Messi, divino tesoro

El 10 y los pases-gol con los pibes de su cuadra, los que soñaban ser él pero que ahora juegan un Mundial junto a él.

Joško Gvardiol tiene 20 años, 15 menos que Lionel Messi. El enmascarado central de Croacia, indica la estadística, sólo ha sido gambeteado una vez en cinco partidos del Mundial (553 minutos). Pero Messi lo saca a pasear, le gana la raya y, antes de entrar al área, le baila un tango. Después le da el pase-gol a Julián Álvarez, entre las piernas de Gvardiol, imperceptible al ojo humano. La pelota también le había pasado de caño a Nathan Aké antes del gol de Nahuel Molina con Países Bajos. Aké juega en el Manchester City, uno de los mejores equipos del mundo. Argentina jugará el domingo la final de Catar 2022. En la de México 86, Diego Maradona no metió ningún gol. Sí el pase-gol a Jorge Burruchaga, un estiletazo a la defensa de Alemania, el 3–2 definitivo. El fútbol llama a los pase-gol, basado en el básquet, como “asistencias”. Como el Negro Enrique a Maradona en Argentina-Inglaterra, Messi puede decirle a Julián, antes de su corrida memorable: “Mirá el pase que te di”. Porque Messi, también, le punteó la pelota. ¿Quién se anima a discutirle? Como fuere, Messi igualó a Maradona en pases-gol, con ocho, en la historia de los Mundiales. Más importante aún: Messi no sólo maradonea, sino que extrapola acaso la máxima humillación de un futbolista a otro, el caño: es caño pero ante todo es pase-gol. Es inmortal.

No es que antes, en la selección o en el Barcelona, no le hayamos visto esos pases de gol (suma, en total, 350 “asistencias”). Es que ahora tiene a los pibes de la cuadra dispuestos a picarles a todas. A poner la cara y más por él en cada esquina. Son los vatos de Messi. Con México le tocó la pelota a Enzo Fernández, antes de que la clavara. Enzo tenía cinco años cuando Messi jugó su primer Mundial, en 2006, y hasta le escribió una carta cuando había anunciado su retiro de la selección. Con Croacia, el honor del pase fue para Julián, que diez años atrás le pedía una foto a Messi. No hay egocentrismo. Son los pibes que soñaban ser Messi pero que juegan un Mundial con Messi, el Mundial de Messi. Es la banda de su calle, la que le canta, alentándolo a Lionel. “Me gusta mucho ver jugar a Messi, es la alegría de jugar -decía Eduardo Galeano en 2011-. Él juega como si fuera un niño en un potrero, en un campito. Ojalá no la pierda nunca. Es excepcional, porque un jugador profesional tiene que cuidarse las piernas de otro modo. Y él juega como olvidándose de que es el número uno. O sea, Lionel Messi no se cree Lionel Messi, por suerte”.

El periodista brasileño Juca Kfouri creyó estar viendo que Messi, wing derecho en sus inicios en el Barcelona, transmigraba en Mané Garrincha, el genial wing derecho, en pleno estadio Lusail. “¡Mané Messi!”. Más goleador en su madurez, a los 35 años, Messi, sin embargo, es el caminante que relampaguea, y el que pasa pelotas, el que la pasa como Maradona pero también como Juan Román Riquelme (no es sólo el Topo Gigio). “Sólo en el genio de Messi puede existir una jugada así, que recuerda a Maradona –dijo Daniele ‘Lele’ Adani en la Rai, el comentarista italiano hincha del fútbol argentino-. Gambetea a todos, incluso a los camellos del desierto. En este Mundial está asumiendo los detalles de otro Mundial: el de 1986. Exuda amor a través de una pelota de fútbol. Rediseña los límites de su destino. Esto es lo que está haciendo. Influye a todos. A compañeros, adversarios, a todos. Otra partida de gol y asistencia para Leo Messi”. Pase lo que pase en la final del domingo, el Messi de Catar 2022 quedará en la historia como el Messi total, el que interpreta los partidos dentro de cada partido y aparece como wing, como goleador (suma cinco, como Kylian Mbappé) y, sí, como asistidor, el que entrega esas exquisiteces en forma pases-gol.

El toque a la red de Julián después de la jugada de Messi contra la línea y contra Gvardiol, el villano de la máscara, se inscribe con el paso de las horas dentro de las jugadas de héroes de los Mundiales, como la de Maradona en México 86, desde el “Gol del Siglo” a “La mano de Dios”. Y no es un gol. Fue un pase-gol, la petite mort del fútbol. “Yo -dijo una vez Riquelme- disfruto más del pase para que el delantero haga el gol”. La jugada de todos los tiempos de Messi es una asistencia, una devolución, un agradecimiento a Julián, corporizado como expresión de todos los que aman a Messi. El periodista catalán Ramón Besa, que lo vio crecer, escribe en El País que Messi es infinito: “Messi entero, Messi lastimado, Messi a balón parado, Messi imparable, siempre Messi. El 10 es el jugador universal en Catar. Las distintas versiones del capitán argentino se apreciaron y disfrutaron en su memorable partido contra Croacia”.

Pasará otro tiempo hasta que podamos descubrir qué significó la jugada de Messi contra Gvardiol, su pase-gol a Julián. Se hace muy difícil inferir ahora qué condensó en esos 64,9 metros recorridos, qué guardó en ese engaño de torero antes de entrar al área -en ese amago a ir por allá pero voy por acá-, qué desprendió además de la pelota a Julián, qué inició cuando arrancó por la derecha el genio del fútbol mundial. Hay una ofrenda en un pase-gol, una entrega a algo o alguien superior. La ofrenda de Messi parece ser una retribución a lo que le quiere ofrecer el fútbol. También hay una suficiencia, decir yo no hago el gol porque el gol es vulgar, una ostentación de rico, el que lo hace es él porque yo quiero. “Messi es el niño que sigue jugando -escribió Sergio V. Jodar en Panenka-. Porque a Messi le encanta la juventud: potencia la de sus compañeros, eterniza la suya y, gracias a Messi, prolonga la nuestra”. Messi es el divino tesoro del fútbol. Y el domingo jugará para Argentina.

¿Sabés cómo se financia Cenital? El principal sostén de nuestro medio son sus lectoras y lectores. Eso nos pone orgullosos y nos da la tranquilidad necesaria para hacer el periodismo en que creemos. Si te gusta lo que hacemos, sumate vos también a nuestra comunidad.

Soy periodista especializado en deportes -si eso existiese- desde 2008. Lo supe antes de frustrarme como futbolista profesional. Trabajé en diarios, revistas y webs (hoy en Tiempo Argentino, Acción, Relatores y más), colaboré en libros (Breve historia del deporte argentino, Rey de Fiorito y otros) y participé en documentales y series (La Patria Deportiva y Bestiario). Pero, ante todo, escribo. No hay día en la vida en que no diga -aunque sea para adentro- la palabra “fútbol”.