El desorden como clima de época

Estalló la interna en Juntos por el Cambio: más riesgo de crisis de representación que de ruptura. El Frente de Todos, en las vísperas de la misma secuencia. El viaje de Sergio Massa y Máximo Kirchner a China.

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Los debates internos en el Frente de Todos, que durante meses coparon la agenda, oficiaron durante mucho tiempo como un black out que impedía ver con claridad a la sociedad qué ocurría en Juntos por el Cambio y, a la vez, aceleró las discusiones internas en la oposición que veía en frente a un peronismo ya derrotado. Esa dinámica derivó en que su dirigencia abandonara el objetivo principal de ganar las elecciones, por el secundario de quedarse con la mayor cuotaparte de poder político e institucional -lo que Javier Milei llama despectivamente “los cargos”- de un triunfo que la mayoría daba por seguro.

Si bien esa inercia tóxica tuvo un impasse, la llegada de Sergio Massa al Ministerio de Economía y fundamentalmente el crecimiento de Milei -acompañado de un reconocimiento permanente de Mauricio Macri a su prédica- encontraron ayer un episodio de alerta para un espacio político que ve, al igual que el resto del sistema, cómo buena parte de Iberoamérica tiende a la fragmentación. Se podría pensar, también con razón, que esa división en varias partes para nuestro país está atrás y no adelante: en 2015, Cambiemos fue, en parte, producto de esa necesidad de unir a lo diverso luego de 12 años de kirchnerismo.

“No se va a romper, pero van quedando heridas cada vez más graves”, le dijo a #OffTheRecord uno de los integrantes del encuentro del lunes que derivó en una frustración política, pero mucho más importante en un llamado de atención para propios y extraños: Juntos por el Cambio sigue siendo -solamente- una alianza electoral constituida para ganarle al peronismo, pero no es -ni aparenta estar cerca de serlo- una coalición lista para gobernar la Argentina.

La propuesta de Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales de incorporar a Juan Schiaretti para ampliar JxC y proponer “una gran PASO opositora” sorprendió incluso a quienes luego apoyaron la iniciativa, pero encontró límites inmediatos en Patricia Bullrich y Luis Juez. En el caso del último los motivos son más evidentes. Juez sostiene que en el marco de la elección en Córdoba es imposible explicarle a los votantes que lo enfrentan a nivel provincial y son aliados en lo nacional. Luego, el senador dijo que “en política no vale todo” levantando la bandera principista con el mismo énfasis que cuando hacía campaña por Carlos Menem o Néstor Kirchner. Un humorista.

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El rechazo de Macri y Bullrich es menos comprensible. Quien llevó su mensaje a la reunión de los presidentes de los partidos fundadores de la alianza fue el titular interino del PRO, Federico Angelini. Angelini recibió el rigoreo del resto de los presentes, pero fundamentalmente de Miguel Ángel Pichetto, visiblemente enojado con Bullrich por las “operaciones” en su contra: “De mí pueden decir cualquier cosa, pero el manual de la política me lo estudié entero, ¿cómo voy a pedir ser vicepresidente? ¡Eso no se pide!”. El fastidio de Pichetto respondía a una versión que dejó correr el bullrichismo sobre una presunta demanda del exsenador para acompañar a la exministra en el binomio presidencial.

El ala más dura de Juntos también rechaza la incorporación de José Luis Espert porque entiende que es una maniobra de Larreta para diluir la oferta de derecha en la PASO opositora. Para encontrar el motivo por el cual el PRO puede impedir el ingreso de otro espacio a la coalición hay que remontarse al “Acuerdo de Buenas Prácticas” que delineó Juntos en abril del año pasado: “La inclusión de nuevos partidos como miembros de JxC debe ser aprobada por la unanimidad de los partidos que conforman la Mesa Nacional”, establece en el punto 6 llamado, casualmente, “Ampliación de JxC”. Sin embargo, como lo que hay, en rigor, es una interna del PRO, lo que necesitaría el partido es revocar la firma cruzada que tienen Angelini y el secretario general Eduardo Macchiavelli. La asamblea delegó en ellos ese poder: cualquier aspecto que cambie el statu quo necesita la rúbrica de ambos. Para desandar eso, debería juntarse el consejo directivo, convocar a la asamblea y revocar eso.

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”, escribió en Meditaciones del Quijote el filósofo español José Ortega y Gasset. No sabemos si Macri y Bullrich lo leyeron, pero seguramente podrían reinterpretarlo. Fue agenda de diferentes discusiones el ejemplo de Pichetto en 2019 para impugnar el rechazo actual. “¿Pichetto antes sí y Schiaretti ahora no?”, preguntaban durante las últimas 72 horas cerca de Larreta. Hay dos historias menos conocidas: Macri le ofreció, antes que a Pichetto, la vicepresidencia al gobernador de Córdoba. Entonces, la formulación debería ser diferente: ¿Schiaretti antes sí y ahora no? Y un dato menos recordado es que hace exactamente cuatro años -la semana del 3 al 7 de junio de 2019-, Macri daba luz verde para que Sergio Massa compitiera con él como precandidato a presidente en el extinto Cambiemos con María Eugenia Vidal como única candidata a gobernadora para asegurar el triunfo en la Provincia de Buenos Aires. Massa rechazó la propuesta y el resto es historia conocida.

La presencia del cordobés le tributa un beneficio político inmediato a Rodríguez Larreta, pero no está claro que uno electoral. Con esta iniciativa, el jefe de Gobierno volvió a ocupar el centro del ring en la oposición a pesar del muy difícil de comprender comunicado del domingo. Sin embargo, hay una pregunta obvia: en la interna con Bullrich, ¿a quién le saca votos Schiaretti? La pregunta se responde sola. Sin embargo, lo que varían son los enfoques. En el entorno del gobernador dicen que son “los mismos que le saca por afuera” y en el primer anillo de H sostienen que “la idea es que el Gringo se incorpore abajo, no al costado”. Macri rechazó hace una hora el ingreso de Schiaretti, ¿qué hará Larreta que se siente cada vez más incómodo en el lugar que está?

Mientras tanto, el viaje a China de Massa acompañado por Máximo Kirchner dejó -además de su relevancia simbólica por la integración de la comitiva- algunas confirmaciones respecto de la relevancia de la relación bilateral, que se consolidó como un vínculo inevitable a nivel no sólo comercial -ámbito en el que China es, como con todo el mundo, uno de los principales socios- sino también tecnológico y financiero. La profundización de la asociación con China podría enmarcarse en una serie de hitos que sucedieron durante los últimos gobiernos peronistas. La Asociación Estratégica, en 2004, durante el gobierno de Néstor Kirchner fue elevada a Asociación Estratégica Integral en 2014 con Cristina Fernández de Kirchner. En 2022, Alberto Fernánandez firmó la incorporación de Argentina a la Iniciativa de la Franja y la Ruta -el principal proyecto chino de cooperación a nivel global- y convirtió a nuestro país en el más importante de los latinoamericanos que son parte de la iniciativa. La visita de Massa sumó un nuevo punto en ese recorrido: Argentina se convirtió en la segunda nación, entre los 21 de la región que integran la iniciativa de la Franja y la Ruta, en suscribir un plan de cooperación vinculado a aquella iniciativa.

El plan de cooperación permitirá avanzar en inversiones en infraestructura, generación y transporte de energía que serán financiadas por el país asiático en condiciones ventajosas. La propia suscripción de un instrumento de estas características explica la importancia otorgada a la visita del ministro, recibido en condiciones análogas a las de un Jefe de Estado. Las inversiones forman parte de un programa de obras y desarrollos que, una vez que puedan dejarse atrás las dificultades macroeconómicas más urgentes, debería contribuir de manera muy relevante a la competitividad y capacidad de desarrollo del país. La planificación de obras, sin embargo, por más nodales que resulten, no es lo que justifica que Massa haya decidido visitar Beijing y Shanghai, donde intentó aliviar las urgencias financieras que el país enfrenta de forma muy agravada a partir de los efectos de la sequía.

La noticia concreta más importante que trae desde allí es la renovación del swap de monedas firmado entre ambos países, con la acumulación de los dos tramos que quedaron formalmente independizados del acuerdo stand by con el Fondo Monetario Internacional y una ampliación del monto de uso que podría llegar a los 10 mil millones de dólares que, de acuerdo con los compromisos conversados con las autoridades asiáticas, se utilizaría de manera privilegiada para el comercio bilateral. Como la relación con China es, por lejos, la más deficitaria a nivel del comercio bilateral que mantiene la Argentina, el uso de los yuanes del swap para el pago de importaciones permitirá liberar reservas de libre disponibilidad -cuando las haya- para enfrentar ruidos cambiarios por lo que, de forma indirecta, contribuirá a mejorar la posición del Banco Central frente a presiones devaluatorias.

El intento de obtener un crédito del Nuevo Banco de Desarrollo -conocido como Banco de los BRICS- chocó con un problema: Argentina no es miembro del Banco que integran, además de los miembros del grupo BRICS, Egipto, Bangladesh y Emiratos Árabes y al que ya fue admitido Uruguay. La presidenta de la institución, Dilma Rousseff, le adelantó a Massa que Argentina podría serlo en agosto, cuando se reúna el directorio de la entidad. Esto habilitaría un tratamiento exprés del financiamiento. Agosto, en Argentina, es ciencia ficción. Mucho más en relación a la visita temprana de Lula da Silva a comienzos de año, aún cuando, para los tiempos de la burocracia internacional, llegar en ese plazo sea casi una hazaña.

Si el swap permite equilibrar, en parte, la ausencia de dólares para las importaciones, cumplirá un rol también en la estabilidad del peso que, sin embargo, en modo alguno alcanza para cubrir los actuales faltantes de dólares para importaciones esenciales. Por ello, el acuerdo con China, como confirma el próximo viaje del ministro a Washington, aún sin fecha confirmada pero programado para este mes, no reemplaza ni en los márgenes la necesidad de alcanzar un entendimiento que suponga un adelanto de recursos por parte del Fondo Monetario Internacional.

Los acuerdos con China y con el Fondo Monetario Internacional responden, en este sentido, a necesidades complementarias y sostienen lógicas distintas. Mientras el FMI se dedica a brindar cobertura crediticia cuando un país tiene vedado el acceso privado por desequilibrios macroeconómicos, el financiamiento de China está dirigido a facilitar las obras públicas y el comercio. Los condicionamientos son también distintos, por la propia naturaleza de las interacciones. Mientras el Fondo condiciona las políticas económicas de los países aplicando sus -tantas veces cuestionadas y tantas fracasadas- recetas para devolver solidez macroeconómica, China tiene poco para decir sobre el rumbo político y económico ya que lo que ofrece a cambio del endeudamiento son sus propios productos, obras de ingeniería y tecnologías. Como lo hace a nivel interno, China financia, facilitando el endeudamiento, el crecimiento de sus empresas y de sus exportaciones. Que tenga un efecto virtuoso para los países que toman los créditos, dependerá del carácter funcional o inútil de aquello que se financia en relación a los objetivos de desarrollo nacionales. Por ejemplo, ¿necesita Argentina invertir más de 9 mil millones de dólares en una nueva central nuclear, con tecnología importada o debería enfocar esos montos en multiplicar la estructura de transporte, generación y procesamiento para exportación vinculada al gas de Vaca Muerta? Otras obras, como las ferroviarias, las represas, los parques solares y el transporte de energía cosechan mayores consensos.

La revista estadounidense Foreign Affairs es, posiblemente, la publicación más influyente del mundo en materia de relaciones internacionales. Su última edición está dedicada a la parte del mundo que normalmente se percibe como la periferia. Desde el brasileño Matias Spektor hasta la vietnamita Huong Le Thu, los autores coinciden -aunque advierten riesgos- en las posibilidades que el escenario de competencia entraña para quienes no tienen su alineamiento tallado en piedra con alguna de las dos potencias. Contrariamente a lo sostenido por alguna visión de cabotaje -que ve en cada negociación o acuerdo con Beijing un desaire a Washington o viceversa-, los países parecidos al nuestro buscan sacar provecho de las zanahorias que pueda ofrecer cada una de las grandes potencias, al tiempo que rechazan elegir entre alinearse definitivamente a una u otra.

China y Estados Unidos, además, se suelen ubicar entre los tres principales socios comerciales de casi cualquier país y, también, entre los principales inversores. Por todo esto ambas potencias son inevitables. Una coyuntura que, en Argentina, se agrava por la fragilidad de la situación económica. Algo de esto habrá experimentado Massa. Tras haber asignado la totalidad del espectro radioeléctrico, el ministro viajó en forma casi inmediata a China, donde garantizó a los líderes que habrá neutralidad tecnológica en la selección de proveedores de infraestructura móvil de 5ta Generación (las famosas redes 5G). Sin prohibiciones estatales, por relación precio-calidad y por sus desarrollos integrados, esta decisión prácticamente garantiza que la china Huawei cumpla un rol protagónico en el despliegue de esta tecnología en Argentina. Las presiones geopolíticas, repetidas hasta el hartazgo, son mucho más a menudo problemas de equilibrios que de elecciones.

Last but not least, el Frente de Todos entró en la recta final y cada movimiento descoordinado genera enojos cruzados. Uno de esos ejemplos fue la declaración pública de Axel Kicillof sobre la fórmula bonaerense. Su aclaración posterior no deja lugar a dudas. Sin embargo, lo más interesante son los motivos. ¿Está descartado Kicillof como candidato a presidente? Ayer lo volvió a postular su ministro de Seguridad, Sergio Berni. Mientras tanto, la candidatura de Eduardo “Wado” De Pedro está en busca del volumen necesario. Su preocupación real no es Kicillof -esa definición depende de algo que en parte lo excede- sino Daniel Scioli. Como rival interno no es sopita. Un dirigente que a pesar de los escarceos siempre se mantuvo en el mismo dispositivo, con el recuerdo de acompañar a Néstor Kirchner y un altísimo nivel de conocimiento producto de sus años como gobernador y la campaña presidencial. El potencial de Scioli sería probablemente mayor si no fuera el candidato de la Casa Rosada.

¿Va a coincidir la respuesta del Fondo con el cierre de listas? Sin fecha definida, pero con la certeza que deberá ser durante junio, el ministro de Economía logró llegar al sprint final con la posibilidad de ser, algo que sería inimaginable para otro en su puesto con esos números de inflación y la complejidad actual. Si de Massa depende el adelanto del organismo -que en su equipo dejaron trascender números de un optimismo exagerado-, ¿qué puede pedir a cambio? ¿Será cierto que puso como condición que haya lista única, aun si no es candidato, para quedarse en el Ministerio? En su entorno lo niegan terminantemente. Sin embargo, hay algo cierto. Massa acumula bronca con el albertismo. La última secuencia se dio en un plenario de La Plata donde Victoria Tolosa Paz apuntó contra el ministro: “¿Cómo puede ser que sean leales los que fueron a Davos y seamos los traidores los que nos quedamos peleando en la calle?”. Juegan con cosas que no tiene repuesto. It’s a developing story.

Antes de terminar quiero comentarles que estamos en las vísperas del cuarto aniversario de Cenital. Y lo celebramos reivindicando los motivos que nos hicieron empezar esta aventura: apostar por el contenido. El viernes publicamos nuestro último especial que trata sobre la salud mental en la juventud. “Estado de malestar” es el título del dossier coordinado por Tomás Aguerre en el que analizamos con especialistas esta “segunda pandemia”. Y si no entraron a nuestra web en el fin de semana, también recomiendo prestarle atención a la nota de Federico Poore que revisa los mitos y verdades sobre el transporte urbano y esta otra de Ezequiel Fernández Moore sobre el Manchester City, el equipo que no tiene rivales en la cancha pero parece arrinconado en los tribunales ingleses. Si querés hacernos un regalo de cumpleaños, no se me ocurre uno mejor que sumarte a nuestros Mejores amigos. Se parte de la comunidad que sostiene Cenital y ayudanos a crecer.

Ojalá hayas disfrutado de este correo tanto como yo. Estoy muy agradecido por tu amistad que, aunque sea espectral, para mí no tiene precio.

Iván.

Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.