Cristinistas con Flow

Operativo clamor de oficialistas tardíos de CFK. Qué dejaron las elecciones provinciales. ¿Dice algo de Javier Milei el resultado en La Rioja? La encuesta confidencial que encargaron los fondos de inversión. ¿Desdobla Axel Kicillof? Etapa de definiciones para el PRO porteño.

Hola, ¿cómo estás? Espero que bien. Ayer recibiste un correo desde esta casilla con un texto borrador que se envió por error con algunas imprecisiones. La trastienda, que en general no se cuenta, es “divertida”: es un audio desgrabado con la app TranscribeMe. Lo importante es que los invitaba a participar de la charla sobre literatura y política que estaré moderando mañana en la última de las actividades que organizamos en esta edición de la Feria del Libro. Participarán el precandidato presidencial de Juntos por el Cambio, Miguel Ángel Pichetto, y el embajador de Argentina ante EE.UU., Jorge Argüello. Es a las 19 hs en la sala Victoria Ocampo del pabellón blanco. La capacidad es limitada y seremos puntuales para arrancar, así que recomiendo llegar temprano.

Las elecciones provinciales, con resultados previsibles, dejaron pocos aspectos para explorar y menos para exportar a la discusión nacional. Le asiste la razón a Mauricio Macri cuando dijo, al entrar a la cumbre de PRO, que “no son representativas”, pero más interesante fue el remate: “Son provincias que están manejadas hace muchos años por sistemas feudales, pero ya va a llegar la época de la libertad también para ellos”. Bajo el prisma de Macri -y de buena parte del progresismo porteño-, los liderazgos provinciales, cuando no son propios, se transforman en feudos. El chiste sobre la Ciudad de Buenos Aires se cuenta solo. Lo singular del caso es que una de esas tres provincias -Jujuy- está gobernada por un aliado de Juntos por el Cambio que es Gerardo Morales. Y otra, Misiones, logró -hace más tiempo- lo mismo que el PRO se celebra en CABA: una conducción indiscutida -tal vez ahí radican los celos del ex Presidente- de Carlos Rovira que permite el triunfo del Frente Renovador de la Concordia, pero también es garantía de recambio en materia de nombres propios.

La victoria de los tres oficialismos provinciales -de diversa relación con el nacional- muestra, además de las eventuales virtudes de cada administración local, la situación estructural holgada de la que disfrutan las provincias a nivel presupuestario. Medidas en conjunto, las provincias acumulaban en 2022 un superávit que excedía el medio punto del PBI, beneficiadas por un arsenal de transferencias de la Nación que incluye, además de los fondos coparticipables, los que derivan del ejercicio de las competencias de los ministerios de Interior y de Obras Públicas, cuyas gestiones han priorizado territorios alejados del AMBA.

Por otro lado, la rediscusión de los pactos fiscales adoptados durante el macrismo permitió a las provincias aumentar la recaudación de recursos propios, aunque el resultado colateral dista de ser celebrable: aumentó el peso de impuestos distorsivos que gravan el consumo y el agregado de valor, como Ingresos Brutos, por sobre otros de corte indudablemente más progresivo, como el impuesto inmobiliario, urbano y rural. Las cuentas ordenadas y las transferencias de Nación permiten, a su vez, mostrar gestiones eficaces en el cumplimiento de las tareas encomendadas por los ciudadanos, en la realización de obras y en la provisión de servicios, mientras los costos permanecen difusos y mayormente ocultos. No es de extrañar, entonces, que el malestar contra los dirigentes nacionales no se traslade linealmente a los gobiernos provinciales.

Acaso eso mismo relativice también la importancia de los pobres resultados obtenidos hasta el momento por los candidatos respaldados por Javier Milei. La insatisfacción con la dirigencia nacional no se traslada necesariamente a las provinciales. Mucho menos si, como hasta ahora, se las enfrenta con candidatos que tienen de novedosos lo mismo que el rock and roll o el pelo largo. Si hubiera que mirar elecciones diferentes de aquella en la que se va a competir, Milei tiene tanto motivos para preocuparse por las elecciones provinciales en las que votan argentinos como elementos de consuelo en las recientes elecciones de países limítrofes.

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Instalado en los relatos mediáticos, como el “Milei paraguayo”, Payo Cubas obtuvo con su partido, Cruzada Nacional, un 23 por ciento de los votos en las elecciones de la semana pasada. No demasiado lejos de los 27 y medio del principal opositor. El último domingo, el Partido Republicano de Chile, referenciado en el pinochetista José Antonio Kast, obtuvo una victoria contundente en las elecciones para Consejeros Constitucionales; paradójicamente encargados de, finalmente, dejar atrás la Constitución redactada por Augusto Pinochet. El Partido Republicano superó tanto al oficialismo -que acompaña a Gabriel Boric- como a la alianza entre la derecha y centroderecha tradicionales, que acusaron a los republicanos por su discurso extremista y por un supuesto culto a la personalidad alrededor de la figura de Kast -que goza de muchísima mayor instalación y referencia que la de su partido, algo muy poco habitual en Chile, donde los espacios suelen pesar más que las figuras. Los personalismos de ultraderecha sin capilaridad institucional en los territorios gozan de buena salud.

El consultor Antoni Gutiérrez-Rubí, uno de los más escuchados transversalmente por el actual oficialismo, escribió en el diario El País un interesante retrato en el que exploró las limitaciones de las campañas del miedo contra estas nuevas derechas a las que calificó de populismos reaccionarios. “Donde la política tradicional ve involución reaccionaria, ellos [un amplio registro de votantes: desde los más conservadores a amplios sectores de jóvenes] ven innovación revolucionaria”. Para el catalán, la épica que quiere imprimir el progresismo -de lucha contra un ideario extremista y autoritario- choca con una escasa cultura democrática que inunda los valores de amplios sectores de la población, una operación intelectual de conexión con el pasado que no interpela a electores para los que la historia tiene cada vez menos peso presente, mientras que el miedo a la posibilidad de que llegue al poder un candidato extremo y peligroso articula en los votantes alternativas que contrastan con un presente muy poco venturoso. En sus propias palabras, “la frontera entre estar mal o muy mal no es movilizadora”. Hasta el momento, sin embargo, el oficialismo no ha encontrado herramientas mucho mejores que las apuntadas por las críticas del consultor.

Mientras tanto, el oficialismo se plantea escenarios diversos antes del cierre de listas. En la provincia de Buenos Aires, los encargados del diseño electoral trabajan con la hipótesis del desdoblamiento con fecha para el 8 o el 15 de octubre. Si bien la operatividad de esa opción es de difícil implementación, la decisión política puede acelerar los procesos. Ese escenario tendría activos y pasivos para Axel Kicillof. En caso de unificar, corre el riesgo que el candidato presidencial del Frente de Todos -en caso de no ser él, naturalmente- sea una dificultad extra para el gobernador bonaerense. Sin embargo, con el candidato al ejecutivo nacional en la boleta, el PJ se aseguraría la presencia de un hombre de Milei que podría dividir el voto con Juntos por el Cambio. Si Kicillof decide desdoblar, no depende de nadie más que de sí mismo para superar a sus rivales a gobernador pero, en ese escenario, Milei -como ya anticipó su partido- carece de incentivos para poner un candidato que compita, lo que le permitiría a JxC condensar casi todo el voto opositor.

En JxC esa discusión está lejos de estar saldada. Antes que defina el fin de su aventura presidencial, Patricia Bullrich le había pedido a María Eugenia Vidal el apoyo a cambio de terciar por Cristian Ritondo como candidato único por su espacio en la Provincia de Buenos Aires. Alejada esa posibilidad -Vidal decidió mantenerse equidistante de Horacio Rodríguez Larreta y Bullrich-, crecen las acciones de Joaquín de la Torre y Javier Iguacel aunque el exministro de Seguridad los aventaje marginalmente. “La que mide es Bullrich”, dicen lacónicos en su entorno. Mañana, los intendentes del PRO le harán una intervención a ambos candidatos presidenciales para exigirles lista de unidad a la gobernación “como pasó en 2015, que la única categoría en la que hubo competencia fue en la de Presidente”, explica un jefe distrital ante #OffTheRecord. La diferencia evidente con ese ejemplo es que en esta oportunidad hay una competencia real y no de sparrings del candidato del PRO.

En la Ciudad de Buenos Aires, Larreta, como se contó en este espacio la semana pasada, fortaleció a Fernán Quirós con un acto en el búnker del barrio porteño de Belgrano que incluyó la presencia de la mayor parte del gabinete porteño. La lectura sigue siendo la misma: el jefe de Gobierno va a apoyar que haya un candidato único del PRO en la Ciudad, pero todavía no definió el nombre. El sábado en Radio con Vos, Jorge Macri abrió la puerta a algo que parecía una herejía para el oficialismo porteño: que haya más de un candidato del PRO para suceder a Hache. Esa opción, que podría dividir el voto amarillo, pondría -siempre bajo los criterios de Macri (M)- en riesgo la elección mucho más que las propias concurrentes. ¿Por qué, entonces, Macri (p) elige manifestarlo públicamente? ¿Es sólo un acto de firmeza sobre su propia candidatura o esconde un mensaje a su primo? En PRO esperan, antes de junio, tener saldada esta discusión en base a una polinómica con la que el oficialismo lee las encuestas: imagen positiva, negativa, nivel de rechazo, potencialidad del candidato et al.

Es en este marco que la encuesta confidencial que encargaron los fondos de inversión a Isonomía -que consolidó una tendencia que se venía anticipando en los hombres de negocios y en los actores más radicalizados del sistema político opositor- cobra especial importancia. El escenario que plantea la consultora -sobre 2 mil casos presenciales a nivel nacional- tiene a Milei como único candidato de La Libertad Avanza con el 23% de los votos transformándose así en el político más elegido en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. Para el Frente de Todos, la hipótesis de trabajo es con Kicillof (11%), Sergio Massa (9%), Eduardo “Wado” De Pedro (3%) y Daniel Scioli (2%). El dispositivo político oficial contaría con un 25% sin que haya un dirigente apoyado explícitamente por Cristina Fernández de Kirchner. En un escenario real, si nos plegamos a los mencionados, ese nombre no saldría de Kicillof, Massa o De Pedro.

En Juntos por el Cambio, la noticia es que Larreta (10%) y Bullrich (9%) están en un empate técnico con la titular en licencia del PRO en alza. Los siguen Vidal (4%) -el trabajo se realizó antes que decline su candidatura-, Facundo Manes (2%) y Morales (2%). Uno de los datos más interesantes, sin embargo, tiene que ver con que entre las categorías Ninguno y NS/NC alcanzan un 20%. “Ese número es al menos un 50% más alto porque los votantes de Milei lo dicen para sacarse el tema de encima, pero no lo ven como una opción real”, dice un demasiado optimista armador opositor. Mauricio Macri, por su parte, encabeza cómodamente a los dirigentes con más imagen negativa con un 62%: esto explica la decisión de no competir que anunció hace unos meses el ex Presidente y no el altruismo que se narró durante las dos horas que transcurrieron entre el video publicado en redes sociales y el primer reportaje que brindó El Calabrés que retiró a cuarteles de invierno cualquier mirada filantrópica del fundador del PRO.

Según el sondeo, la vicepresidenta es la dirigente oficialista con la positiva más alta y comparte una negativa de 61% con el ministro de Economía. El 37% de positiva que según Isonomía contiene CFK es el dato relevante del estudio junto con el crecimiento persistente de Milei porque es la dirigente en la que más correlaciona imagen e intención de voto. Es, en parte por estos datos, que aparecieron cristinistas con Flow, un abanico de dirigentes que le piden silencio a la vice en los años pares y le demandan su presencia electoral en los impares.

Antes de terminar quiero recomendarte una nota que publicamos la semana pasada en Cenital: “Por qué ni Milei (ni nadie) podrá implementar los vouchers educativos”. La escribió el profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y exministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires (2007–2009), Mariano Narodowski. Y si hablamos de comicios no pueden perderse la cobertura que está haciendo Facu Cruz desde su newsletter #LaGenteVota. Ya pasaron cinco elecciones provinciales y este domingo se vienen cinco más: el Votapalooza (?. Por último, quería recordarte que todo este contenido es posible gracias a nuestros lectores, cuya contribución es la fuente de ingreso más importante para Cenital. Si todavía no sos parte, este puede ser un buen momento.

Ojalá hayas disfrutado de este correo tanto como yo. Estoy muy agradecido por tu amistad que, aunque sea espectral, para mí no tiene precio.

Iván.

Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.