Doha, una ciudad en construcción

La historia de cómo la capital de Catar pasó de ser un pequeño puerto pesquero a convertirse en la ostentosa sede que alberga la Copa del Mundo.

Hola, ¿cómo estás? Espero que muy bien. En el correo anterior te decía que mi deseo era que esta entrega nos encontrara con los primeros tres puntos. No pudo ser, pero el capitán dijo que no nos va a dejar tirados y con eso ya me alcanza para seguir confiando.

Quiero escribirte justamente sobre Catar. Tranqui, no me voy a poner a analizar partidos ni selecciones, para eso ya tenemos un equipo de lujo. Lo que también parece ser de lujo son las ciudades que albergan el Mundial, con rascacielos y espejos de agua en el medio del desierto. Es lo que vemos de fondo en los móviles televisivos no siempre con mucho contenido ni información pero que nos sirven para calmar la ansiedad. También nos llega que durante la construcción de los estadios y las nuevas instalaciones murieron miles de trabajadores por las condiciones infrahumanas en las que desempeñaban sus tareas.

Alejandro Wall, en el newsletter que escribe para Tiempo, nos cuenta sus impresiones. Me quedo con tres conceptos de las crónicas que escribió hasta ahora. La sensación de que en Doha el desierto se mete en la ciudad. Que hay un transporte público a recontra estrenar que convive con playones gigantescos donde estacionan autos de alta gama. Que la capital de Catar parece una ciudad en construcción.

Acá me quiero detener. ¿Qué implica que una ciudad que alberga un mega evento esté en construcción? Para intentar responder indefectiblemente hay que hacer un poco de historia.

Como si fuese una obra de teatro, Steven Velegrinis, director de Diseño Urbano de Perkins+Will en Dubai, y su colega George Katodrytis nos cuentan, en cuatro actos, no solo la historia del urbanismo catarí, sino sobre lo que llaman el “urbanismo del Golfo”. “El golfo” se refiere al Golfo Pérsico, que es hacia donde miran tanto Catar, como Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

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Primer acto: la era pre-moderna

“La mayoría de las ciudades del Golfo tienen su origen en la antigüedad y la dependencia del paisaje de la región. Las comunidades tradicionales del Golfo se basaban en sistemas tribales que gobernaban tanto a las comunidades nómadas como a las asentadas. En la mayoría de los casos, estas tribus pertenecían a grupos más grandes representados por los jeques (…) que proporcionaron estabilidad y establecieron lazos económicos regionales. Estos asentamientos, y el sistema tribal de propiedad de la tierra que los sustenta, desempeñaron un papel importante en las etapas posteriores del desarrollo urbano, incluso durante el advenimiento de la economía de hidrocarburos en el Golfo en la década de 1960”, nos cuentan los urbanistas en su artículo titulado Dibujar en la arena: ciudades en construcción.

Ignacio Rullansky, doctor en Ciencias Sociales, coordinador del Departamento de Medio Oriente de la Universidad Nacional de La Plata, y quien me recomendó leer el artículo, me contó que Doha (donde estuvo el año pasado) es una ciudad nueva y que hasta hace algunas décadas era un pequeño puerto como otros del Golfo, sin gravitación en la región. “Estos pequeños puertos se empiezan a consolidar con el fin de la piratería impuesta a fuerza de bombardeos por el Reino Unido y Francia. De ahí en más la aristocracia de estos pueblos se impone. Pero de todas formas se trata de población seminómada que cambiaba de ubicación dependiendo el clima y por eso no existe una trayectoria de ciudades tan antigua en esa zona”, me explica Ignacio.

Segundo acto: independencia y GNL

En la década del 70, sucedieron eventos fundamentales para explicar lo que es Catar hoy. En 1971 se declara la independencia y el país deja de ser un protectorado británico y el mismo año encuentran una gran reserva de Gas Natural Licuado, que pocos años después se empieza a exportar. Si el descubrimiento de un yacimiento de petróleo había cambiado por completo la economía de Catar (que hasta el momento se basaba en la pesca y la recolección de perlas), el GNL le dio un impulso inédito. Resulta que Catar estaba parada sobre el 10% de las reservas mundiales de este recurso y así se convertía en el tercer país con más cantidad en el mundo. Detrás de Rusia e Irán, pero con muchísima menos población.

Ese crecimiento económico desmesurado se reflejó fielmente en su forma de urbanizar. “Desde la década de 1970, el ritmo de urbanización del Golfo ha conmocionado a un mundo acostumbrado a una dialéctica ciudad/naturaleza mucho más lenta. Mientras que, históricamente, las ciudades evolucionaron a lo largo de milenios, lugares como Dubai, Doha, Manama y Abu Dabi surgieron en sucesivas oleadas de rápido crecimiento como aglomeraciones urbanas completamente formadas”, describen los investigadores.

Tercer acto: la primera piedra del desarrollo urbano

Los 90. Si hubo una década que asentó lo que hoy es Doha y sus ciudades hermanas del Golfo fue esa. Para ese momento, la explotación de GNL ya estaba en pleno funcionamiento y los precios internacionales empezaron a subir. Hubo una llegada de trabajadores de todo tipo de calificación y oleadas de turistas sin precedentes. Un movimiento que los investigadores no dudan en catalogar como de colonización, especialmente en la zona de las costas. El resultado está a la vista: hoy casi el 80% de la población viviendo en Catar es extranjera.

“La urbanización del país comenzó a evolucionar hacia centros de bienestar, centros de negocios, complejos turísticos remotos e interminables patrones de suburbios. A medida que aumentaba la prosperidad en el Golfo, estas estructuras nómadas aisladas formaron la base mediante la cual se distribuyó la nueva riqueza en términos de tierra, uso y legislación especial”, cuentan Velegrinis y Katodrytis.

Pero el que tiró la primera piedra del desarrollo urbano en las ciudades del Golfo fue el Estado, no las multinacionales que sí se ven a mansalva por estos días. Empresas públicas, por lo general petroleras, empezaron a construir en esta etapa lo que se ve hoy. La primera experiencia, siempre mediante empresas de capitales estatales como Emaar o Dubai Properties, probablemente fue Dubai, con sus playas artificiales y hoteles de lujo que buscaban colocar a la ciudad ante los ojos del mundo occidental.

Si Dubai fue la que lideró la tendencia de hacer islas y playas artificiales para atraer turismo, Catar la siguió de cerca. The Pearl en Doha, completó su primera fase en 2012 y consta de una serie de islas artificiales que abarcan casi 4 millones de metros cuadrados. Es la primera tierra en Catar disponible para la propiedad absoluta de 45.000 residentes, principalmente ciudadanos extranjeros.

Según el artículo Ambición inagotable: dos eras de planificación en Doha, durante esta etapa se reanudaron muchos planes de ordenamiento territorial vía diferentes planes maestros, pero finalmente prevalecieron los “megaproyectos e iniciativas de infraestructuras masivas, las primeras fomentando un urbanismo de enclaves monoculturales (Ciudad de la Educación, el Sector Industrial, Ciudad Festival, etc.), y las segundas facilitando las conexiones de alta velocidad entre ellos”.

Cuarto acto: la Copa y los suburbios en el desierto

La cuarta y última etapa de estas ciudades se abre inmediatamente después de la crisis financiera de 2008, cuya recuperación está marcada por las exitosas candidaturas de Dubai para albergar la Exposición Universal 2020 (que se celebró en 2021 y 2022 por la pandemia) y la de Catar para hacer lo propio con la Copa del Mundo.

Así como en la mayoría de las ciudades occidentales vemos cómo las manchas urbanas se expanden sobre tierra rural, o sea sobre el campo, las ciudades del Golfo le ganan espacio al desierto. Por eso, se empieza a ver un claro proceso de metropolización acelerada. Si llegar a este momento le llevó siglos de desarrollo urbano a la mayoría de las ciudades, en las metrópolis del Golfo esto se dio en décadas. Diseñado por el estudio del galardonado arquitecto Norman Foster, Masdar City, ubicado en Abu Dabi, es un suburbio de alta densidad y baja altura con algunos criterios de sustentabilidad ambiental.

“A diferencia de Europa, la ciudad del Golfo nunca parece saturarse. La abundancia de terrenos vacantes y los interminables frentes costeros continúan brindando oportunidades para nuevos desarrollos”, concluyen los investigadores. Esto se ve en que, por ejemplo, Doha tiene casi el mismo tamaño que la ciudad de Nueva York pero con menos de un quinto de su población.

La cantidad de habitantes de Catar en 1997 era de 522.000 y para 2014 había superado los 2 millones. Se creía que solamente iba aumentar a 2,5 millones para 2030 pero alcanzó los 3 millones este año por las migraciones para preparar la ciudad para el Mundial.

Lo que describen los autores del último artículo que te mencioné es una ciudad altamente segregada: “Se espera que este crecimiento se adapte a los megaproyectos actualmente en curso (…). Con 3.500 hectáreas (8.650 acres), Lusail es una ciudad instantánea para más de 200.000 habitantes que colinda inmediatamente con Doha al norte y atiende a profesionales de las industrias del petróleo y el gas que desean vivir y trabajar cerca de la ciudad industrial de Ras Laffan. Al suroeste de la metrópolis en expansión se encuentra Al Baraha, que ofrece el campamento de trabajadores más grande de la región (para 53.000 trabajadores de bajos ingresos) y el parque de camiones más grande del mundo (capacidad para 4.200 camiones)”.

La organización del Mundial hizo que se construyera mucha infraestructura que alimenta la expansión de la mancha urbana de baja densidad de Doha. Por ejemplo, se invirtieron 12.300 millones de dólares en la construcción de nuevas autopistas. Quizás la noticia más alentadora en términos urbanos sea la construcción de una red de subtes de 151 kilómetros y 48 estaciones.

El mundial de las relaciones públicas

Vuelvo a charlar con Ignacio Rullansky para ver si me puede ayudar a entender un poco más sobre los efectos del Mundial en un país tan particular como Catar y en su capital, Doha.

¿Qué implica para una ciudad como Doha el Mundial?

A veces los mega eventos como el Mundial toman en cuenta las políticas de ordenamiento territorial que lo preceden y a veces no. Las obras que se realizan para estos eventos pueden acelerar procesos de segregación o gentrificación cuando se vuelcan inmensos capitales a mejorar el equipamiento público de un barrio, como fue el caso de Barra da Tijuca en Río de Janeiro, que ya era un barrio privilegiado, vis a vis la profundización de la marginalidad en las favelas. En el caso de ciudades como Doha, que aspiran a conseguir el estatus de ciudad global. La pregunta es para qué y para quién son estas construcciones y la respuesta es que para muy pocos. Son pocos los que pueden acceder a un partido del Mundial porque la riqueza está muy concentrada y es una sociedad sumamente estratificada.

¿Y a quién se busca atraer?

Además de inversiones, la radicación de empresas extranjeras y de universidades norteamericanas son varios los esfuerzos del gobierno por “desarrollar” una mancha urbana que resulte atractiva a mercados y a profesionales altamente capacitados. El Mundial le ayuda a vender al gobierno las torres, los barrios de lujo, las empresas. Es una oportunidad de hacer de Doha una vidriera. Todo esto para convencer al mundo de que Catar es un país desarrollado y moderno, es casi una operación de soft power, de relaciones públicas.

¿Qué diferencia hay en términos de impacto urbano entre organizar un Mundial en las ciudades de Qatar o hacerlo en Europa o Sudamérica?

Muchas veces estos eventos intentan potenciar la identidad de un país o una ciudad, legitimando políticas de intervención urbana para potenciar lo que ya está y potenciar el turismo e inversiones que quieran radicarse en el lugar. Pero hablamos de ciudades y países que ya están consolidados como Estados-nación. Lo interesante de Doha es que la conformación del Estado-nación es muy reciente en términos históricos porque tiene apenas 50 años. Todo esto está canalizado en generar monumentalidad en la ciudad, grandes barrios de lujo, islas artificiales. Vender una imagen de vanguardia y modernidad. Todo eso es parte del proceso de consolidación del Estado-nación. La “marca Doha” al ser tan nueva un poco hay que inventarla, y esa es la gran diferencia con otras ciudades que ya tienen su identidad y su patrimonio. El patrimonio de Doha es pequeño. Para que te des una idea, en la sala principal del Museo Nacional de Catar hay animales disecados, no hay algo equivalente al sable de San Martín. El mega evento sirve para mostrar que Catar es un país. Y, después, que es un país moderno que se está occidentalizando.

Bonus tracks

  • Creo que este correo se complementa muy bien con este otro del año pasado sobre las ciudades que albergaron los Juegos Olímpicos. Te lo dejo por si todavía no éramos amiguis.
  • Hoy en el Centro Cultural de la Ciencia podés ir al evento Mirador del futuro. Una nueva agenda urbana. Hay varias charlas que me parece que te pueden interesar.

Eso es todo por hoy.

Que tengas un lindo fin de semana.

Abrazos,

Fer

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Escribo sobre temas urbanos. Vivienda, transporte, infraestructura y espacio público son los ejes principales de mi trabajo. Estudié Sociología en la UBA y cursé maestrías en Sociología Económica (UNSAM) y en Ciudades (The New School, Nueva York). Bostero de Román, en mis ratos libres juego a la pelota con amigos. Siempre tengo ganas de hacer un asado.