FdT: el espacio que pasó de cura a placebo y necesita reinventarse

El oficialismo enfrenta una situación crítica desde lo político mientras JxC intenta transformarla en terminal desde lo económico. Mauricio, más Macri que nunca. ¿Qué es la Inflation Reduction Act y cómo puede afectar nuestras exportaciones de litio?

Hola, tanto tiempo, ¿cómo estás? Espero que bien. Me tomé vacaciones después de tres años. Estuve en España y, entre otras cosas, disfruté de una recorrida por el Museo del Prado con Miguel Ángel Cortés, un ex secretario de Cultura de José María Aznar, que hizo que el viaje valiera la pena. Que empiecen los juegos del hambre.

La declaración en un off que se parecía demasiado a un on de Eduardo Wado de Pedro sobre una supuesta falta de códigos del Presidente seteó el tono del comienzo de año del oficialismo. Alberto Fernández dijo ayer en un reportaje con María O’Donnell que tiene claro con quién puede gobernar y con quién no. Naturalmente hablaba de su ministro del Interior. El español es la segunda lengua a nivel global, tiene mezcla de distintos idiomas y, según la RAE, cuenta con más de 93.000 palabras: todavía no se inventó ninguna para calificar la disfuncionalidad del Frente de Todos.

En medio de ese escenario aparece la convocatoria a una mesa electoral. Si Juan Domingo Perón sostenía que una comisión destinaba un tema al fracaso, la cantidad de dirigentes citados a ese punto de encuentro pondrá de relieve su intención de funcionamiento. “Solamente Dios lo sabe”, respondió un gobernador de pocas palabras y mucha influencia ante #OffTheRecord. En el kirchnerismo insisten con que el Presidente tiene que definir, más temprano que tarde, si va o no a ser candidato. La exigencia está sostenida sobre una hipótesis: si Alberto decide sobre el cierre de listas que no competirá, eso beneficiaría a Sergio Massa -que insiste en privado con que no va a competir- o Daniel Scioli porque no habría chances de dar a conocer a una nueva figura.

La demora, además, conspira contra quienes tienen la voluntad de ser, pero están a la espera de la decisión presidencial. El oficialismo, sin embargo, no parece tener muchas salidas: si Massa logra bajar la inflación, se impondrá como opción. Si no, el peronismo pierde. La incógnita es otra: ¿a quién le serviría competir aun en un escenario de derrota? El entorno más inteligente del Presidente le recomienda “ser el Duhalde de esta época”. Si Fernández se presenta y De Pedro lo desafía, ¿qué haría el hijo del juez?

Sobre Cristina pesan otras hipótesis, tal vez más por necesidad que por afecto: que la vice revea su decisión de no competir al menos como senadora nacional por la provincia de Buenos Aires. En el kirchnerismo hay una opción que aún no está descartada, pero no encuentra eco legislativo en La Plata: separar las elecciones bonaerenses de las presidenciales. Esta decisión, que provincializa el debate, tiene claroscuros. Desdoblar la competencia de lo nacional correría a Javier Milei del escenario que es, hoy, el principal factor de ilusión del oficialismo bonaerense.

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Todas estas elucubraciones esconden preguntas que nadie en el gobierno logra responder: ¿qué? ¿cómo? ¿para qué? Si en 2019 la sociedad eligió al Frente de Todos para terminar con la dolencia que producía Macri, el tiempo demostró que esa cura era un placebo. Entonces, ¿qué le va a ofrecer ahora? No se recuerda fácilmente la última iniciativa novedosa del espacio político de la Ley de Software y el Conectar Igualdad. Falta de imaginación, brújula desmagnetizada, clima de época, cancha inclinada, cualquiera de estos argumentos puede servir para justificar que dos dispositivos con ideas antiguas, pero que volvieron a estar de moda, hayan monopolizado el discurso modernizador. Así como está, en unas palabras que Borges le dedicó primero a Francisco Romero, “el peronismo tiene todo el pasado por delante”.

El justicialismo habla hoy con un lenguaje que una porción significativa de la población no entiende. No es que no acuerda, simplemente no lo comprende. Hay un ejemplo que se explica solo. Un dirigente bonaerense encargó un focus group entre jóvenes de clase baja del primer cordón del conurbano. Una de las preguntas fue qué pensaban de la justicia social. A todos les parecía bien. Estaban de acuerdo “porque si uno te roba el teléfono tenés que ir y matarlo a piñas”. Para estos chicos, justicia social era justicia por mano propia. Para un sector de la sociedad, uno de los postulados históricos del justicialismo ni siquiera existe.

La situación en Juntos por el Cambio no es más armónica. Al enojo de Macri por la reducción que percibió en su parte de la cuenta 2 de la Ciudad de Buenos Aires hacia fines del año pasado se le sumó su presencia cada vez más vigorosa en la interna opositora. Más jefe que nunca, Macri cimentó una gestualidad estival al ser el anfitrión de los principales dirigentes de su espacio en Cumelén. El Calabrés está activo. La semana pasada, antes del cierre de alianzas en Neuquén, recibió a Rolando Figueroa, su candidato a gobernador que antes formaba parte del Movimiento Popular Neuquino (MPN). Si a Patricia Bullrich se la puede ver rodeada de dirigentes de confianza del ex Presidente como Humberto Schiavoni o Hernán Lombardi es porque Macri sostiene que “Horacio tiene método, pero no fuego sagrado y Patricia tiene fuego sagrado, pero le falta método”. Si Fernando Iglesias -enviado por Il Duce para disciplinar a Florencia Arietto después de sus críticas a la ex ministra de Seguridad- puede aportar ese método es un debate que este newsletter no abrirá.

Mientras tanto, se recuesta sobre las múltiples hipótesis que giran sobre su eventual candidatura. Una de ellas, en la que abrevan, entre otros, Massa y De Pedro, es que Macri va a ser candidato y que Bullrich es su empresa de demolición contra Horacio Rodríguez Larreta. Algo sí acordó Macri con sus principales candidatos en esos encuentros privados: intentar que el gobierno tenga un estallido cambiario antes de las elecciones. La primera etapa de ese camino ocurrió en el comunicado de ayer de JxC. Titulado Están dejando una situación peor que la de 2015 y una bomba armada para el pueblo argentino, el principal espacio opositor deja por escrito algo que negó haber hecho en privado durante el año pasado: intentar dinamitarle la deuda en pesos al gobierno.

“La conducción nacional se expresó en contra de la utilización de instrumentos financieros en pesos ajustados en dólares con tasas de interés imposibles de pagar o en dólares a tasas usurarias. Con esto, el Gobierno nacional no hace más que especular con dejar una bomba de tiempo al próximo Gobierno”, denuncia el texto. “Si es una bomba, no se paga. Una bomba estalla ahora o estalla mañana: es evidente que apuestan a que estalle ahora”, analizó Emmanuel Álvarez Agis en diálogo con #OffTheRecord. “El nivel de irresponsabilidad que muestra un espacio que pudo terminar su gobierno gracias a la responsabilidad del actual Presidente es notable”, amplía Agis.

El momento de Rodríguez Larreta con el sistema es el peor desde aquella conferencia en la que nacionalizó tempranamente su discurso producto de la quita de coparticipación anunciada por el Presidente. Así lo alertó su amigo Sergio Massa en un encuentro privado antes de asumir como ministro: “Estás haciendo las mismas cagadas que hice yo”. Massa y Rodríguez Larreta no volvieron a encontrarse, pero el jefe de Gobierno continuó su senda que lo encuentra en la estación “¿tajaí?” del Massa modelo 2014–2015. Sin embargo, en su equipo sostienen que a Hache lo acompañan los números y una ventaja intangible del año electoral: la sociedad puede preferir el histrionismo bullricheano en las encuestas, pero a la hora de gobernar eso se evapora.

Por fuera de la dinámica internista, asoman dos temas centrales para esta administración y las siguientes. En un momento de su larga entrevista con El Cohete a la Luna, Máximo Kirchner insistió y defendió su oposición al acuerdo que el gobierno suscribió con el Fondo Monetario Internacional. Volvió a pedir por una renegociación del acuerdo vigente y renovó la demanda de no haber continuado las negociaciones con mayor dureza que aún reprocha al ex-ministro Martín Guzmán, ya que, en sus propias palabras, los vencimientos que enfrenta la Argentina en los próximos años serían impagables.

A esta altura, la reclamada solución política del endeudamiento parece poco menos que utópica. Si la cuestión de los sobrecargos -por la que Argentina insistió hasta el hartazgo- no fue atendida, pensar en plazos que dupliquen los estatutarios, nuevas transferencias de recursos no condicionadas, aparecen prácticamente imposibles; a pesar de que el programa que el gobierno acordó con el Fondo -a diferencia de los antecedentes internacionales- no es en su formulación uno de austeridad.

Asiste sin embargo la razón a Kirchner en la imposibilidad de hacer frente a los vencimientos de deuda que enfrenta la Argentina. Una consecuencia del endeudamiento de la administración anterior, quizás la más dañina en el mediano plazo, es que el FMI estará presente en nuestro proceso de toma de decisiones políticas por muchos años, y no solo los que dura el acuerdo. Cómo afrontarlo significará opciones posiblemente muy complejas que el país deberá enfrentar si desea evitar un incumplimiento soberano sin precedentes en un país del tamaño e importancia de Argentina.

Una solución a la griega, de extender y pretender, donde un nuevo programa con el Fondo brinde el financiamiento para afrontar los vencimientos a cambio de nuevas condiciones aparece como la peor y más probable de las alternativas. La sinergia entre un programa de ajuste de la actual oposición y las preferencias de los técnicos del Fondo podría permitir que se presente públicamente como la “menos costosa”. Cualquier otra solución requiere que Argentina recupere consistencia y solidez macroeconómica. La inflación y la cuenta corriente deben ubicarse en niveles compatibles con un regreso del financiamiento en los mercados, que se ha vuelto más difícil por la suba de tasas de interés a nivel internacional. Las esperanzas en este sentido se podrían depositar en la fortaleza del país en materia de recursos naturales para apalancar el crecimiento de las exportaciones y un nivel de endeudamiento que, a pesar del tenebroso perfil de vencimientos, no es tan alto en relación al PIB; al menos en comparación con países desarrollados más o menos preocupados por su endeudamiento, un abanico de naciones que abarca desde Japón y Singapur hasta Italia o Grecia, cuyas deudas superan con creces el 100% del Producto sin que aparezcan alertas por una crisis.

Para la Argentina, una solución previsible que otorgue certezas respecto de la cuestión del endeudamiento no sólo a inversores sino a la población en general -que es la que en definitiva sufre sus consecuencias- tiene un valor estratégico que excede la (enorme) importancia de la cuestión. La incertidumbre sobre el programa y el rumbo en relación al endeudamiento que afecte al próximo gobierno lo privaría de un horizonte de llegada que diera sentido a cualquier sacrificio que pudiera solicitarse. Ofrecer un futuro es casi tan importante hoy como garantizar las necesidades básicas.

Al momento de escribirse estas líneas, Francia y el Reino Unido enfrentan huelgas históricas en defensa del status quo ganado en materia de seguridad social y de la preservación de los servicios públicos, incluyendo el sistema de salud. En Perú, la crisis y la brutal represión desatada tras la destitución de Pedro Castillo dejan al desnudo la impotencia de la clase política para ofrecer un proyecto que contenga a la ciudadanía. Incluso en Brasil, donde el golpismo tiene encarnaciones bien concretas y cada vez más probadamente premeditadas en el bolsonarismo, la movilización autoritaria desborda las prédicas afiebradas de sus dirigentes. El malestar social encarnado, como bien sabe hoy cualquier chileno, está a la vuelta de la esquina, incluso donde no se lo espera. En un país cuya sociedad civil desborda históricamente los cálculos de la dirigencia, la espuma debería medirse con muchísimo más cuidado del que se percibe. No hay orden económico sin orden político y no hay orden político sin orden social.

Pase lo que pase a nivel electoral, el post 2023 estará profundamente marcado por la estrategia que vaya a adoptar no sólo nuestro país, sino las grandes potencias respecto de las economías extractivas. Es decir, sobre los recursos naturales del subsuelo, llamados a explicar la mayor parte de cualquier crecimiento significativo de nuestra disponibilidad de dólares en el corto-mediano plazo. A pesar de que el mayor potencial aparece en petróleo y gas natural, es el litio el que -por su proyección en las tecnologías relevantes de la transición energética- aparece como el mineral más codiciado y el que levanta las mayores discusiones.

Desde el kirchnerismo se insiste en discutir la propiedad e industrialización del litio a través de un nuevo régimen para el mineral que aparece como parte de un planteo de reforma o profundización. Encuentran allí coincidencias hoy escasas con el Presidente, que viene insistiendo sobre la necesidad de declarar “estratégico” al mineral, sin demasiadas precisiones, y con Horacio Rodríguez Larreta, que últimamente mencionó la necesidad de “exportar litio como baterías”. Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja, impulsó una declaración del mineral como estratégico que derivó en algunas protestas desde la industria y la caducidad de los permisos de exploración vigentes.

A pesar de las apariencias, la cuestión está lejos de cosechar consensos, siquiera en el oficialismo, incluso por buenos motivos. El ejemplo de La Rioja espeja el caso que, en la región, ha caracterizado a Bolivia respecto de Chile y Argentina. La provincia con un marco más restrictivo es la que no ha avanzado ni tiene perspectivas de corto plazo de hacerlo. Las productoras -Salta, Jujuy y Catamarca- promovieron la asociación con las empresas multinacionales dentro de los márgenes que permite la legislación sancionada en la década del ’90 que dio impulso a la actividad minera, históricamente poco desarrollada en el país.

Un informe del Wilson Center de enero de 2023 contrasta las políticas más intervencionistas y estatistas en Chile -que no desarrolló nuevos emprendimientos en relación a los dos existentes desde hace décadas y perdió a manos de Australia su lugar como primer exportador mundial- con el boom inversor que vive la Argentina, que en pocos años llevará a superar la producción trasandina y convertirá al país en el segundo productor a nivel internacional. El otro país integrante del “triángulo del litio”, Bolivia, sigue sin producir más que unas pocas toneladas destinadas a procesos comercialmente irrelevantes y, a pesar de algunos anuncios recientes, todavía no ofrece una perspectiva clara ni de producción ni mucho menos de industrialización del recurso.

Los relatos del nuevo El Dorado son alimentados también por los que parten de las grandes potencias. La mandamás del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, generala Laura Richardson, identificó al litio como una cuestión de seguridad crítica para los intereses estadounidenses en la región. Quienes gustan de ver manos negras -y también quienes conocen la historia de las intervenciones estadounidenses en el subcontinente- vieron en la declaración de Richardson un motivo de recelo y preocupación y otra causa para impugnar el ordenamiento local para el desarrollo de los recursos naturales. Gajes de la democracia, sin embargo, el imperio aparece mucho menos lineal y alineado de lo que normalmente muchos suponen.

La preocupación de las autoridades argentinas con los estadounidenses sobre nuestro litio no es su enajenación onerosa sino la posibilidad de que, por más crítico que resulte en la mirada de la titular del Comando Sur, el mineral tenga cerrado el mercado norteamericano. Sucede que la Inflation Reduction Act, una ley promulgada por el presidente Joe Biden que, a pesar de su nombre, está dirigida a la transición energética, penaliza fuertemente el acceso de los minerales y sus derivados que no provienen de los Estados Unidos o de países con los que tenga acuerdos de libre comercio. Entre los proveedores de litio, Argentina carece de este tipo de acuerdo, que sí tiene Chile. Eso significaría una fuerte dificultad para exportar el mineral al que está llamado a ser uno de los principales mercados del mundo y dificultaría artificialmente el actual proceso inversor.

En la Embajada en Washington saben que peor que el deseo de nuestro litio es un eventual rechazo y se viene desplegando una campaña de concientización activa sobre el problema y la perspectiva argentina en todos los niveles de la administración y en el Congreso estadounidenses. Por otro lado, la recuperación de la producción industrial en sectores estratégicos frente a la competencia china aparece como uno de los escasos consensos entre demócratas y republicanos.

En este marco, desde la representación argentina apuestan a una flexibilidad por parte del Departamento del Tesoro en la reglamentación de la norma que preocupa por otros motivos a aliados como Japón y la Unión Europea. La apuesta para el litio y otras producciones potenciales de minerales críticos para nuestro país supondría la posibilidad de habilitar acuerdos específicos de comercio con países con los cuales Estados Unidos no tiene acuerdo de libre comercio abarcativos a efectos de mantener la elegibilidad conforme a la ley. La propuesta de reglamentación del Tesoro será dada a conocer en marzo, cuando quedará sujeta a observaciones de quien lo desee antes de sancionarse. Para muchas empresas, la resolución podría significar la diferencia entre mantener o desprenderse de activos en la Argentina y en otros países en situaciones similares, cuyos compradores más probables -por tamaño de mercado de destino- podrían llegar a ser empresas chinas. Dadas las declaraciones de la generala Richardson, sería un desenlace paradójico.

Bonus track:

  • Un informe del Centro de Investigación para la Calidad Democrática (CICaD) alertó sobre la necesidad de actualizar las bancas de la Cámara de Diputados a partir de los datos del Censo 2022. Calcularon cuántas le corresponderían a cada provincia, tomando en cuenta la legislación electoral vigente. El Decreto Ley del general Bignone de 1983 establece el criterio poblacional para la distribución territorial de la representación política, pero también le asigna tres bancas adicionales a cada provincia. A partir de este año hay provincias que deberían tener más: Buenos Aires (+42), Córdoba (+10), Santa Fe (+7) y Mendoza (+6). También Salta (+5) y Tucumán (+5). ¿La Ciudad de Buenos Aires? Se mantiene sobrerrepresentada con tres por encima de las 22 que le deberían tocar. Lo importante es que calcularon cómo quedaría la nueva Cámara y qué peso interno tendría cada distrito. Sorpresa: no habría un aumento exagerado del poderío bonaerense, solo uno medido y compensado por sus pares. El informe se puede consultar acá. .

Antes de terminar quiero agradecerles a todos por sus respuestas al correo que enviamos a fin de año contando cómo funciona Cenital. Y quiero ponderar especialmente a los que dieron un paso más en su compromiso y decidieron asociarse para que podamos seguir invirtiendo en periodismo. Aprovecho también para compartir la nota que escribió nuestra directora de Producto, Agustina Gewerc, explicando cómo pensamos, medimos y analizamos la cobertura de las elecciones en Brasil. Todos los meses vamos a ir subiendo nuevos contenidos en el Blog de la redacción para mantenerlos al tanto de nuestros proyectos y para que ustedes también se sientan parte de este medio. Si todavía no formás parte de nuestra comunidad, hoy podés enmendar ese error (?

Ojalá hayas disfrutado de este correo tanto como yo. Estoy muy agradecido por tu amistad que, aunque sea espectral, para mí no tiene precio.

Iván

Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.