Macri vendió caro

La incógnita sobre el caudal electoral del ex Presidente. El impacto dentro de Juntos por el Cambio. Qué piensan Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. La gira de Alberto Fernández y su mirada doméstica.

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La decisión de Mauricio Macri de no competir en las elecciones de este año generó sorpresa por la sorpresa. Verle motivaciones altruistas es, además, un acto de fe que el agnosticismo profesado por quien escribe le impide acoplarse. Incluso si se dieran por ciertos los números que filtraba el entorno del expresidente, aspectos como la posibilidad de una competencia interna alejaban la participación del Calabrés: para seguir mostrándose jefe, Macri no podía permitirse rivalizar -aún ganando- con Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. “Si se presenta, le gano”, había dicho el jefe de Gobierno en un encuentro privado hace un año revelado por Cenital. Algo similar repetía Bullrich a quien quería escucharla. El segundo ítem es que, para las reformas que el PRO entiende impostergables, el próximo presidente tiene que tener, de mínima, el beneficio de la duda.

Macri, por más que los resultados de este gobierno le permitan intentar reescribir su gobierno, fue un fracaso con luces de colores. Se convirtió en el primer mandatario en ir por la reelección y perder en la historia de Sudamérica, con varios agravantes: la posibilidad de articular políticas públicas en la zona más poblada del país -nunca un mismo partido había gobernado al mismo tiempo Nación, provincia de Buenos Aires y Ciudad de Buenos Aires-, un apoyo nunca antes visto de los medios y el Poder Judicial para enterrar a sus rivales políticos y un endeudamiento que -economistas de su propio espacio calculaban suficiente en 3 mil millones de dólares por año- que superó todo lo conocido hasta el momento.

Esta decisión de Macri se recorta sobre otras similares que muestran a un dirigente mucho más hábil de lo que narran sus detractores: en 2002 un peronismo lo fue a buscar y él rechazó porque tenía la convicción de hacer algo propio y en 2011 declinó su candidatura por la imbatibilidad cristinista. Si fuera imperioso un reconocimiento a Macri, podría ser ese. Vender, a priori, muy caro lo que tenía. Macri no es Cristina: es Sergio Massa 2019. En aquel momento, quienes veían con dudas el desembarco del killer tigrense al Frente de Todos se lamentaban porque entendían que no había llevado electores al dispositivo luego triunfador, si no que había ido detrás de sus votantes para luego culminar el movimiento con una negociación interna que lo posicionó a la altura de CFK y Alberto Fernández. Si esta lectura fuera cierta, permitiría la comparación.

Otra diferencia no menor es el mensaje de su elección. Pensado, grabado y publicado en sus redes, fue un texto indiscutiblemente trabajado, con el tono justo. A juzgar por los reportajes posteriores, fue hecho con una Inteligencia Artificial. La diferencia entre el spot y las entrevistas impactan. No es anecdótico. Bullrich insistió a las pocas horas con una hipótesis verosímil, pero falsa: esto la beneficia porque se queda con 8 de cada 10 votos de Macri. En los escenarios encuestados, esos votos ya estaban distribuidos. El riesgo para la titular del PRO es que, con el terreno despejado, Larreta pueda ir -apelando a 20 años de trabajo conjunto- a disputar ese presunto núcleo duro que tributaba al ex Presidente. Si el comportamiento de Macri es más parecido al del spot, Larreta puede entusiasmarse. Si es similar al de las entrevistas posteriores, deberá seguir con la guardia alta.

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La pregunta ahora es, además de una proverbial capacidad de daño, qué incentivos tiene el PRO para seguir reconociendo a Macri como su líder indiscutido en caso que Larreta o Bullrich ganen la elección. Con Patricia disputando la emocionalidad y Hache la modernización de la gestión, Macri puede haberse marginado demasiado pronto de la toma de decisiones.

Fue la propia Bullrich -la dirigente que postula como más sencillos los desafíos por delante, a los que considera apenas un problema de dureza y voluntad política- la que no pudo, en una reciente entrevista en La Nación +, precisar siquiera esquemáticamente su plan para reencauzar la economía en caso de ser gobierno. Consultada por los periodistas, no pudo identificar áreas más allá de “los subsidios” -enunciados en forma genérica- para reducir el tamaño del Estado, a las que sumó imputaciones genéricas y no fundadas ni desarrolladas, contra provincias y municipios. Quizás quepa atribuir a su tendencia a simplificar los problemas más que tomarlos en profundidad, que se haya referido a esta etapa como una en la que estamos atravesando una hiperinflación y una deflación. Ni Capusotto. Para el personaje de Bullrich, que participa en política desde hace más de 40 años -y que ya hace veinte era ministra de la Alianza-, ese balbuceo con dos pensamientos que entraron en conflicto al mismo tiempo es desaconsejable.

Liberado, en público y en privado, Macri le reclamó a Larreta que su primo sea el único candidato en la Ciudad. Esto, naturalmente, no refiere sólo a las postulaciones de Fernán Quirós y Soledad Acuña sino a la de Martín Lousteau. Según el entorno del senador, luego de sus declaraciones, Macri -vía Daniel Angelici- los invitó a comer a Los Abrojos. Lo cierto es que el rumor instalado en CABA es que el oficialismo buscaría que las boletas no vayan pegadas. Una alternativa que están explorando es poner la boleta única -que ya está en el código de la Ciudad. Esto implicaría votar en CABA con BU para los cargos locales -como jefe de gobierno, legisladores y comuneros- y la boleta común para el resto. En la oposición debaten si tiene que intervenir la justicia porque, a priori, es un cambio en el sistema de votación. En el gobierno de la Ciudad son más taxativos: “Horacio lo puede hacer por decreto por los superpoderes que le votó el kirchnerismo”. La traba no es jurídica sino política: Macri no quiere. Primera instancia de emancipación para Larreta luego del anuncio del ex Presidente.

Por su parte, la gira internacional de Alberto Fernández arrojó algunas notas relevantes que, en la coyuntura electoral, pasaron relativamente desapercibidas. En República Dominicana participó de la XXVIII Cumbre Iberoamericana, un histórico espacio de diálogo español ante los Jefes de Gobierno y de Estado de América Latina, del que por Europa participa también Portugal. Acompañaron a los jefes de gobierno socialistas español, Pedro Sánchez, y portugués, Antonio Costa, el también socialista Josep Borrell, que tiene el principal cargo de responsabilidad en la política exterior y de seguridad de la Unión Europea. Fernández utilizó la ocasión para plantear a Borrell y Sánchez -que recibirá de Suecia la presidencia rotativa del bloque europeo- las dificultades de nuestro país y para el bloque del Mercosur frente al acuerdo con la Unión Europea, concluído de forma preliminar durante las presidencias de Macri y Jair Bolsonaro.

El nudo a resolver es complejo. Cuando el acuerdo fue concluido en 2019, la principal preocupación geopolítica europea era el reverdecer del proteccionismo y el aislacionismo que significaba el gobierno de Donald Trump, por lo que el entendimiento con el Mercosur reflejaba el compromiso y el apego a las viejas reglas de la globalización. Para Macri y Bolsonaro, la apertura de las economías nacionales era un fin en sí mismo y todo lo que permitiera reducir aranceles y acotar los márgenes de intervención del Estado en la economía se alineaba a la agenda de liberalización que compartían ambos mandatarios. Aquella firma respondía también a las prioridades de los países pequeños del bloque y los asociados, como Bolivia, donde fue festejado expresamente por el entonces presidente Evo Morales.

El mundo del 2019 y el de 2023 no riman. Desde aquel momento hasta la fecha, la Unión Europea cambió sus compromisos y miradas. Trump ya no está, pero la pandemia -que evidenció las debilidades de las cadenas globales de suministro, la dependencia de una China cada vez más enfrentada a los Estados Unidos-, la carrera tecnológica y la transición ecológica, trajeron de regreso la política industrial, en la que también se cuelan intereses proteccionistas de estados miembro como Francia, que compiten con la producción del Mercosur.

Este cambio de las reglas europeas y globales redundó en cambios de normativa que afectan fuertemente los de por sí complejos resultados del acuerdo. El Pacto Verde Europeo y los nuevos compromisos ambientales que la Unión aplicaría a sus propias empresas y a todo su comercio ponen en peligro, no las modestas concesiones comerciales otorgadas al bloque sudamericano en el acuerdo de principio, sino una porción extremadamente significativa de las exportaciones argentinas y del MERCOSUR a su segundo socio comercial que podrían verse impedidas de ingresar en Europa.

Es este el eje de los reclamos que Fernández realizó a Sánchez -cuyo gobierno es el principal impulsor de la conclusión de las negociaciones- y a Borrell. También será uno de los dos grandes ejes de los documentos que Argentina presentará a Brasil -y a los socios del Mercosur- durante los próximos días y que excede de la cuestión de las asimetrías de desarrollo entre ambos bloques. Desde el gobierno consideran prioritario que cualquier discusión sobre la temática ambiental recoja los intereses exportadores del bloque, una cuestión que fue señalada en la última visita al país de Lula da Silva -en la declaración conjunta de ambos presidentes se menciona la preocupación por el proteccionismo ambiental europeo- y que fue repetida en las visitas de Santiago Cafiero a Bruselas. En sus declaraciones públicas, Borrell dio entidad a los reclamos argentinos, a los que calificó como preocupaciones legítimas, y que, de acuerdo a las autoridades argentinas, también los habría reconocido más directamente en privado.

Una resolución favorable permitiría aminorar efectos negativos no ya del acuerdo sino de las consecuencias de una reconfiguración global donde los actores aparecen crecientemente proteccionistas y el acceso a mercados e inversiones cada vez más asociado a arreglos geopolíticos. Por eso, también, junto a la cuestión ambiental, Argentina planteará las asimetrías -descuidadas por Macri y Bolsonaro y que afectan en particular a un sector automotriz en transformación-, el financiamiento climático -una obligación de los países desarrollados según el Acuerdo de París, que debería reflejarse- y las cadenas de valor, donde se espera poder impulsar un proceso de asociación con la Unión Europea en sectores industriales estratégico ligados a energías limpias, alimentos y otros donde el país podría beneficiarse de inversiones que la actual situación macroeconómica complica.

La situación enfrenta de todos modos dificultades no sólo en América del Sur. España y la Comisión Europea son, junto a Alemania, actores favorables a su conclusión. Francia, como Austria y los Países Bajos, mantuvieron recientemente sus objeciones, por lo que ni siquiera un acogimiento completo de las cuestiones planteadas por Argentina garantiza la firma definitiva de un acuerdo que conmovió hasta las lágrimas al entonces canciller Jorge Faurie y que, cuatro años después, todavía aparece lejos de cobrar vigencia definitiva.

Más allá de la foto con uno de los dos principales líderes globales -y de concluir la última reunión bilateral de envergadura que faltaba a la faz internacional del cuatrienio de Fernández como presidente-, la reunión bilateral que finalmente tendrá mañana con Joseph Biden en Washington se centrará en apartar dificultades. Un renovado reclamo de flexibilidad en la interpretación del acuerdo con el Fondo Monetario, que reforzará por el decisivo peso de los Estados Unidos en el board, la conversación de Sergio Massa con Kristalina Georgieva. A ello habrá que sumar los intereses estadounidenses, volcados a China, la condena a la invasión de Ucrania y una interlocución que valoran con algunos gobiernos de la región.

Sin embargo, una mirada a la agenda oficial, publicada por la Casa Blanca, destaca la cuestión de los minerales críticos. Más allá de las repetidas menciones de dirigentes políticos argentinos -en coincidencia con la referencia del Comando Sur, la generala Laura Richardson, sobre el interés estadounidense en el litio-, la mayor preocupación sobre la cuestión no proviene de Washington sino de Buenos Aires. Es que la Ley de Reducción de la Inflación, sancionada en el Congreso con apoyos demócratas y republicanos, otorga subsidios y ventajas impositivas para la producción de baterías y componentes críticos, incluyendo allí a los minerales, en los Estados Unidos o en países con los que tenga acuerdos de libre comercio. Argentina, que es hoy el principal proveedor de litio de los Estados Unidos, quedaría así en una enorme desventaja frente a los otros dos grandes productores globales, Chile y Australia.

Por el volumen del mercado estadounidense, esto no sólo afectaría nuestras posibilidades de ingreso en ese mercado sino que también podría direccionar lejos del país los flujos de inversión en uno de los sectores más dinámicos, que recibieron inversiones greenfield aún a pesar de la situación macroeconómica. Argentina deberá plantear la situación en el momento en que el Tesoro está por reglamentar la norma legislativa. Una interpretación flexible, en línea con las preocupaciones que, se supone, comparte el mundo, en relación a la oferta litífera, sería preferible tanto para la Argentina como para el Departamento de Estado y el Comando Sur, pero chocaría con las intenciones proteccionistas que hoy comparten muchos demócratas y republicanos en el Congreso. El beneficiario, de imponerse la mirada predominante del Congreso sería, no tan curiosamente, una China que observa atenta los tiros en el pie de los otros.

En la parte doméstica, el Presidente alarga las definiciones. El anuncio de Macri lo motivó a reflexionar sobre Cristina. “Debería correrse”, repite en privado. “Debo garantizar que el FDT gane”, sostiene. En esa lógica, CFK debería aportar los votos para que reduzcan a cero su capacidad de decisión: eso sí sería un autoatentado. Fernández vio desde su gira como Máximo Kirchner hablaba de dirimir las diferencias con el voto de la ciudadanía. “Eso es bueno, está aceptando la competencia interna”, analizó Alberto en la gira. En el entorno de Kirchner, ante la consulta de #OffTheRecord, aclararon: “Dijo elecciones, no PASO”.

Para el cierre quiero invitarlos a repasar los dos últimos artículos que publicamos en la web de Cenital: El 24 de marzo sigue hablando, de María Esperanza Casullo; y Un urbanista suelto en Egipto, de nuestra flamante incorporación Federico Poore. Federico estará sumando su aporte cada dos semanas para pensar las ciudades de estos tiempos. Nuestra intención para este año tan complejo es traerles más y mejores contenidos. Pero para hacerlo dependemos de nuestros lectores que hoy representan nuestra fuente de ingresos más importante. Si todavía no sos parte de nuestra comunidad, esta puede ser una buena oportunidad para sumarte.

Last but not least, te quería recordar que este sábado de 12 a 14 vuelve El fin de la metáfora por Radio con Vos. Nos escuchamos en breve.

Ojalá hayas disfrutado de este correo tanto como yo. Estoy muy agradecido por tu amistad que, aunque sea espectral, para mí no tiene precio.

Iván

Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.