Hay una voz en el teléfono

Un Hilo Conductor dedicado a la presencia y obsolescencia del teléfono fijo en algunas representaciones artísticas, inspirado libremente en el último libro de Martín Kohan.

Hola, ¿qué tal? Espero que estés lo mejor posible. Yo bien, agitada y acalorada, pero con expectativas. Este es el último Hilo antes del Mundial, que empieza mañana mismo. Awww. Seguramente ya sabés que en Cenital lanzamos un sitio especial y un newsletter escrito por Fer Duclos con las cuestiones más relevantes de Catar, pero por las dudas te lo recuerdo. 

Ahora sin más preámbulos pasemos al tema de esta quincena. 

UNO. ¿Hola?

Vamos a hablar de los teléfonos. Más específicamente de los teléfonos fijos, esos aparatos que solamente servían para hablar con otra persona a distancia y no para hacer mil otras cosas más. La idea la tomé del nuevo libro de Martín Kohan llamado ¿Hola? Un réquiem para el teléfono, que publicó Godot. Es buenísimo. Lo leí de un tirón. Kohan es muy sagaz e inteligente para recorrer, en 87 entradas breves, las distintas funciones, derivas y apariciones del teléfono en la vida social y cultural de los usuarios, desde la invención de Graham Bell en 1876 hasta su desplazamiento cuasi definitivo por culpa de los smartphones. Este es un libro de crítica cultural escrito por alguien que tiene un gran bagaje intelectual y literario, y que razona de una manera inteligentísima para hacernos ver cosas que estaban ahí y en las que quizás nunca habíamos reparado. De hecho, entre otras cosas se pregunta por qué lo seguimos llamando así si ya cambió su función:

Lo que perdura en lo esencial es la palabra. Porque si bien a veces se lo llama “celular” y a veces “móvil”, lo más normal entre nosotros es que se lo siga llamando “teléfono”. (…) O quizás precisamente por eso, porque ya casi nadie usa el teléfono como teléfono, es que se lo sigue llamando así. Para retener al menos el nombre. Para compensar de alguna manera, manteniendo pese a todo el nombre, el hecho inexorable de su evidente declinación; para que cierto empeño nominalista sirva de consuelo o de contrapeso a la tendencia por demás notoria, y acaso irreversible, a la desaparición del teléfono, cuanto menos a su puesta en crisis.

Del uso de los contestadores automáticos al zapatófono del Superagente 86 pasando por los llamados de Hola, Susana o ciertos cuentos de Carver o de Kafka, cada apartado ilumina un aspecto específico de la relación entre los humanos y los teléfonos. Así que para expandir los sentidos de este libro de Kohan recorreremos aquí también algunas representaciones culturales que surgen de su uso. Para ilustrar, seleccioné algunas fotografías de viejos teléfonos públicos, esos aparatos que fueron tan útiles para hablar íntimamente con alguien a la vista de todos, que hasta hace no tanto eran de uso corriente y que hoy ya forman parte del pasado (¿se acuerdan de los cospeles y de las tarjetas telefónicas?). ¡Qué hubiera sido de nosotras sin estos teléfonos!

DOS. El método Tangalanga

Uno de los personajes insoslayables vinculado al uso del teléfono fijo es el Dr. Tangalanga, el creador argentino de las bromas telefónicas. Kohan se ocupa largamente de él en el libro, y también están en YouTube los audios famosos de sus jodas más elocuentes. Así que acá voy a contarles de una película que se estrenó en el último Festival de Cine de Mar del Plata y que llega a salas el 19 de enero. Se trata de El método Tangalanga, una comedia argentina dirigida por Mateo Bendesky y protagonizada por Martín Piroyanski y Julieta Zylberberg (con apariciones estelares de Luis Machín y Silvio Soldán). Es un film que se ocupa libremente de contarnos quién era Tangalanga antes de ser conocido. Piroyanski es Jorge Rizzi, un hombre extremadamente tímido, con muchos problemas para hablar en público, empleado de una compañía de cosméticos, que un día, en un espectáculo parapsicológico, tiene una especie de revelación: su timidez desaparece si habla por teléfono. Al escuchar el tono del aparato, su mente se transforma por completo y se vuelve verborrágico y hasta soez. Y ahí empieza una trama por la cual por un lado se convierte en Tangalanga, y por otro trata de conquistar telefónicamente a la recepcionista de un hospital. Sin revelar nada más del argumento, sí podemos decir que visualmente la película es muy refinada y que maneja un humor muy interesante, por momentos más elegante y por otros más popular (me reí varias veces y no tengo la carcajada fácil). El uso artificioso y creativo de la llamada telefónica está aquí en todo su esplendor. Y las actuaciones, la escenografía y el vestuario están muy bien también; por momentos nos hacen sentir que estamos viendo una especie de Mad Men rioplatense. Un homenaje inteligente a un personaje gracioso y polémico, que nos da a entender que hacer humor se parece a veces a tener un superpoder. 

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TRES. Una voz en el contestador

Y hablando de teléfonos y actuaciones, no puedo no compartir Ni una sola palabra de amor, ese corto de casi 9 minutos que causó furor allá por 2013 cuando apareció en YouTube dirigido por El Niño Rodríguez. ¿Se acuerdan de la historia? Está armado íntegramente a partir de las grabaciones del cassette de un contestador automático encontrado en un mercado de pulgas. Ahí aparecían los mensajes que una tal María Teresa le dejaba a Enrique, que no aparece, no la llama ni la atiende. La puesta es muy sencilla: un interior con una mujer (la actriz Andrea Carballo) haciendo la mímica de las llamadas, transmitiéndonos su preocupación, su infierno personal. Pasa el tiempo y crece la desesperación. Ella le pide explicaciones a Enrique, lo critica. Pero en vez de resignarse, sigue y sigue llamándolo. Si no lo vieron, no se lo pierdan. Y si ya lo vieron, bien vale el rewatch. 

CUATRO. ¿Quién habla? Silvia Prieto

Otro clásico inevitable: Silvia Prieto, la película de Martín Rejtman de 1999. Un film emblemático por muchos motivos, protagonizado y narrado por una jovencísima Rosario Bléfari en el que las llamadas telefónicas son una constante, tanto desde teléfonos públicos como desde teléfonos fijos. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque Silvia Prieto está preocupada por la existencia de otras mujeres que también llevan su nombre, así que pide en informaciones sus números y las llama de manera inquietante solo para decir: “Hola, ¿Silvia Prieto?”, “Sí, soy yo, ¿quién habla?”, “Silvia Prieto”, y cortar. Acá pueden ver la película completa (la primera llamada desde un público sucede en el minuto 24). Y no se pierdan el final, en el que aparece una reunión de Silvias Prietos reales contando cada una qué hace de su vida. 

CINCO. Llamadas de mamá y papá

No es lo mismo hablar por teléfono con cualquier persona que con nuestras madres o padres, eso lo sabemos todas. Y leyendo el libro de Kohan me acordé de dos cosas. Por un lado, de una publicidad que se hizo famosa cuando era chica, allá por los primeros años de la década del 90: la de la nena de Hellman’s. Justamente una propaganda que tiene al teléfono como protagonista porque una chiquitina atiende una llamada de su padre y le traslada confusamente a su madre todo lo que él le dice. Es muy buena toda la decodificación infantil de los mensajes y cómo va creciendo el nerviosismo de la madre más allá de que nos quieran vender una mayonesa con eso.

Y también me acordé de un breve libro titulado Llamadas de mamá, de la escritora y artista visual francesa Carole Fives, publicado por Sexto Piso. La nouvelle está armada a partir de los mensajes que una madre, Charlène, le va dejando a su hija en el teléfono. Es notable cómo con ese recurso solamente se va urdiendo una trama que nos revela qué le pasa a esta señora en particular (los reproches, las angustias, su día a día, sus problemas cada vez más graves de salud, la necesidad de hablar con la hija de cualquier nimiedad) y cómo a través de ella aparece representada la maternidad de manera mucho más universal. Muchas madres podemos reconocernos en la voz de Charlène, tan lejos y tan cerca, a través del aparato.

SEIS. Poemas y teléfonos

En ¿Hola?, Martín Kohan también recuerda un hermoso poema de Mariano Blatt que se llama “Cuando todavía no había celular” y que pueden leer completo acá. Es un poema romántico, si se quiere, que va documentando las veces en las que llamó a la casa de Julián para hablar con él y fue atendido por otras personas. Y esa breve experiencia, dice Kohan, es algo que con el celular se perdió por completo. Todas esas charlas con personas con las que había que hablar para lograr que nos pasaran con el destinatario de esa llamada se perdieron, quedaron excluidas del circuito de la comunicación. Lo mismo que las copiosas guías telefónicas, las llamadas equivocadas, los teléfonos ligados, o los momentos en los que dos personas de la misma casa levantaban a la vez los tubos y participaban de la misma conversación. Pensando en todo esto recordé un poema de Charles Bukowski que lleva por título justamente su propio número telefónico en el que explica un poco por qué le interesaba figurar en la guía.

462-0614 

Tengo muchas llamadas ahora.
Son todas como
«¿Eres Charles Bukowski,
el escritor?»
«Sí», les digo
y me dicen que entienden
lo que escribo,
y algunos son escritores
o quieren serlo
y tienen trabajos tontos y horribles
y no pueden enfrentar la habitación,
el departamento,
las paredes,
esa noche.
Buscan alguien 
con quien hablar,
y no creen que
yo no puedo ayudarlos
que no conozco las palabras,
no pueden creer
que a menudo ahora
me doble en mi habitación
agarrándome la panza y diga
«Jesús, Jesús, ¡no de nuevo!»,
no pueden creer
que la gente sin amor
las calles
la soledad
las paredes
son mías también
y cuando cuelgo
piensan que me guardé
mi secreto.
Yo no escribo desde
el conocimiento.
Cuando suena el teléfono
a mí también me gustaría 
escuchar las palabras
que pudieran aliviar
un poco esto.
Por esa razón mi número
figura en la guía.

SIETE. 03-03-456

Para terminar, les dejo este video del famosísimo tema de Rafaella Carrá “0303456” en una versión a dúo con Natalia Oreiro (sin micrófonos y con muchos bailarines vestidos de blanco). Kohan dice que es uno de los teléfonos más recordados de la cultura argentina a pesar de que como número nunca existió. Es que parece que en Italia la canción se llama “5353456” y para que funcionara acá tuvieron que cambiarlo con la intención de que no remitiera a ninguna casa particular. 

Ahora sí, me despido hasta dentro de quince días.

Ojalá este Hilo te haya dado ganas de hablar con alguien largamente por teléfono, con el aparato pegado a la oreja, recibiendo esa voz así tan cerca.

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Gracias por leer. Y por favor cuidate mucho.

Malena

Soy licenciada en Letras por la UBA y trabajo hace muchos años en la industria editorial. Fui editora en las revistas El Interpretador y Los Inrockuptibles. Formo parte del equipo de Caja Negra, una editorial psicoactiva y heterogénea. Tengo un ciclo de entrevistas con escritores y escritoras en el Malba. Si los libros fueran comestibles, podría alimentar a miles de personas con los que acumulo en mi biblioteca. Lo que más me gusta es viajar.