El hilo conductor

El arte del romance

Edición especial de El Hilo Conductor dedicada a las canciones de amor: un repaso caprichoso por temas y artistas que se ocupan del deseo, la pasión y del hecho de tener el corazón roto. De los boleros y el jazz al indie argentino, este newsletter está pensado para ser leído mientras se escucha la playlist. Porque la música tiene el poder de salvarnos del colapso.

Hola, ¿cómo estás? Espero que lo mejor posible. O lo más a salvo posible. Son semanas difíciles a todo nivel, así que tratemos de tomarnos las cosas con calma y de cuidarnos con responsabilidad. Seguramente ya te enteraste de que en Cenital tenemos novedades: se suman tres nuevos newsletters y empiezan a salir los podcast en los que estuvimos trabajando los últimos meses. Ojalá te interesen las nuevas propuestas, porque les ponemos a todas muchas ganas.

En estos Hilos siempre trato de ofrecer distintas herramientas que conjuguen el esparcimiento con la reflexión crítica, y creo que, en momentos como estos, la cultura y el arte tienen que poder ayudarnos a sentirnos menos preocupadas y encerradas. Así que hoy les traigo un tema transitadísimo y, así y todo, siempre cambiante y renovado: el amor. Porque el amor como sentimiento es lo más deforme y quizás lo más compartido a nivel humanidad, sin distinciones. ¿Quién no salió del pozo mirando una película romántica que la devolvió a la vida, o cantó con el corazón roto una canción con la que se sentía identificada? No importa el género de la película ni de la canción en cuestión, solo que el sentimiento que nos reúne se asemeja. Y también afecta a los cuerpos. Nos atraviesa, nos involucra. Así que vamos a diseccionar un poco el fenómeno amoroso acotándolo de antemano. No voy a referirme hoy a ningún libro (¡siempre recomiendo sobre todo libros!), sino específicamente a canciones (y algunas películas) que lo tengan como protagonista. El amor romántico, pasional, exacerbado, desconsolado, correspondido o no. Las formas que tiene el amor para revertir el dolor, para cambiar el pasado.

Esta entrega estará ilustrada solamente con obras de Egon Schiele (1890-1918), un pintor expresionista austríaco que se ocupó de retratar la confusión física de los amantes con una mirada muy particular. Esos cuerpos desgarbados, capturados con asombro en medio de una confusión de pieles, de sábanas, ya en su época eran muy provocativos y ahora siguen encendiendo el fuego. Hay algo del impacto de observar estas escenas íntimas que sigue funcionando aunque las obras tengan más de cien años.

El amor cambia el pasado: una playlist comentada

El misterio por el cual las canciones de amor son más comunes que las canciones sobre, no sé, comidas o viajes, es algo que no me propongo revelar acá, pero sí constatar su primacía. Las mejores obras fueron hechas bajo el influjo amoroso, en general con el corazón roto en la mano o recién estallado. Del tango y el bolero al trap, todos los géneros se ocupan del amor o del desamor con palabras y melodías que buscan develarnos algunos de sus misterios. 

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Como me cuesta horrores elegir solo unos pocos temas, me propuse esta vez modificar la estructura tradicional de El Hilo Conductor y prepararles una playlist en Spotify, por demás ecléctica, a la que iré comentando en la entrega de hoy. Así que sugiero que le den play en este enlace y que la escuchen mientras leen, si tienen ganas. 

Empecemos.

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Hasta que me olvides: Sé que muches de ustedes están viendo la serie de Luis Miguel en Netflix (no es mi caso), y que se estuvieron develando los entretelones de este temazo, así que vamos a empezar por ahí. Lo loco es que fue escrito por nada más y nada menos que Juan Luis Guerra, un compositor dominicano talentosísimo que pasó a la historia por ser también autor de los exitazos “Burbujas de amor” y de la más polémica e insufrible “Bilirrubina”. Acá de lo que se trata es de un amante insistente que por todos los medios intentará reconquistar a su objeto de deseo y que lo seguirá intentando hasta que lo olviden definitivamente. Esa esperanza del amante nos mantiene en vilo.  

Perfidia: Qué gran tema, “Perfidia”. Y qué interesante escuchar boleros y pensar cómo es que se convirtió en el género que define el gran relato del padecimiento sentimental. En los boleros, amar es casi siempre predisponerse a sufrir. Si se fijan bien, todos están en general cantados en primera persona, y/o se dirigen al sujeto amado en segunda persona para explicitar el dolor (hay un muy buen análisis sobre las letras de los boleros y los tangos de Martín Kohan en el libro Ojos brujos. Fábulas de amor en la cultura de masas. Y basta porque dije que no iba a hablar de libros). Esta canción sobre amor y despecho fue compuesta por Alberto Domínguez Borrás, un cantautor de Chiapas, e interpretada por casi todos los grandes. Mi versión favorita es la de Estela Raval con Los Panchos. Pero si quieren escuchar una más argentina pueden entrarle a la que grabaron en 2018 Poli y Prietto (con Calamaro como invitado) en el disco Boleros y canciones. O pueden escuchar la versión instrumental incluida en esta escena de Casablanca en la que Rich rememora su romance en París con Ilsa (Bogart y Bergman, amantes por excelencia). 

Love Me: Difícil quedarse solamente con un tema de los románticos de Elvis Presley. Elegí “Love Me”, un clasicazo, cantado con una cadencia justa, en la que pide que lo amen, que lo traten como un tonto o de manera cruel, pero que lo amen. Les dejo en la lista otra canción cavernosa de Presley, esta vez del disco Danzig Sings Elvis, porque un cantante de heavy metal también puede sonar enamorado y melancólico si se lo propone de verdad.

Love Me or Leave Me: También me costó quedarme con un solo tema interpretado por Billie Holiday de todos los que apuntan al amor, porque me encantan varios y ella los canta fantástico. Elegí este porque plantea que el suspenso la está matando: necesita saber si su amante quiere que se quede o que se vaya. “Quereme, largame, o dejame estar sola”. Lo más difícil es que esa respuesta tenga que ser dada por otra persona y que no dependa de ella, ¿no? Ahí está la amante en su mayor incomprensión.

Woman: Me salteo toda la discografía de The Beatles y recaigo en este tema de Lennon para Yoko que es sencillamente perfecto si lo pensamos desde la perspectiva de los amantes y su entrega. Acá, con una melodía muy dulce, él le dice que su vida está en sus manos, que la ama ahora y siempre, que lo lleve muy cerca de su corazón aunque cualquier distancia los separe. Se me pone la piel de gallina cada vez que la escucho. Creo que la de John y Yoko es una de las grandes historias de amor de todos los tiempos. Podría escribir mucho más sobre ellos, pero les dejo nomás la recomendación del documental de Netflix Above us on the Sky, en el que muestran su convivencia mientras graban Imagine, y también el tema “Love”, en una de las versiones incluidas en Plastic Ono Band. The Ultimate Collection, la novísima edición que recopila todas las tomas que quedaron afuera de la grabación de este disco (7 horas y media de takes, disponible en Spotify, no se lo pierdan). 

Do you love me?: En este temazo de Nick Cave de 1994 sobrevuela una y otra vez la gran pregunta de los amantes: ¿me querés como te quiero yo?, como si algo de la experiencia del amor fuera comparable o transferible y no un tipo de sentimiento único y arrebatado. Como nos tiene acostumbradas, Cave cuenta en la canción una historia oscura, salvaje, y cae rendido a los gritos ante esa amante, con los coros reforzando la intención. El videoclip original transcurre en un club nocturno en San Pablo, Brasil, e incluye escenas de baile dignas de las películas de David Lynch. Imperdible.

The Book of Love: Elegí esta canción suave, pero podría haber sido perfectamente cualquier otra de esta suerte de obra cumbre que es 69 Love Songs, el disco triple de la banda de synth pop The Magnetic Fields, lanzado en 1999. Un álbum conceptual en el que Stephin Merrit le canta al amor en sus formas más variadas, con esa voz tan grave que tiene y a la vez tan conmovedora. El punto de vista de Merrit en las letras no es héteronormativo, sino que va variando de enfoque para abordar la homo y la bisexualidad también, y cuenta algunas fábulas y todo.  

Everything reminds me of her: Pobre Elliott Smith. Pasó a la historia no solo por sus bellas canciones, sino por personificar el estereotipo del amante roto, depresivo, cantando con su guitarra acústica, que ya no le ve sentido a seguir viviendo. De hecho, Elliott se suicidó a los 34 años haciéndose el harakiri, y fue su novia la que tuvo que arrancarle el cuchillo de las tripas. Esta canción obsesiva repite que todo lo que sucede a su alrededor le recuerda a ella. Te quisimos, Elliott. 

A Waltz for a Night: Esta es una canción poco conocida, que escuchamos tocada por la actriz Julie Delpy en la película Antes del atardecer, segunda parte de la trilogía de Richard Linklater. Se trata de un vals suave y tierno que ella interpreta con su guitarra cuando los dos protagonistas llegan a su casa -una buhardilla desordenada- después de haberse reencontrado y caminado todo el día por París, hablando sin parar. Más sosegados, y en un momento de intimidad único, él se da cuenta de que la canción que ella toca le está dedicada. Y vemos la transformación en su cara: ya no se va a ir de su lado. Me parte la cabeza el hecho de que se trate de una de las películas más románticas que vi y que sus protagonistas no se besen en ningún momento. La sensualidad, complicidad y tensión sexual que manejan es escandalosa. Por si quieren recordar estas escenas, acá está la de la canción, y acá la del final, en la que ella le dice que va a perder irremediablemente ese avión.

Harvest Moon: No conozco demasiadas canciones que expresen con tanta precisión lo que siguen sintiendo dos amantes una vez que ya son pareja hace años. Este tema de Neil Young creo que habla de eso: de ser más grandes y quedarse un rato solos en la casa, escuchando música y mirando la luna mientras los hijos ya se durmieron, compartiendo ese momento, recuperando el espíritu juvenil más apasionado bailando un rato. Sentir la noche y comprender que todavía siguen haciéndose compañía, enamorados.

Mi historia entre tus dedos: Hubo un momento, en los noventa, supongo que coincidiendo con la algarabía que provocó el Mundial de Fútbol, en el que ciertos productores musicales consiguieron -con bastante éxito- instalar entre el público masivo local a diversos cantantes románticos italianos. Me refiero por ejemplo al nasal Eros Ramazzotti, o a la edulcorada Laura Pausini. Los hacían grabar por fonética algunos de sus hits en un español sospechosísimo, y el público -mayormente femenino- salía en estampida a comprar sus cds. De esa camada, elijo quedarme con el más inolvidable de ellos, a quien nunca más tuvimos el gusto de escuchar. Me refiero a Gianluca Grignani y este hit que nos marcó a fuego. Es que la traducción de sus sentimientos tanos sonaba tan extraña en nuestro rioplatense que se volvía exótico y apasionante. Además, la canción plantea la dificultad de seguir siendo amigos cuando una de las partes todavía tiene otras intenciones (“A un amigo lo perdono/ pero a ti te amo”). 

Quiero estar entre tus cosas: ¿Hay una canción más emotiva que ésta en las letras del rock nacional? No digo desgarrada ni despechada ni romántica, sino emotiva, tierna. Me conmueven mucho estas pequeñas escenas del amante deslumbrado que se fascina por los objetos de su amada, dejándolos después de nuevo en su lugar. Porque estar entre las cosas de alguien es ocupar un espacio en su vida más simple y cotidiana. Otra interpretación posible de la letra, de la que alguna vez habló su autor, Daniel Melero, es que se trata de la historia de un hombre que se inmiscuye sin que le den permiso en las cosas de ella y las revisa con impunidad total. Polémico. Como sea, la versión de María Gabriela Epumer, incluida en Perfume, es igual de hermosa, solo que sentimos cómo ella se mete entre las cosas de él. 

Si pudiera: El título del Hilo de hoy viene de un disco de Fun People que escuché bastante en mi adolescencia (The art(e) of romance). La tapa del álbum era un homenaje a Kurt Wilkens, un anarquista alemán que asesinó en 1923 al teniente Varela y vengó a los obreros fusilados de la Patagonia Trágica. Esta canción -mucho menos punki que otras de la banda- tiene una sección de vientos y hasta un recitado de Nekro, y cuenta, desde el punto de vista de uno de los miembros de la pareja, todas las decisiones erradas que tomaron. También pide disculpas por no haber contado algún secreto, y lo hace tras las rejas. Al respecto, me gustó mucho este texto de Magalí Etchebarne, la autora del libro de cuentos Los mejores días, que eligió “Si pudiera” como su canción favorita para un Fan de Página/12.

Te quiero / Te amo: Siguiendo con el indie local, no puede faltar en la playlist el tema “Te amo”, en una versión acústica de Francisco Bochatón, simple, crudo y directo, el Bocha: “Te amo/ pienso en tu boca y en mí/ Pienso en tus ojos y seguís/ dándome inspiración”. Sumo también el hermoso “Te quiero” de El robot bajo el agua, en una nueva versión que estrenaron esta última semana. Y la bellísima y más reciente “Subtítulo: Te Amo”, del dúo Susi Pireli compuesto por Paula Trama (de Los Besos) e Inés Copertino (de Amor Elefante). Romanticismo pop pegadizo, para tararear todo el día. 

Tu cama queda ahora a un tren y a un colectivo de mi cama: “¿Cómo puede ser que una canción se llame así?”, me pregunté la primera vez que vi a Gabo Ferro tocarla en La Tribu, cuando presentaba Canciones que un hombre no debería cantar. “Ya dormimos bien lejos/ yo en cama abierta / vos en cama cerrada”, dice la canción, para equiparar la angustia del que fue dejado con el estado de situación de quien dejó. Es un gran motivo el de la distancia entre los amantes: se vuelve algo insoportable saber que el otro está lejos y el hecho de explicitar qué transportes debería tomarse para llegar a su cuerpo no calma la desesperación tampoco. Pero nos entrega estas gemas románticas, para cantar y llorar o llorar y cantar. 

A nadie: “Qué cosa es el amor/ medio pariente del dolor”, dice Liliana Felipe en este tema emblemático de su discografía (bueno, tiene muchos temas emblemáticos ahora que lo pienso) en el que repasa todas las cosas que dos personas no llegaron a compartir. Como muchas de sus letras, ella va enumerando cuestiones que terminan abarcando al universo entero (de las milanesas a las manías, pasando por las afiliaciones partidarias). Sus letras nunca disimularon nada: ni su feminismo, ni su lesbianismo (tiene un largo matrimonio con la artista mexicana Jesusa Rodríguez), ni sus ideas políticas, ni lo que piensa de los militares. (Lo que sí, googleando encontré que se hizo activista antiespecista y ahora cuando canta esta canción en vez de mencionar las milanesas dice berenjenas). 

Yo te quiero, yo tampoco: Cierro esta deriva musical con un clásico francés: “Je t’aime moi non plus”, cantado por la pareja conformada por Serge Gainsbourg y Jane Birkin, incluida en la película homónima, en la que una Birkin queer se enreda sentimentalmente con un muchachito fornido y cachondo. Acá hay un picado de escenas de la película de 1976 con la canción de fondo, que además de ser envolvente y maravillosa, incluye gemidos orgásmicos al final.   

Bueno, antes de terminar, dos últimos caprichos:

  • La película Blue Jay, de Alexandre Lehmann, escrita y protagonizada por el genio de Mark Duplass. Siempre que alguien pregunta qué peli ver en Netflix, recomiendo esta. Es una comedia dramática-romántica muy chiquita, filmada en blanco y negro, que transcurre en algo menos de 24 horas. Cuenta lo que pasa el día en que dos ex novios de la secundaria se reencuentran de casualidad en el pueblo en el que sigue viviendo él, y del que se mandó a mudar ella. Lo que parece un encuentro fortuito se convierte en una noche inolvidable, en la que repasan su relación, lo que funcionó, lo que no, todo con mucho afecto y a la vez muy revolucionados por la situación. Cuentan que en el rodaje improvisaron mucho, y se nota en la frescura de ellos. El final no me termina de cerrar. Pero véanla y si quieren después la discutimos.
  • Dije que no recomendaría ningún libro, pero les dejo este poema de Cortázar en su propia voz. Se llama “Los Amantes”, y dura un minuto y medio la lectura. No se pierdan el fraseo de Cortázar, sus erres arrastradas y sobre todo las impactantes imágenes de esos amantes que se evaden del mundo para encerrarse y que vuelven al mundo vestidos y transformados. 

Ahora sí, me despido hasta dentro de dos semanas. 

Espero que estas canciones de amor te hagan la existencia un poco más amena, por lo menos por unos días. 

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Gracias por leer. Y por favor cuídense mucho.

Malena

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Soy licenciada en Letras por la UBA y trabajo hace muchos años en la industria editorial. Fui editora en las revistas El Interpretador y Los Inrockuptibles. Formo parte del equipo de Caja Negra, una editorial psicoactiva y heterogénea. Tengo un ciclo de entrevistas con escritores y escritoras en el Malba. Si los libros fueran comestibles, podría alimentar a miles de personas con los que acumulo en mi biblioteca. Lo que más me gusta es viajar.
@noeselcaso

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