideraciones de Guzmán sobre el acuerdo en sí, su negociación y sus dificultades. No hay antecedentes de países con ingresos remotamente similares a los de Argentina que se hayan mantenido en default con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Guzmán ponderó que el programa previó un esquema con espacio para crecer, con posibilidad de algún aumento real del gasto público y una disminución de su peso relativo. El entendimiento fue caracterizado como “un ajuste” por algunos sectores de la coalición que hoy extraviaron el ábaco. “Había otras alternativas”, es el argumento más extendido. Los antecedentes avalan esa postura: había alternativas. Los acuerdos con Ecuador, Grecia o Turquía muestran que era posible pactar un ajuste muchísimo más severo. La posición kirchnerista genera un daño colateral. Las críticas tan agudas contra la negociación del antecesor de Massa son exculpantes de Macri: si los dos programas merecen la misma atención, entonces se netean a cero.

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Las situaciones complejas y los sacrificios compartidos, en general, no surgen de actores dispuestos a “poner el hombro” sino de correlaciones de fuerzas. Así como no había Estados de Bienestar sin sindicatos poderosos y amenazas revolucionarias ni descolonización sin movimientos independentistas, las consecuencias de la pandemia dejaron en evidencia que “salir mejores” requería condiciones que no sólo no se produjeron sino que -a causa de los esfuerzos en cabeza de los Estados y las desigualdades estructurales- quizás hayan empeorado, como lo expresan cuestiones como el acceso y velocidad de despliegue de las vacunas. Los enormes sacrificios que las sociedades occidentales están realizando en la defensa de Ucrania frente a la invasión rusa con los recursos de los contribuyentes no tuvieron una contraparte en las petroleras occidentales, cuyos balances alcanzaron récords junto a las subas de precios en el surtidor que habilitaron las represalias de Vladimir Putin contra las sanciones del sistema global.

Massa, que se encarga de resaltar cada vez que puede que “heredó” un déficit de alrededor del 12% del PIB -impulsado en parte por las compras de energía- está mucho más convencido que Guzmán sobre las bondades del equilibrio fiscal aunque, como su antecesor, ha expresado un rechazo a los planes de shock. Más allá de las razones, el programa con el Fondo se ha convertido en un objetivo principalísimo de la política económica y un condicionante ineludible, por lo que la crítica debe ser leída también como un ejercicio de supervivencia política, destinado a quitarse responsabilidades mientras se negocian mejores condiciones ante shocks como los que genera la guerra, que desnaturalizan el objetivo de acumulación de reservas. Los encuentros con Kristalina Georgieva en Indonesia generaron algunos avances en ese sentido, aunque no están aún, en modo alguno, garantizados.

La elección del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) fue otro momento de negociación del país con la geopolítica. En un reciente artículo publicado en Americas Quarterly, el académico germano-brasileño Oliver Stuenkel argumenta que la proliferación de gobiernos de izquierda en la región no garantiza que se vayan a reconstruir posicionamientos comunes. Oficialismos enfocados en sus complejas realidades internas y con poco espacio para generar puntos de contacto. El intento argentino por pavimentar una posición y una candidatura común de los gobiernos progresistas chocó de frente con la actitud siempre sinuosa de México y los apuros domésticos de Lula Da Silva. Si en la edición anterior de este espacio se señalaba que el brasileño era empujado por el sector que comanda el vicepresidente electo, Geraldo Alckmin, a apoyar la candidatura de su compatriota, el ex presidente del Banco Central, Ilan Goldfajn, así como la dificultad de impugnar a un compatriota, el apoyo terminó de tejerse en acuerdo entre el próximo gobierno y el tesoro estadounidense. Un curioso triángulo entre Janet Yellen, Lula y Jair Bolsonaro consagró inevitablemente al actual funcionario del FMI, por lo que Argentina optó por negociar -y obtuvo- una vicepresidencia y algunos cargos relevantes en el organismo. La protesta del gobierno de México, en la misma semana en que Andrés Manuel López Obrador intercambió elogios y cordialidades con Donald Trump, obedece mucho más a la fallida presentación de su candidato que a la búsqueda real de un consenso que no intentó en ningún momento, algo que frustró fuertemente tanto a los negociadores argentinos como a los de otros gobiernos del eje andino.

La última expresión de este cruce de intereses a nivel global se dio en la cima del poder local. Paolo Rocca advirtió sobre los riesgos que supone China y arengó por la construcción de una cadena productiva “occidental”. El Hombre de Acero percibe obviamente los riesgos que para el sector siderúrgico y para la industria en general significa el gigante asiático, con la cual la región tiene un intercambio altamente primarizado y con la que la Argentina tiene un déficit bilateral de 8.000 millones de dólares, a partir de la brutal competitividad industrial del país asiático, que provee la mayoría de los bienes de capital que el país consume. Sin embargo, el mandamás de Techint sorprendió con una agenda que no venía formando parte de su lenguaje: “Tenemos que tener un 5G que no dependa de China, porque los países tienen que tomar decisiones de tecnología que no los expongan a la vulnerabilidad, como hemos visto en la invasión de Rusia a Ucrania”. ¿Un acto de espontaneidad o parte del lobby que desplegó los Estados Unidos sobre este tema? Es una incógnita.

La principal cuestión relativa a China y las cadenas de producción es la definición del 5G, donde el Grupo Clarín, a través de Telecom, tiene al proveedor más barato y eficiente, que es Huawei. La tecnología china ingresó a la compañía de la mano de la familia Werthein, los anteriores accionistas Las declaraciones de Rocca generaron “sorpresa” en Tacuarí. “Un matiz en una convivencia de muchos años y valores compartidos”, respondieron lacónicos desde la T ante la consulta de #OffTheRecord. El embajador estadounidense en Argentina, Marc Stanley, como todos sus pares en los países de la región, viene advirtiendo sobre las preocupaciones norteamericanas por el proveedor chino. Las advertencias son oídas cordialmente, pero no se avizoran motivos para que sean atendidas ni consideradas atendibles. Las consideraciones sobre los estándares de seguridad nacional en las comunicaciones deberían ser, en la medida de lo posible, técnicas y no políticas.

En cuanto al espacio para una decisión de estas características, sería muy difícil que Argentina decidiera contrariar a China en una cuestión tan sensible y eligiera excluir a Huawei como posible proveedor luego de que fuera admitido por Chile y Brasil en sus propias licitaciones. Para peor, en el caso argentino, se estarían condicionando y limitando las posibilidades de asociarse para garantizar el mejor servicio que consideren a los proveedores del sector privado que, como Telecom o Telefónica, serán los que participen de la licitación. Según pudo averiguar #OffTheRecord, en estos días el Senado norteamericano emitirá un documento alertando sobre los riesgos de la compañía de telecomunicaciones del gigante asiático.

Last but not least. La ministra de Desarrollo Humano de la Ciudad de Buenos Aires, María Migliore, escribió en su cuenta de Twitter: “Hebe fue símbolo de lucha impulsando una agenda de justicia y DDHH en Argentina. Un grupo de Madres que con valentía le hicieron frente al momento más oscuro de nuestra historia. Esa trayectoria es más grande que cualquier diferencia política. Me quedo con eso”. El acto de reconocimiento más elemental fue sucedido por una reacción brutal. Elementos del esquema de Mauricio Macri y Patricia Bullrich lapidaron en redes y grupos de WhatsApp a la funcionaria de Horacio Rodríguez Larreta. Que una dirigente joven haya tenido más coraje que sus pares más experimentados habla también de la situación actual de la oposición -fundamentalmente del radicalismo- donde el cálculo cortoplacista se impone sobre los aspectos filosóficos más primarios.

En Borges por Bioy, el autor recuerda sus conversaciones con el escritor y, amablemente, las fecha. El 28 de junio de 1966, Bioy Casares cuenta: “Ante el golpe contra Illia, los Borges dicen: «¡Viva la patria!»”. El sábado 28 de agosto relata que “comen en casa Borges y Daniel Bengoa. Ya encaminado el país a elecciones, Borges cambia de actitud en política. No insiste tanto en su odio contra el gobierno.

«Las elecciones son lo peor de todo -asegura-. Si lo único que puede evitarlas es el golpe de Estado, que venga el golpe de Estado. Las elecciones son la vuelta del peronismo»”. El sábado, 19 de julio, siempre según Bioy, “comen en casa Borges y Peyrou. Borges, partidario de una revolución, de una dictadura militar (liberal); Peyrou, contrario a una revolución, aunque admitiendo que tal vez Frondizi sea peor, y contrario a toda dictadura”. Más conocido es, tal vez, su apoyo al golpe de Estado de 1976 galvanizado con un almuerzo a fines de mayo con el propio Jorge Rafael Videla al que Borges tildó de “caballero”.

Sin embargo, algunos años después, Borges se transformó en un opositor a la dictadura y ya en 1985, en Textos recobrados, Borges, cuenta:

“He asistido, por primera y última vez, a un juicio oral. Un juicio oral a un hombre que había sufrido unos cuatro años de prisión, de azotes, de vejámenes y de cotidiana tortura. Yo esperaba oír quejas, denuestos y la indignación de la carne humana interminablemente sometida a ese milagro atroz que es el dolor físico. Ocurrió algo distinto. Ocurrió algo peor. El réprobo había entrado enteramente en la rutina de su infierno. Hablaba con simplicidad, casi con indiferencia, de la picana eléctrica, de la represión, de la logística, de los turnos, del calabozo, de las esposas y de los grillos. También de la capucha. No había odio en su voz. Bajo el suplicio, había delatado a sus camaradas; éstos lo acompañarían después y le dirían que no se hiciera mala sangre, porque al cabo de unas “sesiones” cualquier hombre declara cualquier cosa. Ante el fiscal y ante nosotros, enumeraba con valentía y con precisión los castigos corporales que fueron su pan nuestro de cada día. (…)

De las muchas cosas que oí esa tarde y que espero olvidar, referiré la que más me marcó, para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre. Llevaron a todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (repito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese infierno y les deseó Feliz Navidad. No era una burla, no era una manifestación de sí mismo, no era un remordimiento. Era, como ya dije, una suerte de inocencia del mal.

Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el código civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores”.

Entregar la identidad en función de un resultado electoral puede traer beneficios inmediatos, pero el riesgo de diluirse frente a opciones que mantengan el ethos de sus representados. No es casualidad, entonces, que Facundo Manes haya logrado quedarse con el 40% de la PASO opositora en la Provincia de Buenos Aires en su primera experiencia electoral. La reacción que sufrió Migliore no es novedosa. El mismo sistema de disciplinamiento recibió Fernán Quirós cuando defendió a Ginés González García en LN+. El propio Quirós será noticia esta semana porque manifestará su decisión de prepararse para, eventualmente, competir por la jefatura de Gobierno porteño. Será en una actividad junto a Rodríguez Larreta, un activo que no pueden mostrar Jorge Macri o Soledad Acuña. En el entorno del jefe de Gobierno aseguran que no significa un favoritismo.

Tal vez los más sofisticados votantes opositores entiendan que así como a Borges no lo definió su apoyo a las dictaduras, tampoco a González García el affaire de las vacunas o a Bonafini algunas declaraciones en la última década. Quedarse con la peor versión del adversario -máxime cuando ésta no es repetida- es un claro ejercicio de pereza que impide cualquier acercamiento. 

Se viene una larguísima semana post derrota con Arabia Saudita y una espera interminable hasta el próximo partido de la selección. Por eso, y sin más preámbulos, quiero invitarlos a darse una vuelta por el micrositio de Nos Fuimos Mundial, el espacio que abrimos en Cenital para acompañar a nuestra comunidad con análisis e información. Y si necesitan despejarse momentáneamente del balompié, también pueden aprovechar para escuchar el último episodio de La Revancha, el podcast que agudiza la mirada sobre Brasil tras las últimas elecciones, con el profesor Juan Gabriel Tokatlian como invitado. Todo esto, como les digo siempre, es posible por su apoyo. Por eso, si todavía no se hicieron miembros, les agradezco que nos den una mano para seguir invirtiendo en contenido.

Ojalá hayas disfrutado de este correo tanto como yo. Estoy muy agradecido por tu amistad que, aunque sea espectral, para mí no tiene precio.

Iván

Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.