Qué va a ser de ti, Diablito Echeverri

Después del “no voy a renovar”, River quedó entre la espada del City y la pared de que se fuera libre. Y entregó a la joya. En Chaco, el chico que recién cumplirá los 18 años no puede volver a su infancia. Mientras tanto, languidece un sentido de pertenencia en el fútbol.

Hola, ¿cómo estamos?

Llegamos a la última edición de 2023. Aborrezco los balances. Quiero agradecerles por la compañía en mi primer año al frente del Prepárense para perder de Cenital. Han sido, con la de hoy, 23 entregas de fútbol. La palabra “entrega” describe -y define- bastante bien a estos correos. Entregar como dar, compartir, acompañar(se).

En 2023 casi que no jugué a la pelota con amigos. Dolor país. Se me terminó de desintegrar el menisco externo y medio cartílago de la rodilla izquierda. Mi compensación es que transito la recuperación con Daniel Martínez, el médico de la selección argentina que, me ufano, trata a Lionel Messi. Martínez dejó el fútbol a los 22 años por una lesión en la rodilla. Otro día se las cuento. ¡Dejame jugar, Dani!

Por estos días finales, en esta semana tan aciaga y desoladora, estoy por terminar de leer un libro-homeneaje al Negro Fontanarrosa. La hinchada te saluda jubilosa (2007) es medio inconseguible: 26 escritores, periodistas y ex futbolistas escriben sobre Fontanarrosa. Les paso un párrafo del texto de Juan Sasturain. Lo encuadré con el lápiz y lo reforcé doblando hacia adentro una de las puntas de la página: “Sucesiva y simultáneamente juego y deporte, espectáculo, negocio, pasión y enfermedad endémica, el fútbol se resiste -como el amor, el dios de Abraham, el peronismo, el hipo y otras escurridizas entidades- a cualquier definición unívoca que no dé cuenta de su elemental complejidad. De su arrebatadora seducción”.


Qué va a ser de ti, Diablito Echeverri

En la puerta de la casa de los Echeverri no está Claudio. Pero a cualquier hora, desde que volvió para pasar las fiestas a Chaco, su provincia, hay gente. El Diablito va por las tardes, camina por las calles de tierra del barrio Villa Río Negro de Resistencia, tereré en mano, y se saca fotos y firma autógrafos. Pero le es imposible estar en la casa de su infancia: Resistencia es un pueblo grande. Los contactos del Manchester City con su familia no cesaron ni en Navidad. Cuántos son, cómo viven, qué necesitan. Echeverri cumplirá los 18 años el 2 de enero. Después de su primer partido como titular, en la final del Trofeo de Campeones que River le ganó 2–0 a Rosario Central en Santiago del Estero, el Diablito dijo que no renovaría su contrato y después que sí. Como se resuelva, Echeverri será comprado a cambio de 25 millones de euros por el City Group, cuya central es el Manchester City, y se quedará un año o un año y medio -hasta mitad de 2025- en River, el club al que llegó a los 11 años desde Chaco, donde había arrancado a jugar en Deportivo Luján, que cobrará un millón de dólares. Una titularidad, cinco ingresos desde el banco, trece veces suplente, 155 minutos y ningún gol en River. Y ya volará desde el fútbol golondrina de Sudamérica.

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Entre que se fuera libre sin recibir dinero (su actual contrato termina en diciembre de 2024 y, seis meses antes, puede negociar como libre) y recibir dinero aunque no fuesen los 50 millones de euros a los que iba ascender la cláusula de rescisión, River se encontró entre la espada y la pared. Empujado a negociar, no sólo el monto de la transferencia, sino el tiempo que se quedará a préstamo. El City-representante “extorsionó” a River y “privatizó” al Diablito Echeverri. En el nuevo mapamundi del fútbol, el 66% de los pases involucran a jugadores libres, porque “esperando, se dan cuenta de que ganan más”. ¿Jorge Brito, presidente de River, no negoció a tiempo? ¿El entrenador Martín Demichelis no le dio los minutos necesarios en 2023, no propició un contexto de desarrollo? ¿Brito y Demichelis son responsables de la salida prematura porque priorizaron las vueltas del Pity Martínez y Manuel Lanzini (y ya estaban en la posición Nacho Fernández y Esequiel Barco)? ¿Cómo lo recibirán cuando juegue su primer partido de 2024 en el Monumental? ¿Los hinchas, dolidos por el quiebre de la relación, por cierta pérdida del sentido de pertenencia, le exigirán triunfos, espectáculo y títulos a Echeverri, quien no deja de ser un chico?

Marcelo Insaurralde es el periodista que entrevistó a Echeverri cuando tenía 11 años. Son esos videos que pintan para legendarios. El Diablito está en el comedor de su casa -en la que ahora no puede estar-, las paredes descascaradas, los cables al aire, y dice que juega por diversión y que su ídolo es Messi. “El sálvese quién pueda está vigente, lamentablemente. Claudio tuvo una infancia con un sinnúmero de limitaciones. Cuando llegó a River usaba unas zapatillas que no eran las recomendables para jugar al fútbol, y era lo mejor que le podían comprar los papis, que se rompían el lomo por los cinco hijos. El papá trabajaba en el área de mantenimiento del hospital de Resistencia”, me cuenta Insaurralde, que conduce Cortita y al pie, un programa de radio sobre fútbol formativo, y contextualiza: “En el Gran Resistencia, en Barranqueras, Fontana y Puerto Vilelas, tenemos un alto porcentaje de gente con necesidades básicas insatisfechas. Que los pibes vengan a la radio es para ellos como visitar el primer mundo, porque está en un cuarto piso y conocen el ascensor de un edificio. Aunque Claudio no lo quiera aceptar, es el ídolo de todos”. Cuando Echeverri fue a la prueba que hacía River en el predio San Diego, Deportivo Luján tuvo que pagar para entrar. El Diablito tocó tres pelotas y lo sacaron. “Encima que pagamos, no dejan jugar a la criatura”, se quejó Luis Cuevas, su entrenador de Luján. Miraba desde afuera. Hasta que Echeverri se le acercó: “Necesito el teléfono de mi papá, ¿vos te lo acordás?”.

Claudio Echeverri y Santiago Lopez. Foto: Matías Martín Campaya

¿Pensó ahora Echeverri cuando dijo “no voy a renovar” apenas finalizado su primer partido como titular en River, o pensó en verdad, a través de él, Enzo Montepaone, su representante que maneja los negocios por teléfono desde Marbella? ¿Fue inducido para presionar a River o la inocencia lo llevó a destapar lo que se suele ocultar? Los Echeverri -o Santiago López, el delantero al que Independiente bajó de la pretemporada mientras discute su contrato, también figura en el Mundial Sub 17- son chicos que crecieron con el Manchester City -o el club de moda- en el celular, en la TV, en las camisetas. Siempre a mano. Y, sobre todo, a los que les hacen creer que el éxito futbolístico es ir al Real Madrid o al City, como me dijo el Patito Rodríguez. Es el sentido común, lo mejor repartido en el mundo. “La existencia auténtica es la existencia que se decide a partir de sí. Es decir, no está decidida desde afuera”, nos cita José Pablo Feinmann a Martin Heidegger en un capítulo de Filosofía aquí y ahora. No son sólo las necesidades. Quizá languidece un sentimiento. En octubre de 1998, Juan Román Riquelme tenía 20 años y no había ganado ningún título con Boca. Después de que Mauricio Macri, entonces presidente, lo empujara a irse al Parma de Italia, Riquelme charló con El Gráfico.

-¿Por qué rechazaste la posibilidad de ir a Europa?

-Porque quiero salir campeón con Boca. Además, pensaba que no era el momento ideal para irme. Me gustaría quedarme en Boca toda la vida, Europa no me quita el sueño, sólo miro los partidos por televisión.

-¿Tanto querés la camiseta de Boca?

-Creo que salir campeón con Boca no se puede comparar con nada.

-¿Y los millones de dólares que podrías haber ganado?

-La plata es importante, pero salir campeón debe ser inolvidable.

-¿Te gratifica ser el sostén económico de tu familia?

-Me pone contento porque le puedo dar cosas que antes no tenían.

-Romy, además de jugar al fútbol, ¿qué otra cosa te gusta hacer?

-Juntarme con mis amigos y tomar una Coca-Cola en la esquina de mi casa.

Cuando sea que se vaya de River, a Echeverri, además de al Manchester City, podrían moverlo como una ficha del TEG a otros 12 clubes que integran la red mundial del City Group. En las últimas horas se lo vinculó con el Girona catalán, sorprendente líder de LaLiga de España. Pere Guardiola, hermano de Pep, es el presidente de la junta directiva. ¿Qué ocurrirá si el Girona se clasifica a la próxima Champions, ya que la UEFA prohíbe que dos equipos de un mismo propietario compitan en un mismo torneo? Lo más probable es que nada, por la cada vez más flexible regla de multipropiedad de la UEFA. Es el fútbol de las sociedades anónimas deportivas (SAD), el que quiere habilitar con el decretazo el presidente Javier Milei.

Julián Álvarez jugó de 2018 a 2022 en River. Cuatro años en los que se cinceló como profesional. De aprendizaje y crecimiento. El Diablito no vivirá la proyección “normal”. Julián, a los 23 años, le dio al Manchester City el Mundial de Clubes en el 4–0 de la final ante Fluminense: dos goles y un pase gol en una final de Mundial de Clubes/Copa Intercontinental, un registro que sólo habían logrado Ferenc Puskás en 1960, Pelé en 1962 y Vinícius Júnior en 2023. “El fútbol argentino se ha convertido, desde hace mucho, en una vidriera para vender jugadores. Y se van cada vez más jóvenes”, nos decía Ángel Cappa en el último PPP. Echeverri no había dicho las cuatro palabras que antecedieron a la implosión: “No voy a renovar”. Es el fútbol que compra el futuro, a futuro, hiperconcentrado, porque el City es Abu Dabi, parte de los dineros árabes que se adueñaron de la pelota. Y no es City todo lo que reluce. El Diablito, su “entorno”, pudo haber detectado lo que sucede acá nomás. El brasileño Vitor Roque (18 años, Athletico Paranaense) acaba de sumarse al Barcelona. Endrick (17, Palmeiras) lo hará a mitad de 2024 al Real Madrid. El ecuatoriano Kendry Páez (16, Independiente del Valle) se irá al Chelsea cuando cumpla los 18. Europa y sus clubes barren al fútbol sudamericano. ¿Se abaratará aún más el costo de extracción de la materia prima en la Argentina con las SAD? El Diablito Echeverri es apenas la última joya de un país relegitimado con el Mundial de Catar 2022. Tal vez haya más chicos que quieran jugar la Champions con el Manchester City antes que la Copa Libertadores con River. La riqueza máxima en el fútbol, sin embargo, todavía es el etéreo y eterno talento (sudamericano). Donde hay una necesidad, hay un derecho a soñar con ser un crack.

Por el descanso veraniego, nos vamos a volver a leer durante los primeros dos sábados de enero. Gracias por bancar, por responder algún mail, por interactuar en redes (@rparrottino) y hasta por rescatar algún fragmento. Escribir un newsletter es como ir a kinesiología. La necesidad de los ejercicios pausados y guiados para sacar lo mejor. Porque jugar, juega cualquiera. Poner el cuerpo es otro asunto. Y, como en fútbol, escribimos con, desde y en el cuerpo.

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Salú y abrazos (y chau, felicidades, como dice Carlos Bianchi),

Roberto Parrottino (Beto)

Soy periodista especializado en deportes -si eso existiese- desde 2008. Lo supe antes de frustrarme como futbolista. Trabajé en diarios, revistas y webs, colaboré en libros y participé en documentales y series. Debuté en la redacción de El Gráfico y aún aprendo como docente de periodismo. Pero, ante todo, escribo. No hay día en la vida en que no diga -aunque sea para adentro- la palabra “fútbol”.