Qué y a dónde exportamos. Las relaciones comerciales en campaña

Argentina tiene una canasta exportadora vinculada a productos primarios y pocos socios comerciales. La importancia de la política comercial y de la posible incorporación a los BRICS.

Hola, ¿cómo estás?

Estamos viviendo tiempos bien locos, de repente algunos candidatos plantean terminar con el comercio con los comunistas… Así que aprovechemos para hablar un poco sobre qué es lo que exportamos, a quiénes y toquemos de refilón el tema BRICS.

No te creas tan exportante

Arranquemos por lo más importante, qué es lo que exportamos. En 2022 Argentina realizó ventas de bienes al exterior por 88 mil millones de dólares, un 13.5% más que en 2021 y un 35.8% más que en 2019 (salteamos 2020 por la pandemia). Sin embargo, si vemos el nivel de las últimas dos décadas tampoco es que aumentamos muchísimo nuestras exportaciones. Es decir, si bien mejoramos un poco, estamos relativamente estancados en el mismo lugar y las fluctuaciones que vemos muchas veces se explican por el cambio en los precios de las materias primas y sus derivados, que son nuestra mayor fuente de divisas.

Eso no es todo. Si comparamos el nivel de nuestras exportaciones con el del producto, notamos que Argentina tiene un valor bastante más bajo que otros países de la región -excepto Brasil- y que algunos otros europeos. Podés armar tus propios gráficos para chusmear este tema en la página del Banco Mundial seleccionando los países más abajo en ese sitio. Por supuesto que la película completa debería incluir a las importaciones, hay economías más abiertas que otras y en algunas el consumo interno tiene más relevancia, pero la comparación creo que ayuda un poco. Pero si te ponés a pensar en cuál es uno de nuestros problemas crónicos -la falta de divisas- probablemente llegues a la conclusión de que en parte nos falta exportar más. Un poco de esto hablamos en esta entrega, pero el tema importaciones lo vamos a retomar otro día.

Proporción de las exportaciones de bienes y servicios como parte del PBI. 1991–2022

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Fuente: World Bank Data

Veamos un poco qué es lo que exportamos. La mayor parte de las ventas de bienes al exterior se explican por los sectores oleaginoso y cerealero. Principalmente por el complejo sojero, maicero y triguero. Esto incluye tanto la materia prima como sus distintas transformaciones, por ejemplo aceite. Le siguen en importancia el complejo petrolero-petroquímico, el automotriz, el sector bovino y el minero. Entre estos se explica el 83% de las exportaciones de bienes de nuestro país durante 2022.

Fuente: elaboración propia en base a INDEC



Llegado este punto te preguntarás qué importa de todo esto, exportaciones son dólares y dólares casi que significa una economía más estable, entonces dónde radica la importancia del qué exportamos. Por un lado está la cuestión de la estabilidad de los precios de las materias primas, pero eso ya lo charlamos muchas veces así que lo paso de largo. Por otro lado, mucho más interesante es la propiedad de la tecnología aplicada a la producción y la posibilidad de realizar innovaciones y mejoras en los procesos productivos locales. ¿Por qué esto último?

En primer lugar, para las industrias que realizan investigación y desarrollo necesitás trabajadores mucho más capacitados, lo que significa mejores sueldos y condiciones de trabajo. En segundo lugar, las innovaciones realizadas le permiten a la empresa -y en consecuencia al país- hacerse con un activo intangible que da la posibilidad de vender la producción por un precio mayor al de la competencia. Por último, en la medida que uno produzca bienes y servicios más complejos, es más probable que continúe un camino de complejización productiva, ya que se puede pensar en nuevas ramificaciones y que el proceso de innovación sea una bola de nieve que permita aumentar cada vez más la calidad y la cantidad de la producción local.

Todo esto no lo digo en contra de los sectores que hoy día explican nuestras exportaciones, sino de cara a pensar cómo podemos utilizar esas capacidades con las que contamos hoy en día para desarrollos que incorporen más tecnología. Uno de los ejemplos más claros es quizás el de la biotecnología, algo de lo que no vamos a hablar hoy, pero te dejo esta nota para que chusmees.

Cinco comunistas se balanceaban

Si hablamos de exportaciones el otro aspecto clave a considerar es quién es el destinatario de los productos, es decir qué países nos compran. Uno quisiera que las exportaciones fueran como un gran almacén donde dejás tu producción y vienen clientes de todo el mundo a evaluar si la compran o no, en función de si los precios son altos o bajos y qué tan elevados son los costos de transporte.

Lamentablemente esto no es así. Entre los países hay acuerdos comerciales, ya sea en bloques o bilaterales. Por supuesto que esto no es exhaustivo y hay exportaciones que no se encuentran enmarcadas dentro de acuerdos, pero cuando se vuelven cotidianas suele trabajarse en este tipo de iniciativas porque agilizan los movimientos. Como todos los países tienen sus normas y restricciones, generar marcos comunes facilita el ingreso de mercadería a otras aduanas.

Esto cobra aún más relevancia cuando los productos comerciados son de consumo humano o animal como lo son los alimentos y los fármacos. Cada producto (industrial) que vos comprás en el supermercado tiene una validación por parte de algún organismo público que se encarga de comprobar que eso que estás tomando no te va a matar ni hacer daño. Lo mismo sucede con los medicamentos. Esos testeos tienen sus costos asociados, no sólo monetarios, también de tiempo invertido. Por lo tanto, muchas veces se realizan acuerdos para considerar apto algo que otro país considera apto. Es decir, si la ANMAT argentina valida determinado producto, no hace falta que la ANMAT uruguaya haga lo mismo porque hay un acuerdo entre los países -no sé si es el caso, pero podría serlo-.

Este tipo de instrumentos de control en definitiva funcionan muchas veces como barreras para ingresar determinados productos a otros países. En algunos casos tiene sentido hacerlo, pero en otros se vuelve un mecanismo proteccionista de determinadas industrias. Para poner un ejemplo, allá por el 2000 se encontraron en Estados Unidos y en China cargamentos de carne bovina argentina infectada por aftosa. Durante años no pudimos exportar carne desde algunas zonas de nuestro país hasta comprobar que estaban libres de esa enfermedad. Algo que en nuestro país tardó muy poco en solucionarse mediante una campaña de vacunación nos impidió realizar exportaciones a Estados Unidos durante más de una década. Pensar que hay quienes se oponen al accionar estatal.

Capaz te acuerdes de otro caso, los limones de Macri. En 2018, durante la presidencia de Mauricio Macri, el mandatario fue a visitar a su par estadounidense, Donald Trump, y la noticia del día fue que le íbamos a volver a vender limones. Más allá de lo divertido que puede ser que un país que vende tecnología nuclear como el nuestro se emocione por la venta de derivados del limón, lo importante en realidad es que en 2018 se destrabó una situación que databa del 2001 cuando el lobby californiano de los limones trabó nuestras exportaciones hacia ese país diciendo que tenían una enfermedad -que no tenían-.

Voy cortando con las anécdotas, pero creo que son ilustrativas para lo que viene. Muchas veces no alcanza con tener la carne más rica del mundo para venderla al exterior, sino que hace falta una gestión activa de los organismos públicos y de la Cancillería para abrir mercados. Claramente los privados pueden hacerlo también, pero acompañados por el Estado la negociación es más sencilla. Esto nos lleva al inicio de la entrega de hoy: el candidato más votado en las PASO, Javier Milei, planteó que en su eventual gobierno se terminaría el comercio con los comunistas. Luego aclaró que los empresarios podrían seguir sus tratativas, pero que no iba a ser una política de Estado.

¿Cuál es el problema con eso? Bueno, más del 40% de las exportaciones de nuestro país las explican cinco países. Si bien las caras fueron cambiando, esta situación se mantiene al menos desde principios de los 2000. Es decir que nuestro comercio está bastante concentrado en algunos destinos y no son socios que podamos obviar por su sistema de gobierno o simpatía política.

Si nos paramos en 2021 -último año disponible en la base de datos que utilicé-, el 16% de las exportaciones argentinas tuvo como destino a nuestro vecino Brasil, el 9% a China, 7% Estados Unidos, 6% India y 6% Chile. Si romper relaciones con alguno de estos países significa una mayor probabilidad de no poder ingresar productos a sus mercados es un problema mayúsculo, ya que por el volumen del que hablamos no es fácil dirigirlos hacia otros lados. Pragmatismo mata ideología en el comercio internacional…

Además de eso, romper relaciones con uno de estos países haría que fuese aún más difícil sumar nuevos productos a la canasta exportadora, algo que incluso hoy con relaciones diplomáticas fluidas es complicado y sin ese esfuerzo por parte del Estado sería todavía más. Vuelvo con lo anterior, no alcanza con ser baratos, es necesario garantizar que el producto ofrecido es de calidad para ese mercado y además no dar el brazo a torcer ante los lobbies de cada uno de los países.

Porcentaje de las exportaciones explicadas por los cinco principales destinos.
2002–2021.

Fuente: elaboración propia en base a BACI

No me importó si arruinaríamos nuestra amistad

Esta entrega se debe en definitiva a la invitación que hicieron los BRICS a Argentina, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Egipto, Etiopía e Irán. Nuestra incorporación es algo que se buscó bastante durante años, tanto Cristina Fernández de Kirchner como Macri durante sus presidencias empujaron esta posibilidad que hoy se materializa. Más allá de que va a ser desde principios del año que viene -si la invitación es aceptada-, no se tienen muchas certezas. No se sabe cuál va a ser la participación de los nuevos miembros, si van a tener el mismo poder de voto que los “originales” ni tantas otras cuestiones. Pero por las dudas ya empezaron los ruidos sobre el tema desde los principales espacios opositores en Argentina. Así que veamos un poco de qué se trata.

Básicamente es un foro en el que se reúnen los países emergentes más importantes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para discutir cuestiones que atañen principalmente a las economías emergentes. No se trata de un acuerdo comercial ni de un grupo antioccidental, de hecho las relaciones que tienen los países mencionados con Europa y Estados Unidos son bastante diferentes -al igual que los nuevos invitados a sumarse-. Particularmente, mientras que China y Rusia mantienen relaciones más tensas con el país norteamericano, India no tiene esos problemas. Si te interesan los temas de política internacional te recomiendo -aunque seguro ya los conocés- el newsletter de Juan Elman de Cenital y el programa Un Mundo de Sensaciones de Futurock (donde también está Juan). De paso te dejo esta columna de Violeta Weber sobre la incorporación de Argentina a los BRICS de ese programa.

Volviendo a lo económico, si no es un acuerdo comercial de qué nos sirve. En primer lugar, nos permite participar en las discusiones que va a delinear el mundo de los emergentes en las próximas décadas. Si bien es difícil pensar en el largo plazo dada nuestra cotidianidad tan apremiante, las discusiones en torno a cómo va a ser el mundo y qué necesitamos para que esa forma global nos beneficie son claves y es sumamente útil participar en el debate y acercar la posición de Argentina.

En segundo lugar, nos permite acercarnos a los otros socios para pensar en nuevos o mejores acuerdos comerciales de forma bilateral. Como te comentaba en la sección anterior, la diplomacia es clave dentro del comercio internacional y acercarnos a países como India puede ser una buena oportunidad para aumentar nuestros mercados.

En tercer lugar, si bien no es algo confirmado, nos podría dar acceso en un futuro a líneas de financiamiento del Nuevo Banco de Desarrollo (el banco de los BRICS), un nuevo espacio en el que se podría acceder a créditos para financiar proyectos útiles para el desarrollo económico. De todas maneras, esto no es seguro, ya que no hubo anuncios al respecto, y aunque lo fuera todavía maneja un volumen de préstamos menor con lo cual no sería un gran cambio. Pero bueno, esto es por el momento.

Finalmente, algo que me comentó Manuel Gonzalo, investigador en la Universidad Nacional de Quilmes y en la de Chilecito, es que abre las puertas a realizar investigaciones en conjunto con otros países del bloque. Si bien no hay una agenda común en la que participen los cinco países actuales en temas de investigación, sí hubo acuerdos bilaterales entre los miembros, principalmente en materia de defensa y energía.

Otra cosa importante que me planteó es que no debería esperarse una reacción adversa de Estados Unidos por el ingreso de Argentina a los BRICS en cuestiones comerciales ni en el trato por parte del FMI. Como te comentaba antes, no se trata de un grupo contra Occidente, por lo que la mera incorporación no debería afectar las relaciones más que la propia diplomacia que tenemos hoy en día con el país asiático, pese a estar fuera de la alianza de emergentes.

Si te interesa saber más sobre los actuales miembros del bloque, te recomiendo este dossier de la revista Márgenes que me pasó Manuel Gonzalo que tiene toda una sección sobre los BRICS (se puede descargar gratis en esa web).

Bonus Track

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  • Algo que por ahora no escuché en la campaña electoral son propuestas serias sobre el sistema de salud, pareciera que todo está bien, pero todos sabemos que no. Esta nota de Oscar Cetrángolo y Ariela Goldschmit me pareció muy interesante;
  • Sobre la dolarización, me gustó este post de Fernando Peirano y este episodio del podcast de Leandro Ziccarelli;
  • Por último, te dejo esta nota de Martin Schapiro en elDiarioAR sobre el tema BRICS, donde profundiza algunas cosas que mencioné medio al pasar.

Te dejo una peli para el finde. Excepto por alguna que otra cosa, me gusta mucho: Así en la Tierra como en el Infierno.

Te mando un abrazo grande,

Nico

Escribe sobre temas de sectores y desarrollo productivo y trata, todo lo posible, de cruzarlo con datos. Le importa que estos sectores impulsen el bienestar social. Estudió economía en la UBA, se especializó en políticas sociales en UNTREF y arrancó una maestría en desarrollo económico en UNSAM. Es docente e investiga sobre Política Productiva en Fundar.