El hilo conductor

Huida hacia atrás

Con un presente tan rotundo, y una idea de futuro cada vez más oscura, este Hilo se aventura en el pasado, para descubrir que las obras situadas en un tiempo remoto también están llenas de signos. De Flaubert a Jane Austen, de Aira a María Luisa Bemberg.

Hola, ¿qué tal? Espero que lo mejor posible. Si estás en AMBA, supongo que estarás disfrutando de la etapa DISPO. Cuántas siglas nuevas y expresiones inesperadas aprendimos en esta pandemia, ¿no? A veces pierdo de vista la cantidad de cosas que asimilamos como humanidad en tiempo récord. 

Este 2020 que se escurre terminó de enfrentarnos a la idea de futuro como algo inquietante. Ni deseable, ni apocalíptico, sino marcado por la incertidumbre, la sospecha, el miedo. Estoy un poco agotada de imaginar futuros distópicos. Y también de lo rotundo de este presente que no nos deja desear o proyectar hacia adelante. Así que este Hilo Conductor va en busca de una huida hacia atrás. Revisitaremos el pasado marcado por la ficción tratando de encontrar ahí otros problemas que hagan que los nuestros se vean ridículos, o por lo menos extraños. 

Antes de empezar el paseo, me interesa que nos pongamos en clima. Así que pueden ponerle play al disco de Todas las mañanas del mundo, una película francesa con Gérard Depardieu estrenada en 1991 pero situada en el 1700, con música instrumental de Jordi Savall, un violonchelista muy virtuoso, especialista también en música antigua. Cada vez que pongo este disco me transporto automáticamente a los paisajes de la película y abro las ventanas.

Ellas y nosotras

El pasado era un tiempo más lento y con incertidumbres de otro tipo. Empecemos a revisarlo por dos adaptaciones de libros que se sitúan en el siglo XIX para comprobar que en 2020 ciertas pasiones nos siguen afectando. Estas dos películas que elijo son de lo más arbitrario, porque perfectamente podría haber puesto otras (como Anna Karenina y Mujercitas, por ejemplo). 

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La primera adaptación es la película de Claude Chabrol sobre Madame Bovary, la excelente novela de Flaubert -y quizás uno de mis libros preferidos de todos los tiempos-. La novela de Flaubert es de 1857 y causó muchísimo furor en su época por narrar de manera realista y con lujo de detalles la insatisfacción marital de su protagonista, Emma Bovary, que se inclina al adulterio. Tanta repercusión tuvo que Flaubert fue llevado a juicio por el mismo fiscal pacato que arrinconó a Baudelaire.

La adaptación de Chabrol, de 1991, tiene un punto muy fuerte: la interpretación de Isabelle Huppert en el papel de Emma. Todo lo que la novela narra con párrafos y párrafos de palabras elegidas con mucho esmero, sobre todo para referirse a los sentimientos que la atormentan, está acá condensado en las expresiones de la actriz, incluso en la manera en la que lleva con naturalidad el vestuario de época. Como muestra les dejo esta escena en la que Emma llega a un baile con su marido, el patético médico rural Charles Bovary, y termina danzando con el que será luego su amante. Su cara dice todo, sus gestos, decorosos pero suspicaces, nos adelantan lo que va a pasar. El drama asoma.

La insatisfacción de Emma Bovary con su tiempo y su vida fue tan comentada que se convirtió en concepto: el bovarismo. Es ese sentimiento o síndrome que se produce al contrastar las ilusiones o aspiraciones con la realidad. En general, esas ilusiones son desproporcionadas y difícilmente se concreten. Pues bien, esa morosidad, ese desconcierto afectivo que se frustra, Emma lo encarnó en una novela quizás por primera vez, al leer las novelas románticas de caballería y sentir que quería vivir dentro de ellas. Luego, al levantar la vista, se daba cuenta de que estaba en una casa de campo, con un marido mediocre, y el mundo se le caía abajo. El desfasaje entre el tiempo en el que se situaban esas novelas que leía y su presente es una de las causas del bovarismo. Volviendo al presente, comparto con Emma esa sensación. Y también comparto quizás con ustedes la de darme cuenta de que al final el pasado reciente no estaba tan mal, a juzgar por este presente tan demoledor.

La otra adaptación muy recomendable es la película de 2005 Orgullo y prejuicio, basada en el libro homónimo de Jane Austen de 1813, que está en Netflix. Volví a verla para escribir este Hilo y es increíble cómo mantiene la tensión romántica y nos atrapa aunque ya sepamos cómo va a terminar -quién se va a quedar con el disputado corazón de Elizabeth, su protagonista-. 

Hablando de cómo en el pasado las pasiones se dirimían con otros parámetros, acá todo el conflicto gira en torno a con quién casar a las hijas mujeres de una familia pobre. Los matrimonios arreglados entre familias (con el hombre pidiéndole al padre la mano de la hija sin consultarle a la mujer en cuestión) eran un hecho tan corriente que lo vimos en infinidad de películas. Sin embargo, sigue generando tanto rechazo como cuando éramos chicas, ¿no? Ese desparpajo para que los hombres diriman el destino de las mujeres ya no pasa desapercibido. Pero a la vez este tipo de dramas nos atrapa justamente porque nuestras vidas están muy lejos de eso -y de ajustarse corsets hasta no poder respirar-. Volviendo a la película, tiene escenas conmovedoras como la de los protagonistas bajo la lluvia, con una Keira Knightley con su cuello larguísimo rechazando el amor del señor Darcy, subrayando cómo el orgullo -de él- y el prejuicio -de ella- los separa tristemente. Dos cosas que me impresionan: que él no sonría en ninguna escena, y que consigan tanto romanticismo sin darse ni un solo beso en las dos horas que dura el film. Ideal para una tarde nublada, o para una noche solitaria.

La pampa exótica

De la vastedad del territorio nacional en el pasado se encargó también la literatura. Si bien somos un país joven, que apenas tiene 210 años de historia sin el yugo de España, hay varias ficciones que se emplazan en esos tiempos confusos en los que todavía la sociedad y el federalismo no eran lo que son hoy. 

Un gran libro con un gran personaje es Un episodio en la vida del pintor viajero, de César Aira. Ya hablé varias veces de Aira en estos Hilos y se debe no solo a que tiene más de cien libros escritos, sino a que hay varias zonas dentro de su producción. Esta novela comparte zona con otros situados en la época de los indios y malones, como Ema, la cautiva, y también con otros cuentos y ensayos que tienen a las artes plásticas y las vidas de los artistas como tema recurrente (como ya demostró en “Duchamp en México”, “Picasso”, “Mil gotas”, o en su ensayo sobre “el genio” en Dalí).

Un episodio en la vida del pintor viajero cuenta la aventura del pintor romántico alemán Moritz Rugendas y de su secuaz, Krause, y el particular trance que les toca vivir al atravesar la pampa en carreta a hacia 1840. El artista, un personaje histórico real, discípulo de von Humboldt, preocupado por captar y bocetar los paisajes decimonónicos –y los malones–, se convierte en la víctima inesperada de un rayo que, literalmente, le parte la cabeza. A partir de ese “episodio”, Rugendas, padeciendo los poderosos efectos del rayo en su sistema nervioso, y los vaivenes emocionales producto de la ingesta de opiáceos para calmar sus tremendas jaquecas, despliega un nuevo saber sobre el paisaje, y las mediaciones entre el artista y la naturaleza cobran mayor espesura y exotismo. Entre la novela de aventuras y el relato de viajes –con especial atención a la figura del viajero, fundamental en la tradición de la literatura argentina del siglo XIX–, el personaje de Rugendas pone en abismo la pregunta sobre cómo capturar la realidad. (Se consiguen dos ediciones: una de la editorial Beatriz Viterbo, y otra de Blatt & Ríos, que incluye muchos de los dibujos originales y un estudio al respecto).

Otra novela ineludible sobre el pasado y escrita en el presente es Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara. Situada en la pampa, llena de cardos y polvo, la novela tiene una premisa fascinante: se encarga de la historia de la China, la mujer que Martín Fierro abandona en las tolderías al ser reclutado por la leva. Es cierto que Borges fue el primero en trabajar sobre los personajes secundarios del Martín Fierro en su famoso cuento “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, pero acá de lo que se trata es de darle voz y nombre a un personaje completamente lateral en la historia de José Hernández, al que de hecho Fierro gana en una partida de truco. 

¿Qué fue de la vida de la China y de sus hijos? En vez de quedarse esperando la vuelta del gaucho macho, la China toma las riendas de su propia vida y se embarca en una aventura en carreta llena de descubrimientos. Una lectura a contrapelo del clásico de nuestra literatura nacional en clave feminista, protagonizada por mujeres libres en el camino, atravesando el desierto que no está hecho solo de tierra: la prosa de Cabezón Cámara exotiza todos los objetos, animales y plantas sobre las que se posa. Las piedras, las tormentas, las vacas, cualquier excusa es buena para que adquieran dimensiones literarias con un extrañamiento muy locuaz.

Las aventuras de la China Iron también ironiza con la figura casi intocable de Hernández, que en la novela aparece como un estanciero borracho que reconoce haber escrito un libro famoso robándole parlamentos a un gaucho que sabía cantar y contar... Y también están los indios, claro, con sus rituales salvajes y alucinógenos, para experimentar por fuera de las taperas y las estancias. Si les interesa, acá pueden leer el comienzo. El dato: Alejandro Fadel y Agustina Llambí Campbell están trabajando en la adaptación al cine de este libro. Así que en algún tiempo tendremos noticias.

Las trampas de la fe

Un tema que nos lleva al pasado instantáneamente es la devoción religiosa y lo que sucedía al interior de las iglesias, de la Edad Media hasta entrado el siglo XX. Es raro que una obra contemporánea se ocupe de la religión, o que elija situar ahí la acción en el presente. Pero sí fueron muchas, muchísimas, las películas que trataron de retratar las vidas y miserias dentro de los claustros. 

María Luisa Bemberg fue una directora pionera en muchos sentidos. No solo por haber comenzado a filmar recién a los 58 años, ya siendo abuela, sino también por ser una de las primeras feministas argentinas en reconocerse como tal (fue una de las fundadoras de la UFA, la Unión Feminista Argentina, en 1970). Dos de sus seis largometrajes se encargan de retratar, en un pasado muy bien caracterizado gracias a grandes esfuerzos de producción, la vida alrededor de la fe religiosa. Su mayor éxito fue sin dudas Camila, la película en la que Susú Pecoraro encarna a Camila O’Gorman, la joven de 19 años que se enamora del padre Ladislao, interpretado por Imanol Arias.

El personaje de Camila según Bemberg es el de una mujer que se juega la vida por sus pasiones y sentimientos, aunque eso implique enfrentarse a una de las instituciones más poderosas. Su osadía tiene consecuencias nefastas, pero a la vez deja la vara muy alta al ser una mujer muy valiente y adelantada a su época. No era que el sacerdote la seducía y ella se entregaba, sino que ella se hacía cargo de su deseo y actuaba en consecuencia. Una película abiertamente feminista que envejeció muy bien -y que en 1984, año de su estreno, hizo más de 2 millones de espectadores y fue nominada al Oscar-.

Si les interesa seguir con Bemberg, gran parte de sus películas se encuentran en YouTube. Como por ejemplo Yo, la peor de todas, que cuenta la historia de Sor Juana Inés de la Cruz a partir de la adaptación del libro de Octavio Paz, Las trampas de la fe. O pueden aprovechar y ver en mucha mejor calidad su primera y su última película (Momentos y De eso no se habla, respectivamente), que serán proyectadas en el próximo Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, de manera virtual.

Y ahora sí pasemos a Netflix y sus algoritmos locos. Entre tanto tanque, se encuentra esta película pequeña, The Little Hours, con la ascendente actriz Alison Brie, traducida con el polémico título Lujuria en el convento, que trata con total irreverencia las costumbres de las monjas y novicias. Esta suerte de “comedia medieval”, dirigida por Jeff Baena, es una adaptación libre de dos cuentos del Decamerón y lo que más fuerza tiene justamente es que no esconden para nada el anacronismo. Todo el tiempo el artificio pasa por que seamos cómplices como espectadoras de ese juego: hacen como que transcurre en el medioevo, pero hablan como personas de ahora: putean, fuman y tratan de pervertir a un jardinero que se hace pasar a su vez por sordomudo. No hay que pedirle más de lo que es: una comedia que trata de hacernos reír de un tema como la clausura y la religión que siempre es tratado con bastante solemnidad.

Cerca del pasado

Antes de despedirme, les dejo dos recomendaciones para que sigan acercándose a un tiempo mucho menos acelerado y neurótico.

La primera es la serie The Knick, dirigida por Steven Soderbergh, que se estrenó con dos temporadas en 2014 y que no tuvo demasiada repercusión en ese momento. La trama transcurre a comienzos de 1900 en el hospital Knickerbocker de Nueva York, siguiendo las investigaciones del cirujano John Thackeray, protagonizado por Clive Owen, que está realmente muy bien. Su personaje está enfrascado en una serie de investigaciones científicas y prácticas -las escenas de intervenciones quirúrgicas en esos teatros de operaciones son muy impactantes y fieles a su tiempo-, y además es adicto a la cocaína inyectable, por lo que vemos permanentemente sus dos caras, una más cerca de la idea de progreso de la ciencia, y otra más íntima y monstruosa. 

La serie además se ocupa del racismo, de la corrupción en las altas esferas de un hospital, y de la dudosa ética de varios profesionales y burócratas de la salud. Parece que Soderbergh eligió filmar con cámara en mano y respetando la iluminación natural, cosa que no suele pasar en este tipo de dramas situados en otra época. 

La segunda recomendación es excelente novela A lo lejos, del escritor argentino residente en Nueva York Hernán Díaz. No suelo recomendar novedades, pero este libro, que leí hace dos o tres meses, me ayudó a evadirme por completo de la pandemia y a meterme en un mundo que no me era propio y que me generó fascinación.

Situada en la época de la Fiebre del Oro, la novela sigue el derrotero de Håkan Söderström, un joven inmigrante sueco que llega a California y que emprende una peregrinación imposible en dirección a Nueva York buscando a su hermano. Es muy impactante el hecho de que Hakan no habla ni una palabra en inglés, no conoce a nadie, no sabe a dónde ir, y sin embargo se las ingenia para trazar su camino y adquirir una serie de saberes siempre en medio de una naturaleza hostil. Le pasa de todo hasta convertirse en leyenda. Otra rareza del libro es que fue escrito en inglés, finalista del premio PEN/Faulkner a la mejor ficción y del Premio Pulitzer en 2018, y traducido al español por otro escritor, Jon Bilbao. Una mezcla de western con Cormac McCarthy, pero a la vez personalísimo, porque el protagonista no es norteamericano, entonces el eje está corrido de los típicos padecimientos de los héroes o antihéroes yankis. 

Ahora sí, me despido hasta dentro de quince días.

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Gracias por leer. Y por favor cuídense mucho,

Malena

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Soy licenciada en Letras por la UBA y trabajo hace muchos años en la industria editorial. Fui editora en las revistas El Interpretador y Los Inrockuptibles. Formo parte del equipo de Caja Negra, una editorial psicoactiva y heterogénea. Tengo un ciclo de entrevistas con escritores y escritoras en el Malba. Si los libros fueran comestibles, podría alimentar a miles de personas con los que acumulo en mi biblioteca. Lo que más me gusta es viajar.
@noeselcaso

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