Trama Urbana

Contacto estrecho

Se empieza a concretar la vuelta de San Lorenzo a Boedo y aprovechamos para reflexionar acerca de la relación de los estadios de fútbol con el territorio. Identidad, historia y un balance que busca ser positivo.

Hola, ¿cómo estás? Espero que hayas pasado una linda quincena. Por acá tranqui. Esta semana miré Carmel, el documental sobre el caso María Marta García Belsunce. Nada muy original, lo sé. Si todavía no lo viste, te lo recomiendo. No tanto por el crimen, cuyos detalles son tan atrapantes como cualquier policial, sino porque me parece un caso testigo de lo que significa vivir en un barrio cerrado. En este hilo Ricardo Greene, que pasó más de una década estudiando el caso Nordelta para su tesis doctoral, deja algunas reflexiones que me parecieron muy buenas. 

Vamos a lo nuestro que sino este correo se puede hacer más largo que averiguar quién mató a María Marta.

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Ayer se aprobó en la primera lectura el proyecto de ley de rezonificación que finalmente permitirá al Club San Lorenzo de Almagro su muy esperada vuelta a Boedo. Me parece una gran excusa para que intercambiemos algunas ideas sobre estadios y su vinculación con la ciudad.

Un poco de historia: el Viejo Gasómetro estuvo emplazado sobre Avenida de La Plata entre 1916 y 1979. Cuando se inauguró, y hasta 1950 cuando se terminó la construcción de El Cilindro de Avellaneda, era el estadio del país que más hinchas podía albergar sobre sus tablones: 75.000 personas. Su nombre se debe a que su estructura de madera y metal se asemejaba a un depósito de tanques de gas licuado comunes en esa época y en esa zona de la ciudad. 

En medio de los problemas financieros que atravesaba el club, en 1979 el intendente de facto Osvaldo Cacciatore expropió “tierra santa” en connivencia con una dirigencia en apuros. Ya había habido un intento en 1971 cuando se planificó la traza de la Autopista 25 de Mayo sobre el estadio. Pero ahora el supuesto objetivo era abrir las calles Muñiz y Salcedo, interrumpidas por el estadio, y construir edificios de viviendas en las 4 manzanas que quedarían conformadas. 

El último partido fue un triste empate sin goles ante Boca, donde Hugo Gatti fue figura y atajó un penal. Las calles nunca se abrieron y los edificios nunca se construyeron.

Un par de años después el predio fue vendido a Carrefour por 8 millones de dólares. Según cuentan algunas investigaciones, San Lorenzo había recibido apenas 900 mil dólares por la cesión del terreno. Claro, el gobierno porteño le vendió las tierras a la firma francesa ad referendum de un cambio de zonificación que le permitiría la construcción de un hipermercado con un gran playón de estacionamiento. ¿Te suena?

Carrefour funcionó ahí hasta el año pasado, cuando finalmente CASLA recuperó el predio al terminar de pagar los 150 millones de pesos (casi 15 millones de dólares al tipo de cambio del momento del acuerdo) en cuotas durante cinco años. La gestión de Matías Lammens y Marcelo Tinelli había logrado el gran primer paso para volver a Boedo: que el predio volviera a manos del club.  

Contacto estrecho

Después de leer la historia no quedan demasiadas dudas de que la vuelta de CASLA a Boedo es un acto de justicia. Ahora bien, en términos de planificación urbana no se pueden soslayar algunas preguntas: ¿es necesario un estadio más en una ciudad que ya tiene muchos? ¿Sería mejor hacerlo en una zona periférica? ¿Qué va a pasar con el estadio Pedro Bidegain, en Bajo Flores? ¿Cuál va a ser el impacto ambiental y en qué medida va a perjudicar a quienes viven en la zona?

Tratando de responderlas me crucé con este artículo de Federico Catalano, magíster en Economía Urbana de la Universidad Torcuato Di Tella, donde hace más de un año se preguntaba cómo afectaría un eventual nuevo estadio a los precios del suelo de las zonas aledañas. El precio de una vivienda, aunque es solamente un factor, explica indirectamente la preferencia por vivir en un barrio que en otro.

Para ello, empleó una técnica estadística llamada regresión lineal múltiple para ver si el valor de las propiedades alrededor de los 18 estadios porteños estaba determinado por sula cercanía a estosun estadio o por otras variables tales como la disponibilidad de servicios y equipamiento públicos, la calidad de las viviendas cercanas o la densidad poblacional. 

Si bien Federico aclara que es necesario seguir investigando, su primera conclusión es que la cercanía a un estadio de fútbol no es una variable significativa en la determinación del valor de una vivienda. 

Para profundizar un poco más el análisis le mandé a Federico algunas de mis preguntas por WhatsApp. “Es cierto que la Ciudad de Buenos Aires tiene 18 estadios de fútbol profesional, pero también lo es que no todos corresponden a equipos de primera división. Con esto quiero decir que los clubes no sólo existen por una cuestión de afición sino también por los servicios que prestan a la comunidad. Un estadio es también un club donde se desarrollan actividades sociales, lo que indudablemente genera un vínculo local fuerte. Un nuevo estadio también va a tener esta doble implicancia: la modificación del entorno urbano por afluencia de afición y por contacto estrecho con la comunidad local”, reflexiona el urbanista.

¿A qué llamamos periferia?

Cuando le pregunté por los posibles reclamos de quienes viven en las inmediaciones, Manuel Socías, legislador porteño por el Frente de Todos y encargado de presentar el proyecto de rezonificación del predio, me respondió que el estadio no sólo no va a perjudicar a las familias del barrio, sino que las va a beneficiar: “El proyecto prevé equipamientos que Boedo necesita: espacios verdes, escuelas, un nuevo polideportivo, comercios. Hoy es una zona que se encuentra absolutamente degradada, el entorno de un hipermercado no es lo mejor que le puede pasar a un barrio”, explica.

Si bien no se conocen todavía los detalles del proyecto ni qué va a pasar con el Pedro Bidegain de Bajo Flores, se sabe que va a estar a cargo de la empresa IDOM. En esta nota, César Azcárate, el arquitecto que encabeza el proyecto, cuenta un poco más. Su obra insignia es el estadio San Mamés del Athletic de Bilbao, aunque en la misma nota Azcárate aclara que el de CASLA va a ser un proyecto particular. Tampoco se saben los tiempos pero un indicio podría ser la construcción del estadio vasco, que llevó algo más de tres años inaugurar parcialmente. La forma y la velocidad conen que se encare la construcción va a ser un elemento clave en cuán armonioso va a ser el aterrizaje en tierra santa.

“Lo que sí se sabe es que será, principalmente, un espacio multiuso. Se busca que pueda ser la sede de partidos internacionales, pero también mucho más que eso. San Lorenzo llevó a cabo un proceso de consulta con vecinas y vecinos del barrio que le sirvió para conocer qué quieren y necesitan y, a partir de ahí, pensar los usos complementarios: zonas parquizadas, establecimientos educativos y comercios. Incluso espacios para servicios públicos tales como una comisaría o un cuartel de bomberos”, aclara Socías. 

Si bien no es el caso del San Mamés, a metros del centro de Bilbao, existe una tendencia en Europa a construir los estadios de fútbol en una zona periférica de la ciudad. Una tendencia que no se puede escindir de cierta “elitización” del deporte en el continente. 

Tanto Socías como Catalano ponen en cuestión esa tendencia. “Boedo es un barrio céntrico, poco denso y con mucho transporte público (varias líneas de colectivos y una línea de subte muy cerca). Esto facilita mucho la movilidad desde y hacia el estadio y los asistentes no van a depender del automóvil particular. Esta es una característica con la que no cuentan otros estadios de la ciudad”, destaca el legislador.  

“¿A qué llamamos periferia?”, se pregunta Catalano. “Si evaluás hoy el patrón territorial con el que se distribuyen los estadios en CABA de sur a norte hay un primer cordón conformado por los estadios de Boca, Huracán, Ferro, Atlanta y Excursionistas. Si definís periferia como algo que esté por fuera del límite administrativo de la Ciudad, existen casos como el de Chacarita en San Martín o el de Platense en Vicente López. Creo que se puede discutir si eso como gestión de grandes infraestructuras urbanas es un modelo exitoso”, sostiene el sociólogo. 

Al final de cuentas, el éxito de la vuelta a Boedo va a depender cómo el club convenza a quienes habitan el barrio de que el balance va a ser positivo para lo cual ya estableció un dispositivo, llamado “San Lorenzo te escucha”, que espera profundizar durante las audiencias públicas previas a la segunda lectura. 

En ese sentido Catalano concluye: “Yo creo que la Ciudad de Buenos Aires se encuentra territorialmente desbalanceada y que, dadas ciertas condiciones y garantías, un proyecto urbano de tal envergadura podría ser funcional al apalancamiento de determinados servicios urbanos. El movimiento masivo de personas en una zona residencial como es Boedo es un miedo legítimo y por eso muy importante lo que el club tenga para ofrecer a la comunidad. Es lo único que puede balancear las molestias generadas”.

San Lorenzo no está solo

El Ciclón no es el único club que está pensando en su estadio. Boca, River y Racing, por mencionar sólo los casos más resonantes, están en vías de modificar sus estadios o incluso pensando en la posibilidad de construir nuevos en otras zonas. Todas esas decisiones traen aparejadas tensiones con el territorio y entrelazan actores e historias. Un ejemplo es la relación entre la venta de Tiro Federal por parte del GCBA, Rodolfo D’Onofrio, presidente de River Plate, y la familia Werthein como lo contaba acá Alejandro Wall. 

En esta columna radial a propósito del 80° aniversario de la Bombonera, Wall menciona similitudes entre la cancha de Boca y el mercado del Abasto, ambos edificios diseñados por el esloveno Viktor Sulčič, y una condición muy particular del Alberto J. Armando: se emplaza en medio de un barrio. Quizás por eso, el arquitecto esloveno eligió que el estadio creciera a lo alto con sus típicas tribunas empinadas. Juan Becerra, en Bombonera: intimidad del mundo exterior relata que “quienes la construyeron se enfrentaron al desafío de situarla en un lugar imposible: tenía que entrar ahí en el corazón del barrio, como una fortaleza pero también como una casa más del vecindario (...) La cancha y el barrio son una misma cosa”.

Alejandro Wall también me pasó un fragmento de su propio libro, ¡Academia, carajo! donde destaca la dimensión territorial de la pasión futbolera en un barrio en particular: “Avellaneda es la Cachemira del fútbol, una zona en disputa. Dos canchas separadas por doscientos metros se miran de costado a punto de acuchillarse. El Libertadores de América y el Juan Domingo Perón, una pareja de construcciones irreconciliables, son protagonistas de una guerra de carteles”.   

Un Santo para Telmo

Para terminar (si llegaste hasta acá es un montón y te agradezco) te quería mencionar dos estadios que, aunque de otra magnitud, siempre me llamaron mucho la atención por la relación con su entorno. Ambos de alguna manera -o de varias- se ubican en los márgenes de la ciudad.

El primero es el estadio del Club Atlético Victoriano Arenas. Geográficamente está en la Provincia de Buenos Aires, pero en los papeles el terreno le pertenece a la Ciudad. La rareza -destacada a nivel mundial- se da porque en el catastro oficial de la Capital se planificaba reencauzar el Rriachuelo para que atravesara por un lado el terreno donde hoy se emplaza el estadio. Pero finalmente eso nunca sucedió.

El Saturnino Moure se encuentra rodeado por una extraña curva que hace el rRío Matanza Riachuelo, uno de los límites de la CABA, que se llama el meandro de Brian. La curiosa formación hídrica en realidad responde a que es de los pocos tramos del Riachuelo que no fue rectificado. El meandro pertenece al barrio porteño de Barracas y es circundado por la villa 21-24, la más grande de la Ciudad, a la que sólo se puede acceder por medio de un puente ferroviario de madera. Del lado de Avellaneda está la icónica fábrica de Siam.   

A la cancha de Victoriano Arenas le suelen decir “la isla del CAVA” por su ubicación. El otro estadio que te quería mencionar antes de terminar es el del club San Telmo que está en otra isla, la Isla Maciel, un barrio de Dock Sud, en Avellaneda, que se caracteriza por ser de los más pobres de la zona. 

Muy parecido a La Boca pero sin los beneficios económicos del turismo. Desde la Ciudad de Buenos Aires se puede acceder en bote, por el puente Nicolás Avellaneda y ahora por medio del transbordador homónimo que volvió a funcionar hace algo más de un mes. Hace más de 10 años vi en el Festival de Cine de Mar del Plata vi Un Santo para Telmo, un corto que describe de manera bastante graciosa la llegada de una promesa desde Brasil al club del ascenso. Lo podés ver acá.

Bonus tracks

  • Si querés profundizar con el tema estadios, te recomiendo la columna de ayer del arquitecto Alejandro Csome en Vorterix.
  • El último informe del Centro de Estudios para la Producción tienen un análisis territorial de la actividad comercial post cuarentena que me pareció muy interesante. Las provincias, los partidos y los barrios donde se concentran actividades profesionales (más proclives al teletrabajo) es a las que más les está costando la recuperación, producto de que allí todavía hay poca circulación. El resultado es que San Telmo o el Microcentro porteño la están pasando tan mal como ciudades turísticas y, por otro lado, se revitalizan barrios más residenciales como La Paternal, Agronomía y la zona oeste del conurbano. Es una tendencia que anticiparon las grandes ciudades del hemisferio norte como Londres, Nueva York y San Francisco.
  • En la última edición del newsletter te escribí sobre los suburbios y las elecciones en Estados Unidos. En esta nota de Richard Florida se analiza en profundidad esta tendencia. Me pasaron factura por no haberte recomendado este temón de Arcade Fire. Me redimo.  
  • El legislador opositor Juan Manuel Valdés presentó un mapa de tierras públicas que el gobierno porteño planea vender o ya vendió. Tenés dos días para anotarte en la audiencia pública por la venta de Costa Salguero. Este domingo hay una bicicleteada para pedir que no se venda y que se haga un parque con vista al río.   
  • Ayer asumió el nuevo ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi, en reemplazo de María Eugenia Bielsa. Acá te había hablado de una parte de la gestión territorial del ex intendente de Avellaneda.
  • Ayer se aprobó en la Legislatura porteña la ley que permite el cobro de las EcoBicis durante los fines de semana y durante la semana a turistas y extranjeros. No se sabe todavía cuál va a ser la tarifa. Sé que te prometí un análisis sobre este tema y lo tengo preparado pero me quedé sin caracteres. En dos semanas sale o sale. 

Eso es todo por hoy, amigue. Espero que hayas disfrutado leer estas líneas tanto como yo disfruté escribirlas.

Que tengas un lindo fin de semana.

Abrazos,

Fer

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Escribo sobre temas urbanos. Vivienda, transporte, infraestructura y espacio público son los ejes principales de mi trabajo. Estudié Sociología en la UBA y cursé maestrías en Sociología Económica (UNSAM) y en Ciudades (The New School, Nueva York). Bostero de Román, en mis ratos libres juego a la pelota con amigos. Siempre tengo ganas de hacer un asado.
@ferbercovich
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