El hilo conductor

La lluvia minuciosa

En esta entrega visitamos poemas y cuadros que representan distintas lluvias, de los clásicos Borges, Cortázar y Storni a los más contemporáneos Viel Temperley, Arnaldo Antunes y Laura Wittner. Y como bonus track, una lista de Spotify para escuchar mientras vemos caer el agua.

Hola, ¿qué tal? Espero que lo mejor posible. Por acá bien, poniéndole garra a este fin de año tan aplastante. No sé a vos, pero a mí el 2021 se me pasó muy lento y muy rápido al mismo tiempo. Si trato de acordarme de algo que sucedió en enero, me parece que fue hace una eternidad. Pero a la vez no puedo creer que ya estemos pisando diciembre si hace un santiamén estábamos abrigadas ocupando las mesas exteriores de los bares en pleno invierno. Curiosidades de vivir en la acechanza de una pandemia permanente.

Hoy traigo un tema con el que amagué varias veces. Es que suelo escribir este newsletter unos días antes de que ustedes lo reciban y entonces especular con algo tan cambiante como el pronóstico meteorológico puede fallar. Sí, voy a hablar de la lluvia. De la tormenta. Al momento en el que estoy ante este archivo, está lloviendo sobre la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, lo que hace que cientos de flores de jacarandás se caigan de los árboles y armen hermosas alfombras crepusculares. Para el domingo 28 de noviembre se esperan lluvias también, en un 80% de probabilidad. Ojalá cuando abras este Hilo estés escuchando las gotas de fondo. (Si estás en otra parte del país o del mundo y allá no llueve, te doy la derecha para que cierres esto y lo abras un día que lo amerite.)

Soy de las que quieren que llueva para regar las plantas y los árboles y para lavar un poco los ánimos y los autos estacionados. Soy de las que no disfruta tanto el chirle de mojarse ni de amontonarse en los transportes públicos con paraguas chorreantes. Soy de las que ama ver los hilos de agua por la ventana pero la que teme que se caiga el cielorraso de la casa si se tapan las canaletas (me pasó dos veces). Soy de las que quiere que el agua aclare y refresque pero la que piensa a dónde se refugiarán todas las personas que viven en situación de calle. O sea que a grandes rasgos tengo una relación ambigua con la lluvia.

Es un tema tan histórico y universal que hoy la abordaremos a partir de un puñado de representaciones más acotadas. Vamos a derivar por la poesía. Es que me parece que las imágenes y metáforas para referirse a la lluvia le hacen ganar matices y espesores inusitados a lo que a veces es solo una tormenta pasajera. La poesía tiene la capacidad de transformar una lluviecita insignificante en una escena. 

Para ilustrar, vamos a valernos de algunos cuadros que la capturaron también. Qué difícil debe ser pintar la lluvia tan movediza en un lienzo tan estático… El agua transparente que a la vez modifica tanto el resto de las cosas. Mis respetos a quienes lo intentaron con luces y con sombras.

John Constable, Lluvia sobre el mar (1826)  

La lluvia sucede en el pasado

Empecemos entonces por todos esos versos más o menos melancólicos que la lluvia viene inspirando hace tantísimo tiempo. Es un motivo recurrente que a la vez se reactualiza según quien la escriba. Por ejemplo, Borges se refiere a la lluvia de esta manera, con adjetivos exactos, escenas del arrabal y nostalgia familiar. 

La lluvia

Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

(Este poema está incluido en El Hacedor y, si prefieren escucharlo en la voz de Borges, pasen por acá)

¿Y Julio Cortázar? También le dedicó una prosa poética pero con otro tono: acá la experiencia es más sonora, más rítmica, y se concentra en las gotas, en los colores y los brillos. Con humor y precisión literaria, Cortázar nos hace cómplices de sus descubrimientos y eso es algo de lo que siempre vamos a estar agradecidas. (Si en vez de leerlo prefieren escucharlo leer, con sus rrrr arrastradas, con su cadencia medio afrancesada y elegante, pasen por acá)

El aplastamiento de las gotas

Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Por su parte, Alfonsina Storni, que vivía en Mar del Plata, tenía seguramente una visión privilegiada de todo lo que la lluvia le hace al mar –y al horizonte-. Encontré varios poemas suyos sobre el tema que nos convoca, pero me quedo con este sobre una tormenta en el océano, porque creo que ella capta muy bien la primacía de la naturaleza por sobre las vidas humanas. Está incluido en su libro Mundo de siete pozos, de 1934.

Tormenta y hombres

Elásticos de agua
mecen la casa marina.

Como a tropa
la tiran.

La tapa del cielo
desciende en tormenta ceñida;
su lazo negro
vigila.

Asoman en la tinta del agua
sus cabezas estúpidas las bestias marinas.

¡Y el ojo humano
se sesga todavía!...

Grupos de hombres, hostiles,
sobre el buque, 
se miran…

(Me parece muy inquietante ese final de puntos suspensivos que suspende también las miradas de los hombres. ¿Están desesperados? ¿Están resignados? ¿Qué pasará después?)

Van Gogh, Trigal bajo la lluvia (1889)

La lluvia de rectas paralelas sobre la tierra curva

¿Sabían que el famoso olor a lluvia tiene un nombre? Se llama petricor. Lo aprendí hace relativamente poco pero el olor lo conozco hace mucho. Me impactó eso de que una fragancia tan característica de la tierra con el agua tenga un rótulo específico. Como los perfumes más caros, el petricor es una mezcla de distintos aromas que al juntarse forman esa composición única. Solo que acá no se trata de flores o esencias, sino de partículas vegetales que emiten las plantas cuando sube la humedad, mezcladas con el ozono y la geosmina. Todos los días se aprende algo.

Cuando pensaba en el petricor me acordé de este gran texto del poeta y músico brasileño Arnaldo Antunes (incluido en este libro hermoso que editamos en Caja Negra agotado hace rato). A primera vista es una enumeración de cosas que la lluvia hace. Pero tiene varias otras lecturas posibles. 

La lluvia derrumbó los puentes. La lluvia desbordó los ríos. La lluvia mojó los transeúntes. La lluvia encharcó las plazas. La lluvia oxidó las máquinas. La lluvia enfureció las mareas. La lluvia y su olor a tierra. La lluvia con su cabellera. La lluvia agujereó las piedras. La lluvia inundó la favela. La lluvia de cortaplumas. La lluvia enjugó la sed. La lluvia anocheció de tarde. La lluvia y su brillo plateado. La lluvia de rectas paralelas sobre la tierra curva. La lluvia destrozó los paraguas. La lluvia duró muchos días. La lluvia apagó el incendio. La lluvia cayó. La lluvia se derramó. La lluvia murmuró mi nombre. La lluvia se unió con el parabrisas. La lluvia encendió los faroles. La lluvia tocó la sirena. La lluvia con su crin iba. La lluvia llenó la piscina. La lluvia con las gotas gruesas. La lluvia de aguacero negro. La lluvia azotando las plantas. La lluvia señora del fango. La lluvia sin pena. La lluvia apenas. La lluvia combó los muebles. La lluvia amarilleó los libros. La lluvia corroyó las cercas. La lluvia y su golpe seco. La lluvia y su ruido de vidrio. La lluvia hinchó el cieno. La lluvia goteó por el techo. La lluvia multiplicando insectos. La lluvia sobre los tendederos. La lluvia derribando rayos. La lluvia acabó la luz. La lluvia mojó los cigarros. La lluvia meó en el tejado. La lluvia regó lo cultivado. La lluvia erizó los poros. La lluvia hizo muchos pozos. La lluvia secó al sol.

¿Vieron que lo que parece repetición se transforma en ritmo? ¿Y que la lluvia se va transfigurando, cobrando aspectos humanos y animales? Me parece interesante que la causante de enfurecer mareas, tocar sirenas, torcer muebles y multiplicar insectos sea la lluvia. 

Este poema da para mucho. Por ejemplo, para ponerse a escribir una misma un texto que use un procedimiento similar pero con otra palabra que no sea la lluvia (el fuego, el espejo, el beso, la pesadilla). Esta idea la saqué del programa Susurro y Altavoz, de Canal Encuentro, en el que la escritora y docente Ruth Kaufman trabaja con adolescentes sobre la comprensión de la poesía. Es una especie de taller literario filmado en el que a partir de distintos poemas propone actividades de escritura. Y ahí ella señala que en este texto Antunes nunca define “el ser” de la lluvia. Nunca dice: “la lluvia es buena”, “la lluvia es peligrosa”, sino que la hace directamente personificar escenas y ahí aparece algo más interesante para la poesía: la imagen. Traten de escribir sus textos y verán que estarán componiendo imágenes.

Hiroshige, Lluvia repentina sobre el puente Atake (1857)

Pasemos ahora a un libro de sutil belleza de la poeta y traductora argentina Laura Wittner llamado justamente Lluvias, publicado en 2009 (e incluido después en sus obras reunidas). Ella divide el libro en tres partes, lo que me parece un hallazgo: “No llueve”, “Llueve” y “Llovió”, como para marcar en los agrupamientos de poemas la inminencia, el mientras tanto, y lo que queda después de que la lluvia nos visita. 

La poesía de Wittner está llena siempre de epifanías domésticas, cotidianas. De pequeños destellos que llegan para iluminar una experiencia mundana. Su mundo se ensancha muchísimo aunque nos hable de lo que sucede en su departamento. Y eso es muy difícil de hacer. Hay imágenes urbanas y también un poco de encantamientos. Hay cosas que la poesía de Wittner viene a descifrar y otras que logra mantener en suspenso. Les dejo dos poemas de la parte de “No llueve”, en los que la lluvia está al caer, pero todavía no se decide. (Y en los dos creo que habla del petricor.)

A la noche va a llover

Lo dijeron en la tele;
lo dice el cielo que evidentemente
se va preparando pero sin apuro:
formula nubes blanduzcas
cada vez más opacas
y cada vez más dueñas y señoras:
levan, intentan hacer del cielo un techo,
exhalan ese perfume promisorio
transformador del tono molecular del aire.
Lo publicaron en el diario
con el dibujo de la nube gris
atravesada por el rayo;
sólo queda esperar, disimulando,
como si la certidumbre de la lluvia
no se volcara sobre nuestros actos
renovando del todo su carácter.

Interior

Débil olor a lluvia, y las hojas del árbol que empiezan a moverse.

Deseo inconfundible: que llueva, que no venga nadie.

Refugio en medio de las cortinas de agua, 
sabiendo que existen otras cosas, pero que no hay acceso.

Y para terminar el recorrido de lluvias en poemas, o de poemas en lluvias, va este de Héctor Viel Temperley, sencillo y perfecto, incluido en su libro Humanae vitae mia de 1969.

No siempre

No siempre
que la casa duerme,
duermo.

A veces, en la noche,
soy como un trompetista
con los ojos abiertos.

Pero eso sí,
cada vez que llueve,
yo lluevo.

Obra callejera de Banksy

Qué lindo destino el mío si lluvia pudiera ser

Las canciones son también poemas, ¿no? A veces sí, a veces no. En ocasiones la interpretación termina de completarlas. Como no podía decidirme por recomendar solo algunas de todas las que se me vinieron a la cabeza, acá van dos caminos posibles: quedarse con temas escritos y cantados en español, o bien escuchar una lista de temas mayormente cantados en inglés. Una especie de “Elige tu propia aventura” musical.

Si eligen la OPCIÓN UNO, acá tienen:

(y no pongo “Llueve sobre mojado” porque no me gusta, disculpen)

Si eligen la OPCIÓN 2, les dejo el link a una lista ecléctica que preparé especialmente en Spotify con temas de The Beatles, The Ronettes, The Cult, Morphine, Grace Jones, Can, Jovanotti, Guns N' Roses, The Cure, Scott Walker y Brad Meldhau, entre otres, para amenizar ventanas mojadas, caminatas entre charcos y demás paisajes lluviosos.

Picado de recomendaciones

Antes de terminar, valgan estas recomendaciones porque sí.

  • Hay dos películas –que yo recuerde– en las que se filma una lluvia no de agua sino de sapos. Y ambas son inolvidables justamente por eso. Ojalá nunca tenga que presenciar algo así a la intemperie. Por orden de estreno, la primera de ellas es Fuego gris (Argentina, 1994), dirigida por Pablo César. Un film surrealista y alegórico en el que en un momento cae una lluvia de sapos (¡en paracaídas!) sobre el Obelisco. No la encontré online, pero acá está el trailer y se ve un poco esa locura. Es también la única película que cuenta con banda sonora integral de Luis Alberto Spinetta. Y la segunda de ellas es por supuesto Magnolia de Paul Thomas Anderson, de 1999). Acá está la escena completa llena de imprevistos y accidentes, con un sorprendidísimo Philip Seymour Hoffman (no apta para personas impresionables).
  • Hablando de cosas estrambóticas, ¿vieron que David Lynch se filma todas las mañanas diciendo el pronóstico desde que empezó la pandemia? Son videos de un minuto en los que dice la fecha y lo que se espera del clima, y bueno, siempre cuela algún comentario medio colgado. Gran idea, David. 
  • Creo que ya otras veces mencioné el Podcast El Pájaro Fantasma, gran inspiración para inventar estos Hilos Conductores. Es una especie de collage sonoro a partir de algún tema (los gatos, las listas, los fantasmas, los colores) escrito, producido y narrado por Nicolás Schuff. Justo el Episodio 1 se llama Lluvias y usé varias de las cosas que va visitando ahí. Se los recomiendo enfáticamente para escuchar con chicos y chicas. Este y todos los episodios están también en Spotify.
  • Me despido con una escena de la La novicia rebelde en la que María/Julie Andrews recibe asustados a (casi) todos los hijos e hijas del Capitán Von Trapp y los calma entonando ese himno llamado “My Favorite Things”. Mi educación sentimental empieza acá. 

Ahora sí, me despido hasta dentro de 15 días.

Espero que este Hilo haya coincidido con la lluvia, porque si no voy a quedar pésimo con ustedes. Les pido que si el pronóstico y yo la pifiamos, se lo guarden y lo lean en otro momento en el que sí arrecie la tormenta.

Gracias por leer. Y por favor cuídense mucho.

Malena

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Soy licenciada en Letras por la UBA y trabajo hace muchos años en la industria editorial. Fui editora en las revistas El Interpretador y Los Inrockuptibles. Formo parte del equipo de Caja Negra, una editorial psicoactiva y heterogénea. Tengo un ciclo de entrevistas con escritores y escritoras en el Malba. Si los libros fueran comestibles, podría alimentar a miles de personas con los que acumulo en mi biblioteca. Lo que más me gusta es viajar.
@noeselcaso

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