Rollover

El Fondo nunca muere

Analizamos el nuevo acuerdo con el FMI, un programa de facilidades extendidas. Y, como siempre, algunas cositas más.

Hola, ¿cómo andás? Como te habrás dado cuenta por el título, el tema de hoy está muy vinculado con el Agente 007. ¿Qué tiene que ver el FMI con James Bond? Te doy un minuto para pensarlo. Si lo sacás, tenemos importantes premios para vos.

La saga de James Bond tiene en la actualidad 24 películas, que van desde la primera en 1962 hasta la última en 2015, casi igual que nuestra relación con el Fondo: 23 acuerdos desde 1959 a la actualidad. Y como si fuera poco, para 2021 se confirmó una nueva película del Agente 007, con lo cual Argentina no se podía quedar atrás y anunció que comenzaron las tratativas para un nuevo acuerdo. Desde Rollover queremos aportar nuestro granito de arena a la causa, así que vamos a juntar firmas en las redes para pedir que no haya más películas de James Bond. Quién te dice, en una de esas logramos que también se termine la relación de Argentina con el Fondo...

¿Qué se anunció?

Si bien ya se sabía que era necesario un nuevo acuerdo con el FMI, dado que durante 2022 y 2023 el gobierno debería hacer frente a la mayoría de los pagos del préstamo contraído por la gestión de Cambiemos, la novedad estuvo en el tipo de programa al que Argentina aplicaría.

El lunes por la noche, horas antes de que arribe una nueva comitiva del organismo, el ministro Guzmán confirmó que Argentina buscará negociar un programa de facilidades extendidas (EFF, por sus siglas en inglés: Extended Fund Facility).

Este programa se diferencia del acuerdo stand-by fundamentalmente en su duración y en sus condicionalidades. Por lo general, este último tiene una duración de 12 a 24 meses (y como máximo de 36), ya que su principal objetivo es el de atender problemas de financiamiento de corto plazo.

Según la página del organismo, “el acceso a los recursos financieros del FMI en el marco de un Acuerdo Stand-By se guía por la necesidad de financiamiento del país, su capacidad de pago y su historial en el uso de los recursos del FMI”, algo que resulta bastante llamativo dado que a pesar de nuestros antecedentes el organismo decidió otorgar entre 2018 y 2019 unos USD 45.000 millones. Esto transforma a la Argentina en el principal deudor mundial del Fondo y por eso urge una renegociación de esa deuda, más todavía a partir del estallido de la pandemia.

Si le debemos 1 millón al FMI, el problema es nuestro; pero si le debemos 45.000 millones,  ¿el problema es de ellos?

El programa de facilidades extendidas “fue creado para ayudar a los países que experimentan graves problemas de balanza de pagos debido a deficiencias estructurales”, esto significa que el acuerdo firmado es por un plazo de tiempo mayor (porque se tarda más en modificar esos problemas), por lo general de 3 a 4 años, pero que además viene de la mano con condicionalidades más estrictas, que apuntan precisamente a corregir esas deficiencias (reformas tributarias, jubilatorias, laboral, entre otras).

Si bien suele venir acompañado de nuevos fondos, no está claro que eso vaya a ser así: Guzmán  en su momento afirmó que no iba a negociar un nuevo préstamo pero ahora no volvió a ratificarlo. Lo que sí parece confirmado es que el gobierno buscará un período de gracia de por lo menos 4 años antes de comenzar a pagar el préstamo adeudado. Resta saber qué tan exigentes van a ser las condiciones que pida el organismo a cambio.

¿Qué dicen los datos?

Los antecedentes de los acuerdos entre el FMI y Argentina muestran resultados muy pobres. Durante esos períodos no solo no se logró estabilizar la economía, sino que en varios episodios derivó en una crisis todavía más profunda, como fue en 2018 o previamente durante la convertibilidad.

Pero si nos vamos más atrás los resultados no cambian demasiado. En el trabajo de Noemí Brenta citado previamente, la autora encuentra que “en los períodos de 21 a 55 meses bajo acuerdos con el FMI, el crecimiento promedió 1,9% anual, muy inferior al de períodos sin acuerdos, la inflación media fue más elevada, 84% anual, y el desempleo disminuyó en tres de los cuatro subperíodos (1967-68; 1976-78 y 2003-04), mientras que no se dispone de estadísticas de desempleo para 1959-63”.

Ahora bien, al analizar lo sucedido en el resto del mundo, el panorama parece ser algo diferente. Un trabajo del Banco Central Europeo que analiza los 73 programas llevados a cabo por el FMI entre 2008 y 2018 en 41 países encuentra que en la mayoría de los casos aquellas variables macroeconómicas fijadas como metas mejoraron luego de la aplicación del programa. Como se desprende del gráfico a continuación, la tasa de crecimiento del PBI se recuperó (aunque no alcanzó los niveles previos al acuerdo), el resultado de la cuenta corriente mejoró significativamente, lo mismo que la inflación, mientras que el stock de la deuda se logró estabilizar (aunque en niveles elevados). 

Evolución de las principales variables macroeconómicas (T = inicio del acuerdo)

Fuente: Banco Central Europeo (2019).

De todos modos, es importante destacar que la mejora de esas variables no significa en absoluto que las condiciones socioeconómicas de la población también hayan mejorado, dado que no suelen ser variables que formen parte de los objetivos de los acuerdos con el FMI. En ese sentido, un trabajo de la Organización Internacional del Trabajo analizó 50 revisiones del Artículo IV del FMI entre 2009 y 2010 a países de bajos y medio ingresos. ¿Qué concluyó? Que el foco principal sigue estando puesto casi exclusivamente en el plano fiscal y en el inflacionario, mientras que la generación de empleo, la reducción de la pobreza o la protección social son variables a las que le presta muy poca atención. Además, que por lo general las recomendaciones del FMI (en materia de los objetivos cuantificables) son bastante similares, dando cuenta de una especie de “fórmula general” para todos los casos, a pesar de las marcadas diferencias económicas, sociales, políticas, etc. que existen entre los diferentes países.  

En definitiva, si bien en otros países puede que los acuerdos hayan contribuido a la estabilización económica, en Argentina la historia muestra lo contrario. ¿Esta vez será diferente?

La semana económica en números

Como te conté en la edición anterior, a partir de ahora los sábados hacemos un repaso de cómo está la situación económica, analizando los principales indicadores de la economía. ¿Qué muestran los datos? Se consolidó la recuperación de la recaudación tributaria, la industria y la construcción, pero se frenó la de ventas minoristas. El mercado cambiario sigue en tensión. El empleo mejora, pero de la mano del monotributismo, su componente más precario. Acá podés leer la nota completa.

¿Más economía?

Hoy desde las 10 se lleva a cabo la segunda ronda de las Jornadas Monetarias que organiza el BCRA. De todas las charlas, te recomiendo la de Alicia Bárcena, que va a hablar sobre las políticas macroeconómicas para enfrentar el COVID-19. Para inscribirse y para más información, ver acá.

También se llevan a cabo las II Jornadas de Pensamiento Económico Nacional y Latinoamericano, organizadas por la carrera de Economía de la Universidad Nacional de Lanús y el Centro Cultural de la Cooperación. Hay varias charlas muy interesantes.

El podcast de esta semana es Dos tipos de cambio, a cargo de Pablo Mira y Gerardo Rovner, que en cada episodio mezclan entrevistas, economía y humor. En particular les recomiendo el que hicieron con Alejandro Bercovich.

Hasta acá llegamos por hoy. Ojalá que algo de todo esto te haya servido para que ahora entiendas un poco más de esta cosa tan difícil que parece la economía argentina. Si no aguantás hasta la semana que viene, la seguimos por acá.

Espero tu respuesta. Te mando un abrazo grande.

Juanma

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Me dedico a estudiar la macroeconomía argentina, algo que en este país debe ser similar a tener un doctorado en física molecular. Soy magister en Desarrollo Económico en la UNSAM y estoy haciendo el Doctorado homónimo en la UNQUI. Jugador amateur de hockey y guitarrista de fogón.
@jmtelechea
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