Dar en la tecla

Por primera vez, el Hilo está dedicado íntegramente a un instrumento: el piano. Un recorrido por distintos artistas que lo ejecutaron y algunas curiosidades de tan fascinante objeto.

Hola, ¿qué tal? Espero que estés lo mejor posible. Yo bien, un poco impresionada porque ya es noviembre. Increíble cómo pasó el año. Pero ojo que no termina todavía. Falta LA COPA DEL MUNDO. Y aprovechando esta manija, por si no te enteraste, te cuento que Cenital presentó un nuevo newsletter llamado Nos Fuimos Mundial, que se enviará todas las mañanas del torneo con un resumen de lo que vaya sucediendo en Catar. Y lo firmará Fernando Duclós, más conocido como Periodistán (bah, yo siempre le dije Fer o Ferchu, porque lo conozco desde la primaria en el Bernasconi. Somos de Parque Patricios los dos). Una gran incorporación la suya al equipo de Cenital, porque escribe muy bien y tiene un don especial para relacionar la historia y los datos curiosos de los distintos países con la coyuntura (en este caso futbolística). Así que no se esperen un news 100% de fútbol sino de deporte + sociedad y curiosidades. Háganme el favor de suscribirse por acá.

Ahora sí, pasemos a nuestro tema de la quincena que no tiene nada que ver con la actualidad (creo que esa falta de relación es lo que más disfruto de escribir estos Hilos).

Hoy vamos a dedicarnos a un solo instrumento, porque nunca lo había hecho hasta ahora. Vamos a hablar del piano, como objeto y puente. Como artefacto capaz de llevarnos muy lejos con su sonido. Y si bien no soy especialista en música, sí me siento cautivada cada vez que lo escucho. Y los y las pianistas, ¡qué personas tan especiales! Con esos dedos largos y esa concentración encorvada. Bueno, hoy vamos a hablar de pianos y pianistas en distintas circunstancias: historias, anécdotas de algunos compositores o intérpretes, libros, inventos. A ver hasta dónde podemos tirar del hilo.

UNO. Primero play

No pretendo acá explayarme sobre temas sonoros determinantes ni contarles cómo se construye un piano, cómo se lo afina o cómo fue cambiando a lo largo de la historia, porque son cosas que me exceden (para eso existe Wikipedia). Tampoco sé demasiado de música clásica, más bien poco. Pero sí me parece clave que antes de leer este news se presten a escuchar algún disco solo de piano, como para aislarlo de otros instrumentos y dejarse llevar por su sonido de cuerdas y resonancias. Así que empiezo atípicamente con una lista caprichosa y un poco clásica de algunos discos geniales de piano para que elijan según su gusto.

Keith Jarrett

DOS. Erik Satie y María Negroni

Uno de mis pianistas favoritos (no de los clásicos, sino de los modernos, digamos) es sin dudas el francés Erik Satie (1866–1925), precursor del minimalismo y de una especie de impresionismo musical. Sus obras más famosas compuestas para piano son las bellísimas Gymnopédies, de 1888. Pero además Satie estuvo muy cerca de los surrealistas y le puso música a la película experimental de René Clair llamada Entreacto. Fue un hombre curiosísimo y de costumbres estrambóticas que murió muy pobre (cuando entraron a su casa luego de su fallecimiento, encontraron dispersos por el departamento más de cuatro mil papelitos con ideas sueltas diseminadas). Su “reconocimiento” le llegó como póstumo. Y la fascinación llega hasta nuestros días. Sin ir más lejos, María Negroni, siempre detrás de artistas exquisitos y un poco opacos, le dedicó un libro que le rinde homenaje. Se llama Objeto Satie y en sus páginas ella se apodera de la voz de él para hacerlo decir cosas que podría haber expresado perfectamente. Como una especie de ventrílocua que accede a su interioridad y nos habla con sus palabras un siglo después. Un ejercicio literario curioso y extravagante.

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John Cage preparando un piano

TRES. Cage y sus pianos preparados

John Cage fue el primer compositor de música contemporánea que le dio centralidad a Satie, justamente. “La cuestión no es la relevancia de Satie. Él es indispensable”, dijo cerrando una discusión a su juicio vacua. Cage no requiere demasiada presentación, pero no podía dejar de mencionar a sus famosos pianos preparados, instrumentos a los que él les alteraba su sonido original a fuerza de colocarles distintos objetos sobre o entre sus cuerdas. Una idea sencilla pero genial que permite una forma rudimentaria y analógica de samplear sonidos. Hace pocos meses edité en la editorial en la que trabajo un libro de cartas de Cage y entre otras cosas me sorprendió lo mucho que le costaba mantenerse económicamente y conseguir financiación para sus inventos y pruebas, que viéndolas con el diario del lunes sacudieron y transformaron la escena musical de su tiempo y del futuro. De hecho, cuando era joven tenía que alquilar un piano por horas para sus prácticas. Perseveró y triunfó bastante.

Martha Argerich

CUATRO. Martha Argerich y su opinión sobre el panteón masculino de compositores

De la gran pianista argentina Martha Argerich hemos hablado varias veces en estas entregas. Por ejemplo, de la excelente peli sobre ella que hizo su hija Stephanie, Bloody Daughter. Así que hoy me referiré solamente a un bello libro ilustrado llamado Sol Mayor. La vida de Martha Argerich, escrito por Adriana Riva y dibujado por Josefina Schargorodsky publicado por Diente de León. Es una biografía pensada para niños y no tan niños que reconstruye sus comienzos, su trayectoria internacional, y algunas curiosidades de su vida privada. Tiene muchos aciertos el libro, pero a estos fines rescato dos. El bellísimo texto que funciona como prólogo escrito por otra de sus tres hijas, Annie Dutoit-Argerich, basado en el pelo de su madre (Martha hace décadas que no pisa una peluquería), y una parte en la que Argerich define en muy pocas palabras su relación con los integrantes del panteón de compositores a los que interpreta. Les transcribo algunas de sus definiciones porque son imperdibles, como si los conociera de manera íntima aunque nunca los haya visto en su vida:

  • Robert Schumann (1810–1856): “Me toca profundamente, me llena los ojos de lágrimas. Es un amigo del alma, pero muy misterioso: siempre cambia, como la vida. Creo que me quiere”.
  • Frédéric Chopin (1810–1849): “Mi amor imposible. Es caprichoso, atormentado y muy celoso: me hace tocar mal cualquier otra cosa”.
  • Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791): “Le tengo miedo. La expresión, en su música, es muy ambigua. Me encanta la ambigüedad, pero con él, no sé”.
  • Johann Sebastian Bach (1685–1750): “El padre de la música”.
  • Ludwig Van Beethoven (1770–1827): “El dios de la música”.
  • Johannes Brahms (1833–1897): “Demasiado masculino. Se supone que es profundo, ¿pero lo es?”.

Y ya que estamos, les dejo este brillante disco de 1984 con Martha interpretando a Schumann.

Bruno Gelber

CINCO. Bruno Gelber y Leila Guerriero

Después de varios libros muy personales (como el que escribió sobre un Festival de Malambo en un pueblo de Córdoba o el de los suicidios en la Patagonia), Leila Guerriero pasó varios años de su vida obsesionada con el pianista Bruno Gelber, otro argentino talentoso como Martha. Es que una vez leyó una nota que le hicieron y le pareció que lo que él decía de la música podía también aplicarse a la escritura. Así que decidió concertar una cita, entrevistarlo y empezar a conocerlo. El resultado es Opus Gelber, una obra que genera fascinación por tamaño personaje aunque nunca hayamos escuchado hablar de él. Es que Gelber es un tipo como de otra época, que toca desde los tres años, que tuvo poliomielitis y quedó con secuelas, que se fue a estudiar a Europa a los 19 años y vivió en París y en Mónaco, subiendo al piano de los mejores escenarios, encandilado por las viejas glorias de Hollywood. Cuando Leila lo conoce, él ya vive de nuevo en Buenos Aires, en un lujoso y kitsch departamento de Once. A través de testimonios de la gente que lo trató a lo largo de las décadas, y de muchas conversaciones en su casa, Guerriero escribe un libro lleno de detalles y matices de observación de un personaje tan seductor como misterioso. Acá pueden ver una entrevista que le hice a Leila en el Malba en la que habla bastante del proceso de trabajo (a partir del minuto 10).

SEIS. Pianos inventados

El piano da para tanto que hay varios artistas que se tomaron el trabajo de inventar a partir de ellos objetos más complejos todavía. Les doy estos tres ejemplos, pero hay muchos más, todos interesantes.

  • El pianocóctel: en una de sus mejores novelas, La espuma de los días, de 1947, el genial escritor y músico francés Boris Vian imaginó un piano conectado a un montón de botellas. Sus teclas proponen no solo combinaciones musicales, sino también nuevos cócteles bastante alcohólicos. El personaje lo cuenta así: “A cada nota hago corresponder un alcohol, un licor o bien un aroma. El pedal corresponde al huevo batido y la sordina al hielo. Para el agua de Seltz hace falta un trino en el registro agudo. Las cantidades están en proporción directa a la duración”. Luego de tocar la pieza, el piano entrega el resultado: “Una parte del panel delantero se abatió con un golpe seco y apareció una fila de vasos. Dos de ellos estaban llenos hasta el borde de una apetitosa mezcolanza”. Según comenta Vian, el cóctel producido por el piano luego de tocar un blues tiene un claro sabor a blues (!!!) y así también sucede con otros géneros. Según un blog perdido en internet, un hombre llamado Voel Martin armó un pianocóctel inspirado el Vian y este es el resultado.
  • El piano-cama: como su nombre lo indica, este invento parte de un piano a cuya caja de resonancia se le agrega un colchón dentro de un cubículo que se abre y se cierra. Fue creado por Sebastián Rey (¡mi hermano!) y Leonello Zambón. En este piano con prótesis, que se exhibió en distintos museos y muestras como instalación, el visitante ocasional puede acostarse y sentir cada sonido vibrar en todo el cuerpo. Es una experiencia hermosa. Acá se lo puede ver en plena acción.
  • El teclado modificado de Xul Solar: el artista inventó varias cosas (un tablero de ajedrez diferente, por ejemplo). Entre ellas, una nueva disposición para las tradicionales teclas del piano, porque a su entender el teclado era demasiado largo. Con tres filas con colores y relieves diferentes decía que se podía aprender a tocar más rápido con una escala de seis notas. El suyo es un piano de tonos que corresponden a distintas vibraciones, y texturas que facilitaban el uso de los no videntes.
El piano de Xul Solar

SIETE. ¿Cómo suena el abandono?

Esta pregunta sobrevuela el impactante corto Pripyat Piano filmado en la ciudad en la que explotó el reactor nuclear número 4 de Chernobyl en abril de 1986. Como se imaginarán, todos sus habitantes abandonaron el lugar y solo quedó la devastación. Entre muchos otros objetos y edificios, los pianos permanecieron allí, abandonados. Y una tal Eliška Cílková, compositora checa, se interesó por ellos muchos años después. Primero fue a Pripyat y encontró nueve pianos perdidos en distintos departamentos y grabó los sonidos que todavía emitían y con eso lanzó un CD. Pero por suerte después fue por más y filmó esta breve película para la que encontró veinte pianos librados a su suerte y todavía muy expresivos y los puso a tocar algunas piezas compuestas por personas del lugar. ¿Cuánto vive un piano y cómo envejece? ¿Cómo se transforma su sonido si nadie lo toca por años? ¿Padecen sus componentes las radiaciones nucleares? No tengo respuestas a estos interrogantes pero pueden ver la peli online acá (dura 17 minutos) y seguir sumando sus preguntas.

Un piano de Pripyat

OCHO. Pianistas por un rato

Me estoy perdiendo la oportunidad de recomendarles la nueva novela de Hernán Ronsino, Una música, protagonizada justamente por un pianista, y también el libro de Jean Echenoz sobre Ravel, pero es que nos estamos excediendo de caracteres. Así que les dejo esta especie de simulador que saqué del newsletter Primera Mañana, siempre lleno de gemas descubiertas por Tomás Aguerre, un gran periodista y buscador de tesoros de internet. Es una web (para abrir en la compu, no en el celular) en la que aparece una composición para piano y nos dice que solo tenemos que apretar cualquier tecla para interpretarla. Sí, ya sé que es medio un bluff pero se siente genial posesionarse y sentir por un momento que somos capaces de tocar una súper pieza para piano aunque no sepamos ni formar un acorde.

Ahora sí, me despido hasta dentro de quince días.

Espero que este Hilo te haya dado ganas de escuchar más música para piano, o de ir a ver un concierto para piano, o simplemente de estirar los dedos y sentir que son capaces de hacer música.

Gracias por leer, y por favor cuidate mucho.

Malena

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Soy licenciada en Letras por la UBA y trabajo hace muchos años en la industria editorial. Fui editora en las revistas El Interpretador y Los Inrockuptibles. Formo parte del equipo de Caja Negra, una editorial psicoactiva y heterogénea. Tengo un ciclo de entrevistas con escritores y escritoras en el Malba. Si los libros fueran comestibles, podría alimentar a miles de personas con los que acumulo en mi biblioteca. Lo que más me gusta es viajar.